EL DILEMA SIRIO DE ISRAEL: ¿PUEDE EL MANUAL QUE NETANYAHU USÓ CON PUTIN FUNCIONAR CONTRA ERDOGAN?
Israel amaneció ante una realidad fundamentalmente distinta en Medio Oriente el 30 de septiembre de 2015, cuando aviones de combate rusos surcaron los cielos sobre Homs, ejecutando las primeras misiones de combate de Moscú en la región desde el fin de la Guerra Fría. Esta columna, que ya documentó en profundidad el ataque israelí contra la base aérea de Abu al-Duhur y las declaraciones del embajador Yechiel Leiter sobre por qué Turquía "cruzó una línea roja", examina ahora un análisis de fondo publicado por The Jerusalem Post sobre si el mecanismo de "desconflicto" que Netanyahu construyó con Vladimir Putin puede replicarse hoy con la Turquía de Erdogan.
Cómo nació el mecanismo con Rusia: un viaje relámpago a Moscú
Esta columna reconstruye, con la precisión histórica que aporta este análisis, el origen del entendimiento israelí-ruso en Siria. Nueve días antes de que los aviones rusos comenzaran a operar sobre Homs, el 21 de septiembre de 2015, Netanyahu —que ya contaba con buena inteligencia sobre los planes rusos— voló a Moscú en una visita relámpago, acompañado no de la prensa, sino del entonces jefe del Estado Mayor de las FDI, Gadi Eisenkot, y del entonces jefe de Inteligencia Militar, Herzi Halevi —un formato inusual para un viaje al extranjero—. Allí, Netanyahu y Putin acordaron establecer un mecanismo de desconflicto para evitar que pilotos israelíes y rusos se enfrentaran accidentalmente en los cielos sirios.
El acuerdo tácito que funcionó durante casi una década
Esta columna considera relevante explicar, con la precisión que exige este análisis, la lógica exacta que sustentó ese entendimiento durante casi diez años: Rusia quería preservar su posición regional manteniendo a Bashar al Assad en el poder; Israel quería impedir que Irán y Hezbolá se afianzaran en Siria. Moscú no interferiría con las acciones israelíes mientras estas no amenazaran el régimen de Assad, e Israel no atacaría ese régimen mientras conservara libertad de acción contra Irán y Hezbolá. En términos simples: "tú cuidas lo tuyo, yo cuido lo mío, y no necesitamos chocar mientras permanezcamos dentro de nuestras respectivas esferas". Ese mecanismo funcionó hasta que Assad fue derrocado en diciembre de 2024 por las fuerzas lideradas por el actual presidente sirio, Ahmed al-Sharaa.
Por qué esta historia importa hoy: el mensaje de Netanyahu a Turquía
Esta columna recuerda que, este martes, Israel atacó la pista y las instalaciones de almacenamiento de la base aérea de Abu al-Duhur, en la provincia de Idlib, a unos 60 kilómetros de la frontera turca, después de que —según reportes de medios internacionales— una delegación militar turca visitara el sitio apenas horas antes del ataque. Netanyahu explicó el motivo del ataque en un video difundido este miércoles: "no toleraremos una acumulación militar turca que se extienda hacia el sur. Transmitimos eso de todas las formas posibles (...) ahora vimos que Turquía pretendía establecerse en una base aérea más al sur, cerca de Alepo, y enviamos un mensaje. ¿Cómo diría ese mensaje? 'No'". El primer ministro agregó que, aunque el mensaje original fue recibido, "aparentemente no fue escuchado", por lo que Israel actuó para que los turcos lo "entendieran mejor".
Un dato que esta columna no había documentado: la ruta hacia Irán
Esta columna considera el hallazgo más relevante de este análisis un antecedente que trasciende la disputa retórica bilateral: la base atacada el martes no está cerca de la frontera de Israel, sino de una ruta que los aviones israelíes podrían utilizar para volar hacia Irán. Israel no quiere que sistemas de radar y defensa aérea hostiles comprometan su superioridad aérea y su libertad de acción hacia ese frente, un antecedente que conecta directamente con toda la cobertura que esta columna ha desarrollado sobre la escalada económica y militar entre Washington, Israel e Irán.
La reacción de Barrack: de la crítica a la exigencia de un mecanismo de desconflicto
Esta columna recuerda que el enviado especial de Estados Unidos para Siria e Irak, Tom Barrack, calificó inicialmente el ataque de "una escalada innecesaria que no promueve la estabilidad regional". Sin embargo, al día siguiente, en la entrevista con The Jerusalem Post que esta columna ya reprodujo, Barrack subrayó la necesidad de establecer un mecanismo de desconflicto con rapidez, explicando que las fuerzas turcas no tenían conocimiento de que los aviones israelíes se dirigían a esa base específica, lo que podría haberlas inclinado a movilizar sus propios cazas creyendo estar bajo ataque. Su conclusión, en lenguaje diplomático: "el discurso diplomático es la mejor prevención frente a interacciones cinéticas" —en términos simples, hablar mediante una línea directa, no mediante cazas de combate, donde los mensajes pueden malinterpretarse con consecuencias potencialmente trágicas.
