"BASTANTE INTENSOS": KAST CIERRA SUS 100 DÍAS CON UN DISCURSO DE LOGROS MIENTRAS LA COBERTURA DE ESTAS SEMANAS DOCUMENTÓ EL CASO MÁS GRAVE DE LA HISTORIA RECIENTE DE CHILE
El Presidente José Antonio Kast encabezó este lunes su quinto consejo de gabinete marcando el hito simbólico de los 100 días de su administración, con un balance que privilegió los avances en salud, seguridad, inversión y relaciones internacionales, y que fijó la emergencia, el empleo y la economía como las prioridades del consejo. El discurso oficial llega al cierre de un período que, en los hechos, estuvo dominado por el destape del caso de tráfico de niños haitianos, una acusación constitucional contra un exministro que sigue dividiendo a la propia coalición de gobierno, y un legado económico que el propio subsecretario de Hacienda comparó con el de Ghana y Zambia.
Lo que el Presidente dijo en sus propias palabras
Pasadas las 08:30 horas de este lunes, Kast abrió su quinto consejo de gabinete con una declaración breve pero cuidadosamente construida para marcar el simbolismo del hito. "Son ya 100 días. 100 días, como todos sabemos, bastante intensos, con bastantes actividades en cada una de las carteras", comenzó. Agradeció a su equipo ministerial —ausente el canciller Pérez Mackenna, que participaba en la Asamblea de la OEA en Panamá— y afirmó que "los avances en cada una de las áreas están más que claros", destacando específicamente salud, seguridad, inversión y el progreso de las relaciones internacionales.
Fijó tres prioridades para el consejo de esa jornada —emergencia, empleo y economía— y anunció una nueva gira internacional para la próxima semana, que incluirá Paraguay y Uruguay, con la participación de varios de sus ministros. Cerró con un agradecimiento a las gestiones realizadas en temas humanitarios con Bolivia y a los avances en materia de interconexión minera con Argentina.
Es un discurso de cierre de etapa estándar, del tipo que cualquier gobierno emite al cumplir su primer hito simbólico de gestión. Lo que lo vuelve especialmente relevante, en este caso concreto, es el contraste entre la brevedad y el tono institucional de esa declaración, y la densidad de los hechos que esta misma cobertura documentó, día tras día, durante exactamente ese mismo período de 100 días.
Lo que el discurso no menciona: el caso más grave documentado en esta sesión
El silencio más elocuente de la declaración presidencial es la ausencia de cualquier mención directa al caso que, sin discusión posible, definió la agenda noticiosa de buena parte de estos 100 días: la red de tráfico de niños haitianos. Esta cobertura documentó, con nombres, fechas y cifras oficiales, cómo ese caso escaló desde la filtración de un preinforme de Contraloría hasta convocar una reunión sin precedentes de los tres poderes del Estado en La Moneda.
Los hitos son conocidos: más de 200 niños inicialmente sin paradero confirmado, 12 adultos identificados como responsables repetidos de 486 menores en distintos viajes, un memorándum del gobierno de Boric con efecto retroactivo hasta 2022 que flexibilizó los controles documentales, la sospecha de un funcionario consular colaborando con la red, y finalmente, esta misma semana, la confirmación de que 52 de los 64 niños que aún estaban bajo búsqueda específica ya fueron ubicados, con 12 todavía pendientes.
El propio gobierno de Kast reaccionó con la celeridad institucional correcta: la convocatoria de los tres poderes, la designación de la ministra Wulf al mando de una fuerza de tarea, la revisión retroactiva de las pensiones de gracia del estallido social, y el respaldo a las comisiones investigadoras del Congreso. Que el balance oficial de los 100 días no mencione explícitamente este episodio —el más grave que esta cobertura ha documentado durante toda la sesión— sugiere una decisión comunicacional deliberada: capitalizar la gestión de la crisis sin necesariamente nombrarla en el resumen institucional de logros.
La aritmética parlamentaria que el discurso tampoco menciona
El segundo silencio relevante del balance presidencial es la ausencia de cualquier referencia a la fractura que esta cobertura documentó dentro de la propia coalición de gobierno en torno a la acusación constitucional contra el exministro Nicolás Grau. El jefe de bancada de RN, Diego Schalper, se sumó esta semana a una lista de al menos seis disidentes de RN-Evópoli que anunciaron su voto en contra del libelo, pese a que el propio Schalper reconoció sin matices que "la gestión financiera del gobierno anterior fue desastrosa."
