EL "ILUMINADO DE QUITARLE LOS PATINES" AHORA DA CONSEJOS: EYZAGUIRRE EVALÚA LA MEGARREFORMA — Y LO QUE DICE SOBRE SÍ MISMO ES MÁS REVELADOR QUE LO QUE DICE SOBRE QUIROZ
El exministro de Hacienda de Lagos y Bachelet concede una entrevista al dominical de La Tercera para evaluar la Megarreforma de Kast. Está de acuerdo con bajar el impuesto corporativo y simplificar permisos ambientales. Critica el resto. Sugiere al gobierno buscar acuerdos con la centroizquierda. Y revela, entre líneas, que no estuvo de acuerdo con la reforma tributaria de Bachelet de 2014 que él mismo integró como ministro. La lección que Eyzaguirre no extrae: fue parte del gobierno que dejó el desastre que Kast está intentando corregir.
Nicolás Eyzaguirre tiene dos ministeriatos de Hacienda en su currículum. El primero, con Ricardo Lagos entre 2000 y 2006 — los años del cobre alto, del boom exportador, de la regla del balance estructural que él mismo diseñó y que fue la pieza fiscal más inteligente que la centroizquierda chilena produjo en décadas. El segundo, los últimos meses del segundo gobierno de Bachelet en 2018 — cuando llegó a intentar ordenar el caos fiscal que la propia administración que lo nombró había creado.
Entre uno y otro hay una carrera que incluye años en el FMI, el Ministerio de Educación de Bachelet — desde donde admite que no pudo ni intentó influir en la reforma tributaria de 2014 — y una posición de comentarista económico que en Chile tiene la peculiaridad de que nadie le pregunta cuánto costó lo que su sector hizo cuando gobernaba.
Eso es lo que la entrevista de La Tercera le permite hacer esta semana: opinar sobre la Megarreforma de Kast con la autoridad de quien diseñó la regla del balance estructural — sin que nadie le recuerde que también integró los gobiernos que se encargaron de vaciar esa regla hasta dejarla irreconocible.
Lo que Eyzaguirre dice — y lo que dice bien
Antes de la crítica, hay que reconocer lo que la entrevista tiene de honesto y técnicamente correcto — porque Eyzaguirre no es un economista menor y sus observaciones más precisas merecen ser leídas con atención.
Dice que está de acuerdo con dos elementos de la Megarreforma: la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% y la simplificación de los trámites ambientales. Eso, viniendo de quien fue ministro de Hacienda de la Concertación, es un reconocimiento significativo que la izquierda no va a amplificar con el mismo entusiasmo con que va a amplificar sus críticas.
Su argumento sobre el subsidio al empleo merece atención: dice que el informe financiero está mal calculado porque asume que con el tiempo los salarios reales subirán, nadie estará en el tramo subsidiado y el costo desaparecerá — pero si el costo desaparece, el beneficio también desaparece y el efecto sobre crecimiento y recaudación se revierte. Si eso es correcto — y es un argumento técnico plausible — el costo fiscal de ese artículo específico podría ser mayor al declarado. Esa es una observación que el gobierno debería evaluar con seriedad, no descartarla por la fuente.
Y su observación sobre la reintegración tiene lógica interna: si la decisión de inversión la toma la empresa, bajar el impuesto corporativo funciona. Pero si la toma el socio — y la reintegración le devuelve más plata al socio — ese dinero va a consumo, no a inversión. No puedes tener ambos efectos simultáneamente, dice. Es un argumento que los diseñadores de la reforma deberían poder refutar con datos, no con descalificaciones.
Lo que Eyzaguirre dice mal — y por qué importa
El problema del análisis de Eyzaguirre no es que sea técnicamente incompetente. Es que construye una narrativa que omite sistemáticamente su propia responsabilidad en el estado del que parte la discusión.
Dice que la caída del crecimiento de 5% a 2% no puede explicarse por la reforma tributaria de Bachelet de 2014 porque, según los propios números del gobierno, la rebaja del impuesto corporativo produce un efecto de a lo sumo 0,25 puntos porcentuales de crecimiento anual. Si subir el impuesto produce el efecto inverso, explica "ni la décima parte de la desaceleración." Su explicación alternativa: la desaceleración del comercio mundial desde 2012.
Eso es parcialmente correcto. El comercio mundial sí se desaceleró. América Latina sí creció menos. Pero la hipótesis de que Chile habría crecido igual independientemente de la política económica interna requiere explicar por qué algunos países de la región mantuvieron tasas de crecimiento significativamente superiores a las chilenas en el mismo período. El factor externo común no explica la divergencia entre países con distintas políticas.
Y hay un dato que Eyzaguirre omite con una comodidad que solo puede sostenerse si nadie se lo señala: los $90.000 millones del Caso Convenios, el despilfarro del gobierno de Boric, la deuda que pasó del 8,6% al 41,5% del PIB, el déficit estructural del 3,6% — todo eso ocurrió bajo gobiernos de su sector. La regla del balance estructural que él diseñó con Lagos no la destruyó el viento. La destruyeron los sucesivos gobiernos de la Concertación, la Nueva Mayoría y el Frente Amplio que decidieron gastar como si el ciclo del cobre fuera permanente.
