EL IPC DE MAYO SORPRENDIÓ A LA BAJA: UNA BUENA NOTICIA CON ASTERISCO EN UN CONTEXTO ECONÓMICO QUE SIGUE SIENDO DIFÍCIL
Subtítulo: El INE reportó una variación mensual del IPC de 0,2% en mayo, muy por debajo del rango de 0,3% a 0,5% que esperaba el mercado. La inflación anual cayó levemente de 4% a 3,9%, cortando una racha de dos meses consecutivos al alza. Son datos positivos en un contexto de cuatro meses consecutivos de Imacec negativo y una economía que el gobierno necesita reactivar para que su agenda de reformas tenga sustento.
El dato llegó el domingo 8 de junio y fue mejor de lo que esperaban la mayoría de los economistas. El Instituto Nacional de Estadísticas informó que el Índice de Precios al Consumidor registró en mayo una variación mensual de 0,2%. El mercado esperaba entre 0,3% y 0,5%. La sorpresa fue a la baja, que en materia inflacionaria es la mejor clase de sorpresa posible.
La inflación anual cayó del 4% registrado en abril al 3,9% en mayo. Es una reducción mínima en términos absolutos, pero tiene un significado que va más allá del decimal: cortó una racha de dos meses consecutivos de avances en la inflación interanual que había comenzado a generar inquietud entre los analistas económicos. La acumulación en lo que va del año asciende a 2,8%.
El gobierno de Kast recibió el dato con alivio visible. El ministro de Hacienda Jorge Quiroz lo calificó de "respiro" y llamó a "mantener la prudencia." Es una declaración calibrada que dice tanto en lo que afirma como en lo que no afirma: el ministro no celebra ni exagera, porque sabe que un mes de IPC bajo no cambia el cuadro macroeconómico de fondo que el gobierno enfrenta.
Ese cuadro de fondo es el contexto en el que hay que leer esta buena noticia. Y ese contexto tiene sombras que un dato mensual favorable no disipa.
LOS NÚMEROS: QUÉ SUBIÓ Y QUÉ BAJÓ
Para entender el IPC de mayo hay que desagregar los componentes que lo explican, porque las tendencias que muestra el interior del índice son más informativas que el número agregado.
Del lado de las alzas, nueve de las trece divisiones de la canasta del IPC contribuyeron positivamente. La división de vivienda y servicios básicos fue relevante: el gas subió un 3,0% mensual, aportando 0,063 puntos porcentuales al índice. El gas licuado subió aún más, un 3,2%, con una incidencia de 0,048 puntos. El arriendo subió 0,3%, aportando 0,020 puntos.
El transporte también presionó al alza: el transporte aéreo de pasajeros subió un 8,3% mensual, aportando 0,064 puntos porcentuales. El transporte aéreo internacional subió un 10,0%, con incidencia de 0,052 puntos. La gasolina subió 0,7%, aportando 0,028 puntos. Los combustibles para vehículos personales subieron 0,5%, con 0,022 puntos.
Las comidas en restaurantes, cafés y similares subieron 1,0% mensual y acumulan 2,5% en el año. La carne de vacuno subió 2,7% en el mes y acumula 3% en el año.
Del lado de las bajas, la división de alimentos y bebidas no alcohólicas fue el principal amortiguador: 52 de sus 81 productos registraron descensos. El pan bajó un 4,0%, con una incidencia de -0,085 puntos porcentuales. Los limones cayeron un 17,2%, con -0,029 puntos. Pan, cereales, harinas y pastas bajaron un 2,1% como clase, aportando -0,088 puntos. Las frutas y frutos secos bajaron 5,0%, con -0,079 puntos.
El transporte en bus interurbano registró una caída mensual de 9,1%, aunque en el año acumula solo una variación de 0,5%.
La lectura de esos datos revela una economía donde los servicios y la energía siguen presionando al alza —gas, transporte aéreo, arriendo, restaurantes— mientras los alimentos básicos se moderan, en parte por factores estacionales. Es un perfil inflacionario que afecta de forma diferente a distintos segmentos de la población: quien gasta más en servicios siente más presión; quien tiene una canasta de consumo concentrada en alimentos básicos recibió algo de alivio en mayo.
EL BANCO CENTRAL Y LA TASA: LA PREGUNTA QUE EL IPC RESPONDE A MEDIAS
El dato del IPC de mayo importa en el contexto inmediato porque el Banco Central de Chile tiene una reunión de política monetaria en junio en la que decidirá si mantiene, sube o baja la tasa de interés rectora. El resultado de mayo despeja parcialmente esa decisión.
Los economistas consultados por los medios económicos chilenos son consistentes en su proyección: el Banco Central probablemente mantendrá la tasa en su nivel actual en la reunión de junio, sin cambios. Un IPC de mayo en 0,2% cuando se esperaba hasta 0,5% reduce la presión para que el banco suba la tasa para combatir la inflación. Pero tampoco es una señal suficientemente contundente de desinflación como para justificar una baja.