Esa fractura, sumada a las tensiones ya documentadas en esta sesión sobre la "derechita cobarde" —un término que el propio Presidente acuñó y que ahora sus aliados de Chile Vamos rechazan cuando se les aplica— confirma que la coalición de gobierno enfrenta, a 100 días de gestión, un desafío de cohesión interna que el discurso oficial de "avances más que claros" no refleja.
El legado económico que el propio gobierno describe con dureza
El tercer contraste relevante es de naturaleza económica. Esta cobertura documentó, hace pocos días, cómo el propio subsecretario de Hacienda, Juan Pablo Rodríguez, presentó en un foro universitario el diagnóstico que sustenta la Megarreforma del gobierno: que Chile pasó de compararse con países europeos a compararse con Ghana o Zambia en materia de seguridad, citando la caída del país del puesto 37 al puesto 62 en el Índice de Paz Global entre 2008 y 2025.
Es un diagnóstico que el propio equipo económico de Kast utiliza para justificar la urgencia de sus reformas, pero que convive en tensión con el tono más optimista del balance presidencial de los 100 días, que destaca "avances más que claros" en inversión y economía. Ambas piezas de comunicación gubernamental son legítimas en sus propios términos —el subsecretario necesita urgencia para sustentar reformas, el Presidente necesita balance positivo para sostener la moral de su gabinete— pero juntas revelan la complejidad de comunicar simultáneamente un diagnóstico de crisis heredada y un mensaje de gestión exitosa propia.
Lo que sí puede reconocerse: la agenda internacional en marcha
En honor al mismo rigor que esta cobertura ha aplicado durante toda la sesión, corresponde reconocer que la agenda internacional que Kast anunció para la próxima semana —giras a Paraguay y Uruguay, gestiones humanitarias con Bolivia, avances en interconexión minera con Argentina— representa una actividad diplomática regional concreta y verificable, que se suma a la gestión ya documentada en esta cobertura sobre el reequilibrio de las relaciones con China tras meses de tensión por el alineamiento con Washington.
Esa actividad diplomática regional, distinta del eje Israel-Estados Unidos que ha dominado la cobertura internacional de esta sesión, sugiere que el gobierno de Kast está intentando, en paralelo, construir una agenda de vecindad sudamericana que no dependa exclusivamente de su relación con la administración Trump, en un momento en que esa misma administración enfrenta, según ha documentado esta cobertura extensamente, fracturas internas y críticas crecientes de sus propios aliados sobre la consistencia de su política exterior.
El balance que la ciudadanía ya había adelantado
Esta cobertura documentó, hace pocos días, que la encuesta Plaza Pública de Cadem de la tercera semana de junio mostró que las figuras políticas mejor evaluadas del país son, sin excepción, alcaldes —Vodanovic, Sichel, Desbordes, Toledo— y que ningún ministro ni parlamentario alcanza niveles de aprobación comparables. Esa misma medición no incluyó, hasta donde se ha podido verificar, una evaluación específica de la aprobación presidencial de Kast en su hito de los 100 días, pero el patrón general que arroja —preferencia ciudadana por la gestión territorial directa por sobre la política nacional— es un contexto relevante para interpretar cualquier balance presidencial de gestión en este momento específico del ciclo político chileno.
Conclusión: cien días intensos, en más de un sentido
Kast tiene razón cuando describe sus primeros 100 días como "bastante intensos." La intensidad, sin embargo, no proviene únicamente —ni principalmente— de los "avances" que el discurso presidencial destaca. Proviene, en una medida considerable, de la gestión de una crisis institucional de proporciones históricas que su gobierno heredó y que debió enfrentar con una velocidad que el propio balance oficial no nombra explícitamente; de una fractura parlamentaria dentro de su propia coalición que compromete la gobernabilidad de su agenda legislativa; y de un diagnóstico económico que el propio equipo de gobierno describe en términos de comparación con economías en vías de desarrollo.
Cien días intensos, efectivamente. El balance completo de esos días, sin embargo, requiere algo más que la declaración de apertura de un consejo de gabinete para ser entendido en toda su complejidad.
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