EL PRECIO DEL ALINEAMIENTO: CHINA REACTIVA SU LOBBY EN CHILE TRAS MESES DE PUERTAS CERRADAS, MIENTRAS EL 32,7% DEL COMERCIO EXTERIOR CHILENO QUEDA EN TENSIÓN POR LA CERCANÍA DE KAST CON TRUMP
Durante los primeros meses del gobierno de Kast, las solicitudes de audiencia de empresas y representantes chinos —amparadas en la propia ley del lobby chilena— quedaron prácticamente congeladas: de un promedio de más de cien reuniones anuales en los años previos, marzo y abril de 2026 registraron solo una. La embajada china representó su molestia ante la Cancillería y ante parlamentarios de la propia coalición de gobierno. La explicación, según fuentes oficiales, combina la autocontención de ministros temerosos de sanciones estadounidenses —como la que ya sufrió el exministro Juan Carlos Muñoz— con el alineamiento estratégico que el círculo de Kast definió desde antes de asumir. En las últimas tres semanas, el lobby chino se reactivó con reuniones en Defensa, Hacienda, Agricultura, Cultura y Obras Públicas. Pero el costo político y comercial de esos meses de bloqueo ya generó advertencias desde la propia oposición y desde el empresariado.
El episodio que lo resume todo: una tarjeta de presentación en Valparaíso
El 1 de junio, al término de la primera Cuenta Pública del Presidente José Antonio Kast ante el Congreso, el embajador chino Niu Qingbao se acercó al ministro de Vivienda, Iván Poduje, le entregó cordialmente su tarjeta de presentación y le pidió, directamente y sin intermediarios, una audiencia. Según quienes presenciaron la escena, Poduje, visiblemente incómodo, evitó dar una respuesta y se retiró con una despedida rápida pero respetuosa.
Esa escena, aparentemente menor, condensa con precisión la dinámica que el reportaje documenta en extenso: un embajador de la segunda economía mundial y principal socio comercial de Chile, obligado a buscar audiencias de manera informal en pasillos y eventos protocolares, porque los canales formales que la propia ley chilena del lobby establece para gestionar esas reuniones simplemente no estaban funcionando.
Las cifras que muestran la magnitud del bloqueo
El contraste estadístico es elocuente. Las solicitudes de audiencia de empresas chinas con autoridades chilenas, registradas por la ley del lobby, venían en una tendencia de crecimiento sostenido: de 14 reuniones en 2015 a un máximo de 173 en 2023, con cifras que se mantuvieron altas en 141 y 90 reuniones durante 2024 y 2025 respectivamente.
Tras el cambio de mando del 11 de marzo de 2026, ese flujo se desplomó de manera abrupta: en marzo y abril de este año se registró, por ley del lobby, una sola reunión aceptada por un secretario de Estado completo. Fue la ministra de Energía, Ximena Rincón, quien recibió el 30 de marzo a una delegación de la empresa Hangzhou Yuhang Zhangshan Steel Cylinder. Rincón, según el propio reportaje, decidió tramitar las solicitudes de audiencia "por estricto orden de llegada", una postura que ella misma defendió públicamente como apertura sin distinción política, y que terminó siendo, durante varios meses, la excepción dentro del gabinete.
Según el estudio "Una exploración al lobby chino en Chile", de los investigadores Daniel Alcatruz y Francisco Urdínez del Núcleo Milenio Iclac, publicado el 27 de abril, el 24% de esas audiencias se concentraba históricamente en infraestructura, transporte y telecomunicaciones; el 22% en recursos naturales y medioambiente; y el 20% en economía y finanzas. Son, según describen los propios investigadores, "precisamente los sectores que el embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, identificó como sensibles: sus puertos, sus líneas de transmisión de electricidad y sus redes de telecomunicaciones."
El antecedente que explica la cautela: la sanción a un ministro chileno
Fuentes del propio gobierno de Kast, consultadas por el reportaje, no niegan el bloqueo, pero ofrecen una explicación que merece ser registrada con la seriedad que corresponde: que algunos ministros y subsecretarios de carteras sensibles se habrían "autoinhibido" de recibir a representantes chinos por temor a sufrir alguna sanción de Estados Unidos, similar a la que ya sufrió el exministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz.
