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¿A QUÉ JUEGA EL VICEPRESIDENTE DE BOLIVIA? LARA DICE QUE EL GOBIERNO "REVIVIÓ POLÍTICAMENTE A EVO" — MIENTRAS ÉL SE REÚNE CON LOS ALIADOS DE EVO

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¿A QUÉ JUEGA EL VICEPRESIDENTE DE BOLIVIA? LARA DICE QUE EL GOBIERNO "REVIVIÓ POLÍTICAMENTE A EVO" — MIENTRAS ÉL SE REÚNE CON LOS ALIADOS DE EVO

El vicepresidente boliviano Edman Lara se ha convertido en el opositor más férreo del presidente Rodrigo Paz desde el inicio del gobierno de centroderecha. Esta semana, en declaraciones que circulan en medios bolivianos, Lara lanzó la acusación más explosiva posible contra su propio gobierno: que las acciones del Ejecutivo — específicamente la reactivación del proceso judicial contra Evo Morales — fueron lo que revivió políticamente al expresidente fugitivo y detonaron las protestas que llevan cuatro semanas desestabilizando Bolivia.

El argumento de Lara, en síntesis: el gobierno de Paz se equivocó al ir contra Evo porque eso lo convirtió en víctima y le devolvió la centralidad política que había perdido.

La pregunta que VDI Global formula desde Israel, donde operamos y analizamos la geopolítica latinoamericana con perspectiva de largo plazo, no es si el argumento de Lara tiene algún mérito táctico — puede tenerlo. La pregunta es qué hace el vicepresidente de Bolivia juzgando públicamente la estrategia de su propio gobierno mientras simultáneamente se reúne con los aliados de Evo Morales para perfilar la situación política. Eso no es vicepresidente. Es oposición interna con credenciales de gobierno.

El cuadro de Bolivia en 72 horas: lo que Lara no menciona

Para entender el contexto en que Lara hace sus declaraciones, hay que repasar lo que Bolivia vivió esta semana. El Gobierno atribuye la radicalización de las protestas a una operación de desestabilización vinculada al expresidente Evo Morales. Los sectores movilizados rechazan esa lectura y denuncian que las políticas económicas del Ejecutivo han agravado la precariedad de las clases populares.

Con apenas seis meses en el gobierno, Paz enfrenta la peor crisis económica de Bolivia en cuatro décadas. Las masivas protestas de sindicatos de mineros, campesinos y vecinos entraron en su cuarta semana reclamando la renuncia del presidente y aumentos salariales, con bloqueos de rutas que generaron la escasez de combustibles, medicinas y alimentos en La Paz.

En ese contexto de crisis real — económica, política y social — el presidente Paz anunció que reduciría a la mitad su salario y el de sus ministros para calmar las protestas. Evo Morales se refirió a Paz como un "presidente por accidente", carente de legitimidad, incapaz de presentar un programa económico claro y falto de "estructura política propia", recordando que "ni siquiera se habla" con su vicepresidente Lara.

Evo mismo — el hombre que el presidente Paz describió esta semana como un "delirante del poder que le tiene miedo hasta su propia sombra" — está usando la fractura entre Paz y Lara como argumento político para deslegitimar al gobierno. Y Lara, desde su Tiktok y sus declaraciones en medios, le está proporcionando el material.

La reunión con los aliados de Evo: lo que confirma todo

El dato más revelador de todo el episodio no está en las declaraciones de Lara. Está en sus acciones. Hace casi 10 días, el señor Edman Lara tuvo una reunión con Leonardo Loza, referente de Cochabamba y alineado con Evo Morales. Se los vio juntos y también participaron de un acto político. Claramente no fue una reunión casual, sino una reunión de alto vuelo político para perfilar esta situación.

Eso es lo que hace que la pregunta "¿a qué juega el vicepresidente?" tenga una respuesta que la evidencia disponible apunta con claridad: Lara está construyendo su propio proyecto político a costa del gobierno que integra, usando como plataforma la crisis que los aliados de Evo están amplificando, y manteniendo contacto político con esos mismos aliados mientras critica públicamente la estrategia de su propio gobierno.

"Es un vicepresidente anecdótico, pero también es un serio riesgo para la gobernabilidad en el mediano y largo plazo", dice el sociólogo boliviano Franco Gamboa. Esa evaluación — formulada hace semanas — se está confirmando en tiempo real.

