EL 61% DE LOS ISRAELÍES NO QUIERE QUE NETANYAHU VUELVA A PRESENTARSE: LA ENCUESTA QUE RETRATA EL AGOTAMIENTO DE UN PAÍS CON SU LÍDER MÁS LONGEVO
Subtítulo: Una encuesta del Instituto Israelí para la Democracia revela que el 61% de los israelíes cree que Netanyahu no debería presentarse a la reelección en los comicios del 27 de octubre. El mismo porcentaje apoya establecer un límite de dos mandatos para futuros primeros ministros. La cifra trasciende las líneas ideológicas: judíos de izquierda, centro y derecha coinciden en querer el límite. Es el retrato de un país que reconoce la deuda histórica con Netanyahu y simultáneamente quiere pasar la página.
Hay una encuesta que cualquier dirigente político debería leer con atención cuando sale publicada en el peor momento posible. La del Instituto Israelí para la Democracia (IDI), publicada el martes 9 de junio de 2026 —en el mismo día en que las FDI informaban de una infiltración de Hezbolá en territorio israelí, en que el jefe del Estado Mayor amenazaba a Irán con un "golpe mucho más duro", en que los misiles seguían como telón de fondo— dice algo sobre Benjamin Netanyahu que la guerra no puede silenciar indefinidamente.
El 61% de los israelíes cree que Netanyahu no debería presentarse a las elecciones del 27 de octubre. No que sea un mal primer ministro. No que pierda. Que no debería presentarse.
Es un número que merece ser leído con precisión. No es el 61% que votan contra Netanyahu en cada elección. El Estado de Israel lleva años dividido aproximadamente por la mitad entre los que apoyan a Netanyahu y los que se oponen. Este 61% es algo diferente: es la proporción de israelíes —incluyendo a una fracción de sus propios votantes— que ha llegado a la conclusión de que Netanyahu, independientemente de sus logros históricos, no debe seguir siendo candidato.
EL HOMBRE MÁS TIEMPO EN EL CARGO DE LA HISTORIA ISRAELÍ
Para entender el peso de ese 61%, hay que entender quién es Netanyahu en la historia del Estado de Israel. Es el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo en la historia del país. Ha gobernado de forma casi ininterrumpida desde 2009 —con un breve paréntesis en 2021-2022— y antes ya había ejercido el cargo entre 1996 y 1999.
Esa longevidad tiene dos lecturas simultáneas que la encuesta captura perfectamente. La primera es la del legado: Netanyahu supervivió a todos sus adversarios políticos, navegó crisis que habrían hundido a cualquier otro líder, modernizó la economía israelí en los 2000, construyó relaciones con potencias que tradicionalmente ignoraban a Israel —India, los Emiratos, incluso sectores del mundo árabe— y lideró al país en algunas de las guerras más complejas de su historia.
La segunda lectura es la del agotamiento. Dieciséis años al frente del gobierno, con breves interrupciones, es un período que en cualquier democracia genera desgaste institucional. Netanyahu acumuló alianzas que lo convirtieron en rehén de sus socios más extremos —Ben-Gvir y Smotrich. Enfrentó un proceso penal por corrupción, fraude y abuso de confianza que sigue en curso. Y el 7 de octubre de 2023 ocurrió bajo su gobierno: el mayor fracaso de inteligencia y seguridad en la historia del Estado de Israel, un evento cuya responsabilidad política no ha sido procesada completamente porque la guerra que siguió aplazó ese ajuste de cuentas.
EL 61% QUE TRASCIENDE LAS LÍNEAS IDEOLÓGICAS
El dato más significativo de la encuesta del IDI no es el porcentaje global sino su distribución ideológica. El 61% de los israelíes que cree que Netanyahu no debería presentarse incluye a judíos de izquierda, centro y derecha.
La encuesta también muestra que el 61% apoya establecer un límite de dos mandatos para futuros primeros ministros. Y ese apoyo, explicitamente, "trasciende las líneas ideológicas": la mayoría de los israelíes judíos tanto de izquierda como de centro y de derecha apoyan la limitación de mandatos.
Eso es un hecho político notable. En Israel, donde la brecha entre el bloque pro-Netanyahu y el anti-Netanyahu ha definido la política durante una década, encontrar un 61% de consenso sobre cualquier tema es inusual. Que ese consenso exista sobre la necesidad de limitar los mandatos del primer ministro es una señal de algo más profundo que la fatiga con Netanyahu como individuo: es una señal de que los israelíes reconocen que su sistema político tiene un problema estructural de concentración de poder que necesita corrección institucional.
EL CONTEXTO DEL 7 DE OCTUBRE: LA DEUDA QUE NADIE HA COBRADO
La encuesta fue realizada entre el 31 de mayo y el 5 de junio de 2026, en el período inmediatamente anterior a la escalada con Irán del fin de semana. Es decir, fue realizada en un momento en que la guerra continuaba activa pero no estaba en su punto más álgido.
Eso significa que los encuestados respondieron desde la perspectiva de casi tres años de guerra y de convivencia con el liderazgo de Netanyahu en ese período. Y el resultado, 61% que no quiere que se presente, no puede separarse del evento que marcó el inicio de este ciclo: el 7 de octubre de 2023.
Netanyahu no ha asumido responsabilidad política explícita por el fracaso del 7 de octubre. No ha habido una comisión de investigación formal con resultados vinculantes. No ha habido renuncia ni reconocimiento público de culpa institucional. La guerra siguió inmediatamente después del ataque y Netanyahu gobernó la respuesta militar, lo que le permitió mantener la agenda en el presente y no en el pasado.
