JARA Y JADUE EN SÃO PAULO CON LA FUNDACIÓN ROSA LUXEMBURGO Y EL MOVIMIENTO SIN TIERRA: LA INTERNACIONAL COMUNISTA QUE ORGANIZA EL ASALTO A LAS DEMOCRACIAS QUE ELIGIERON MAL
Mientras el gobierno de Kast tramita la Megarreforma bajo 1.300 indicaciones obstruccionistas, la candidata presidencial del PC viaja a Brasil a coordinar con líderes de 25 países la estrategia para "enfrentar a las ultraderechas." Jadue la acompaña y se reúne con el MST. Después, Jara va a Colombia a apoyar al partido de Petro en elecciones presidenciales. No es turismo político. Es la construcción de una red internacional cuyo objetivo declarado es revertir los resultados electorales que no le gustaron a la izquierda global.
Jeannette Jara perdió las elecciones presidenciales de Chile en diciembre de 2025. Fue la candidata del Partido Comunista — el partido de Giorgio Jackson y los $90.000 millones del Caso Convenios, el partido cuyo secretario general amenazó con "consecuencias" si el gobierno de Kast lo margina del debate político, el partido que puso a Boric en La Moneda y dejó el país con déficit, desempleo y una deuda que trepó al 41,5% del PIB. Perdió. Kast ganó.
Eso, en democracia, debería significar algo. Debería significar que quien ganó gobierna y quien perdió hace oposición — dentro de las instituciones, con los instrumentos legítimos disponibles, esperando la próxima elección. Ese es el sistema. Ese es el acuerdo que permite que las democracias funcionen sin que cada cambio de gobierno se convierta en una crisis constitucional.
La izquierda chilena — con Jara a la cabeza — tiene otro modelo en mente. Y lo está construyendo en São Paulo, con la Fundación Rosa Luxemburgo, en presencia de representantes de más de 25 países, en la conferencia llamada "La salida está a la izquierda."
La Fundación Rosa Luxemburgo: quién financia el encuentro
La Fundación Rosa Luxemburgo no es una ONG neutral de promoción de la democracia. Es el brazo internacional del partido Die Linke — La Izquierda — de Alemania. Es financiada con fondos públicos del Estado alemán en el marco del sistema de fundaciones políticas que existe en ese país. Y tiene una red de oficinas en más de 30 países de América Latina, África, Asia y Europa cuyo propósito explícito es fortalecer a los movimientos de izquierda y "transformar las relaciones de poder existentes."
En Chile, la Fundación Rosa Luxemburgo financia organizaciones sociales, sindicatos y movimientos políticos vinculados al PC y al Frente Amplio. Es parte del ecosistema de financiamiento externo que la izquierda chilena usa sistemáticamente para sostener su estructura organizacional con recursos que no provienen del electorado chileno sino de fundaciones europeas con agenda política propia.
Que Jara viaje a São Paulo a una conferencia financiada por Rosa Luxemburgo no es asistir a un seminario académico. Es participar en una instancia de coordinación política internacional financiada por el brazo de un partido de izquierda europeo, junto a líderes de 25 países, con el objetivo declarado de "enfrentar a las ultraderechas que han tenido un auge importante a nivel mundial."
"Ultraderechas": el lenguaje que lo dice todo
El término que Jara usó para describir el objetivo del encuentro merece análisis porque revela la lógica con que la izquierda global está procesando sus derrotas electorales de los últimos años.
"Ultraderechas" — en el vocabulario político de la izquierda contemporánea — no es una categoría ideológica precisa. Es una etiqueta que se aplica a todo lo que está a la derecha de la izquierda y que ganó una elección que la izquierda esperaba ganar. Milei en Argentina es "ultraderecha." Trump en Estados Unidos es "ultraderecha." Kast en Chile es "ultraderecha." Meloni en Italia es "ultraderecha." Viktor Orbán en Hungría es "ultraderecha."
Lo que todos esos gobiernos tienen en común no es una ideología compartida — entre ellos hay diferencias enormes en materia económica, cultural y geopolítica. Lo que tienen en común es que ganaron elecciones libres y democráticas en sus respectivos países. Que sus ciudadanos, en ejercicio del sufragio universal, decidieron que la izquierda había gobernado mal y que era hora de probar algo diferente.
La respuesta de la izquierda a esas derrotas electorales no ha sido la autocrítica — preguntarse por qué la gente votó diferente, qué falló en su gestión, qué propuesta alternativa ofrece. Ha sido construir una narrativa en la que los electores que votaron "mal" fueron manipulados por la "ultraderecha" y en la que la tarea de la izquierda global es "enfrentar" ese fenómeno — no con mejores propuestas sino con mejores estrategias de comunicación, mejor coordinación internacional y más recursos para las organizaciones que comparten la agenda.
