EL MODELO 2019 SE REPITE: ADOCTRINAMIENTO, JUVENTUD INSTRUMENTALIZADA Y EL INTENTO DE DESESTABILIZACIÓN QUE SE ESTÁ FRAGUANDO EN CHILE
Chile vivió en octubre de 2019 el estallido social más violento de su historia democrática reciente. Treinta y cinco muertos. Miles de millones en daños en infraestructura pública y privada. El Metro de Santiago destruido. Comercios saqueados. Iglesias quemadas. Y al final del proceso: una Convención Constitucional que Chile rechazó dos veces en plebiscito, con el gobierno de Boric como heredero político directo de esa destrucción.
Hoy, a 83 días del gobierno de José Antonio Kast, el modelo se está repitiendo. No con la misma intensidad todavía. Pero con los mismos ingredientes, los mismos actores y la misma metodología: adoctrinamiento de jóvenes, instrumentalización de la protesta callejera, activación de figuras radicales que funcionan como catalizadores de violencia, y una narrativa de "resistencia" que convierte la desobediencia al resultado electoral en virtud cívica.
VDI Global lo documenta antes de que ocurra. Porque ese es el único antídoto real contra la narrativa invertida que viene después.
Los ingredientes del modelo 2019
El estallido de 2019 no fue espontáneo. Fue el resultado de una combinación de factores que se fueron construyendo durante años y que convergieron en un momento específico con consecuencias devastadoras. VDI Global identifica esos ingredientes porque están volviendo a aparecer, uno por uno, en el Chile de 2026.
El primer ingrediente es la figura del agitador que legitima la violencia con lenguaje político. En 2019 fueron múltiples actores — organizaciones estudiantiles, colectivos anarquistas, figuras de la izquierda radical — que operaron como amplificadores de la indignación y proveedores de marco ideológico para la destrucción. En 2026, ese rol lo están jugando figuras como Eduardo Artés — "profesor normalista, luchador social, candidato presidencial" que en su perfil de Twitter se identifica bajo el hashtag #Artés2026 y cuyo post fijado celebra "el combate anti-imperialista" — junto con el Partido Comunista que defiende marchas con molotov como "expresión de una opinión", el Frente Amplio que declaró "el deber de obstaculizar sin complejos", y una red de organizaciones que convocaron 26 grupos a marchar contra la Cuenta Pública de Kast.
El segundo ingrediente es la juventud instrumentalizada. En 2019, fueron los estudiantes secundarios los que "evadieron" el metro y activaron la mecha. En 2026, es la CONFECh — convocando marchas sin respetar trazados autorizados, con portadores de molotov integrados a la marcha, con un sistema de adoctrinamiento que produce jóvenes que saben contra quién estar furiosos pero no pueden articular un argumento. El video que VDI Global analizó esta semana, filmado en el sur del país, documenta exactamente ese fenómeno: jóvenes con convicción sin contenido, con certeza de enemigos sin conocimiento de hechos.
El tercer ingrediente es la narrativa de "resistencia" que convierte el resultado electoral en ilegítimo. En 2019 se construyó durante años la idea de que el modelo económico chileno era insostenible y que el gobierno de Piñera representaba a los ricos. En 2026, la misma narrativa se está construyendo aceleradamente: Vallejo en Madrid llamando a "resistir", Boric desde Gales y Londres coqueteando con su candidatura y pidiendo a la izquierda que deje de llamar "tontos" a los que votaron diferente, el PC celebrando sus 114 años defendiendo las marchas con molotov, 26 organizaciones marchando contra la Cuenta Pública con la consigna "megarreforma de los ricos."
El cuarto ingrediente es la figura del candidato radical que mantiene viva la llama del anti-institucionalismo. En 2019 esa función la cumplían múltiples actores. En 2026, Eduardo Artés — que en 2025 obtuvo un porcentaje marginal de votos pero que tiene 27.900 seguidores en Twitter y una maquinaria de agitación política constante — opera como uno de esos catalizadores. Su perfil no es el de un candidato con opciones reales de ganar una elección. Es el de un agitador que mantiene encendida la narrativa anti-institucional, que recluta jóvenes con el lenguaje del "combate anti-imperialista" y que usa la plataforma de una candidatura presidencial para normalizar la confrontación violenta con el sistema.
