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EL EXPEDIENTE PENDIENTE: LA HISTORIA COMPLETA DE LAS TENSIONES LIMÍTROFES CHILE-ARGENTINA, Y POR QUÉ LOS ÚLTIMOS DOS AÑOS DEBERÍAN PREOCUPAR A CHILE

EL EXPEDIENTE PENDIENTE: LA HISTORIA COMPLETA DE LAS TENSIONES LIMÍTROFES CHILE-ARGENTINA, Y POR QUÉ LOS ÚLTIMOS DOS AÑOS DEBERÍAN PREOCUPAR A CHILE

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by Redacción VDI Global

Nota editorial: este es un informe de investigación de VDI Global que reconstruye, con fuentes históricas, oficiales y de agencias de noticias, la totalidad de los episodios de tensión limítrofe entre Chile y Argentina, y analiza por qué el patrón de los últimos dos años —en el contexto de la cercanía estratégica entre Javier Milei y Donald Trump, y de la reciente modernización militar argentina— amerita una atención que hasta ahora no ha recibido en su justa magnitud. Todos los hechos aquí citados corresponden a fuentes verificables: tratados internacionales, resoluciones judiciales y arbitrales, comunicados oficiales de ambos gobiernos, y coberturas de agencias de noticias y medios especializados en defensa.

Mapa ilustrativo del extremo austral de Sudamérica y sus zonas fronterizas históricas."

Introducción: una frontera que nunca terminó de cerrarse del todo

Chile y Argentina comparten la tercera frontera terrestre más extensa del mundo, con más de 5.300 kilómetros de límite. Es, en el discurso oficial de ambos países, una de las fronteras más pacíficas del planeta: nunca se ha librado entre ambos una guerra declarada. Pero esa afirmación, repetida con orgullo en ambas cancillerías, oculta una historia mucho más tensa de lo que el relato diplomático oficial admite: al menos un episodio que llevó a los dos países al borde de un conflicto armado real en 1978, una serie de incidentes fronterizos con muertos y roces militares a lo largo del siglo XX, y —el dato que esta columna considera más relevante para entender el presente— una controversia limítrofe que, pese a los tratados firmados en 1881, 1984 y 1998, sigue sin resolverse por completo hasta el día de hoy, en el corazón mismo de Campos de Hielo Sur.

Contra ese telón de fondo histórico, la seguidilla de episodios de los últimos dos años —los paneles solares del Hito 1 en 2024, las declaraciones del contraalmirante Hernán Montero en 2026, y ahora las del brigadier general Gustavo Valverde— no puede leerse de forma aislada. Y hay un elemento adicional que, a juicio de esta columna, obliga a mirar este patrón con mayor atención que en cualquier momento de la última década: la administración de Javier Milei ha construido, en apenas dos años, la relación militar y estratégica más estrecha entre Argentina y Estados Unidos desde hace décadas, justo en el mismo período en que Argentina moderniza su Fuerza Aérea con 24 cazas F-16 de fabricación estadounidense.

Primera parte: la historia completa de la disputa limítrofe

El Tratado de 1881: la base de todo, y su ambigüedad original

El punto de partida de toda esta historia es el Tratado de Límites de 1881, que fijó como principio general que la frontera correría "por las cumbres más elevadas" de la Cordillera de los Andes "que dividan las aguas". Ese principio de la "divisoria de aguas" parece simple en el papel, pero en la práctica generó ambigüedades interminables en zonas donde las cumbres más altas no coinciden exactamente con la línea que separa las cuencas hidrográficas —el problema central que, más de un siglo después, sigue sin resolverse en Campos de Hielo Sur—. Ya en 1888, ambos países debieron nombrar peritos —Diego Barros Arana por Chile, Octavio Pico Burgués por Argentina— para intentar zanjar diferencias de interpretación, sin lograr acuerdo. Las conversaciones se reanudaron en 1893, sin resultados definitivos.

Los incidentes del siglo XX: Snipe, Laguna del Desierto y el torpedero Quidora

La disputa fronteriza generó, a lo largo del siglo XX, una serie de incidentes que rara vez se mencionan en el discurso oficial de "hermandad" entre ambos países, pero que están documentados en fuentes históricas:

  • 1958, incidente del islote Snipe: un episodio que tensionó nuevamente las relaciones bilaterales en torno a la zona del Canal Beagle.
  • 6 de noviembre de 1965, incidente de Laguna del Desierto: el episodio más grave de este período, en el que murió el teniente de Carabineros de Chile Hernán Merino, en un enfrentamiento con personal argentino en la zona en disputa. El hecho generó, según registra la historiografía del conflicto, violentas manifestaciones antiargentinas" en Santiago, tensión en la frontera, y un vuelo rasante de un avión chileno sobre un crucero de la Armada argentina cerca de Puerto Williams.
  • 29 de noviembre de 1967, incidente de la torpedera Quidora: mientras buques y aviones argentinos realizaban maniobras militares anunciadas, una torpedera de la Armada de Chile se desvió de su curso e ingresó a la bahía de Ushuaia, interponiéndose en las maniobras argentinas.

