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LA IZQUIERDA YA ES UNA AMENAZA CIERTA DE DESTRUCCIÓN: ROMERO LO DIJO SIN FILTROS — "ESTAMOS EN PRESENCIA DE UN BLOQUE QUE QUIERE DESTRUIR"

LA IZQUIERDA YA ES UNA AMENAZA CIERTA DE DESTRUCCIÓN: ROMERO LO DIJO SIN FILTROS — "ESTAMOS EN PRESENCIA DE UN BLOQUE QUE QUIERE DESTRUIR"

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by Redacción VDI Global

Consuelo Veloso del Frente Amplio lo dijo en un podcast sin pudor: "Tenemos el deber de obstaculizar." Jaime Araya amenazó con 2.500 indicaciones nuevas. El presidente de la Comisión de Hacienda, Agustín Romero, respondió con la frase que define el momento político: no estamos ante una oposición que discrepa — estamos ante un bloque que quiere destruir. Y tiene razón.


Hay momentos en la política en que la máscara cae. En que los actores, por exceso de confianza o por descuido, dicen en voz alta lo que siempre fue su objetivo real pero que las convenciones del debate democrático les obligaban a disfrazar con el lenguaje de la "preocupación ciudadana", la "defensa de los derechos" o la "responsabilidad fiscal". Esta semana, en el contexto de la tramitación de la Ley de Reconstrucción Nacional, la izquierda chilena se sacó la máscara.

Lo hizo a través de una diputada del Frente Amplio en un podcast. Lo hizo a través de un diputado independiente vinculado al PPD que amenazó con 2.500 indicaciones nuevas. Y lo hizo con la consistencia de un patrón que ya no admite interpretación caritativa: el objetivo no es mejorar la reforma. El objetivo es destruirla.


Consuelo Veloso: "Tenemos el deber de obstaculizar"

La diputada del Frente Amplio Consuelo Veloso participó en el podcast "Provócame" de Darío Quiroga y dijo algo que merece transcribirse completo porque no tiene interpretación alternativa: "Yo creo que tenemos una misión y un deber importante de obstaculizar el avance de los retrocesos de José Antonio Kast desde el comienzo hasta el final. Ahí no tenemos que tener complejos ni tenemos que tener pudor."

Esa frase es una declaración de principios. No es un desliz. No es un exabrupto de calor de debate. Es una diputada de la República, en un espacio mediático, articulando con calma y convicción que su misión como parlamentaria es obstaculizar — no debatir, no proponer alternativas, no mejorar lo que considera mejorable. Obstaculizar.

El lenguaje importa en política. "Obstaculizar" no es lo mismo que "oponerse." Oponerse es legítimo, es parte de la democracia, es el rol natural de quien pierde una elección y pasa a ser oposición. Obstaculizar es otra cosa. Obstaculizar es usar las herramientas del proceso parlamentario no para hacer el mejor debate posible sino para impedir que el debate ocurra. Es lo que el PC y el PDG hicieron con las 1.300 indicaciones del lunes. Es lo que Veloso describe como una "misión" y un "deber."

Y lo dice "sin complejos" y "sin pudor." Esas palabras también importan. Significan que Veloso sabe perfectamente que lo que está describiendo es cuestionable desde el punto de vista de la ética parlamentaria — y que elige hacerlo de todas formas porque en su mundo ideológico el fin justifica los medios.


Araya y las 2.500 indicaciones: el tsunami que viene

Si la declaración de Veloso fue la revelación ideológica de la semana, la amenaza de Jaime Araya fue la operacional. El diputado independiente vinculado al PPD había anunciado en el mismo podcast "Provócame" — la semana anterior — la presentación de un nuevo "tsunami" de 2.500 indicaciones al proyecto una vez que llegue a la Sala de la Cámara.

Para ponerlo en perspectiva: la semana pasada la oposición presentó más de 1.300 indicaciones y eso se consideró un volumen extraordinario que generó una sesión maratónica de cinco horas y requirió que el presidente de la Comisión hiciera sonar la campana a la medianoche para forzar la votación. Ahora Araya amenaza con casi el doble de ese número en la siguiente etapa de tramitación.

La lógica de la amenaza es transparente: si con 1.300 indicaciones se logró que la sesión se extendiera hasta las 5 de la mañana y se consumió toda la capacidad operacional de la Comisión durante días, con 2.500 se puede paralizar la tramitación indefinidamente. No porque las indicaciones sean buenas o mejoren el proyecto — Araya no pretende eso. Sino porque el volumen en sí es el arma. El papel que no existe todavía pero que puede presentarse es la herramienta de bloqueo.

Eso no es legislar. Es sabotaje institucionalizado con herramientas legales.


Romero: "Estamos en presencia de un bloque que quiere destruir"

El presidente de la Comisión de Hacienda, Agustín Romero del Partido Republicano, respondió en el seminario "Desayunos de Actualidad" de la Universidad Gabriela Mistral con una claridad que sus correligionarios del oficialismo raramente han exhibido en el debate público de las últimas semanas.