La juventud como instrumento: el patrón documentado
Lo que diferencia al modelo de desestabilización chileno de otros procesos similares en América Latina es la sofisticación con que opera sobre la juventud. No es solo agitación callejera. Es un proceso largo, sistemático y multidimensional de construcción de una identidad política que equipara la obediencia al resultado electoral con la traición a los valores que el joven ha aprendido a considerar fundamentales.
Ese proceso opera a través de múltiples canales simultáneos. Las redes sociales — donde figuras como Artés construyen audiencias de decenas de miles de jóvenes con mensajes de "combate anti-imperialista" y "Chile Nuevo y Popular." Las federaciones estudiantiles — donde la CONFECh y las ACES, vinculadas al PC y al FA, construyen identidad política antes que formación académica. El Colegio de Profesores — cuyo presidente aparece en marchas de estudiantes universitarios con molotovs pasando detrás de él en su propio video. Las organizaciones comunitarias — donde los 26 grupos que marcharon contra la Cuenta Pública tienen base territorial real en barrios y comunas de todo Chile.
El resultado de ese proceso es lo que documentamos esta semana en dos frentes: el video del sur del país con jóvenes que marchan sin saber de qué hablan, y la marcha de la CONFECh con 35 detenidos, 3 molotovs incautadas y una estudiante herida por sus propios compañeros.
Eso no es ciudadanía activa. Es instrumentalización de la juventud al servicio de un proyecto político que perdió las elecciones y no acepta ese resultado.
El modelo Artés: la radicalidad que normaliza la violencia
Eduardo Artés no es una figura marginal irrelevante. Es la expresión más concentrada de un tipo de política que tiene una función específica en el ecosistema de la izquierda chilena: mantener vivo el discurso de confrontación total con el sistema cuando las figuras más moderadas — Boric, Vallejo, el FA — necesitan mantener una imagen de demócratas razonables.
Artés puede decir lo que Boric no puede decir en Londres. Puede llamar "combate anti-imperialista" a lo que el PC llama "expresión de una opinión." Puede construir una candidatura presidencial permanente — #Artés2026 ya fue #Artés2021 y antes — que sirve no para ganar elecciones sino para mantener activa una base de jóvenes radicalizados que la izquierda más institucional puede activar cuando lo necesita.
Ese modelo — el radical que prepara el terreno y el moderado que cosecha — es exactamente el que operó en 2019 y que terminó con la Convención Constitucional que Chile rechazó. Y está operando nuevamente.
Lo que el gobierno de Kast debe hacer — y lo que ya está haciendo
La buena noticia es que el gobierno de Kast no está siendo pasivo ante este proceso. El Registro de Vándalos establece consecuencias reales para quienes participan en actos de violencia callejera. La Ley de Escuelas Protegidas corta uno de los vectores de adoctrinamiento temprano. El plan educacional del Mineduc 2026-2030 — con fin de la tómbola, mérito y autonomía de proyectos educativos — apunta a cambiar la cultura educacional que produce el fenómeno de los jóvenes que marchan sin saber de qué hablan.
El ministro Arrau emplazó públicamente al INDH por victimización selectiva — rompiendo el ciclo de inversión narrativa que en 2019 permitió que los destrozadores fueran presentados como víctimas. La PDI detuvo a 35 personas en la marcha de la CONFECh, incautó 3 molotovs y documentó el episodio con precisión técnica.
Pero hay algo que el gobierno también debe hacer y que hasta ahora no ha hecho con la claridad suficiente: nombrar públicamente el patrón. Decirle a Chile, con datos y con nombres, que lo que está ocurriendo no es protesta espontánea sino un proceso de desestabilización deliberado que usa a los jóvenes como instrumento. Que tiene figuras identificables con agendas conocidas. Que replica el modelo de 2019. Y que Chile ya pagó un precio muy alto por no haberlo nombrado a tiempo.
La posición de VDI Global
El modelo 2019 se está repitiendo. Adoctrinamiento de jóvenes a través de organizaciones estudiantiles, redes sociales y figuras radicales como Artés. Narrativa de "resistencia" que convierte el resultado electoral en ilegítimo. Marchas con molotovs defendidas como "expresión de una opinión." Valdría la pena que el gobierno de Kast mire este cuadro completo y llame a sus ciudadanos a estar alertas. No con histeria. Con datos. Porque en 2019 nadie nombró el proceso a tiempo. Y Chile lo pagó muy caro.
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