BORIC MINTIÓ, UNA VEZ MÁS: LOS PROPIOS AFECTADOS DEL CASO "CABLE CHINO" DESMIENTEN A NEW YORK TIMES LA VERSIÓN QUE EL EXPRESIDENTE SOSTUVO HASTA EL ÚLTIMO DÍA DE SU MANDATO
Un reportaje publicado este domingo por The New York Times, con las declaraciones directas de dos de los altos funcionarios afectados por la revocación de visas estadounidenses en el caso del cable chino, terminó por derrumbar la versión oficial que el entonces Presidente Gabriel Boric sostuvo públicamente sobre ese episodio. Esta columna, que ya reconstruyó en profundidad la cronología completa de esta crisis diplomática y la investigación sobre el ciberespionaje vinculado al proyecto bajo el título "Tifón Lila", examina ahora la evidencia que confirma que Boric no dijo la verdad a la ciudadanía chilena en uno de los episodios más delicados de su gestión saliente.
Lo que Boric dijo el 20 de febrero: "medida arbitraria, unilateral y sorpresiva"
Esta columna reproduce, con la precisión que exige cualquier acusación de esta gravedad, la versión que el propio Boric entregó públicamente el mismo día en que Estados Unidos revocó las visas de tres altos funcionarios de su gobierno, acusados de socavar la seguridad regional al impulsar el proyecto de cable submarino de China Mobile entre Hong Kong y Concón. Desde Rapa Nui, el entonces mandatario declaró que "nuestro canciller Alberto van Klaveren ha citado al embajador de Estados Unidos a la Cancillería para pedirle explicaciones de esta medida arbitraria, unilateral y sorpresiva".
Lo que ya sabíamos: el decreto firmado y anulado en 48 horas
Esta columna ya había documentado, en su cobertura original sobre este mismo episodio, que la propia versión de "sorpresa" ya resultaba difícil de sostener a la luz de un antecedente revelado por El Mercurio en febrero: el entonces ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, había firmado el 27 de enero el decreto que aprobaba la concesión del cable submarino —un contrato con vigencia de 30 años, para una red de 19.873 kilómetros—, decreto que fue anulado apenas dos días después, atribuyendo la reversión a un "error técnico o en su tipeo". Esta columna consideró entonces que esa explicación resultaba, cuando menos, insuficiente para justificar la reversión de una decisión de esa envergadura en un plazo tan breve.
El testimonio que derrumba la versión: la reunión de enero que Boric omitió
Esta columna considera que el elemento decisivo de este nuevo reportaje es la reconstrucción, hecha directamente por los propios afectados, de una reunión ocurrida en enero de este año, apenas después de que Chile suscribiera el acuerdo con China Mobile. Según relató a The New York Times el exjefe de gabinete Guillermo Petersen (PC), "un alto funcionario de la embajada de Estados Unidos en Santiago" se reunió con él y le advirtió explícitamente que el proyecto "podría aumentar el riesgo de ciberataques chinos" y que, si Chile seguía adelante, Washington impondría una prohibición de viaje no solo a los funcionarios involucrados, sino también a sus cónyuges e hijos —exactamente lo que terminó ocurriendo con el propio Petersen, con el exsubsecretario Claudio Araya, y con el propio ministro Muñoz, cuya sanción fue levantada recién este mes—. Petersen precisó que esa reunión de advertencia duró apenas seis minutos. Araya, por su parte, calificó ese encuentro directamente como una "amenaza".
Esta columna considera que este antecedente es demoledor para la versión presidencial: si el propio gobierno de Boric ya había sido advertido en enero, de manera directa y explícita, sobre las consecuencias concretas que enfrentaría si sostenía el proyecto con China Mobile, entonces la revocación de visas ejecutada en febrero no podía, bajo ningún estándar razonable, calificarse como "sorpresiva". El propio Boric, o como mínimo su equipo de gobierno, sabía desde semanas antes exactamente lo que iba a ocurrir.
El embajador Judd lo confirma: "no fue una sorpresa"
Esta columna considera relevante que el propio embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd —cuya conducta impropia esta columna ya documentó extensamente en su cobertura sobre la crisis arancelaria bilateral—, haya ratificado directamente a The New York Times que las medidas adoptadas "no fueron una sorpresa", ya que se produjeron "tras años de discusiones sobre la materia". Judd confirmó, además, la tesis central de todo este reportaje: que la administración Boric respondió, en definitiva, a la presión directa de las visas. Fue explícito sobre el propósito de esa herramienta: "no tienen como objetivo castigar, sino cambiar el comportamiento (...). En este caso, hicieron exactamente eso".