Eso es lo que Jara fue a hacer a São Paulo. No a aprender de la derrota. A organizarse para revertirla.
Jadue y el Movimiento Sin Tierra: la radicalidad que Jara prefiere no mostrar
La presencia de Fares Jadue en el viaje merece atención especial. El alcalde de Recoleta — el militante del PC más identificado con la línea dura del partido, el que nunca ha tenido el cuidado comunicacional de Jara para matizar sus posiciones — viajó junto a la excandidata y se reunió con los dirigentes del Movimiento Sin Tierra de Brasil.
El MST no es un sindicato campesino. Es el movimiento de ocupación de tierras más grande de América Latina — una organización con declarada inspiración marxista que promueve la ocupación forzada de propiedades privadas como método de reforma agraria. Ha sido acusado en múltiples ocasiones de violencia en las ocupaciones, de vínculos con el crimen organizado en zonas rurales de Brasil, y de operar como brazo político del PT de Lula en las regiones donde tiene presencia.
Que Jadue se reúna con sus dirigentes no es turismo campesino. Es una señal sobre qué tipo de izquierda representa el PC chileno cuando no está en campaña electoral moderando el discurso para el electorado de centroizquierda que Jara necesitaba para llegar a segunda vuelta.
El PC chileno tiene dos caras. La que Jara muestra en las entrevistas — moderada, institucional, con lenguaje de derechos y justicia social. Y la que Jadue representa en São Paulo junto al MST — radical, confrontacional, con la lógica de que los resultados electorales que no le gustan a la izquierda son consecuencia de la manipulación del pueblo por las "ultraderechas" y deben ser revertidos por todos los medios disponibles.
Esas dos caras no son incoherentes. Son complementarias. Una abre puertas electorales. La otra construye la red de poder que opera cuando las puertas electorales se cierran.
Colombia y el apoyo al partido de Petro: la red en acción
Después de Brasil, Jara viaja a Colombia invitada por el Pacto Histórico — el partido del presidente Gustavo Petro — en el marco de las elecciones presidenciales colombianas del 31 de mayo.
Eso merece leerse con toda su dimensión. La candidata presidencial derrotada del PC chileno viaja a Colombia a apoyar al partido del gobierno de Petro en su campaña electoral. Petro — el presidente colombiano que tiene los índices de aprobación más bajos de su país desde el inicio de su mandato, que enfrenta una economía deteriorada, que ha tenido conflictos permanentes con el Congreso y que está usando las elecciones del 31 de mayo como plebiscito sobre su propio gobierno.
La red funciona en ambas direcciones. Cuando Boric era presidente, su gobierno apoyó abiertamente a los candidatos de izquierda en la región — fue el primer presidente latinoamericano en reconocer el triunfo de Petro en Colombia. Ahora que Boric está fuera del poder, los cuadros del PC chileno viajan a apoyar a los aliados regionales en sus propias batallas electorales.
No es diplomacia. Es la Internacional Comunista del siglo XXI operando en tiempo real — sin el nombre, sin las tarjetas de membresía, pero con la misma lógica de coordinación transnacional que definió al movimiento comunista durante el siglo XX.
Lo que el gobierno de Kast debe entender
La actividad de Jara en São Paulo y su viaje posterior a Colombia no es solo política exterior de un partido de oposición. Es la construcción de una infraestructura de poder internacional que opera con independencia del ciclo electoral chileno y que tiene recursos, redes y coordinación suficientes para influir de forma significativa en el escenario político del país.
La Fundación Rosa Luxemburgo financia organizaciones en Chile. El MST tiene vínculos con movimientos sociales latinoamericanos que operan en el país. El Pacto Histórico de Petro tiene relaciones con el PC chileno que van más allá de la simpatía ideológica. Esa red no desaparece cuando la izquierda pierde una elección. Se reorganiza, se coordina y espera la próxima oportunidad.
El gobierno de Kast enfrenta esa red con la Megarreforma en tramitación, con la oposición declarando públicamente que su misión es obstaculizar y con un sistema de financiamiento internacional de la izquierda que no tiene equivalente en el mundo de la centroderecha chilena.
Entender esa asimetría no es paranoia. Es política realista. Y la respuesta no es imitar el modelo de la izquierda — es fortalecer las propias instituciones, acelerar la aprobación de las reformas que tienen mandato electoral y comunicar con suficiente claridad los resultados del gobierno para que el electorado que votó por el cambio vea que ese cambio está ocurriendo.
Jara puede coordinarse con 25 países en São Paulo. Kast tiene que gobernar Chile bien. Esa es la asimetría que importa.
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