La inflación anual en 3,9% sigue por encima del rango meta del Banco Central, que es 3% con una banda de tolerancia de más/menos un punto porcentual. Estar en 3,9% significa que la inflación está dentro del rango superior de la banda de tolerancia —lo cual es aceptable— pero no en la meta central de 3% que el banco aspira a alcanzar de manera sostenida.
El contexto externo añade incertidumbre. El conflicto Israel-Irán que escaló dramáticamente durante la primera semana de junio tiene impacto directo sobre los precios del petróleo. El WTI ya estaba sobre los 90 dólares antes de la última escalada de misiles del domingo. Si el conflicto se prolonga o escala aún más, el componente energético del IPC —que ya mostró presión en mayo con el alza del gas y los combustibles— podría acelerarse en junio y julio, complicando el cuadro inflacionario para los próximos meses.
EL IMACEC: LA SOMBRA QUE EL IPC NO DISIPA
El IPC de mayo es una buena noticia. Pero hay que leerla en el contexto del cuadro macroeconómico más amplio que enfrenta el gobierno de Kast. Y ese cuadro tiene una sombra principal que un dato de inflación favorable no elimina: cuatro meses consecutivos de Imacec negativo.
El Imacec —el Indicador Mensual de Actividad Económica— registró caídas en enero, febrero, marzo y abril. El dato de abril fue el más preocupante: cayó más de lo esperado por el mercado, lo que implica que la economía no solo está contrayéndose sino que la contracción es más profunda de lo que los modelos estimaban.
Cuatro meses de Imacec negativo es una señal de recesión técnica en marcha. No es una crisis económica al estilo de 1982 ni de 2008 —la magnitud de las caídas no es de esa categoría— pero es un deterioro real de la actividad económica que tiene consecuencias sobre el empleo, la inversión y la recaudación fiscal.
El PIB del primer trimestre cayó 0,5%, según los datos disponibles. JPMorgan proyecta un crecimiento de 1,6% para el año. BTG Pactual proyecta 1,7%. Son proyecciones modestas que implican una recuperación gradual en el segundo semestre, pero que dependen de variables que el gobierno no controla completamente: el precio del cobre, la demanda de China, el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la energía, y la confianza de los inversores en el marco regulatorio que la megarreforma pretende establecer.
LA MEGARREFORMA Y EL CRECIMIENTO: LA APUESTA DE FONDO
El contexto económico de crecimiento negativo y moderación inflacionaria es también el contexto en que el gobierno empuja la megarreforma en el Senado. La lógica del gobierno es la siguiente: la megarreforma generará simplificación regulatoria, certeza jurídica y reducción de cargas para las empresas, lo que estimulará la inversión y el crecimiento en el mediano plazo.
La lógica del CFA —Consejo Fiscal Autónomo— es diferente: la megarreforma tiene riesgos fiscales que el gobierno subestima, es deficitaria hasta al menos 2031 y podría comprometer la sostenibilidad de las finanzas públicas. Las advertencias del CFA son las de un organismo técnico independiente que tiene acceso a los mismos datos que el gobierno y que llega a conclusiones distintas.
Esa tensión entre la visión del ejecutivo y la del organismo fiscalizador independiente es el telón de fondo ante el cual hay que leer el IPC de mayo. Una inflación más baja de lo esperado da al Banco Central algo de margen para no subir la tasa. Una tasa que no sube facilita el crédito y potencialmente la inversión. Y una inversión que se recupera es el mecanismo por el cual la economía puede salir de su actual ciclo de Imacec negativos.
Es una cadena lógica que tiene sentido en abstracto. El problema es que cada eslabón de esa cadena depende de condiciones que no están garantizadas: que el IPC siga moderado en los próximos meses, que el Banco Central decida no subir la tasa, que el crédito se reactive, que la inversión responda. Y que todo eso ocurra mientras el gobierno está en medio de una guerra política sobre la megarreforma, la acusación constitucional contra Grau y una agenda legislativa que consume capital político a un ritmo acelerado.
LO QUE EL GOBIERNO DEBE HACER CON ESTA NOTICIA
El IPC de mayo es un dato que el gobierno tiene el derecho de comunicar positivamente. Es genuinamente mejor de lo esperado y señala en la dirección correcta para la estabilidad de precios.
Pero comunicarlo con prudencia —como hizo Quiroz— es la actitud correcta. No porque el dato sea malo, sino porque el contexto en que ocurre no permite la celebración. Una economía con cuatro meses de Imacec negativo no está en condiciones de celebrar un mes de inflación moderada. Está en condiciones de anotar el dato positivo y seguir trabajando para que la recuperación de la actividad económica sea real y sostenida.
El desafío económico del gobierno de Kast en los próximos meses es ese: convertir la moderación inflacionaria en un entorno de estabilidad que permita que la inversión privada se reactive, que el empleo se recupere y que el Imacec vuelva al terreno positivo de manera sostenida. Para eso necesita la megarreforma, necesita certeza regulatoria y necesita que el ruido político de la acusación constitucional y el debate legislativo no consuma todo el oxígeno disponible.
El IPC de mayo es una buena noticia con asterisco. El asterisco es todo lo demás.
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