EL SILENCIO DE LA CANCILLERÍA: LA POLÉMICA TRAVESÍA DEL BUQUE BRITÁNICO QUE VUELVE A TENSIONAR EL ESTRECHO DE MAGALLANES
La recalada del patrullero británico HMS "Medway" en Punta Arenas a comienzos de julio, tras zarpar desde las islas Falkland/Malvinas, reactivó una disputa diplomática que involucra a Chile, Argentina y Reino Unido, y que expuso además un silencio llamativo de la Cancillería chilena frente a una consulta directa sobre el reclamo argentino. Mientras la selección de fútbol trasandina celebraba su clasificación a la semifinal del Mundial 2026 con un lienzo que rezaba "las Malvinas son argentinas", el mismo conflicto de soberanía que inspiró esa pancarta volvía a manifestarse, esta vez en clave naval, en el extremo austral de Chile.
La travesía que originó el reclamo
El HMS "Medway" fue visto en Punta Arenas al menos desde el domingo 5 de julio. Según precisó un vocero del Foreign Office británico, el buque —equipado con un cañón de 30 milímetros y al mando del comandante James Tibbitts— realizaba una travesía logística en apoyo a las operaciones del British Antarctic Survey (BAS), transportando provisiones y suministros esenciales para mantener y posibilitar los programas de investigación científica en la Antártica. Durante su estadía, la tripulación tuvo actividades protocolares con la Armada de Chile, incluyendo una visita de oficiales chilenos al buque atracado en el muelle Prat y un recorrido de los ingleses por el astillero Asmar Magallanes y el Museo Naval y Marítimo de Punta Arenas.

El reclamo argentino: "ilegalmente destacado"
En un comunicado de siete párrafos que no hace ninguna alusión a Chile, el ministerio que lidera el canciller argentino Pablo Quirno cuestionó la operación, señalando que a comienzos de julio el patrullero de guerra equipado con su cañón llevó a Punta Arenas "en medio de una misión de transporte". Para la Cancillería argentina, los movimientos del buque fueron "inconsultos e ilegales" y violaron acuerdos bilaterales vigentes con Londres. El Reino Unido, en cambio, asegura haber notificado oportunamente a Buenos Aires, según publicó The Telegraph.
Con todo, la oposición trasandina criticó la demora con que el propio gobierno de Javier Milei protestó ante Londres: según reveló la Cancillería argentina, recién el lunes 13 de julio —es decir, más de una semana después de que el buque llegara a Punta Arenas— se había presentado ante la embajada del Reino Unido una nota de protesta por los movimientos del patrullero HMS "Medway", "ilegalmente destacado" en las islas Falkland/Malvinas, que "no fueron debidamente notificados en conformidad con los tratados y acuerdos bilaterales vigentes" y que involucraron el tránsito por el Mar Territorial argentino.
El silencio de Chile: una consulta sin respuesta
El punto más relevante para la política exterior chilena es que, según información recogida por medios trasandinos y citada en esta cobertura, Buenos Aires también habría presentado un reclamo formal ante el gobierno chileno por esta misma operación. El diario Clarín informó que "con Chile también hay enojo. El gobierno de José Antonio Kast recibió una protesta argentina el pasado 13 de julio", describiéndola como parte de la queja diplomática: "el gobierno argentino se ve obligado a remarcar la gravedad de esta situación, que implica el apartamiento de compromiso asumido por el gobierno de Chile de no permitir el ingreso a puertos chilenos de buques apostados en el área en disputa".
Frente a esta acusación, El Mercurio consultó directamente a la Cancillería chilena si dicha protesta argentina era efectiva. Hasta el cierre de esa edición, no hubo respuesta. Este silencio, en un tema de esta sensibilidad para las relaciones bilaterales con un país vecino y socio estratégico, es en sí mismo un dato periodístico relevante: o bien la Cancillería no tiene una posición clara sobre cómo manejar la acusación argentina, o bien prefiere evitar un pronunciamiento público que pudiera comprometerla frente a Londres o frente a Buenos Aires.
Lo que dicen los tratados: la soberanía chilena sobre el Estrecho es clara
Conviene repasar lo que efectivamente establecen los instrumentos jurídicos que rigen esta zona, dado que la polémica involucra directamente la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes. El Tratado de Límites de 1881, en su artículo V, establece que "el Estrecho de Magallanes queda neutralizado a perpetuidad y asegurada su libre navegación para las banderas de todas las naciones", agregando que "en el interés de asegurar esta libertad y neutralidad, no se construirán en las costas fortificaciones ni defensas militares que puedan contrariar ese propósito". El Tratado de Paz y Amistad de 1984, en su artículo 10°, reafirma esa delimitación: "la delimitación aquí convenida en nada afecta a lo establecido en el Tratado de Límites de 1881 (...). La República Argentina se obliga a mantener, en cualquier tiempo y circunstancias, el derecho de las naves de todas las banderas a navegar en forma expedita y sin obstáculos a través de sus aguas jurisdiccionales hacia y desde el Estrecho de Magallanes".
Es decir, el propio marco jurídico bilateral entre Chile y Argentina consagra la libre navegación de buques de cualquier bandera por el Estrecho de Magallanes, siempre que se respete la soberanía chilena sobre ese paso. La recalada de un buque británico en Punta Arenas, por sí sola, no constituye una violación de esos tratados desde la perspectiva chilena, salvo que se demuestre un compromiso específico y adicional del gobierno de Kast de restringir el ingreso de naves vinculadas al conflicto de las Falkland/Malvinas —compromiso cuya existencia la propia Cancillería no ha confirmado ni desmentido públicamente.