Ese antecedente no es hipotético. El Departamento de Estado de Estados Unidos efectivamente le retiró la visa a Muñoz por continuar con los trámites de estudio y autorización del proyecto de la empresa China Mobile International para instalar el primer cable submarino de fibra óptica directo entre Sudamérica y China. Es un precedente concreto y reciente que cualquier autoridad chilena con vínculos profesionales o familiares en Estados Unidos, o con aspiraciones de viajar a ese país, tiene motivos racionales para tomar en cuenta antes de recibir formalmente a representantes de empresas chinas en sectores estratégicos.
El alineamiento que se definió antes de asumir el poder
El reportaje reconstruye con detalle la secuencia de señales que el círculo de Kast envió, incluso antes de la toma de posesión, sobre la prioridad que su política exterior daría a la relación con Washington. El 24 y 25 de febrero, los asesores Alejandro Irarrázaval, Eitan Bloch, Paula Estévez y el empresario Andrés Ergas —hoy embajador de Chile en Estados Unidos— viajaron a Washington para reunirse con Michael Jensen, director senior para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, y con Michael Kozak, encargado de asuntos hemisféricos de la diplomacia estadounidense.
El 7 de marzo, días antes de asumir, el entonces presidente electo viajó a Florida para participar en el lanzamiento del "Escudo de las Américas", la iniciativa de Trump para reforzar su influencia en la región. Son señales que, sumadas, confirman una decisión estratégica deliberada: priorizar la relación con Washington por sobre Beijing en un momento de máxima tensión comercial entre ambas potencias.
El equilibrio que la Cancillería intentó sostener, y que La Moneda no replicó del mismo modo
El reportaje documenta una asimetría interesante entre los esfuerzos de equilibrio diplomático de la Cancillería y la señal política más unidireccional que ha emanado de La Moneda. El 16 de marzo, a solo cinco días de asumir el gobierno, el subsecretario de Relaciones Exteriores, Patricio Torres, recibió en audiencia protocolar al embajador Qingbao. El canciller Francisco Pérez Mackenna repitió el gesto el 28 de marzo, y ese mismo día se reunió también con el embajador estadounidense, Brandon Judd, en lo que el propio reportaje interpreta como un intento deliberado de mostrar equilibrio.
Ese equilibrio no se replicó con la misma consistencia en la conducción presidencial directa: el viernes 6 de junio, Kast se reunió con el embajador Judd en La Moneda, en una cita calificada de protocolar pero en la que se trataron temas económicos y estratégicos. Hasta la fecha de este reportaje, Kast no había recibido al embajador chino en la sede de gobierno, pese a que ambos se conocían previamente: en mayo de 2021, cuando Qingbao recién llegaba a Chile, sostuvo una videoconferencia con Kast en su calidad de fundador del Partido Republicano, en la que "intercambiaron puntos de vista sobre la relación China-Chile e interpartidistas", según informó en su momento la propia embajada china.
La advertencia desde la propia oposición: "el costo de la sobreideología"
La crítica más articulada a esta dinámica no provino, llamativamente, de un comentarista externo, sino de la presidenta del Partido Socialista, la senadora por el Maule Paulina Vodanovic, en una columna publicada en El Mercurio bajo el título "El costo de la sobreideología". Vodanovic denunció que "las empresas de capitales chinos han descrito un patrón consistente: procesos que se dilatan, puertas que no se abren y reuniones que no se conceden."
La senadora aportó cifras que conviene tener presentes para calibrar la magnitud económica real de esta tensión: China concentró en 2025 el 32,7% del intercambio comercial chileno, equivalente a 65.332 millones de dólares, casi el doble que el intercambio con Estados Unidos. Cerca del 40% de las exportaciones chilenas —cobre, litio, cerezas, celulosa, salmón y carne de cerdo— se dirigen a ese mercado. "No estamos en presencia de una relación coyuntural, sino de la columna vertebral del modelo exportador chileno", sostuvo Vodanovic.
Es importante, en honor al rigor de este análisis, reconocer que Vodanovic también admitió que el deterioro de la relación con China antecede al gobierno de Kast: mencionó explícitamente los conflictos previos por la Línea 7 del Metro, la Ruta 5 Talca-Chillán, el 5G, y el bloqueo más reciente al observatorio chino en Antofagasta, todos ocurridos bajo administraciones anteriores. Su crítica específica al actual gobierno es que esa tendencia "se agudizó" con la nueva administración, y que "en su matriz ideológica, la relación con China no es un activo económico a gestionar, sino un riesgo geopolítico a contener."