La versión de Muñoz: "yo decidí revertir" por el propio documento de la embajada
Esta columna reproduce, además, el testimonio que el propio exministro Muñoz ya había entregado durante el verano, según consignó 24 Horas, y que hoy adquiere pleno sentido a la luz del reportaje del diario estadounidense: "a fines de enero nos llega un mensaje desde la embajada de Estados Unidos con un documento que dice: 'Mira, estos son antecedentes que mostrarían que hay una deficiencia o que una amenaza va contra la seguridad nacional de este proyecto, tanto en Estados Unidos como para Chile', y yo decidí revertir". Esta columna considera que este testimonio, sumado ahora al de Petersen y Araya, confirma de manera coincidente y desde tres fuentes distintas que la decisión de anular el decreto no respondió a un simple "error de tipeo", sino a una presión estadounidense conocida y comunicada formalmente al gobierno chileno antes de que esa presión se materializara en sanciones concretas.
La mentira final: "la decisión que tomé"
Esta columna considera que el episodio que corona esta secuencia de imprecisiones es la declaración que el propio Boric ofreció apenas seis días antes del cambio de mando, el 5 de marzo, cuando sostuvo ante 24 Horas que la suspensión del proyecto había sido una decisión enteramente suya, motivada por el deseo de coordinarse con el entonces presidente electo Kast: "dado lo delicado del asunto, la decisión que tomé es justamente no avanzar a matacaballo, conversar con el presidente electo, tomar una decisión en conjunto, porque el grueso de la tramitación le iba a tocar a él". Esta columna considera que esa versión —presentar como una decisión propia, prudente y deliberada, lo que en realidad fue una reversión forzada por la presión diplomática estadounidense ya conocida desde enero— constituye la culminación de un relato construido, capítulo a capítulo, para ocultar a la ciudadanía chilena el verdadero origen de esta crisis.
El dato que confirma la seriedad de la amenaza china: el gobierno de Kast pidió un informe militar
Esta columna considera relevante el antecedente adicional que aporta este reportaje sobre la gestión del actual gobierno: fuentes conocedoras del caso confirmaron que la nueva administración, que mantuvo congelada la tramitación del proyecto, requirió un informe formal al Estado Mayor Conjunto sobre las implicancias de la iniciativa china, mientras que sí ha avanzado, en paralelo, con el proyecto de cable submarino de Google, respaldado por Estados Unidos. Esta columna considera que esta decisión del gobierno de Kast —exigir un análisis técnico militar antes de cualquier definición, en lugar de simplemente descartar o avanzar por presión política— es exactamente el tipo de rigor institucional que debió haberse aplicado desde el inicio, y que el propio caso "Tifón Lila" que esta columna ya investigó confirma como plenamente justificado.
Lectura editorial: la mentira que se sostuvo hasta el último día de gobierno
Esta columna considera que este reportaje confirma, con el respaldo de tres testimonios directos y coincidentes —Petersen, Araya y el propio Muñoz—, además de la ratificación explícita del embajador estadounidense, que Gabriel Boric mintió a la ciudadanía chilena en al menos dos momentos distintos de este episodio: primero, al calificar de "sorpresiva" una medida que su propio gobierno ya conocía desde enero; y segundo, al presentar como una decisión autónoma y prudente lo que en realidad fue una capitulación forzada frente a la presión diplomática de Washington. Esta columna ya sometió a escrutinio crítico, en su cobertura sobre el "mea culpa" de Boric en la presentación del libro de Eugenio Tironi, la sinceridad de sus autocríticas públicas; este nuevo antecedente confirma que, más allá de los errores que el propio expresidente ya reconoció voluntariamente, existen episodios donde la falta de veracidad no fue un error de diagnóstico político, sino una construcción deliberada de relato frente a la opinión pública.
Conclusión: la verdad que tardó seis meses en salir a la luz
Esta columna concluye que este reportaje de The New York Times, sustentado en el testimonio directo de los propios afectados por esta crisis, confirma que la versión oficial que Gabriel Boric sostuvo hasta el último día de su mandato sobre el caso del cable chino fue, en sus elementos centrales, falsa. VDI Global seguirá de cerca cualquier reacción oficial del propio expresidente o de figuras de su entorno frente a esta nueva evidencia, así como el desarrollo del informe que el Estado Mayor Conjunto prepara para el actual gobierno.