Por qué el modelo ruso podría no funcionar con Turquía: la diferencia ideológica
Esta columna considera que el corazón analítico de este artículo es la comparación estructural entre ambos actores. Putin no entró a Siria para dañar a Israel: llegó para preservar intereses rusos concretos —salvar a Assad, mantener su posición en el Mediterráneo, demostrar el estatus global de Rusia, impedir que fuerzas islamistas tomaran el control de Siria—. Operó con el cálculo frío de un estratega global, sin ninguna apuesta ideológica grande en el conflicto árabe-israelí: mientras los activos rusos no fueran atacados y Assad no estuviera en peligro, la guerra de Israel contra los representantes iraníes no era asunto suyo.
Erdogan, en cambio, es distinto. Ankara ve a Siria como su patio trasero inmediato, y la cosmovisión de Erdogan está moldeada por simpatías hacia la Hermandad Musulmana y ambiciones neo-otomanas inherentemente hostiles hacia Israel. Esta columna considera revelador el antecedente que cita este análisis: en junio, el ministro del Interior turco, Mustafa Ciftci, declaró que así como Damasco, Alepo y Nagorno-Karabaj habían sido "liberados", Jerusalén también sería liberada algún día, agregando que había rezado para convertirse en gobernador de Jerusalén y prediciendo que las tierras antes gobernadas por el Imperio Otomano regresarían al dominio turco.
El nuevo pacto de defensa: Turquía, Arabia Saudita y Pakistán
Esta columna considera relevante el antecedente adicional que este análisis incorpora: Turquía firmó recientemente un pacto de defensa mutua con Arabia Saudita y Pakistán —dos potencias suníes mayores, una de ellas con armamento nuclear—. Un país cuyos líderes hablan de esa manera, y cuyas ambiciones regionales se expanden, no es uno que Israel quiera ver fortaleciéndose militarmente cerca de sus fronteras.
Washington entra en escena: un actor que no estaba presente en 2015
Esta columna considera que el elemento más relevante para proyectar el desenlace de esta crisis es la intervención activa de Estados Unidos, un actor que tuvo un rol considerablemente menor cuando Israel y Rusia lograron su propio arreglo en 2015. Israel y Turquía, ambos aliados cercanos de Washington —Turquía además como miembro de la OTAN—, ya sostienen conversaciones técnicas entre funcionarios de defensa desde abril de 2025 en Azerbaiyán, orientadas a prevenir enfrentamientos en Siria. Tras el ataque a Abu al-Duhur, Barrack confirmó que Estados Unidos trabaja en un mecanismo más amplio que involucre a Israel, Turquía y Siria conjuntamente.
La exigencia central de Israel, frente a la de Turquía y Siria
Esta columna reproduce con precisión la demanda central que Israel plantea en cualquier arreglo futuro: Turquía puede ayudar a reconstruir Siria, pero los sistemas avanzados de radar y defensa aérea turcos no pueden avanzar hacia el sur ni amenazar la libertad de acción de la Fuerza Aérea israelí ni sus rutas estratégicas hacia Irán. Turquía y Siria, por su parte, exigirán que Israel respete la soberanía siria, reduzca sus ataques, y dé espacio al nuevo gobierno para estabilizar el país. Esta columna coincide con la conclusión del propio análisis: se trata de una negociación considerablemente más difícil que la que Netanyahu alcanzó con Putin, precisamente porque compartir el espacio aéreo con una potencia global lejana que persigue intereses estratégicos fríos es radicalmente distinto a compartirlo con una potencia regional hostil, ideológicamente motivada y de ambiciones expansivas.
Lectura editorial: la firmeza de Israel frente a un actor cualitativamente distinto
Esta columna, que ha respaldado de manera consistente el derecho de Israel a defender su seguridad nacional, considera que este análisis confirma, con solidez histórica y estratégica, por qué la respuesta israelí frente a Turquía difiere tan marcadamente de la que Israel sostuvo durante casi una década con Rusia. Putin era un actor racional y pragmático, sin compromiso ideológico con la destrucción de Israel; Erdogan, en cambio, combina ambiciones territoriales neo-otomanas con una retórica anti-israelí sostenida durante casi dos décadas, según documenta este mismo artículo con la cita textual del ministro Ciftci sobre "liberar" Jerusalén. Esta columna considera que, precisamente por esa diferencia cualitativa, la exigencia de Israel de mantener sistemas de defensa aérea turcos fuera de su radio estratégico no es una postura desproporcionada, sino una precaución legítima frente a un actor cuyas propias declaraciones oficiales confirman intenciones hostiles.
Conclusión: Washington como garante necesario de un equilibrio imposible entre Jerusalén y Ankara
Esta columna concluye que, dejados a su propia suerte, y considerando la hostilidad histórica entre Ankara y Jerusalén que esta misma cobertura ya documentó, es dudoso que Israel y Turquía puedan reproducir el modelo israelí-ruso sin mediación externa. Pero no serán dejados a su propia suerte: Washington tiene todas las razones para intervenir de manera activa y evitar que esta rivalidad, cada vez más tensa, se salga de control. VDI Global seguirá de cerca el desarrollo de las conversaciones técnicas trilaterales que Estados Unidos ya impulsa entre Israel, Turquía y Siria.