Pero el 7 de octubre existe en la memoria colectiva israelí de una manera que ninguna victoria militar puede borrar completamente. Los 1.200 muertos, los rehenes, el fracaso de los sistemas de alerta, la tardanza de la respuesta inicial: todo eso ocurrió bajo el gobierno de Netanyahu y en las comunidades que durante años fueron las más leales a su agenda de seguridad.
El 61% que dice que Netanyahu no debería presentarse incluye, con alta probabilidad, a israelíes del sur del país, de los kibbutzim y comunidades que vivieron el 7 de octubre en carne propia, que votaron a Netanyahu durante años creyendo que él garantizaba su seguridad. Son votos que se fueron no por razones ideológicas sino por experiencia directa.
EL 27 DE OCTUBRE: LA ELECCIÓN QUE SE ACERCA
La encuesta se publica a menos de cinco meses de las elecciones del 27 de octubre de 2026, la fecha en que Israel tiene programadas sus próximas elecciones parlamentarias. En el sistema israelí, el primer ministro no es elegido directamente sino que surge del bloque con capacidad de formar gobierno en la Knesset.
Netanyahu va a presentarse. El 61% que cree que no debería hacerlo no tiene mecanismo institucional para impedírselo. Lo que esa cifra hace es definir el terreno en que se desarrollará la campaña: Netanyahu compitiendo en contra de la opinión de una mayoría de israelíes que lo considera demasiado longevo para el cargo, en el contexto de un proceso penal abierto, con una guerra activa en múltiples frentes y con aliados de coalición como Ben-Gvir y Smotrich que le generan costos de imagen crecientes.
Eso no significa automáticamente que pierda. Netanyahu ha sobrevivido a peores encuestas. Su capacidad de movilizar a su base, de usar la amenaza de seguridad como argumento electoral y de fragmentar a la oposición es probablemente mayor que la de cualquier otro político israelí vivo. Pero el 61% es un punto de partida muy difícil desde el cual construir una campaña.
EL LÍMITE DE MANDATOS: UNA REFORMA QUE LLEGA TARDE PERO PUEDE LLEGAR
El segundo hallazgo de la encuesta es, en algunos sentidos, más importante que el primero para la salud institucional de Israel a largo plazo. El 61% que apoya establecer un límite de dos mandatos para futuros primeros ministros "tras Netanyahu" está enviando una señal que va más allá del caso individual.
Israel es una de las pocas democracias avanzadas sin límite de mandatos para su jefe de gobierno. Alemania no tiene límite formal pero la cultura política genera rotación. Gran Bretaña tampoco tiene límite pero el sistema parlamentario genera alternancia natural. Estados Unidos tiene dos mandatos para el presidente. Francia tiene dos mandatos.
Israel, con su sistema parlamentario fragmentado y sus coaliciones frágiles, tendió históricamente a la rotación natural por la inestabilidad política. El caso Netanyahu —que logró mantenerse en el poder durante períodos extraordinariamente largos precisamente por su habilidad para navegar esa inestabilidad— es el argumento empírico más fuerte para considerar que un límite formal podría ser necesario.
Que ese límite tenga apoyo de izquierda, centro y derecha sugiere que el debate puede avanzar tras Netanyahu independientemente de quién gane las elecciones de octubre. Si Netanyahu pierde y el nuevo primer ministro tiene voluntad reformista, el límite de mandatos podría convertirse en ley en el próximo período legislativo.
NETANYAHU Y LA GUERRA: EL ESCUDO QUE TODAVÍA FUNCIONA
La encuesta fue realizada antes de la escalada con Irán del fin de semana. Eso significa que los números del 9 de junio no reflejan aún el impacto de ver a Netanyahu liderar la respuesta israelí a los ataques iraníes, de las declaraciones de Zamir sobre el "golpe mucho más duro" preparado, de la imagen del jefe del Estado Mayor en el búnker comandando operaciones.
En Israel, las crisis de seguridad tienden históricamente a beneficiar a los gobiernos en ejercicio, especialmente cuando la respuesta militar es percibida como efectiva. El patrón se repitió en múltiples conflictos anteriores. Si los israelíes perciben que la respuesta a Irán fue apropiada y que la disuasión funcionó, eso puede traducirse en puntos para Netanyahu.
Pero hay una diferencia esta vez. En conflictos anteriores, la crisis de seguridad llegaba a un país que en condiciones normales estaba dividido 50-50. Esta vez llega a un país donde el 61% ya había llegado a la conclusión de que Netanyahu no debería presentarse. La crisis puede mover algunos puntos, pero es difícil que mueva 11 puntos —la diferencia entre el 61% actual y el 50% que constituiría un equilibrio.
CONCLUSIÓN: EL TIEMPO QUE NO PUEDE DETENERSE
Benjamin Netanyahu es el único israelí vivo que tiene la experiencia acumulada de haber gobernado el país en la mayor variedad de contextos: la Oslo, el post-Oslo, el colapso del proceso de paz, la segunda intifada, la era de los acuerdos de Abraham, la guerra de Gaza, el conflicto con Hezbolá y ahora la guerra directa con Irán. Ese capital de experiencia no tiene equivalente en la política israelí actual.
Y aun así, el 61% dice que no.
No dice que sea un mal primer ministro. Dice que ha sido demasiado primer ministro durante demasiado tiempo. Dice que Israel necesita, después de Netanyahu, un mecanismo institucional que impida que cualquier otro líder acumule tanto poder durante tanto tiempo.
Esa es la señal más profunda que la encuesta del IDI envía en este martes de junio de 2026: no la desaprobación de un hombre, sino el reconocimiento de que una democracia sana necesita límites que no dependan de que los ciudadanos voten cada cuatro años al mismo líder en circunstancias diferentes.
Israel sobrevivirá a Netanyahu. La pregunta es qué instituciones construirá después de él.
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