LO QUE CAMILA VALLEJO OMITE Y DISTORSIONA EN SU ATAQUE AL GOBIERNO DE KAST
En su primera entrevista tras dejar el Ejecutivo, la exministra secretaria general de Gobierno, Camila Vallejo, calificó como una "gran estafa" la promesa de seguridad de José Antonio Kast y acusó "un odio profundo a las mujeres" en el oficialismo por el proyecto "Escucha su corazón". Esta columna revisó línea por línea sus declaraciones en el podcast Animales Políticos, y encontró que buena parte de su relato combina datos reales con omisiones selectivas y saltos lógicos que merecen ser señalados con el mismo rigor que esta línea editorial aplica a cualquier figura pública, sea de izquierda o de derecha.
Lo que sí es correcto: el zigzag en seguridad y el cambio de gabinete
Es necesario reconocer, antes de entrar en las imprecisiones, que Vallejo tiene razón en al menos dos hechos verificables. Primero, que el anuncio inicial de recorte fiscal del actual gobierno afectó, en un primer momento, a la propia cartera de Seguridad Pública, medida que debió revertirse después: esto es consistente con la crisis de diseño e improvisación de los primeros meses de gestión que esta columna ya documentó extensamente en su análisis sobre la caída de aprobación de Kast. Segundo, el cambio de gabinete del 19 de mayo efectivamente sacó a dos mujeres —Trinidad Steinert de Seguridad Pública y Mara Sedini de la Segegob— y las reemplazó por dos hombres, uno de los cuales, Claudio Alvarado, asumió dos carteras simultáneamente como biministro.
Donde el relato se vuelve tramposo: la falacia del "si no fuera por..."
El punto más endeble de la entrevista, y el que justifica con mayor propiedad el titular de esta columna, es el argumento que Vallejo utiliza para descalificar la preocupación del oficialismo por el proyecto "Escucha su corazón": "lo que se esconde detrás de esta conversación no es la defensa de la vida de los niños —si no estarían defendiendo las vidas de los niños palestinos, de los niños migrantes—". Se trata de una falacia lógica elemental, conocida como whataboutism: que un sector político no se pronuncie con la misma intensidad sobre todas las causas relacionadas con la infancia en el mundo no invalida, de ninguna manera, la sinceridad o coherencia de su posición específica sobre el aborto en Chile. Bajo ese mismo estándar argumentativo, cualquier posición política de cualquier sector podría descartarse señalando alguna otra causa en la que ese sector no puso el mismo énfasis, un ejercicio retórico que no aporta evidencia real sobre las verdaderas motivaciones de nadie.
La acusación de "improvisación total": una simplificación que ignora sus propios matices
Vallejo sostuvo que el gobierno "reconocen que no hay un plan y que van a seguir implementando la política macro del gobierno de Gabriel Boric, que tanto habían criticado". Esta afirmación, presentada como un hecho consumado, simplifica en exceso una realidad más matizada: es cierto que hubo errores de diseño y comunicacionales documentados —esta misma columna los ha cubierto con dureza—, pero calificar la política de seguridad completa del actual gobierno como una simple continuidad de la administración anterior ignora, entre otras cosas, los propios proyectos legislativos impulsados por el Ejecutivo en esta materia, así como el reordenamiento de gabinete que la propia Vallejo reconoce como una corrección de rumbo. No pueden sostenerse, al mismo tiempo, que "no hay plan" y que "hay continuidad con Boric": son dos acusaciones que se contradicen entre sí.
La vocería de los lunes: una queja personal disfrazada de crítica institucional
Un pasaje revelador de la entrevista es aquel en que Vallejo compara su propia experiencia como vocera con la actual gestión: "si yo no hubiera hecho una vocería de un lunes, me habrían hecho pebre (...) resulta que La Moneda actualmente no tiene vocería los lunes, y nadie dice nada, yo estoy impactada con eso". Se trata de una queja de naturaleza personal y comparativa —sobre el trato mediático que ella misma recibió versus el que recibe la actual administración—, presentada con el formato de una denuncia institucional grave, cuando en realidad no aporta ningún dato verificable sobre el desempeño real del gobierno, sino sobre la propia percepción de Vallejo acerca de cómo fue tratada por la prensa durante su gestión.
Lo que Vallejo no menciona: su propio antecedente en seguridad
Esta columna considera relevante señalar, además, lo que la entrevista omite por completo: la propia gestión de seguridad pública del gobierno de Boric, del cual Vallejo fue vocera durante buena parte del período, enfrentó críticas sostenidas por el aumento de homicidios y la expansión del crimen organizado en Chile durante esos cuatro años, un fenómeno que la propia oposición de entonces —hoy oficialismo— utilizó como argumento central de campaña. Que Vallejo hoy acuse de "estafa" la promesa de seguridad de Kast, sin reconocer las limitaciones de la gestión de seguridad del propio gobierno que ella representó como vocera, es exactamente el tipo de doble estándar que esta línea editorial ha cuestionado de forma consistente, sea cual sea el sector político que lo practique.
Conclusión: crítica legítima, pero con trampas argumentativas que merecen ser señaladas
Esta columna no cuestiona el derecho legítimo de Camila Vallejo a criticar al gobierno de Kast, ni niega que existan fundamentos reales —como los errores de diseño en seguridad y el cambio de gabinete— para parte de su argumentación. Lo que sí corresponde señalar, con el rigor que esta línea editorial aplica a cualquier figura pública, es que su relato mezcla datos verificables con falacias lógicas, omisiones convenientes sobre su propia gestión, y quejas personales presentadas como denuncias institucionales. La crítica política legítima no necesita recurrir a esos recursos para ser efectiva.