ALGUIEN DE SU ENTORNO DEBE PONERLE FRENO. DA PENA Y ES UN PELIGRO PARA CHILE: MATTHEI SENTENCIA QUE "NO HAY COALICIÓN" CON LOS REPUBLICANOS Y QUE LA RELACIÓN "VA A SER PEOR" AL FINAL DEL GOBIERNO DE KAST
En su rol de panelista en el programa Pauta Abierta, la excandidata presidencial Evelyn Matthei sentenció que entre Chile Vamos y el Partido Republicano "no hay coalición", que la relación "no va a ser nunca fácil" y aventuró que, al final del mandato de José Antonio Kast, "va a ser peor". Lo dijo apenas un día después de que el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, llamara públicamente a los partidos a la "unidad de la coalición". Y volvió a cargar contra el diputado republicano Agustín Romero, exigiéndole que devuelva 15 millones de pesos en horas extraordinarias que, según ella, se llevó de un municipio. Da pena que sea la propia figura más reconocida de Chile Vamos quien, en pleno tramo decisivo del gobierno —con la megarreforma votándose en el Senado y la AC contra Grau en su etapa más crítica— se dedique a profetizar públicamente el fracaso de la coalición que sostiene a su propio sector en el poder.
Lo que Matthei dijo, sin matices
Consultada sobre la relación entre los partidos que la respaldaron en su candidatura presidencial —UDI, RN y Evópoli— y el Partido Republicano fundado por José Antonio Kast, Matthei fue categórica: "No va a ser nunca fácil." Y agregó una proyección que ningún dirigente político serio debería formular públicamente sobre el propio gobierno que su sector sostiene: "Al final (de los cuatro años de gobierno) va a ser peor."
Profundizó esa idea con un diagnóstico de fondo que niega, en términos textuales, la existencia misma de la coalición que permite gobernar a Kast: "Primero, acá no hay coalición, no hay ninguna instancia donde realmente se pongan de acuerdo los partidos... no hay ningún tipo de coordinación, no hay afectos y, por lo tanto, no hay forma de llegar a acuerdos cuando hay diferencias de opinión." Y remató con una pregunta retórica que, viniendo de quien la formula, equivale a una declaración política de máxima gravedad: "¿Eso de verdad es una coalición gobernante?"
El contexto que hace estas declaraciones todavía más graves
Estas palabras no llegan en un momento cualquiera. Llegan exactamente un día después de que el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, llamara públicamente a los partidos a la "unidad de la coalición", en un intento explícito de bajar la temperatura tras el cruce entre Romero y la propia Matthei, y de contener la escalada que esta misma cobertura ya documentó en informes anteriores sobre el comité político ampliado en La Moneda.
Mientras el gobierno trabaja activamente, a través de uno de sus subsecretarios, en transmitir la imagen de cohesión que cualquier coalición necesita proyectar en un momento legislativo decisivo —con la megarreforma tributaria votándose en el Senado y la acusación constitucional contra Grau ya aprobada en la Cámara y en camino a su etapa más crítica—, la figura más reconocida de Chile Vamos sale a decir, en un programa de radio de alcance nacional, que esa coalición no existe, y que las cosas solo van a empeorar. Es exactamente el tipo de declaración que ningún equipo de comunicaciones de gobierno, ni de ningún partido que se precie de tener disciplina política mínima, debería permitir que se formule sin control en un momento de esta sensibilidad.
El argumento de Matthei tiene una base real, pero el momento y el tono son el problema
Hay que reconocer, con la misma honestidad que esta cobertura ha aplicado a lo largo de toda la sesión, que el argumento de fondo que Matthei plantea no es descabellado ni carece de sustento. Ella misma lo ilustra con un ejemplo concreto y verificable: "Llegan y presentan una acusación constitucional sin avisarle a nadie, sin consultarle a nadie, después si alguien osa votar en contra de ello, lo revuelcan y lo acusan." Es una descripción razonablemente precisa de lo que esta misma cobertura ya documentó respecto de la tramitación de la AC contra Grau y de las reacciones que generó contra los diputados de RN y Evópoli que votaron en contra.
