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¿MALA GESTIÓN O DOBLE ESTÁNDAR? LO QUE LA ENCUESTA PANEL CIUDADANO UDD REALMENTE DICE SOBRE KAST Y EL SISTEMA FRONTAL

¿MALA GESTIÓN O DOBLE ESTÁNDAR? LO QUE LA ENCUESTA PANEL CIUDADANO UDD REALMENTE DICE SOBRE KAST Y EL SISTEMA FRONTAL

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by Redacción VDI Global

La última encuesta Panel Ciudadano UDD, que consultó a 1.010 personas sobre el manejo del sistema frontal que golpeó al país entre Atacama y Los Ríos, entrega un dato que a primera vista parece durísimo para el gobierno de José Antonio Kast: solo un 31% evalúa como "muy buena" o "buena" su gestión de esta crisis, y un 43% califica su desempeño específico durante la emergencia como "malo". Pero la pregunta que plantea esta columna —¿es realmente mala gestión, o los chilenos aplican una vara distinta a Kast que la que aplicaron a Boric?— exige mirar la encuesta completa, no solo la cifra que más titulares genera. Y la respuesta, con los datos en la mano, es más incómoda que cualquiera de las dos hipótesis por separado.

El dato que desarma la tesis del "doble estándar": Kast y Boric están casi empatados

Si la hipótesis fuera que a Kast "no le perdonan una" mientras a Boric sí, la encuesta debería mostrar una brecha significativa entre ambos. No la muestra. En la pregunta específica sobre cómo se evalúa la gestión de cada gobierno frente a la crisis que le correspondió enfrentar, Kast obtiene 31% de evaluación positiva por el sistema frontal de 2026, y Boric obtiene 29% por los incendios forestales de 2023-2024. La diferencia es de apenas dos puntos porcentuales, estadísticamente marginal considerando el margen de error habitual de este tipo de encuestas. En la pregunta sobre confianza para liderar el país en una gran emergencia, la brecha es todavía menor: Kast obtiene 34%, Boric 33%, prácticamente idéntico.

Es decir: los chilenos no están siendo sistemáticamente más duros con Kast que con Boric. Están siendo, en los hechos, igual de duros con ambos. Eso descarta, con la evidencia de esta encuesta específica, la lectura de que existe una vara distinta según el signo político del presidente de turno.

La verdadera brecha no está entre Kast y Boric: está entre ambos y Piñera

Donde sí aparece una diferencia abismal es en la comparación con Sebastián Piñera: 81% de evaluación positiva por su manejo de la pandemia de Covid-19, y 79% por el terremoto de 2010. Es decir, la brecha real no es "Kast versus Boric", sino "los dos presidentes más recientes versus el expresidente fallecido", con una diferencia de 48 a 50 puntos porcentuales. Esa es la comparación que verdaderamente exige una explicación, y que el propio titular de la nota original identifica correctamente: "Piñera es la vara para medir una gestión de crisis".

Por qué Piñera obtiene ese resultado: tres hipótesis, no una

Esta columna considera que hay al menos tres factores, no excluyentes entre sí, que explican esa brecha con Piñera, y que no tienen relación con un supuesto favoritismo político hacia la derecha tradicional por sobre Kast:

Primero, el efecto de la evaluación retrospectiva: la gestión de Piñera frente a la pandemia y al terremoto de 2010 se juzga hoy con la distancia del tiempo y con el desenlace ya conocido —ambas crisis, pese a su enorme dureza, terminaron siendo superadas—, mientras que la evaluación de Kast ocurre en caliente, en medio de una emergencia todavía en desarrollo, cuando la frustración ciudadana por los cortes de luz, las viviendas dañadas y los fallecidos está en su punto más álgido. Es más fácil evaluar positivamente una crisis ya resuelta que una que la ciudadanía sigue viviendo en carne propia.

Segundo, el efecto de la memoria selectiva hacia una figura fallecida: Piñera murió en febrero de 2024, y la evaluación pública de expresidentes fallecidos tiende a suavizarse con el tiempo, un fenómeno documentado en la ciencia política de distintos países, independientemente del color político del evaluado.

Tercero, y quizás el más relevante para el propio gobierno de Kast: la naturaleza de las crisis es distinta. Una pandemia global o un terremoto de magnitud 8,8 son percibidos como fuerzas mayores completamente ajenas a cualquier previsión gubernamental posible, mientras que un sistema frontal de lluvias e inundaciones —por más severo que sea, y esta columna ya documentó que fue el más intenso en casi 40 años en Santiago— es percibido por una parte de la ciudadanía como un fenómeno hasta cierto punto anticipable, para el cual se exige un estándar de prevención más alto en materia de drenaje urbano, infraestructura y coordinación regional.

Lo que sí juega a favor del gobierno: la evaluación institucional

Un dato que esta columna considera importante rescatar, porque matiza la lectura más pesimista de la encuesta, es la evaluación desagregada por institución durante la propia emergencia: Bomberos lidera con 91% de evaluación positiva, Carabineros con 82%, las municipalidades con 61% y las Fuerzas Armadas con 59%. Incluso Senapred, el organismo técnico a cargo de la coordinación de la emergencia, obtiene un 49% de evaluación positiva, muy por encima del 35% que recibe el "gobierno central" como concepto genérico, y muy por encima también de las empresas eléctricas, que cierran la tabla con apenas 23%.

Esto sugiere que la ciudadanía distingue con bastante precisión entre el aparato operativo del Estado —que en general evalúa favorablemente— y la conducción política central, que es donde se concentra el juicio más severo. Es, en los hechos, un patrón que ya identificamos en nuestra cobertura previa de esta misma emergencia: la respuesta operativa en terreno fue sólida, pero la percepción sobre la conducción política y comunicacional del gobierno —agravada por episodios como la fractura interna de Chile Vamos, el traspié de la megarreforma en el Senado y las declaraciones de Mara Sedini sobre el Segundo Piso— parece estar contaminando la evaluación de la gestión de la emergencia climática, más allá del desempeño técnico real en terreno.

Conclusión: no es doble estándar, pero tampoco es simplemente "mala gestión"

La respuesta honesta a la pregunta planteada es que ninguna de las dos hipótesis simples resulta plenamente correcta. No hay evidencia, en esta encuesta, de que los chilenos apliquen a Kast un rasero más exigente que el que aplicaron a Boric: ambos obtienen evaluaciones prácticamente idénticas y igualmente bajas. Lo que sí hay es una exigencia mucho mayor hacia cualquier gobierno reciente en comparación con el estándar que dejó Piñera en el imaginario público, un estándar que además se beneficia de la distancia temporal y del desenlace ya conocido de aquellas crisis. Y hay, también, una señal de alarma específica para La Moneda: la desconexión entre el buen desempeño evaluado de los organismos técnicos en terreno y la mala evaluación de la conducción política central sugiere que el desgaste de Kast documentado por esta columna en semanas recientes —fractura de coalición, traspiés legislativos, crisis comunicacional— está empezando a contaminar incluso la evaluación de áreas donde el Estado, en los hechos, respondió con relativa solidez.

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