EL LLANTO, LA ABSTENCIÓN Y LA SALIDA SILENCIOSA: LA COHERENCIA QUE CAMILA VALLEJO LE EXIGE A KAST SOBRE GAZA, PERO QUE ELLA MISMA NO HA SOSTENIDO CON LOS NIÑOS DEL SENAME NI CON LAS VÍCTIMAS DE LOS INCENDIOS DE VALPARAÍSO
La militante comunista y exvocera del gobierno de Gabriel Boric —cargo que ejerció hasta el término de esa administración, el 11 de marzo de 2026— exigió esta semana a José Antonio Kast un estándar moral binario y sin matices respecto del conflicto en Gaza: "No existen medias tintas; o estás en contra... o eres cómplice." Es exactamente el mismo estándar de coherencia entre la declaración pública de principios y la conducta sostenida en el tiempo que su propia trayectoria política no ha logrado cumplir en al menos dos episodios documentados y verificables: el caso de los niños del Sename, donde su indignación pública con lágrimas terminó en una abstención que protegió a la ministra que ella misma había acusado, y los incendios de Valparaíso de 2024, donde abandonó su rol de enlace presidencial sin que La Moneda lo anunciara, generando sorpresa incluso entre parlamentarios de su propia coalición.
El estándar que Vallejo le exige hoy a Kast
La frase que motiva este contraste es de una dureza moral considerable: "No existen medias tintas; o estás en contra... o eres cómplice." Es el tipo de exigencia que no admite gradación, matices ni excusas circunstanciales: para Vallejo, frente a una causa moral de la magnitud del conflicto en Gaza, el silencio o la tibieza equivalen, directamente, a la complicidad.
Es un estándar legítimo de exigir a cualquier autoridad política. Pero es, precisamente por su radicalidad, un estándar que cualquier persona que lo formula debe estar dispuesta a que se le aplique con la misma vara a su propia trayectoria. Y la trayectoria política de Vallejo, examinada con el mismo rigor binario que ella exige hoy, exhibe al menos dos episodios donde la distancia entre el compromiso público declarado con fuerza emocional y la conducta sostenida en el tiempo fue, como mínimo, cuestionada transversalmente por actores de todo el espectro político.
El Sename: el llanto público y la abstención que protegió a la ministra acusada
En agosto de 2016, durante una interpelación a la entonces ministra de Justicia, Javiera Blanco, Vallejo se quebró públicamente en medio de su discurso sobre la situación de los niños en los centros del Sename: "Esto a mí me afecta porque estuve en algunos centros y efectivamente se ve precariedad, malas condiciones laborales... le pido a la ministra y al Congreso: dejémonos de payasadas, por favor." Ella misma reconoció después, con cierto orgullo, su propia sensibilidad: "Sí, soy llorona."
Un año después, en julio de 2017, la Comisión Investigadora Sename II —de la que Vallejo era integrante activa— emitió un informe que acusaba directamente a Javiera Blanco de "negligencia inexcusable" por las muertes de menores bajo custodia del Estado. Vallejo había votado a favor de aprobar ese mismo informe semanas antes, dentro de la comisión, y fue ella misma quien presentó la indicación que incluía a Blanco entre las responsabilidades políticas identificadas.
Pero cuando llegó el momento decisivo —la votación final en la Sala de la Cámara, donde ese informe debía aprobarse o rechazarse con consecuencias políticas reales para la entonces ministra—, Vallejo se abstuvo. Esa abstención generó una ola de críticas en su contra, y el informe terminó siendo rechazado por la propia Cámara de Diputados. Su justificación posterior fue que "se dejó de hablar de los niños" porque el debate se centró en si debía o no figurar el nombre de la ministra en el documento final.
Es un hecho verificable, no una interpretación: hubo una declaración emocional pública de máxima intensidad sobre la responsabilidad política de una autoridad de gobierno, y un año después, en el momento exacto en que esa responsabilidad debía traducirse en una consecuencia institucional concreta, Vallejo optó por una conducta que protegió políticamente a la persona que ella misma había señalado como negligente.
Valparaíso: el despliegue visible y la salida que La Moneda decidió ocultar
El segundo episodio ocurrió en el contexto de la catástrofe de incendios forestales que asoló Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana en febrero de 2024, dejando 134 muertos. El entonces Presidente Boric nombró a Vallejo ministra enlace de la región el 8 de febrero de ese año, en sustitución de la ministra de Defensa Maya Fernández.