1978: la Guerra del Beagle que casi ocurrió

Imagen de archivo de la zona del Canal Beagle, escenario de la crisis de 1978.

El episodio más grave de toda esta historia, y el que estuvo más cerca de convertirse en una guerra real entre ambos países, fue la crisis del Beagle de 1978. El conflicto giró en torno al control de las islas Picton, Lennox y Nueva, en el extremo austral. Un Laudo Arbitral internacional de 1977, patrocinado por la Corona británica, había fallado a favor de Chile. Argentina rechazó el fallo y, hacia fines de 1978, ambos países movilizaron fuerzas militares hacia la zona fronteriza en lo que la historiografía especializada describe como el momento de mayor riesgo de guerra abierta entre ambas naciones en el siglo XX. El conflicto se evitó gracias a la mediación del Papa Juan Pablo II, que derivó en la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1984 —el mismo instrumento que, junto con el de 1881, invocan hoy tanto Chile como los propios militares argentinos que cuestionan la soberanía de Magallanes—.

Es un dato que amerita ser subrayado con toda su fuerza: el mismo tratado que hoy Argentina invoca —correctamente— para reconocer que Chile controla el Estrecho de Magallanes, es el resultado directo de una crisis en la que ambos países estuvieron a semanas, quizás días, de entrar en guerra.

Laguna del Desierto: el arbitraje de 1994 que Argentina ganó

La disputa por Laguna del Desierto —la misma zona donde murió el teniente Merino en 1965— se resolvió recién en 1994, mediante un tribunal arbitral internacional que adjudicó casi la totalidad del territorio en disputa a Argentina. Chile apeló ese fallo en 1995; la apelación fue denegada, y Chile aceptó el laudo. Desde entonces, Chile cuenta únicamente con un pequeño corredor de acceso al Monte Fitz Roy, y el Paso Marconi quedó definido como paso fronterizo internacional. Este es un antecedente relevante que esta columna no omite pese a que el resultado fue desfavorable para los intereses territoriales chilenos: demuestra que Chile ha respetado, incluso en su contra, los mecanismos internacionales de resolución de disputas, algo que —como se detallará más adelante— no siempre ha sido igualmente respetado del lado argentino en otros episodios.

1998: el acuerdo que dejó una "Sección B" sin resolver hasta hoy

El 16 de diciembre de 1998, los entonces presidentes Carlos Menem y Eduardo Frei Ruiz-Tagle firmaron el Acuerdo para precisar el recorrido del límite desde el Monte Fitz Roy hasta el Cerro Daudet, que estableció de forma definitiva la traza fronteriza en Campos de Hielo Sur, con una única excepción: la denominada "Sección B", que va desde el Monte Fitz Roy hasta el Cerro Murallón, quedó pendiente, con el encargo de su demarcación definitiva a una Comisión Mixta de Límites Chile-Argentina.

Esa comisión mixta no se ha reunido de forma efectiva ni ha resuelto la demarcación hasta la actualidad. Según un análisis publicado en 2024 por el Centro de Investigación Periodística (CIPER), la Sección B constituye "quizás el mayor desafío al orden territorial" de Chile en materia de límites internacionales, y abarca un territorio estimado en cerca de 1.000 kilómetros cuadrados que, según la caracterización de un análisis específico de la Fundación Glaciares Chilenos (no una calificación jurídica oficial de ningún gobierno), "por el momento no es de nadie". Esta columna presenta esa frase como la interpretación de una fuente puntual, no como un hecho jurídico establecido de común acuerdo entre ambos Estados, que hasta la fecha no han emitido una calificación conjunta sobre el estatus exacto de esa franja.

Este no es un dato menor ni una curiosidad académica: significa que, a la fecha de este informe, existe todavía territorio en el extremo sur de Chile cuya demarcación definitiva con Argentina no está resuelta, veintiocho años después del acuerdo de 1998 que debía zanjar el problema.

