LA MEGARREFORMA LLEGA A LA SALA DE LA CÁMARA: EL MIÉRCOLES ES LA VOTACIÓN DEFINITIVA — ALESSANDRI AUGURA MAYORÍA AMPLIA, PDG COMPROMETIÓ SUS VOTOS Y EL SENADO YA MIRA A LA DC Y AL PPD
El proyecto que sobrevivió 1.603 indicaciones de la oposición y una sesión hasta las 5 de la mañana llega el miércoles a su votación en la Sala de la Cámara. Alessandri dice que pasará "por amplia mayoría, al menos 12 votos." El PDG comprometió sus votos tras el proyecto de IVA en medicamentos. Alvarado llamó al Socialismo Democrático a liberarse de la "tutela" del FA y el PC. Y el Senado ya negocia en silencio — Macaya y Vodanovic hablaron en el Chile Day. Lo que viene y lo que puede torcer el resultado.
La Megarreforma del gobierno de Kast está a 72 horas de su votación en la Sala de la Cámara de Diputados. El proceso que comenzó con el tsunami de 1.603 indicaciones de la oposición, que produjo una sesión maratónica de 14 horas en la Comisión de Hacienda, que terminó a las 5 de la mañana del jueves con los artículos centrales aprobados solo con votos del oficialismo, llega ahora a su etapa más visible y más simbólica: la votación del pleno de la Cámara.
Lo que ocurra el miércoles 20 de mayo no va a resolver el debate — ese debate continúa en el Senado, donde el juego empieza de nuevo con otras reglas y otros actores. Pero sí va a establecer si el gobierno tiene los números para avanzar en la Sala con el mismo resultado que en la Comisión de Hacienda, o si la oposición logró construir en el intervalo la mayoría que no tenía cuando la tramitación comenzó.
El estado del tablero: lo que confirma Alessandri
El presidente de la Cámara, Jorge Alessandri de UDI, habló en Estado Nacional de TVN el domingo con una confianza que tiene respaldo aritmético. Auguró que la idea de legislar será "aprobada por amplia mayoría, al menos 12 votos." Esa proyección — más de la mayoría simple de 78 diputados que se necesita en la Sala — implica que Alessandri está contando votos que van más allá del bloque puro del oficialismo.
El conteo base es el siguiente. Republicanos, UDI y RN — aunque en esta última con los ruidos que la red Matthei genera sistemáticamente — más el Partido Nacional Libertario suman un bloque que en condiciones normales debería llegar a los números mínimos. El PDG suma los votos que el jefe de bancada Juan Marcelo Valenzuela comprometió este domingo.
Valenzuela fue explícito: "Una de las principales preocupaciones que tenemos es que esta megarreforma tuviera alguna arista que fuera considerando a la clase media, y la devolución de los medicamentos y pañales es una tremenda noticia." El proyecto que el gobierno ingresó — cumpliendo el compromiso que asumió en la negociación nocturna con el PDG — desbloqueó ese apoyo. El "Papito Corazón" con su partido en crisis interna y su Tribunal Supremo fraudulento entrega los votos cuando el gobierno paga el precio.
La pregunta que Alessandri no respondió públicamente — pero que el oficialismo tiene respondida internamente — es si esos "al menos 12 votos" incluyen votos de la oposición o si son todos del bloque de gobierno expandido con el PDG. La diferencia importa para la lectura política del resultado: una victoria del oficialismo puro dice una cosa, una victoria con votos del Socialismo Democrático dice otra muy diferente.
El movimiento de Alvarado: llamar al SD a liberarse de la "tutela"
El ministro del Interior Claudio Alvarado hizo el domingo en El Mercurio lo que los ministros hacen cuando tienen información sobre movimientos en el otro bando que quieren acelerar: un llamado público que funciona como invitación y como presión simultánea.
"Como he visto disposición y voluntad en otros sectores opositores del Parlamento, creo que se acerca el momento para que parlamentarios que representan al Socialismo Democrático, que provienen de la Concertación, que tienen una cultura y disposición al diálogo, puedan tomar sus propias decisiones al margen de la tutela del Frente Amplio y del Partido Comunista."
Esa frase tiene varios destinatarios. El primero y más obvio es la DC y el PPD — los partidos del Socialismo Democrático que durante la tramitación en la Comisión de Hacienda mostraron más apertura al diálogo que el FA y el PC. El segundo destinatario es el PS — el partido de Manouchehri y Santana, que dice estar abierto al diálogo pero condena al gobierno por no escuchar sus propuestas. El tercero, el más importante, es la opinión pública: Alvarado está construyendo el relato de que hay sectores de la oposición que quieren negociar y hay sectores que los impiden — con el FA y el PC como villanos del obstruccionismo y el SD como la oposición razonable que puede desbloquearse.
La respuesta de la oposición confirma que el dardo pegó donde debía. El jefe de bancada del PPD, Héctor Ulloa, negó estar bajo "tutela" y le echó la culpa al gobierno por no escuchar sus propuestas. El diputado PS Juan Santana dijo que "el problema es que el Gobierno no ha sido capaz de considerar las propuestas que hemos hecho." Esas respuestas defensivas dicen que la acusación de Alvarado incomodó — porque tiene algo de verdad.
