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HAGAN LO QUE TENGAN QUE HACER, PERO HAGAN ALGO DE UNA VEZ CON ESTO: LA "OPERACIÓN VENEZUELA" DE KAST Y EL NUEVO ESCENARIO CON MADURO PRESO EN NUEVA YORK Y DELCY RODRÍGUEZ EN EL PODER

HAGAN LO QUE TENGAN QUE HACER, PERO HAGAN ALGO DE UNA VEZ CON ESTO: LA "OPERACIÓN VENEZUELA" DE KAST Y EL NUEVO ESCENARIO CON MADURO PRESO EN NUEVA YORK Y DELCY RODRÍGUEZ EN EL PODER

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by Redacción VDI Global

46.000 órdenes de expulsión activas. 65% venezolanos. Maduro capturado por Estados Unidos el 3 de enero y preso en Nueva York. Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada el 5 de enero. El tablero cambió radicalmente — y con él, las posibilidades reales de la "operación Venezuela" de Kast para concretar las expulsiones que prometió en campaña.


El análisis sobre Venezuela y la política migratoria chilena que no tenga en cuenta lo que ocurrió el 3 de enero de 2026 está desactualizado de forma grave. Porque ese día cambió todo. Fuerzas militares estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en la Casa de Los Pinos, dentro de Fuerte Tiuna, en Caracas. Maduro está preso en Nueva York. Y Venezuela tiene desde el 5 de enero una presidenta encargada: Delcy Rodríguez, la exvicepresidenta ejecutiva designada por el Tribunal Supremo de Justicia chavista para garantizar la continuidad del Estado en ausencia del dictador capturado.

Ese es el escenario real en que el gobierno de Kast está ejecutando su "operación Venezuela" para concretar las expulsiones prometidas. No Maduro. Delcy Rodríguez. Y esa diferencia importa.


Los números que no cambian

Lo que sí es constante, independientemente de quién gobierne en Caracas, son los números del desafío migratorio que Chile enfrenta. Según el Servicio Nacional de Migraciones, el 75% de los indocumentados en Chile son venezolanos. De las más de 46.000 órdenes de expulsión activas en el país, alrededor del 65% corresponden a ciudadanos de esa nacionalidad. Eso significa aproximadamente 30.000 personas con orden judicial de expulsión vigente que siguen en Chile porque el mecanismo para ejecutar esas órdenes no ha funcionado.

Kast lo dijo desde Atacama con la claridad que caracteriza su comunicación en este tema: "Seguimos trabajando con las relaciones internacionales para que Venezuela abra la posibilidad de recibir a sus propios compatriotas. Esto es sin vuelta atrás." La voluntad está. El instrumento para ejecutarla depende del nuevo escenario venezolano — y ese escenario es radicalmente distinto al de hace seis meses.


Delcy Rodríguez: ¿un interlocutor más manejable?

Delcy Rodríguez asumió el gobierno venezolano el 5 de enero en condiciones de crisis constitucional e institucional sin precedentes. El aparato chavista que construyó Maduro durante 13 años está en proceso de reconfiguración acelerada. Las Fuerzas Armadas, bajo Vladimir Padrino López, supervisan sectores clave de la economía y tienen incentivos propios de supervivencia institucional. Y Rodríguez, según reportes de CNN y otras fuentes, ya tuvo conversaciones con Estados Unidos y señaló que Venezuela podría mantener "relaciones respetuosas" — lo que en lenguaje diplomático es una señal de apertura que Maduro nunca habría emitido.

Para el gobierno de Kast, esto es relevante por razones concretas. Las deportaciones de venezolanos desde Chile requieren que el gobierno venezolano emita documentos de viaje para los ciudadanos a ser expulsados y que acepte recibirlos en vuelos coordinados. Con Maduro en el poder eso era imposible — él tenía incentivos activos para no recibir de vuelta a sus propios ciudadanos, cada uno de los cuales era un testimonio viviente del fracaso de su régimen. Con Rodríguez en un gobierno que busca sobrevivir en un contexto de enorme presión internacional y que necesita construir alguna legitimidad, la ecuación cambia.

No significa que las deportaciones masivas vayan a resolverse de un día para otro. Significa que hay una ventana diplomática que no existía con Maduro y que el gobierno de Kast debería estar explorando con la misma energía con que Steinert entró a Temucuicui dos veces en una semana.