Segunda parte: el patrón de los últimos dos años

2024: la base de Ushuaia, la Antártica y los paneles solares

El primer capítulo de la era Milei en esta materia se remonta a inicios de abril de 2024, cuando el presidente argentino anunció, junto a autoridades estadounidenses, la construcción de una base naval integrada en Ushuaia. Milei fue explícito sobre su lectura geopolítica: "lo del otro día fue el mayor acto de soberanía de los últimos 40 años porque, al hacer una base militar en Ushuaia, nos avala el reclamo sobre la Antártida", declaró, vinculando además el proyecto con la eventual "recuperación" de las Malvinas por la vía diplomática.

Tres semanas después, el 29 de abril de 2024, la Armada argentina inauguró el Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo Hito 1, en Cabo Espíritu Santo. Posteriormente se detectó que parte de los paneles solares instalados para esa infraestructura invadía aproximadamente tres metros de territorio chileno. El entonces presidente Boric exigió su retiro inmediato. A diferencia de otros episodios, este caso se resolvió de forma cooperativa: el gobierno de Milei reconoció el error como involuntario —la instalación había seguido un alambrado preexistente y no las coordenadas exactas del límite— y dispuso el retiro de la estructura, que se completó en junio de 2024, con el reconocimiento público de ambos gobiernos.

2026: dos declaraciones de altos mandos militares, sin rectificación

El patrón cambió de naturaleza este año. En enero de 2026 —según reveló posteriormente su viralización en abril—, el contraalmirante Hernán Montero, jefe del Servicio de Hidrografía Naval argentina, declaró en un podcast que "la boca de Magallanes es argentina", refiriéndose al sector entre Cabo Vírgenes y Punta Dungeness. Y este 23 de agosto, el brigadier general Gustavo Valverde, jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, incluyó a "Magallanes, el sur, el Drake" dentro de una referencia a la soberanía de su país, calificando la zona de "llave bioceánica" estratégica.

A diferencia del caso de los paneles solares, ninguno de estos dos episodios ha sido seguido, hasta el cierre de este informe, de una rectificación pública por parte del gobierno argentino. La Cancillería chilena ha respondido en ambos casos reiterando la misma fórmula —la soberanía sobre el Estrecho de Magallanes es "indiscutible", fundada en los tratados de 1881 y 1984—, y tras el episodio de Valverde anunció el envío de una nota de protesta formal.

Tercera parte: el contexto que cambia la lectura de estos episodios

La cercanía sin precedentes entre Milei y Trump

Aquí es donde este informe busca ir más allá de la crónica de episodios puntuales, para analizar el contexto estructural en el que ocurren. La administración de Javier Milei ha construido, en un plazo de apenas dos años, la relación bilateral en materia de defensa más estrecha entre Argentina y Estados Unidos en décadas —una relación que la propia prensa argentina describe, citando a especialistas del Foro Argentino de Estudios Estratégicos, como "un proceso de alineamiento estratégico" con "expresiones concretas".

El propio presidente Trump considera a Milei su "socio estratégico" en América Latina, según análisis de la prensa especializada en la relación bilateral, y ha desplegado herramientas financieras del Tesoro de Estados Unidos —bajo la conducción directa del secretario Scott Bessent— para sostener el programa económico del gobierno argentino, incluyendo mecanismos de swap y compra de bonos.

La modernización militar: los 24 F-16 y el respaldo directo de Washington

En abril de 2024, Argentina oficializó la compra de 24 aviones de combate F-16 a Dinamarca, por un costo de 301,2 millones de dólares —la mayor adquisición de aeronaves militares del país en décadas—, tras casi una década sin contar con aviones de combate supersónicos modernos desde el retiro de los Mirage III en 2015. Lo que esta columna considera especialmente relevante es que esta compra no fue un proceso puramente bilateral entre Argentina y Dinamarca: la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires anunció, ese mismo mes, el otorgamiento de 40 millones de dólares en Financiamiento Militar Extranjero específicamente destinado a "contribuir a la compra argentina de los jets de combate supersónicos F-16", según su propio comunicado oficial. La embajadora de Dinamarca en la región llegó a describir el acuerdo como "un pacto estratégico entre Argentina, Estados Unidos y Dinamarca", dado que Washington, como fabricante original del sistema de armas, estuvo involucrado directamente en la operación.

La entrega de las aeronaves ha sido escalonada: el primer avión (de entrenamiento en tierra) llegó en diciembre de 2024; los primeros seis aviones operativos, a fines de 2025; y el programa completo —que originalmente se proyectaba para 2028— se está adelantando, con expectativas de completarse antes de diciembre de 2027. En agosto de este mismo año, el gobierno argentino amplió, mediante el Decreto 735/2026, el régimen de secreto militar aplicado a componentes, repuestos y armamento asociado a este sistema de armas, estableciendo protecciones específicas para operaciones de mantenimiento que involucren el envío de material al exterior.