La realidad verificable es que durante la Comisión de Hacienda, la DC, el PPD y el PS votaron junto al FA y al PC en casi todos los rechazos. La unidad táctica de la oposición que se construyó en los últimos meses — que La Tercera describió como "difícil de vislumbrar en diciembre" pero que se materializó con una coherencia sorprendente — funciona de forma diferente en la Cámara que en el Senado. Y esa diferencia es la que el gobierno está intentando explotar.
El Senado ya negocia: Macaya y Vodanovic en el Chile Day
La información más significativa para el mediano plazo es que el diálogo entre el gobierno y el Socialismo Democrático en el Senado ya comenzó — no como declaración de intenciones sino como conversación concreta entre actores con poder de decisión.
Según La Tercera, los senadores Javier Macaya de UDI y Paulina Vodanovic del PS — quien también cruzó a conversar con Manouchehri durante las sesiones de la Comisión de Hacienda — acordaron "abrir el juego" de cara a la llegada de la Megarreforma al Senado. Esas conversaciones ocurrieron en el Chile Day en Nueva York y Toronto — el evento que reúne cada año a más de 500 inversionistas, ejecutivos y autoridades chilenas para presentar la economía del país ante el mercado internacional.
Que Macaya y Vodanovic hayan abierto ese canal en el Chile Day tiene una dimensión que va más allá de la política legislativa. Ambos estaban en un evento con 500 inversionistas mirando a Chile. Ambos saben que la percepción de gobernabilidad que transmite el país afecta directamente las decisiones de inversión. Y ambos llegaron a la conclusión de que la continuación de la guerra de trincheras en el Senado — con el mismo nivel de obstruccionismo que en la Cámara — sería una señal negativa para el mercado.
Esa lógica — de que la gobernabilidad legislativa tiene consecuencias económicas concretas — es exactamente la que el Socialismo Democrático históricamente ha entendido mejor que el FA y el PC. Es la diferencia entre la centroizquierda que gobernó con la regla del balance estructural de Lagos y la izquierda que declaró que su misión es "obstaculizar sin complejos ni pudor."
Lo que Provoste dijo — y lo que revela sobre el Senado
La senadora DC Yasna Provoste dio la clave de lo que va a ocurrir en el Senado con una franqueza que merece atención. "La discusión en el Senado de este proyecto va a ser otra cosa. Lo que se requiere es que el Gobierno entienda que para avanzar requiere poder construir acuerdos amplios, transversales, porque ganar por uno o dos votos instala incertezas. La gente no se va a preguntar lo que se aprobó, sino cuánto tiempo va a durar esa reforma."
Esa frase tiene dos lecturas simultáneas. La primera, favorable al gobierno: Provoste está diciendo que en el Senado hay disposición a negociar, que el tono va a ser diferente al de la Cámara y que existe la posibilidad de un acuerdo más amplio. La segunda, menos favorable: Provoste le está poniendo precio a ese acuerdo. El precio es que el gobierno "entienda" — es decir, ceda en puntos que la DC considera importantes. Y la advertencia sobre la "durabilidad" de una reforma aprobada por uno o dos votos es la amenaza implícita de que si el gobierno no cede, el Senado puede producir modificaciones que desvirtúen el proyecto.
Esa es exactamente la lógica con que el Senado chileno ha operado históricamente en las grandes reformas: el acuerdo amplio que estabiliza, a cambio de concesiones que los votantes de la derecha pueden percibir como traición. El gobierno de Kast necesita calibrar cuánto puede ceder en el Senado sin vaciar de contenido lo que la Megarreforma promete.
Lo que viene esta semana: el calendario
El lunes las comisiones de Medio Ambiente y Trabajo siguen la tramitación del proyecto — los artículos de simplificación ambiental y los relacionados con el mercado laboral que no pasaron por Hacienda. El martes llega a la Sala de la Cámara en sesión de 10 a 18 horas donde los diputados pueden dar sus opiniones. El miércoles es la votación — desde las 10 horas y hasta total despacho.
Alessandri lo dijo con la honestidad que lo caracteriza: "Yo no sé si va a durar seis o 27 horas la sesión, eso va a depender de cuántas indicaciones renueven o también de un afán constructivo o dilatorio." Esa incertidumbre — seis o veintisiete horas — es la descripción precisa del margen que la oposición tiene para usar el debate en la Sala como nueva oportunidad de espectáculo obstruccionista si decide que esa es su estrategia.
La amenaza de Araya con 2.500 nuevas indicaciones es el factor de riesgo más concreto. Si el PPD decide renovar una fracción de las indicaciones que fueron rechazadas en Hacienda, el miércoles puede ser otro trasnoche. Si decide que el costo político de esa táctica es mayor que el beneficio, la Sala puede despachar el proyecto en pocas horas.
Lo que el gobierno necesita que ocurra el miércoles es simple: que el proyecto salga de la Cámara con los artículos centrales intactos — la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, la invariabilidad tributaria y la simplificación de permisos — y con suficientes votos como para que llegue al Senado con legitimidad política, no solo aritmética.
Si eso ocurre, el gobierno llega a su primera Cuenta Pública el 1 de junio con la reforma más importante de su mandato despachada desde la Cámara. Eso no es un logro menor. Es exactamente lo que el gobierno necesita para la narrativa de esa jornada.
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