La advertencia del empresariado: diversificar sin sacrificar
El secretario general de la Sofofa y exsubsecretario de Relaciones Económicas Internacionales durante el gobierno de Piñera, Rodrigo Yáñez, sumó una perspectiva desde el sector privado en una columna publicada en La Tercera. Yáñez remarcó que la diversificación de mercados, tarea legítima y necesaria para Chile, "no tiene por qué ser a costa de ningún socio comercial", y advirtió que "no debe sorprender a nadie que uno de los principales desafíos para el futuro inmediato esté en la relación China-EE.UU., nuestros principales socios comerciales."
Es una posición que captura con precisión el dilema estructural que Chile enfrenta: dos potencias en disputa comercial y geopolítica directa, ambas siendo simultáneamente los socios comerciales más importantes del país, exigiendo cada una, de manera explícita o implícita, señales de lealtad que resultan mutuamente excluyentes en ciertos sectores estratégicos.
La corrección en curso: tres semanas de reactivación
El reportaje confirma que, en las últimas tres semanas, la situación comenzó a corregirse, en lo que fuentes de gobierno describen como una "reactivación del lobby chino". El embajador Qingbao se ha reunido ya con el ministro de Defensa, Fernando Barros; el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz; el ministro de Agricultura, Jaime Campos; el ministro de Cultura, Francisco Undurraga; y el biministro de Obras Públicas y Transportes, Luis de Grange.
En esa última reunión, funcionarios de gobierno le entregaron al ministro De Grange una minuta —según informó el medio Ex-Ante— que advertía explícitamente sobre "el carácter político-estratégico" de las inversiones chinas en infraestructura, "dado que cualquier controversia en los contratos de concesión tiene repercusiones diplomáticas inmediatas a través de la embajada." Es una señal de que, al menos a nivel de asesoría técnica dentro del propio gobierno, existe plena conciencia de que el manejo de estos vínculos requiere un cálculo cuidadoso que va más allá de la simple preferencia ideológica por uno u otro bloque internacional.
El embajador chino también ha intensificado sus contactos parlamentarios, incluyendo reuniones con el diputado republicano Stephan Schubert, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, y con el diputado del PDG Guillermo Valdés. En su conversación con Schubert, Qingbao manifestó preocupación específica por el proyecto de cable submarino de fibra óptica y por la tramitación en el Congreso de un mecanismo de screening de inversiones extranjeras —exigido por Estados Unidos— que, a su juicio, podría constituir una forma de discriminación contra las inversiones chinas. Schubert le respondió que el mecanismo "no era en contra de ningún país en particular."
La voz del embajador: "no deberían estar sujetas a presiones externas injustificadas"
El propio embajador Qingbao entregó una declaración directa a La Tercera que resume la posición china sobre todo este episodio: "Estoy convencido de que la importancia de las relaciones sino-chilenas es un consenso predominante en diversos actores de la sociedad y redunda en beneficio mutuo. Dichas relaciones no deberían estar sujetas a presiones externas injustificadas ni a intentos de imponer lineamientos."
Es una declaración cuidadosamente diplomática, pero que apunta sin ambigüedad hacia la influencia estadounidense como la variable que, según Beijing, ha distorsionado la relación bilateral con Chile durante los primeros meses de la administración Kast.
El dilema de fondo que ningún gobierno chileno puede evadir
Lo que este reportaje documenta, en última instancia, no es solo un episodio de gestión diplomática torpe o de comunicación deficiente entre ministerios. Es la manifestación concreta de un dilema estructural que cualquier gobierno chileno, sin importar su orientación ideológica, deberá administrar en los próximos años: cómo sostener una alianza estratégica de seguridad y valores con Estados Unidos —que incluye, en el caso del gobierno de Kast, la normalización de relaciones con Israel y el alineamiento con la agenda de Trump en la región— sin sacrificar el vínculo comercial que sostiene, según las propias cifras citadas, prácticamente un tercio de todo el comercio exterior chileno.
No existe, hasta ahora, evidencia de que haya existido una instrucción formal y deliberada desde La Moneda para bloquear sistemáticamente a los representantes chinos. La explicación más plausible, según las propias fuentes de gobierno, combina la autocontención de funcionarios temerosos de represalias estadounidenses con una genuina prioridad política de consolidar primero la relación con Washington. Pero el resultado práctico —meses de puertas cerradas para el principal socio comercial del país— tuvo un costo político y reputacional que la propia reactivación reciente del lobby chino sugiere que el gobierno ya está intentando corregir, después de que la embajada china, parlamentarios de oposición y hasta el empresariado nacional hicieran sentir, en privado y en público, su preocupación.
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