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MANOUCHEHRI Y LA POLÍTICA DEL ESPECTÁCULO EN LA COMISIÓN DE HACIENDA — EL DIPUTADO QUE NO TIENE ASIENTO PERO NO SE CALLA

MANOUCHEHRI Y LA POLÍTICA DEL ESPECTÁCULO EN LA COMISIÓN DE HACIENDA — EL DIPUTADO QUE NO TIENE ASIENTO PERO NO SE CALLA

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by Redacción VDI Global

Daniel Manouchehri no integra la Comisión de Hacienda. No tiene asiento. No tiene voto. Pero estuvo en todas las sesiones de la tramitación de la Megarreforma haciendo bulto, levantando la voz, acusando al ministro Quiroz de "coludirse con la derecha para inhibir el debate democrático", llamando a Romero "dictatorial" y protagonizando el incidente por el cual la bancada PS acusó "censura." El mismo Frente Amplio bromeó: "A Manouchehri lo llamaron a inspectoría." La política del espectáculo en su estado más puro — y el PS lo mandó al primer plano porque saben que los argumentos técnicos no los tienen.


En el sistema parlamentario chileno existe una norma básica que cualquier observador del Congreso conoce: las comisiones tienen miembros titulares con asiento, voto y derecho a intervenir. Los diputados que no integran una comisión pueden asistir como observadores, pero no tienen los mismos derechos de participación que los miembros formales. Esa norma existe por una razón simple: el debate legislativo requiere orden y la participación irrestricta de todos los 155 diputados en cada comisión haría el proceso inmanejable.

Daniel Manouchehri del Partido Socialista no integra la Comisión de Hacienda de la Cámara. No tiene asiento. No tiene voto. Pero durante todas las sesiones de la tramitación de la Megarreforma — las más intensas de la legislatura, con 1.300 indicaciones y sesiones hasta las 5 de la mañana — Manouchehri estuvo ahí. No como observador silencioso. Como protagonista del espectáculo que la oposición montó para dilatar, obstruir y generar el ruido mediático que la bancada PS necesitaba.


El historial: el diputado que llama "dictadores" a quienes aplican el reglamento

Manouchehri no es un nombre nuevo en estas páginas. VDI Global lo identificó desde el inicio de la tramitación por un patrón de conducta que se repite con notable consistencia: cuando el presidente de una comisión aplica el reglamento, Manouchehri lo llama "dictatorial." Cuando el gobierno defiende sus posiciones con los mecanismos parlamentarios disponibles, habla de "colusión" y "artimañas." Cuando no lo dejan intervenir en una instancia donde no tiene asiento formal, acusa "censura."

Durante la primera jornada intensa de la Comisión de Hacienda, Manouchehri cuestionó que "el ministro Quiroz se ha coludido con la derecha para inhibir el debate democrático en este Congreso, y lo han hecho mediante artimañas." Esa acusación — "colusión" — es un término con connotaciones penales específicas en el derecho chileno. Usarlo en el debate parlamentario para describir lo que un ministro hace al defender su reforma con los instrumentos legítimos disponibles es exactamente el tipo de hipérbole que define la política del espectáculo: el lenguaje de la acusación grave como sustituto del argumento técnico.

Acusó al presidente republicano Agustín Romero de aplicar el reglamento "antojadizamente" y de forma "dictatorial." Romero presidió la comisión con los tiempos marcados por el reglamento — el mismo reglamento que existe desde antes de que Manouchehri fuera diputado y que ninguna bancada cuestionó cuando las comisiones estaban presididas por parlamentarios de izquierda.


El incidente de la "censura": la bancada PS al rescate

El episodio que culminó con la bancada PS acusando "censura" y emitiendo un comunicado de "profunda preocupación" tiene una descripción más mundana que la que el PS quiso instalar en los medios.

Manouchehri — que repito: no integra la Comisión de Hacienda — intentó intervenir en dos sesiones consecutivas para formular consultas al ministro Quiroz. El presidente Romero, aplicando el reglamento que establece las prioridades de intervención para los miembros formales de la comisión, no le dio la palabra en esas instancias. La bancada PS lo llamó "censura" y emitió un comunicado denunciando "un atentado a la deliberación democrática."

Ese comunicado no pasaría ningún test de coherencia básica. Si Manouchehri necesita intervenir en la tramitación de la Megarreforma, tiene el mecanismo institucional perfectamente establecido: integrarse formalmente a la comisión como miembro suplente a través de los mecanismos que el reglamento de la Cámara provee. No lo hizo. Prefirió aparecer como invitado sin voto, intentar intervenir desde ese rol, y cuando no le permitieron hacerlo, acusar censura.