El paso bioceánico: el verdadero foco de tensión entre Kast y Milei
Más allá de este episodio puntual, el Estrecho de Magallanes ha sido, al menos públicamente, el principal factor de tensión entre los gobiernos de José Antonio Kast y Javier Milei, dos presidentes por lo demás afines en lo político. En abril, causaron revuelo las declaraciones del jefe de Hidrografía Naval de la Armada de Argentina, contralmirante Hernán Montero, quien sostuvo en un podcast que el estrecho a Chile le pertenece "excepto la boca", en alusión al acceso oriental de ese paso bioceánico. Sus palabras motivaron un rechazo transversal en Chile: mientras desde la Cancillería se recordaba la plena vigencia de los tratados bilaterales de 1881 y 1984, que entregan plena soberanía a Chile sobre el estrecho, el canciller Francisco Pérez Mackenna enfatizó que "la soberanía de Chile en el estrecho de Magallanes es indiscutible".
La polémica de aquel episodio incluso influyó, para muchos analistas, en la remoción en mayo de la entonces ministra vocera Mara Sedini, luego de que, consultada por periodistas en el Congreso sobre si "el Estrecho de Magallanes es chileno", la secretaria de Estado guardara silencio. Los diputados de RN Juan Carlos Beltrán y Daniel Valenzuela calificaron entonces las declaraciones del oficial argentino como "preocupantes" e "improcedentes", mientras el senador por Magallanes, Alejandro Kusanovic, acusó un intento por "matizar" la soberanía chilena.
El antecedente de 2023: el audio que golpeó a la Cancillería
Este episodio recuerda, según se detalla en esta cobertura, la crisis que golpeó a la Cancillería de Chile en enero de 2023, cuando se hizo público el audio de una reunión interna en la que la entonces ministra Antonia Urrejola y su equipo discutían cómo responder a declaraciones críticas del embajador argentino en Santiago, Rafael Bielsa. En esa conversación, que habría sido grabada sin conocimiento de Urrejola, uno de los interlocutores recordó que Santiago había tenido un gesto con Buenos Aires en octubre de 2022, cuando se negó permiso para el ingreso de "un buque inglés" con base en las Falkland/Malvinas —el HMS "Forth"—, se sabría después antecesor del HMS "Medway" como principal unidad naval de las islas, recalar en puertos chilenos.
Ese antecedente resulta especialmente relevante para juzgar el episodio actual: si en 2022 Chile efectivamente negó el ingreso de un buque vinculado a las Falkland/Malvinas como gesto hacia Argentina, la pregunta que la Cancillería de Kast no ha respondido es por qué esta vez el HMS "Medway" sí pudo atracar en Punta Arenas y desarrollar actividades protocolares con la Armada chilena, sin que exista, hasta ahora, una explicación pública sobre si esto representa un cambio de política o simplemente la ausencia de un compromiso formal equivalente al de 2022.
El telón de fondo futbolístico: Milei defiende el lienzo, Starmer lo entiende
El trasfondo simbólico de esta polémica se entrelace, de manera casi involuntaria, con la coyuntura del Mundial 2026: mientras los futbolistas argentinos celebraban su triunfo 2-1 sobre Inglaterra en semifinales con el lienzo "las Malvinas son argentinas" —gesto que podría derivar en un expediente disciplinario de la FIFA—, el propio presidente Milei defendió públicamente a los jugadores: "puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas definitivamente lo son", declaró un portavoz del primer ministro británico, Keir Starmer, en un tono conciliador: "es un sentimiento que está dentro de todos los argentinos y es perfectamente válido y lícito que ellos (los jugadores) se quieran expresar y lo hagan", señaló, defendiendo el derecho de los futbolistas a manifestarse pese a representar una postura que Londres rechaza de fondo. Uno de los isleños, Michael Gross, miembro de la Asamblea Legislativa que gobierna las Falkland, fue más crítico: "el lienzo argentino (...) fue particularmente insensible con muchos en las Falkland", declaró.
Conclusión: Chile no puede seguir gestionando su soberanía con el silencio
Esta columna ha sostenido, en coberturas anteriores sobre la disputa de Malvinas, que Chile mantiene un interés legítimo en preservar buenas relaciones tanto con Argentina como con el Reino Unido, sin que ello implique ceder un milímetro en la soberanía indiscutible que los tratados de 1881 y 1984 le reconocen sobre el Estrecho de Magallanes. Pero esa soberanía se ejerce, precisamente, respondiendo con claridad cuando un socio estratégico como Argentina presenta un reclamo formal sobre el ingreso de un buque a un puerto chileno, no guardando silencio ante la prensa. El patrón que exhibe la actual Cancillería —silencio ante la consulta de El Mercurio sobre la protesta argentina, y el precedente de la propia vocera Sedini rehusando confirmar la soberanía chilena sobre el estrecho ante una pregunta directa de la prensa— sugiere una prudencia diplomática que, llevada al extremo, empieza a parecer ambigüedad. La soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes no debería requerir de reafirmaciones ambiguas cada vez que surge una polémica: debería ser, como bien dijo el propio canciller Pérez Mackenna en abril, sencillamente "indiscutible", y comunicada como tal cada vez que se le cuestione.