Más allá de los aviones: el ejercicio conjunto con el USS Nimitz y la vigilancia del Atlántico Sur

La cooperación militar entre ambos países se ha expresado en múltiples frentes adicionales, todos documentados en el último año:

  • Fines de abril de 2026: el propio presidente Milei visitó el portaaviones nuclear USS Nimitz durante el ejercicio militar conjunto "Passex", realizado en aguas argentinas frente a Mar del Plata y Trelew —un gesto que la prensa especializada en defensa interpretó como la máxima expresión, hasta ese momento, del acercamiento estratégico bilateral.
Javier Milei visitó el portaaviones Nimitz
  • Mayo de 2026: Argentina y Estados Unidos acordaron fortalecer la vigilancia marítima en el Atlántico Sur, mediante un convenio enmarcado en la Sección 333 del programa "Building Partnership Capacity" del Departamento de Defensa estadounidense, confirmado por el gobierno argentino y la Embajada de EE.UU. El acuerdo contempla la provisión de aeronaves de vigilancia marítima Textron B-360ER MPA, además de drones y sistemas de monitoreo, con una expansión proyectada a cinco años. Fuentes oficiales aseguraron que estas capacidades se limitarán a aguas bajo jurisdicción nacional argentina, sin incluir las zonas en disputa con el Reino Unido en torno a las Malvinas. (Nota de transparencia: el medio Big Bang News, citado como una de las coberturas de este episodio, tiene una línea editorial explícitamente crítica del gobierno de Milei; su cobertura de este acuerdo enfatiza "interrogantes sobre la soberanía nacional" que no todas las fuentes comparten con el mismo énfasis.)
  • Junio de 2026: Argentina y Estados Unidos firmaron dos cartas de intención adicionales para profundizar la cooperación bilateral: una destinada a facilitar el suministro recíproco de combustible durante operaciones militares y asistencia logística ante contingencias, y otra para incorporar a Argentina a un Mercado Digital Internacional de sistemas aéreos no tripulados y contramedidas contra drones.
  • Participación en PANAMAX 2026: Argentina participó, entre el 3 y el 14 de agosto de 2026, en este ejercicio multinacional centrado en la defensa del Canal de Panamá, que reunió a unos 1.700 efectivos de entre 19 y 21 países según la fuente. Según confirmó el propio Ministerio de Defensa argentino en un comunicado oficial, las Fuerzas Armadas de Argentina compartieron con Estados Unidos la conducción del Comando de Componente de Operaciones Especiales Combinadas (CFSOCC) durante el ejercicio, ampliando su rol en el planeamiento y dirección de la fuerza multinacional. El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, participó en la clausura del ejercicio en Panamá, junto al ministro de Defensa argentino, teniente general Carlos Presti.
  • Solicitud pendiente ante la OTAN: Argentina ha solicitado formalmente ser admitida como "socio global" de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, lo que —de aprobarse— fortalecería significativamente la cooperación política, el entrenamiento militar y el acceso tecnológico entre Buenos Aires y la Alianza Atlántica.
  • "Daga Atlántica": un ejercicio militar conjunto entre Estados Unidos y Argentina, calificado por el propio gobierno de Milei como uno de los más importantes realizados entre ambos países, aunque cabe precisar —con el mismo rigor que esta columna aplica siempre— que no es inédito: el gobierno de Mauricio Macri ya había realizado un ejercicio de mesa contra armas de destrucción masiva en 2018, en un contexto de cooperación bilateral que se había puesto en pausa durante gobiernos kirchneristas previos.

Lectura editorial

Esta columna considera que la combinación de estos elementos —una controversia limítrofe histórica que, en su núcleo más sensible (la Sección B de Campos de Hielo Sur), sigue sin resolverse casi tres décadas después del acuerdo de 1998; una seguidilla reciente de declaraciones de altos mandos militares argentinos sobre Magallanes sin rectificación pública; y todo esto ocurriendo en paralelo al proceso de modernización militar más significativo de la Fuerza Aérea argentina en cuatro décadas, con financiamiento y coordinación directa de Estados Unidos— configura un cuadro que merece un análisis más riguroso que el que hasta ahora se le ha dado en Chile, donde cada episodio tiende a tratarse como un hecho aislado y desconectado del resto.