Eyzaguirre lo reconoce a medias: "Nos equivocamos todos, porque creíamos que la desaceleración era transitoria." Ese "todos" merece desglosarse. Piñera II intentó contener el gasto con resultados mixtos. Boric lo expandió deliberadamente con el argumento de que la austeridad era "neoliberalismo." La diferencia no es simétrica.
La reforma de Bachelet: la confesión más reveladora
El pasaje más interesante de toda la entrevista no es la evaluación de la Megarreforma de Kast. Es lo que Eyzaguirre dice sobre la reforma tributaria de Bachelet de 2014 — la que subió el impuesto corporativo del 20% al 27% y que muchos analistas identifican como un factor en el deterioro del clima de inversión.
"Yo nunca estuve de acuerdo con esa reforma tributaria."
Esa frase la dijo en una entrevista publicada en el dominical de La Tercera en mayo de 2026. No en un libro de memorias póstumo. No en una conversación privada. En una entrevista periodística. Fue ministro de Educación del gobierno que impulsó esa reforma. No era el ministro de Hacienda — ese era Alberto Arenas — pero era parte del gabinete que la aprobó.
Si nunca estuvo de acuerdo, ¿por qué no lo dijo en su momento? Su respuesta es reveladora: "Cuando no te nombran a cargo del tema, tienes que callarte." Esa es la lógica de la solidaridad de gabinete — perfectamente comprensible como principio institucional. Pero tiene una consecuencia que Eyzaguirre no extrae: si estuvo callado ante una reforma que consideraba incorrecta, y esa reforma produjo los efectos negativos que hoy reconoce, entonces él y el gobierno del que formó parte tienen una responsabilidad en el deterioro que hoy critica.
La "reforma era más justa, pero ineficiente", dice. Esa frase resume perfectamente la lógica que gobernó la centroizquierda chilena durante dos décadas: priorizar la equidad distributiva sobre la eficiencia económica, con la esperanza de que el crecimiento siguiera solo. No siguió. Y el costo lo pagan los chilenos que necesitan que la economía crezca para tener trabajo y mejores sueldos — exactamente los que la izquierda dice defender.
El consejo que nadie le pidió: "Busque acuerdos con la centroizquierda"
Eyzaguirre sugiere al gobierno de Kast que busque acuerdos con la centroizquierda en vez de hacer "acuerdos medio populistones con el PDG." El consejo es interesante viniendo de quien integró los gobiernos que crearon el PDG — porque la existencia del PDG como actor político relevante es, en parte, consecuencia del fracaso de la centroizquierda en representar a sus propios votantes históricos.
Pero hay algo más. Eyzaguirre dice que la centroizquierda "no está en contra de todas las medidas de este paquete" y que estarían dispuestos a apoyar las que "son claramente asociadas a mayor crecimiento." Si eso es así — si la centroizquierda comparte el diagnóstico de que Chile necesita crecer más y que la rebaja del impuesto corporativo y la simplificación ambiental van en esa dirección — la pregunta que nadie le hace a Eyzaguirre es la siguiente: ¿por qué Veloso del Frente Amplio declara que su misión es "obstaculizar sin complejos ni pudor"? ¿Por qué el PC amenaza con 2.500 indicaciones adicionales? ¿Por qué la oposición presentó 1.300 indicaciones para bloquear la reforma?
Si Eyzaguirre quiere ser creíble como interlocutor de buena fe, debería responder esas preguntas antes de darle consejos al gobierno sobre cómo negociar con su sector.
La "impronta ochentera" de Quiroz — y la impronta noventera de Eyzaguirre
El exministro describe a Jorge Quiroz como alguien con "una cierta impronta ochentera" — una referencia a Büchi, a los recortes del gasto de los años ochenta bajo dictadura. La insinuación es que el enfoque de Quiroz es ideológico y anacrónico.
Pero Eyzaguirre tiene su propia "impronta" que merece nombrarse con igual honestidad: la de los noventa y los dos mil, cuando la centroizquierda combinó disciplina fiscal con expansión del gasto social, financiada por el boom del cobre, y creyó que ese modelo era exportable indefinidamente al futuro. Cuando el boom terminó, el modelo se sostuvo con deuda. Y la deuda la está pagando el gobierno de Kast.
Quiroz tiene, al menos, la honestidad de saber que está actuando en un contexto de escasez — que los recursos son pocos y que gastar más de lo que hay tiene consecuencias. Eyzaguirre lo reconoce en teoría. Lo que no reconoce es que su sector fue el que consumió el margen que habría permitido gobernar con más holgura.
Lo que el gobierno de Kast debería hacer con esta entrevista
Ignorarla sería un error. Descalificarla totalmente también. La Megarreforma tiene artículos que merecen defensa técnica — y si Eyzaguirre señala inconsistencias reales en el informe financiero del subsidio al empleo, el gobierno debería poder refutarlas con números, no con retórica.
Lo que el gobierno no debería hacer es dejarse intimidar por la autoridad implícita de un exministro de Hacienda que diseñó la regla del balance estructural hace 25 años y que desde entonces ha integrado los gobiernos que vaciaron esa misma regla. El legado de Eyzaguirre como arquitecto de la disciplina fiscal chilena es real. El legado de Eyzaguirre como integrante de gobiernos que contribuyeron al deterioro fiscal también lo es.
Las dos cosas son verdad al mismo tiempo. Y esa es la complejidad que la entrevista de La Tercera, correctamente publicada, permite que el lector vea — si alguien se toma el trabajo de señalarla.
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