El perfil de Lara: el Bukele-Milei que resultó ser otra cosa

El diputado explica que Lara "tiene la ideología de Bukele y de Milei". Fue presentado como el elemento disruptivo y antiestablishment de la fórmula Paz-Lara — un expolicía que llegaría a sacudir las estructuras desde la vicepresidencia con la energía del outsider que no debe favores a nadie. ente de asumir, presidente y vicepresidente ya eran enemigos. Desde su trinchera en Tiktok, cuestiona y arremete: el vicepresidente de Bolivia se ha convertido en el opositor más férreo del mandatario Rodrigo Paz en el inicio del gobierno.

El "Bukele boliviano" resultó ser un vicepresidente que usa las redes sociales para atacar a su propio presidente, se reúne con los aliados del expresidente fugitivo al que el gobierno persigue judicialmente y acusa al Ejecutivo de haberse equivocado al intentar responsabilizar a ese expresidente. Todo eso mientras ejerce como presidente de la Asamblea Legislativa — el cargo constitucional que el vicepresidente ocupa en Bolivia y que le da poder real sobre la agenda legislativa del gobierno que supuestamente integra.

El argumento de Lara y su falacia de fondo

El argumento específico que Lara formuló esta semana — que el gobierno revivió políticamente a Evo al reactivar el proceso judicial contra él — merece ser examinado con precisión porque tiene una falacia de fondo que es importante identificar.

La lógica de Lara implica que el gobierno no debería haber perseguido judicialmente a Evo porque eso lo fortaleció políticamente. Es el argumento de la impunidad conveniente: no proceses al delincuente porque procesarlo le da protagonismo. Es un argumento que cualquier abogado defensor aplicaría para proteger a su cliente. No es un argumento que un vicepresidente debería aplicar para defender la estrategia del gobierno que integra ante la opinión pública.

Además hay un problema empírico en la tesis de Lara. Hace más de 15 días el gobierno anunció la reactivación del juicio contra Morales por el caso de pedofilia y delitos sexuales. Se informó que el fiscal ya lo convocó y, en paralelo, comenzaron las movilizaciones. La correlación temporal existe. Pero la causalidad es más compleja: las movilizaciones tienen raíces en la crisis económica real que Bolivia heredó de 20 años de gobiernos del MAS y que no se resuelve en seis meses. Evo instrumentalizó esa crisis — usando el dinero del narco del Chapare según el propio presidente Paz — pero no la creó en las últimas semanas.

Lara simplifica esa complejidad para construir un argumento que le es conveniente: el gobierno se equivocó. Yo tenía razón. Eso lo posiciona para el siguiente capítulo político de Bolivia, sea cual sea.

Lo que el gobierno Paz debe hacer y el riesgo que no puede ignorar

"Las constituciones en América Latina no muestran salidas institucionales específicas. Están obligados los presidentes a negociar políticamente cuando tienen conflictos con sus vicepresidentes para evitar el descalabro", dice el sociólogo Gamboa. "De lo contrario, esto podría desbordarse."

El presidente Paz ha manejado hasta ahora la fractura con Lara con una ecuanimidad que es políticamente comprensible — no quiere dar al conflicto interno más visibilidad de la que ya tiene. Su única declaración pública fue lapidaria en su brevedad: "Las puertas siempre están abiertas al diálogo, pero yo por Tiktok no hablo."

Eso es correcto como postura. Pero tiene un límite: si Lara usa su posición como presidente de la Asamblea Legislativa para bloquear la agenda del gobierno, el conflicto deja de ser mediático y se convierte en una crisis constitucional. Y si la reunión con Leonardo Loza no fue casual — como todos los analistas consultados asumen — Lara ya está coordinando con el campo político de Evo para perfilar una alternativa al gobierno que integra.

Bolivia tiene seis meses de un gobierno de centroderecha que llegó al poder después de casi 20 años de MAS. Tiene una crisis económica heredada que no se resuelve rápido. Tiene a Evo fugitivo en el Chapare financiado por el narco. Y tiene un vicepresidente que se reúne con los aliados de ese fugitivo y le dice al mundo que el gobierno se equivocó.

Eso no es gobernabilidad. Es una bomba de tiempo con credenciales constitucionales.

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