Sobre el proyecto dijo lo que corresponde decir: "Estamos hablando de un proyecto importantísimo para generar trabajo, inversión, crecimiento para el país." No es retórica de campaña. Es la descripción de lo que la Megarreforma busca hacer — bajar el impuesto corporativo, simplificar permisos, desatar la inversión privada que Chile necesita para recuperar el crecimiento que perdió durante la última década.

Y sobre la oposición dijo lo que nadie en el oficialismo se había atrevido a decir con esa contundencia: "Ya comprueba fehacientemente que estamos en presencia de un bloque que no quiere construir, sino que quiere destruir."

No es un insulto. Es un diagnóstico apoyado en evidencia. El PC presentó más de 150 indicaciones. El FA tiene una diputada que declara públicamente que su misión es obstaculizar. El PPD tiene un diputado que amenaza con 2.500 indicaciones nuevas. La DC negació durante semanas antes de acordar una posición. El PDG condicionó sus votos a compromisos que el gobierno tuvo que asumir bajo presión.

Ninguno de esos comportamientos es el de un bloque político que quiere hacer una mejor ley. Es el de un bloque que quiere que no haya ley.


La admisibilidad como último bastión

Romero también abordó una cuestión técnica que tiene consecuencias políticas de primer orden: la posibilidad de que la oposición intente reponer en la Sala de la Cámara indicaciones que ya fueron declaradas inadmisibles en la Comisión de Hacienda.

"Nosotros esperamos que lo que se declaró inadmisible se entienda que no puede reponerse en la sala, porque finalmente sería una demostración evidente de querer dilatar la discusión", dijo.

La admisibilidad de una indicación parlamentaria es una cuestión formal: una indicación es inadmisible cuando excede las materias que el proyecto puede tratar según la Constitución o cuando implica gasto público sin la iniciativa del Ejecutivo. Cuando el presidente de la Comisión la declara inadmisible, la oposición puede reclamar esa decisión ante la Sala — lo que reinicia el debate y consume más tiempo de tramitación.

Usar ese mecanismo no para corregir una decisión genuinamente equivocada de inadmisibilidad sino para generar más dilación es exactamente lo que Romero está advirtiendo. Y es exactamente coherente con lo que Veloso declaró como misión: obstaculizar. Si una indicación fue rechazada por inadmisible y la oposición la reclama en la Sala, no es porque piense que el presidente de la Comisión se equivocó jurídicamente. Es porque el proceso de reclamación consume tiempo — y el tiempo es el recurso que están tratando de agotar.


Lo que está en juego

Para entender por qué la izquierda está dispuesta a usar estas tácticas con una intensidad que supera lo que Chile había visto en décadas de tramitación parlamentaria, hay que entender lo que está en juego.

La Megarreforma no es solo un conjunto de medidas tributarias. Es la pieza central del proyecto económico del gobierno de Kast — la demostración de que una política de derecha puede producir crecimiento real, inversión concreta y empleos verificables. Si la reforma pasa y funciona, el argumento de que Chile necesita más Estado, más gasto, más regulación queda debilitado por los hechos. Si la reforma no pasa — o pasa tan mutilada que no puede producir resultados — la izquierda puede presentarse en las próximas elecciones diciendo que Kast no pudo gobernar.

Esa es la lógica que explica que Veloso hable de "misión" y "deber" sin pudor. No está hablando de política legislativa. Está hablando de política electoral. Destruir la reforma es destruir la posibilidad de que el gobierno de Kast tenga un legado económico verificable. Y sin ese legado, las próximas elecciones se pelean en un terreno más favorable para la izquierda.

Esa estrategia es cínica. Pero es coherente. Y la izquierda chilena la está ejecutando con una disciplina que el oficialismo debería observar con más atención de la que ha mostrado hasta ahora.


La respuesta que el oficialismo necesita dar

Romero dio la respuesta correcta en el plano del diagnóstico. "Un bloque que quiere destruir" es la descripción exacta de lo que está pasando. Pero el diagnóstico solo no alcanza.

Lo que el gobierno y el oficialismo necesitan hacer en las próximas semanas — cuando el proyecto llegue a la Sala de la Cámara y luego al Senado — es ejecutar con la misma disciplina con que la oposición está obstruyendo. Eso significa tener los votos contados antes de cada sesión, no después. Significa tener los acuerdos con la DC y el PDG formalizados antes de entrar a la Sala, no negociándolos en los pasillos mientras la sesión avanza. Significa que los diputados Republicanos que hicieron el trabajo en Comisión de Hacienda — Romero fue el ejemplo más claro — estén presentes y activos en cada instancia donde el proyecto pueda ser bloqueado.

Y significa que el gobierno comunique mejor lo que está en juego. Porque la izquierda tiene el relato — "derechos recortados", "beneficios empresariales", "retrocesos" — y el oficialismo tiene los números: la rebaja impositiva aprobada, el Fondo de Emergencia por Incendios, la simplificación de permisos. Esos números necesitan llegar a los chilenos que no siguen el debate legislativo hora por hora.

Romero lo dijo. Ahora hay que demostrarlo.


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