Es indispensable ser precisos en lo que este informe sostiene y en lo que no sostiene. No hay, en la evidencia recopilada, ningún indicio de que Argentina esté preparando una acción militar contra Chile, ni que la compra de F-16 tenga como objetivo declarado o encubierto una amenaza directa hacia territorio chileno: los propios funcionarios argentinos han enmarcado la modernización militar en términos de "recuperar capacidad supersónica" tras una década de rezago, de vigilancia del Atlántico Sur, y de la relación con Washington en el plano hemisférico más amplio, no específicamente en clave de Chile. El caso de los paneles solares de 2024, además, demuestra que la actual administración argentina es capaz de reconocer errores y actuar cooperativamente cuando existe voluntad política de hacerlo.

Pero sí existen elementos objetivos que justifican una vigilancia mucho más atenta por parte del Estado chileno de la que ha existido hasta ahora: primero, que la disputa limítrofe en Campos de Hielo Sur permanece técnicamente abierta, en un contexto donde el valor estratégico del agua dulce y los recursos naturales de esa zona solo puede crecer con el tiempo; segundo, que la reiteración de declaraciones militares sobre Magallanes, sin sanción ni rectificación interna en Argentina, sugiere como mínimo una tolerancia institucional a ese tipo de discurso dentro de las Fuerzas Armadas trasandinas; y tercero, que la capacidad militar relativa de Argentina está cambiando de forma significativa —con aviones de combate supersónicos por primera vez en más de una década, sistemas de vigilancia marítima avanzados, y una integración tecnológica y logística creciente con la principal potencia militar del mundo—, justo en el mismo período en que las declaraciones sobre soberanía en la zona austral se han vuelto más frecuentes.

Chile no puede permitirse gestionar esta relación únicamente con la fórmula reactiva de "declaración de prensa más nota de protesta" cada vez que ocurre un nuevo episodio. La historia demuestra que la frontera con Argentina, pese al relato de hermandad, ha estado marcada por tensiones reales, con muertos, con un conflicto que casi deriva en guerra abierta, y con una disputa territorial que —en su parte más sensible— nunca terminó de cerrarse. Ignorar esa historia al analizar el presente sería, para esta columna, un ejercicio de ingenuidad que Chile no puede darse el lujo de cometer.

Lo que corresponde exigir

  • Que el gobierno de Kast active, con carácter de urgencia, la reactivación efectiva de la Comisión Mixta de Límites Chile-Argentina para resolver de una vez la demarcación pendiente de la Sección B en Campos de Hielo Sur, veintiocho años después del acuerdo de 1998.
  • Que la Cancillería chilena eleve ante el gobierno argentino, de manera formal y con toda la evidencia histórica reunida en este informe, la preocupación por el patrón reiterado de declaraciones de altos mandos militares sobre Magallanes sin sanción interna.
  • Que el Ministerio de Defensa de Chile evalúe públicamente, con la transparencia que el interés nacional amerita, el impacto estratégico de la modernización de la Fuerza Aérea argentina —incluyendo los F-16 y los sistemas de vigilancia del Atlántico Sur— sobre el balance de capacidades en la región austral, sin alarmismo pero sin omisión.
  • Que se transparente el estado exacto de la solicitud argentina de ingreso a la OTAN como "socio global", y las eventuales implicancias regionales de esa membresía.
  • Que ambos países acuerden un protocolo formal y verificable para que cualquier declaración de un alto mando militar sobre temas de soberanía territorial sea seguida, en un plazo determinado, de una posición oficial clara del gobierno de origen —ya sea de respaldo o de rectificación—, evitando la ambigüedad que ha caracterizado los últimos dos episodios.

Conclusión

La frontera entre Chile y Argentina, presentada durante décadas como un modelo de convivencia pacífica entre vecinos, esconde una historia de tensiones reales, con al menos una crisis que estuvo a un paso de la guerra abierta en 1978, y una disputa territorial —Campos de Hielo Sur— que técnicamente sigue sin resolverse. Los episodios de los últimos dos años, leídos aisladamente, podrían parecer anécdotas menores de declaraciones desafortunadas de funcionarios puntuales. Leídos en su conjunto, y en el contexto de la modernización militar argentina más significativa en cuatro décadas y de la relación estratégica sin precedentes entre Javier Milei y Donald Trump, configuran un patrón que Chile debe seguir con la seriedad histórica que este informe ha intentado documentar. Esta columna continuará esta investigación en las próximas semanas, con especial atención al estado de la Comisión Mixta de Límites y a cualquier nueva declaración de autoridades militares argentinas sobre territorio chileno.

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