Durante las primeras semanas, Vallejo desplegó una presencia visible: recorridos en terreno, instalación de viviendas de emergencia, gestión de donaciones privadas que incluyeron duchas y módulos sanitarios. Pero ya en ese mismo período inicial surgieron roces directos con los propios damnificados: vecinos la increparon durante una visita a Villa Independencia, en Viña del Mar, por la lentitud de las soluciones habitacionales, y un testimonio recogido en terreno fue particularmente elocuente sobre la brecha entre la promesa y la presencia real: "se suponía que la señorita Camila Vallejo iba a venir el día anterior, pero no se apareció para nada."
Lo más relevante de este episodio, sin embargo, es cómo terminó. Vallejo dejó de ser enlace de la región en la segunda semana de abril de 2024, una decisión que La Moneda no anunció públicamente. La salida se conoció después, casi un mes posterior al hecho mismo, sin comunicación oficial previa. Desde el propio Palacio de gobierno se confirmó, ante la consulta de la prensa, que pese a haberse considerado anunciar formalmente esa salida, "se decidió hacerlo silenciosamente."
La reacción parlamentaria fue transversal, no exclusiva de la oposición de la época. El diputado de Renovación Nacional, Andrés Longton, capturó la incomodidad generalizada con una frase que resume el episodio completo: "Primero nos sorprende su llegada como enlace, y segundo nos sorprende su salida porque ni siquiera nos enteramos." Vallejo terminó siendo citada a la comisión investigadora de los incendios, precisamente después de que se conociera que ya había dejado el rol que supuestamente debía sostener hasta la reconstrucción.
En honor al rigor que cualquier contraste de esta naturaleza exige, corresponde señalar el elemento que la favorece: en abril de 2025, la Contraloría cerró una fiscalización sobre su gestión como enlace y determinó que actuó dentro de sus competencias legales, precisando que su rol estaba acotado, por mandato presidencial, exclusivamente a la fase de "ayudas tempranas", no a la totalidad del proceso de reconstrucción. Formalmente, no hubo irregularidad administrativa en su actuación. Pero la forma de su salida —sin comunicación pública, generando sorpresa incluso entre parlamentarios de la propia coalición de gobierno— es un hecho real y documentado, no una interpretación política adversa.
El contraste que la coherencia exige
Puestos uno junto al otro, ambos episodios configuran un patrón consistente: una declaración pública de compromiso moral o emocional de gran intensidad, seguida de un desempeño visible durante el momento de mayor exposición mediática, y finalmente un retiro silencioso o una inconsistencia notoria precisamente cuando llega el momento de rendir cuentas o de sostener ese compromiso más allá del ciclo noticioso inicial. Es exactamente la misma secuencia en ambos casos: la lágrima por el Sename seguida de la abstención protectora; el despliegue inicial en Valparaíso seguido de la salida no anunciada.
Frente a ese historial, la exigencia actual de Vallejo hacia Kast por su supuesto "silencio sepulcral" ante el informe de la ONU sobre Gaza le demanda al Presidente exactamente lo que a ella misma se le ha cuestionado, públicamente y por actores de todo el espectro político, no sostener en el tiempo: coherencia entre la declaración de principios y la conducta efectiva y persistente. Su propia frase —"no existen medias tintas; o estás en contra... o eres cómplice"— es un estándar que cualquier adversario político tiene el legítimo derecho de devolverle, aplicado a su propia trayectoria, precisamente porque en al menos dos episodios verificables de su carrera la distancia entre lo que prometió y lo que sostuvo fue, como mínimo, cuestionada de manera transversal.
La precisión que la honestidad exige
Es necesario, para que este contraste tenga el rigor que cualquier análisis político serio requiere, reconocer que la naturaleza de los tres casos no es idéntica. El Sename y los incendios de Valparaíso fueron episodios de gestión de gobierno, con plazos definidos, atribuciones legales específicas y procesos de reemplazo institucional de por medio —elementos que Vallejo podría legítimamente argumentar como una "transición de roles" ordenada, no como un abandono deliberado de sus compromisos. La posición sobre Israel y Gaza, en cambio, es una postura declarativa de carácter político, formulada ahora desde fuera del gobierno, sin responsabilidad ejecutiva directa detrás de ella en este momento específico de su carrera.
Pero como ejercicio de coherencia política —que es exactamente lo que está en juego cuando alguien exige a otro un estándar moral binario sin matices— el contraste es legítimo y está respaldado por hechos verificables, documentados por medios de todo el espectro político, no por interpretación selectiva de ningún bando. Si Vallejo exige a Kast que no haya medias tintas frente a una causa que considera moralmente urgente, la pregunta que su propia trayectoria deja planteada es si ella misma ha logrado sostener ese mismo estándar cuando los niños del Sename o los damnificados de Valparaíso necesitaron, más allá del gesto inicial, que su compromiso se mantuviera firme en el tiempo.