El propio Frente Amplio — que en este conflicto está del mismo lado que el PS — describió el episodio con una ironía que dice todo. El diputado Jaime Brito le comentó a Quiroz, cuando Vodanovic llegó a la sala a conversar con Manouchehri: "A Manouchehri lo llamaron a inspectoría." Es la broma que hacen los profesores cuando un alumno molestoso es citado por el director. En ese chiste está la descripción exacta del rol que Manouchehri cumplió en la Comisión de Hacienda: el del alumno que no tiene asiento en la sala pero insiste en hacer ruido desde la puerta.


Por qué el PS lo mandó a él

La pregunta que el episodio Manouchehri plantea no es sobre su conducta individual — que es la que es y que el PS conoce perfectamente. La pregunta es estratégica: ¿por qué la bancada socialista eligió a Manouchehri como su representante visible en la discusión de la Megarreforma, a pesar de que no integra formalmente la comisión?

La respuesta es política y tiene una lógica perversa pero comprensible. Manouchehri es el parlamentario del PS con mayor capacidad para el espectáculo mediático. No en el sentido peyorativo de la frivolidad — aunque hay algo de eso también — sino en el sentido de que tiene la habilidad de generar clips, titulares y momentos de confrontación que circulan en redes sociales y que permiten a la oposición construir el relato de que "el gobierno está atropellando el debate democrático."

La bancada PS sabe que los argumentos técnicos de la oposición contra la Megarreforma son débiles. El propio Eyzaguirre reconoció que está de acuerdo con bajar el impuesto corporativo y simplificar permisos ambientales. Marcel admitió en sus minutas anónimas que algunos elementos de la reforma tienen sentido. En ese contexto, donde el debate técnico no favorece a la oposición, la estrategia racional es trasladar el debate del plano técnico al plano del espectáculo: acusaciones de dictadura, denuncias de censura, intervenciones que generan imágenes para los medios.

Para ese trabajo, Manouchehri es el hombre perfecto. Tiene el desparpajo para hacer la acusación grave sin que el tono le tiemble. Tiene la energía para sostener el espectáculo durante sesiones que se extienden hasta la madrugada. Y tiene la convicción — genuina o actuada — de que sus intervenciones representan algo más que el obstruccionismo que son en los hechos.


La política del espectáculo y sus consecuencias reales

Lo que Manouchehri hace en la Comisión de Hacienda tiene un nombre técnico en la ciencia política: it's called legislative theater. Teatro legislativo. La performance del proceso democrático que sustituye al proceso mismo cuando quien la ejecuta sabe que no tiene los votos para cambiar el resultado mediante el debate genuino.

El teatro legislativo no es inocuo. Tiene consecuencias reales sobre el tiempo de tramitación, sobre la cobertura mediática, sobre el estado de ánimo del debate político y sobre la percepción pública de cómo funciona el Congreso. Cuando Manouchehri acusa "colusión" y "artimañas", esa acusación circula en los medios como si fuera un hecho verificado. Cuando la bancada PS emite un comunicado sobre "censura", ese comunicado llega a audiencias que no tienen el contexto para saber que el "censurado" no tenía asiento formal en la instancia donde fue "censurado."

Es la asimetría de la política del espectáculo: el que hace la acusación determina el titular, y quien la desmiente lo hace tarde y en páginas interiores. Manouchehri lo sabe. La bancada PS lo sabe. Y los medios que amplificaron la "censura" sin verificar si Manouchehri tenía asiento en la comisión también deberían saberlo.


La respuesta que el gobierno y el oficialismo deberían dar

Romero ya la dio, con la contundencia que lo caracteriza. Hace sonar la campana a la medianoche, cierra el debate y vota. Eso es exactamente lo correcto: no dejarse intimidar por el espectáculo, no ceder tiempo adicional de debate que la oposición usará para más teatro y menos argumento, avanzar con los instrumentos reglamentarios disponibles.

Lo que el gobierno también puede hacer — y que ha hecho insuficientemente — es nombrar el juego por su nombre. Cuando Manouchehri acusa "colusión", la respuesta correcta no es defenderse de la acusación. Es señalar que quien la hace no tiene asiento en la comisión, que asiste sin voto, y que usa el lenguaje de la acusación grave como sustituto del argumento técnico porque el argumento técnico no lo tiene.

La política del espectáculo funciona cuando el adversario acepta las reglas del espectáculo. Cuando el adversario se niega a aceptarlas — cuando Romero hace sonar la campana, cuando los Republicanos responden con datos, cuando el gobierno sigue avanzando artículo por artículo — el espectáculo pierde su efecto y lo que queda es el resultado: la Megarreforma avanza.

Manouchehri seguirá en la puerta de la sala, sin asiento, haciendo ruido. La reforma seguirá avanzando. Esa es la diferencia entre la política del espectáculo y la política que produce resultados.


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