La ruptura diplomática de enero 2025 y lo que quedó pendiente

Los canales diplomáticos entre Chile y Venezuela quedaron oficialmente suspendidos el 7 de enero de 2025 — los últimos días del gobierno de Boric — cuando el embajador Jaime Gazmuri fue retirado y el régimen de entonces respondió cancelando las actividades de los consulados chilenos en Venezuela.

Esa ruptura se produjo en el contexto de las declaraciones de Kast en Buenos Aires con Milei sobre el carácter dictatorial del gobierno venezolano. Maduro respondió cortando los canales. Y con ellos quedaron cortados también los mecanismos operacionales para coordinar deportaciones.

Con Rodríguez en el poder y con Estados Unidos presionando sobre el nuevo gobierno venezolano en múltiples frentes, la posibilidad de restablecer canales mínimos de comunicación — no necesariamente relaciones diplomáticas plenas, pero sí los canales consulares necesarios para coordinar la identificación y retorno de ciudadanos venezolanos con órdenes de expulsión — es real de una forma que no lo era bajo Maduro.


El perfil de los venezolanos con órdenes de expulsión

Para entender qué significa ejecutar 30.000 órdenes de expulsión hay que entender quiénes son esas personas — porque no son un bloque homogéneo y el método de ejecución debe diferenciar entre categorías.

Una parte corresponde a personas con antecedentes penales graves, vinculadas al Tren de Aragua y otras organizaciones criminales que operan en Chile con una sofisticación que el sistema de seguridad chileno tardó años en reconocer como amenaza real. Para estas personas, la expulsión no es solo una política migratoria — es una medida de seguridad nacional que debería ser prioritaria y expedita.

Otra parte corresponde a personas con órdenes de expulsión por ingreso irregular pero sin antecedentes penales — muchos con años de residencia en Chile, con empleo formal, con hijos nacidos en territorio chileno. Para este grupo, la ejecución es más compleja legal y humanitariamente, y cada caso puede ser litigado individualmente ante los tribunales, generando una carga judicial que puede ralentizar el proceso indefinidamente.

La estrategia inteligente para el gobierno de Kast es priorizar el primer grupo — los que tienen antecedentes penales, los vinculados al crimen organizado — con la mayor velocidad y contundencia posible, y construir paralelamente el marco diplomático con Rodríguez que permita procesar el segundo grupo de forma ordenada. Intentar mover 30.000 personas al mismo tiempo sin priorización es la receta para el colapso operacional y la derrota judicial.


El modelo Trump y lo que Chile puede aprender

La administración Trump ejecutó deportaciones masivas de migrantes centroamericanos con una eficiencia que ningún gobierno anterior americano había logrado. El método no fue solo voluntad política — fue la combinación de acuerdos bilaterales operacionales con los países de origen, identificación y detención sistemática antes de la deportación, vuelos chárter coordinados con las autoridades de destino y un marco legal que redujo las posibilidades de litigación individual.

Chile puede aprender de ese modelo — adaptado a su escala y a su marco legal — para la "operación Venezuela." Los elementos clave son: primero, construir el canal diplomático mínimo con el gobierno de Rodríguez que permita la identificación y documentación de los venezolanos a deportar. Segundo, priorizar por tipo de caso — criminales primero, irregulares sin antecedentes después. Tercero, coordinar con Trump y con la presión americana sobre Venezuela para que el nuevo gobierno en Caracas tenga incentivos de cooperar. Cuarto, tener los vuelos y la logística listos antes de que los acuerdos diplomáticos sean públicos — para que la ejecución sea inmediata cuando el marco esté disponible.


Lo que Kast tiene que hacer — y la oportunidad que no puede desperdiciar

El nuevo escenario venezolano es una oportunidad que el gobierno de Kast no puede desperdiciar. Con Maduro preso en Nueva York y Rodríguez navegando una transición incierta, hay una ventana diplomática que puede no durar. La estabilización del gobierno de Rodríguez — o su eventual reemplazo por otra figura del chavismo — puede cerrar esa ventana antes de que el gobierno chileno la haya aprovechado.

Lo que se necesita es una gestión diplomática activa y discreta — no declaraciones desde Atacama, sino conversaciones directas o a través de terceros con el nuevo gobierno venezolano, con Estados Unidos como facilitador, y con un resultado concreto: la reanudación de algún mecanismo de coordinación para la identificación y retorno de venezolanos con órdenes de expulsión.

Kast lo dijo: "sin vuelta atrás." Tiene razón en la dirección. El escenario cambió radicalmente desde el 3 de enero. Es hora de aprovecharlo.


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