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¿APARTHEID? HADASH, TA'AL Y BALAD ACUERDAN PRESENTARSE JUNTOS A LA KNESSET, Y ESO DESMIENTE, UNA VEZ MÁS, LA ACUSACIÓN CONTRA ISRAEL

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¿APARTHEID? HADASH, TA'AL Y BALAD ACUERDAN PRESENTARSE JUNTOS A LA KNESSET, Y ESO DESMIENTE, UNA VEZ MÁS, LA ACUSACIÓN CONTRA ISRAEL
Los diputados Ahmad Tibi (izquierda) y Yousef Jabareen en la Knesset, 19 de noviembre de 2019. (Olivier Fitoussi/Flash90)

Los partidos Hadash, Ta'al y Balad, de mayoría árabe, anunciaron que acordaron presentarse en una lista conjunta en las próximas elecciones a la Knesset, reconstituyendo así una alianza electoral que se había fragmentado desde 2021. Esta columna considera que este simple hecho político —tres partidos árabes negociando libremente, disputando escaños, formando coaliciones y compitiendo abiertamente por el voto de la ciudadanía israelí— constituye, por sí solo, una de las demostraciones más elocuentes de lo infundada que resulta la acusación de "apartheid" que ciertos sectores repiten sistemáticamente contra Israel.

La composición de la lista: Jabareen a la cabeza, seguido por Tibi y Abou Shahadeh

El presidente de Hadash, Yousef Jabareen, encabezará la lista conjunta, seguido por el líder de Ta'al, Ahmad Tibi, y el presidente de Balad, Sami Abou Shahadeh. Las tres colectividades llevaban semanas negociando este acuerdo, aunque Tibi se había mantenido al margen buscando mejores condiciones para sí mismo y para un segundo diputado de su propio partido. Ta'al es considerado el partido menos popular de los tres.

Diferencias ideológicas dentro de la propia alianza

Esta nota precisa que Balad es un partido nacionalista, laico y de línea dura, mientras que Ta'al y Hadash se consideran más moderados, siendo este último de corte socialista. Mientras Ta'al se resistía a unirse a la lista conjunta, exploró, según se informa, una posible fusión con Makom Lekulanu, un incipiente partido de izquierda que se presenta como una verdadera alianza entre activistas árabes y judíos. Sin embargo, las encuestas internas indicaron que ese partido apenas superaría el umbral electoral, lo que finalmente llevó a Tibi a aceptar unirse a Hadash y Balad.

El antecedente histórico: de la Lista Conjunta de 2015 a la fragmentación de 2021

Los tres partidos se presentaron juntos por última vez en 2021, cuando el entonces partido islamista Ra'am, liderado por Mansour Abbas, decidió separarse y presentarse de forma independiente. Los tres conservaron el nombre de Lista Conjunta, denominación que surgió cuando los cuatro partidos de mayoría árabe se presentaron juntos por primera vez en 2015.

El argumento electoral: la unidad como factor de mayor participación

Las encuestas han indicado que los árabes israelíes serían más propensos a votar en mayor número si los partidos que los representan se presentan juntos, en lugar de dividirse en varias facciones distintas.

Lectura editorial: el propio sistema desmiente la acusación

Esta columna considera indispensable señalar lo que este episodio, por su absoluta normalidad política, revela sobre el debate internacional en torno a Israel. La acusación de "apartheid" —término que remite históricamente a un régimen de segregación racial legal, con partidos y candidaturas de la población oprimida prohibidos o severamente restringidos— resulta, frente a hechos como este, difícil de sostener con seriedad. Aquí no hay un solo partido árabe silenciado ni proscrito: hay tres organizaciones políticas árabes-israelíes, con ideologías internas distintas —desde el nacionalismo de línea dura de Balad hasta el socialismo de Hadash—, negociando en absoluta libertad los términos de una coalición electoral, disputando escaños reales en el parlamento nacional, y proyectando estrategias para maximizar la participación de sus propios electores.

Esta columna considera que la existencia de ciudadanos árabes israelíes con plenos derechos políticos, representados en la Knesset por múltiples partidos que compiten, se alían y se disuelven según su propia dinámica interna —tal como ocurre en cualquier democracia parlamentaria—, es precisamente el tipo de evidencia empírica que la propia acusación de apartheid no logra explicar ni sostener. Un régimen de apartheid, por definición, no permite que la minoría oprimida forme, disuelva y reconstituya libremente sus propias coaliciones parlamentarias, negocie posiciones de liderazgo entre sus dirigentes, ni mucho menos que esa misma minoría cuente con representación efectiva y activa dentro del propio órgano legislativo del Estado que supuestamente la segrega. Esta columna reafirma, con este ejemplo concreto, su posición editorial sostenida: Israel es una democracia plena, con todas las tensiones y debates internos propios de cualquier sistema democrático, pero democracia al fin, algo que la acusación de apartheid contra ese país sigue sin poder demostrar con hechos como el que hoy documenta esta cobertura.

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