LA "MANO NEGRA" DE MATTHEI NUEVAMENTE CARGA CONTRA EL PRESIDENTE KAST: PAULINA NÚÑEZ LE PIDE "PRUDENCIA" POR LAS CHINCHILLAS — Y LOS REPUBLICANOS LE RESPONDEN SIN FILTROS
Kast ironizó sobre la paralización de una línea de transmisión energética porque "apareció una colonia de chinchillas." Propuso, con humor, que habría salido más barato construirles un resort. La presidenta del Senado Paulina Núñez — operadora documentada de la red Matthei — salió a pedirle "prudencia, equilibrio y templanza." Los diputados republicanos no tardaron: "La prudencia hay que aplicarla cuando se quiere pautear al Presidente desde el Congreso." El patrón de la quinta columna suma un nuevo episodio. El ambientalismo radical que paralizó proyectos por años tiene ahora defensora dentro del propio oficialismo.
Kast estaba en Atacama, en el marco de su recorrida "Presidente Presente", cuando hizo la observación que desató el nuevo round entre el Partido Republicano y la red Matthei dentro del oficialismo. El contexto era el problema concreto que enfrenta Chile con la transmisión de energía renovable: el norte del país tiene capacidad de generación solar que no puede llegar al sur porque los proyectos de líneas de transmisión están paralizados por objeciones medioambientales.
El caso específico que Kast mencionó es real y verificable. Una línea de transmisión cuya ruta fue bloqueada porque en el trazado se detectó una colonia de chinchillas. El trámite medioambiental se detuvo. El proyecto sigue sin ejecutarse. La energía sigue sin llegar.
La ironía de Kast fue simple y directa: "Yo les aseguro que podríamos haber convertido un resort para las chinchillas y nos habría salido más económico."
Esa frase no es una declaración de guerra al medio ambiente. Es la descripción del absurdo burocrático que paraliza proyectos de inversión en Chile — proyectos que producen empleo, que bajan los costos de la energía y que permiten que el país aproveche los recursos naturales que tiene. Es exactamente el tipo de reforma que la Megarreforma busca abordar con la simplificación de permisos ambientales — el único artículo de la reforma que Eyzaguirre, Marcel y la propia Matthei reconocen como necesario.
Paulina Núñez no lo vio así.
"Prudencia, equilibrio, templanza y responsabilidad"
La presidenta del Senado dio una entrevista en Radio Infinita el viernes en que cuestionó las palabras de Kast. Reconoció que "algunas demoras sí se deben revisar" — lo que es en sí mismo una concesión que la izquierda no le haría al gobierno. Pero luego agregó la condena: "En estos temas tan delicados, más prudencia, más equilibrio, más templanza y, por supuesto, más responsabilidad también de los organismos del Estado."
Y el ejemplo que eligió para ilustrar su punto es el que mejor define en qué lado de la discusión está Núñez: "Si uno se encuentra con osamentas, obviamente que la situación tiene que detenerse."
Las osamentas — restos óseos con valor arqueológico — son un caso diferente a una colonia de chinchillas. Que Núñez los equipare en la misma lógica de "detener la situación" dice todo sobre su postura de fondo: los organismos medioambientales tienen razón de detener proyectos cuando aparece cualquier hallazgo, la carga de la prueba siempre la tiene la inversión privada y el Estado que intenta hacer funcionar la economía. Ese no es el oficialismo conservador que Kast representa. Es el ambientalismo de cautela que la izquierda instaló en la normativa durante las últimas décadas.
Pedirle "prudencia y templanza" a un presidente que está describiendo el absurdo de una línea de transmisión paralizada por chinchillas no es una crítica constructiva. Es la señal, de quien ocupa la presidencia del Senado con los votos del sector que eligió a Kast, de que cuando el gobierno intente avanzar en la simplificación ambiental que la propia Megarreforma contempla, encontrará resistencia desde adentro del bloque que debería apoyarla.
Los Republicanos responden: sin filtros y con nombre
El Partido Republicano — el partido que fundó Kast, el que ha mantenido la cohesión más consistente con el gobierno durante la tramitación de la Megarreforma, el que en la Comisión de Hacienda sesionó hasta las 5 de la mañana para sacar adelante los artículos clave — respondió con una velocidad y una precisión que contrasta con la habitual moderación del oficialismo.
El diputado Luis Fernando Sánchez fue el primero: "La prudencia debe tenerla la senadora. Chile necesita cambios, y uno de esos es dejar atrás ese ambientalismo radical que prioriza las chinchillas sobre las personas. Es hora que algunos dejen el 'oficialismo a la carta' y se sumen al trabajo."
"Oficialismo a la carta." Esa frase merece detenerse porque es la descripción más precisa disponible del comportamiento de la red Matthei desde que Kast asumió. Oficialismo a la carta significa: apoyo al gobierno cuando no cuesta nada, oposición al gobierno cuando el gobierno propone algo que la directiva de RN o Evópoli considera inconveniente, silencio cuando hay que votar lo difícil y ruido cuando hay que criticar al presidente en los medios.
El diputado Cristián Araya fue más directo todavía: "La prudencia hay que aplicarla cuando se quiere pautear al Presidente desde el Congreso. Para ser comentarista de cada frase del Presidente, los matinales están llenos, aunque en la izquierda siempre hay más espacio."