Matthei también ofrece un diagnóstico generacional interesante sobre por qué la fusión formal entre ambos sectores no avanza: existen, según ella, dirigentes de UDI y republicanos que son amigos personales, de la misma generación, que se conocen de la universidad —mencionó explícitamente a Arturo Squella y a Javier Macaya— y que por esa cercanía personal no ven la necesidad de formalizar una coalición. Pero hay "muchos otros en los que efectivamente lo que hay es una desconfianza grave." Y advirtió, con una lectura política de mediano plazo que merece tomarse en serio, que esa tensión "va a estar permanentemente" y se agravará "en la medida que el tiempo avance y le quede poco tiempo a este gobierno, y que empiecen a crecer los colmillos de las personas que quieren ser candidatos presidenciales."
El diagnóstico es, en sustancia, razonable. El problema no es que Matthei piense esto. El problema es que lo diga así, en esos términos, en ese momento, y en un medio de alcance nacional, sin ningún filtro que pondere el costo político de profetizar en público el fracaso de la coalición de gobierno mientras esa misma coalición intenta sostener, en el Congreso, dos de las batallas legislativas más importantes del año.
El ataque a Romero: la "pelea chica" que Matthei insiste en sostener
Matthei no se limitó al diagnóstico institucional. Volvió a cargar directamente contra el diputado republicano Agustín Romero, en la misma disputa personal que esta cobertura ya documentó extensamente hace pocos días. Esta vez fue más específica y más dura: "Un diputado (Romero), que está un poquitito fuera de su eje. Yo lo único que digo, ¿devolvió o no la plata que se llevó de un municipio (de Santiago)? En su minuto eran 11 millones y medio más o menos; a esta altura son como 15 millones en la moneda de hoy, en horas extraordinarias que ese diputado republicano se llevó a su casa. Esos son casi 28 meses de trabajo de una persona que gana el salario mínimo." Y cerró: "Las debiera devolver y no lo ha hecho. Esa es la pelea chica."
Esta cobertura ya documentó, en su momento, que la referencia de Matthei apunta a una demanda real presentada por el Municipio de Santiago contra tres exfuncionarios de la gestión de Felipe Alessandri, entre ellos Romero, por cobro de horas extras consideradas injustificadas. El dato tiene base verificable. Pero llamarlo "la pelea chica" mientras en el mismo programa sostiene que la coalición de gobierno "no existe" y "va a ser peor", revela una jerarquía de prioridades discursivas que cualquier persona cercana a Matthei debería estar señalándole con urgencia: si ella misma considera que el cruce personal con Romero es secundario, ¿por qué insiste en alimentarlo, en el mismo espacio público donde formula el diagnóstico más grave que ha hecho hasta ahora sobre la viabilidad de la coalición de gobierno?
Por qué esto es, en efecto, un peligro para Chile
No se trata de pedirle a Matthei que oculte su diagnóstico ni que finja una armonía que, según ella misma, no existe. Las figuras políticas tienen derecho, e incluso la obligación, de hablar con franqueza sobre los problemas reales de las coaliciones que integran. El problema es de timing, de plataforma y de la ausencia, visible y reiterada, de cualquier filtro estratégico antes de hablar en público.
Un gobierno que necesita máxima cohesión legislativa en este preciso momento —con la megarreforma tributaria en votación en el Senado, donde la propia presidenta de esa cámara, Paulina Núñez, decidirá esta semana si se vota en general o se posterga, y con la AC contra Grau en su etapa más sensible— no necesita que la figura más reconocida de uno de sus partidos socios salga, en un programa de radio, a declarar formalmente que la coalición que sostiene a ese gobierno no existe y que todo va a empeorar. Eso no es un análisis político neutral. Es, en los hechos, munición que cualquier adversario del gobierno de Kast puede recoger y usar exactamente como quiera: como prueba de que la propia derecha no cree en su capacidad de gobernar unida, dicha no por un opositor, sino por la candidata presidencial que Chile Vamos llevó a la última elección.
Que esa declaración llegue, además, empaquetada junto a una disputa personal que la propia Matthei califica de "pelea chica", solo confirma que el problema no es la falta de un diagnóstico certero —que sí lo tiene—, sino la ausencia de cualquier disciplina comunicacional que distinga entre lo que conviene decir en privado, dentro de las instancias de coordinación que la propia coalición necesita fortalecer, y lo que se convierte, al decirlo en público, en una herramienta que erosiona exactamente la gobernabilidad que ella misma dice valorar. Alguien en su entorno —en la UDI, en su propio círculo de asesores, en la conducción de Chile Vamos— debería estar señalándole esa distinción con la urgencia que el momento político exige. Hasta ahora, nadie lo ha hecho, y el costo de ese silencio lo sigue pagando la cohesión del gobierno que la propia Matthei dice respaldar.