Esa última frase — "en la izquierda siempre hay más espacio" — es la acusación más grave que puede hacérsele a un parlamentario del sector: que sus críticas al gobierno son funcionalmente equivalentes a las de la oposición y que la izquierda las usa con la misma eficacia que usa las de Matthei, Veloso y Romero juntas.
Y el diputado Cristián Neira cerró el round con el argumento económico concreto: "Recordarle a la senadora que la excesiva tolerancia a activistas medioambientales tiene a Chile con proyectos paralizados, inversiones que podrían no concretarse afectando el desarrollo y posibilidades de empleo. Necesitamos crecer."
El patrón de Núñez: presidenta del Senado, operadora de Matthei
Paulina Núñez no es una figura nueva en este análisis. VDI Global la ha documentado sistemáticamente como la operadora central de la red Matthei dentro del oficialismo. Su historial es verificable y consistente.
Presionó públicamente para revertir los despidos de Poduje cuando la red Matthei intentó sacarlo del Ministerio de Educación — el ministro al que Kast luego respaldó explícitamente. Votó o impulsó posiciones en el Senado que dificultaron medidas del gobierno en momentos clave. Y ahora sale a pedirle "prudencia y templanza" al presidente por haber ironizado sobre el absurdo burocrático medioambiental — exactamente el tipo de crítica que la izquierda usó ese mismo día para argumentar que la Megarreforma "amenaza el medio ambiente."
El timing de la intervención de Núñez no es irrelevante. El mismo fin de semana en que la Megarreforma llega a la Sala de la Cámara para su votación general y particular — con el artículo de simplificación de permisos ambientales incluido — la presidenta del Senado sale a cuestionar al presidente por señalar exactamente el tipo de exceso burocrático que ese artículo busca corregir.
¿Es coincidencia? En la red Matthei no hay coincidencias de agenda. Hay operaciones coordinadas.
El ambientalismo radical y el costo que Chile paga
El fondo del debate que el episodio abre merece análisis más allá del cruce político. Chile tiene un problema real con la tramitación de proyectos de inversión que el ambientalismo regulatorio instalado durante la última década exacerbó. No es una opinión política — es un dato que Moody's señaló esta semana al identificar la baja productividad chilena como uno de los factores que explica por qué el país creció al 2,2% en vez del 3,9% histórico.
Los proyectos mineros, energéticos y de infraestructura que Chile necesita para aprovechar el boom del cobre, el litio y las energías renovables no pueden esperar años de tramitación ambiental donde cada objeción — incluyendo colonias de chinchillas — detiene el proceso sin que exista un mecanismo proporcional para resolverlo. La inversión privada que la Megarreforma busca atraer requiere certeza jurídica — saber que si el estudio ambiental aprueba el proyecto, el proyecto se construye.
Que la presidenta del Senado del oficialismo salga a defender la lógica del "si aparece algo, nos detenemos" — sin importar la proporcionalidad del hallazgo con el costo de la paralización — es exactamente la señal que los inversionistas leen con atención cuando evalúan si Chile es o no un destino confiable para el capital.
Núñez tiene derecho a sus opiniones sobre el medio ambiente. Lo que no tiene derecho es a ejercer esas opiniones desde la presidencia del Senado del gobierno que apoyó y que ahora intenta revertir exactamente la lógica regulatoria que ella defiende — y hacerlo en el mismo momento en que ese gobierno necesita cohesión para aprobar la reforma más importante de su mandato.
Lo que la respuesta republicana dice sobre el momento político
El hecho de que tres diputados republicanos respondieran en forma coordinada y con nombre propio a Núñez en el mismo fin de semana dice algo sobre cómo está el ambiente dentro del oficialismo en este momento. Los Republicanos están hartos. No de Núñez en abstracto — están hartos de un patrón que se repite semana a semana: el gobierno propone, la red Matthei critica, la izquierda amplifica, el oficialismo queda fracturado en la prensa.
La respuesta del diputado Araya — "para ser comentarista de cada frase del Presidente, los matinales están llenos" — no es solo un quiebre de humor. Es una declaración de principios sobre lo que el Partido Republicano considera que es el rol de un parlamentario del oficialismo: apoyar al gobierno o hacer oposición con claridad, no hacer "oficialismo a la carta" que sirve de plataforma mediática individual a costa de la cohesión del gobierno.
La pregunta que queda sin respuesta es si esas declaraciones republicanas van a tener algún efecto en el comportamiento de Núñez. La historia de los últimos tres meses sugiere que no. La presidenta del Senado opera con la convicción de que su posición institucional la protege de cualquier costo político derivado de sus críticas al ejecutivo que su sector ayudó a elegir. Y hasta ahora, esa convicción ha sido correcta.
El gobierno de Kast necesita la Megarreforma en el Senado. Núñez preside el Senado. Esa ecuación le da a la operadora de Matthei un poder de veto real que no va a desaparecer por más declaraciones republicanas que se publiquen en fin de semana.
Lo que sí puede cambiar — y lo que la respuesta republicana busca construir — es la narrativa pública sobre quién en el oficialismo está trabajando para Chile y quién está haciendo "oficialismo a la carta." Esa narrativa llega a los votantes. Y los votantes tienen memoria larga.
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