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EL QUE FRACASÓ QUIERE VOLVER: BORIC EN LONDRES SOÑANDO CON LA MONEDA MIENTRAS KAST DA SU PRIMERA CUENTA PÚBLICA

EL QUE FRACASÓ QUIERE VOLVER: BORIC EN LONDRES SOÑANDO CON LA MONEDA MIENTRAS KAST DA SU PRIMERA CUENTA PÚBLICA

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by Redacción VDI Global

El mismo día en que el Presidente José Antonio Kast se presentaba ante el Congreso Nacional para rendir su primera Cuenta Pública al país, el expresidente Gabriel Boric estaba en Londres, en la biblioteca nacional de Inglaterra, cobrando entrada para hablar ante un público selecto sobre su propio futuro político. No es metáfora. Es literalmente lo que ocurrió el lunes 1 de junio de 2026: mientras el jefe de Estado constitucional cumplía con su obligación republicana ante la nación, su antecesor vendía tickets para ponerse a sí mismo en el centro de la conversación política chilena desde el otro lado del mundo.

Boric se excusó de asistir a la Cuenta Pública por estar fuera del país. La razón: una gira por Europa de casi dos semanas —Alemania, Gales, y como última parada, Londres— que culminó con una entrevista de dos horas conducida por la periodista escocesa Isabel Hilton en la British Library. Lo acompañaban su pareja Paula Carrasco y su hija Violeta. Una escena que mezcla el turismo político con la construcción de una narrativa de regreso que Boric, con toda la hipocresía que lo caracteriza, intenta disfrazar de modestia.

La frase que lo dice todo

Cuando la entrevistadora le preguntó si consideraba la posibilidad de volver a postular a La Moneda, Boric respondió con esa mezcla característica de falsa humildad y ambición velada que tan bien conocemos quienes hemos seguido su trayectoria. Primero la actuación: "Yo no me despierto todas las mañanas pensando en cómo volver a ser Presidente, no tengo esa ambición personal, genuinamente no la tengo." Pero luego, el desliz que revela el verdadero cálculo: "Sí sé que en un futuro, porque tengo 40 años y porque tenemos una base de apoyo que sigue siendo importante, mi nombre va a ser uno de los que esté en discusión."

Ahí está el hombre real. No el que renuncia a la ambición, sino el que la administra. No el estadista reflexivo, sino el político que mide su capital electoral incluso desde el exilio voluntario en Europa. Porque seamos precisos: Boric no está en Londres por obligación institucional. Está ahí porque quiere estar, porque le conviene la plataforma internacional, porque construir imagen fuera de Chile le permite evitar rendir cuentas por lo que hizo dentro.

Y lo que hizo dentro es devastador. Cuatro años de gobierno que terminaron, según sus propias palabras en esa misma entrevista londinense, "con más desaprobación que aprobación." Eso es lo que dejó: un país más inseguro, una economía estancada, una institucionalidad debilitada, y una izquierda que aprendió de él que el poder sirve para instalar agenda, no para gobernar.

El cinismo de la ausencia calculada

La decisión de no asistir a la Cuenta Pública del Presidente Kast no es accidental. Es un gesto político deliberado. En Chile, la tradición republicana indica que los expresidentes asisten a las cuentas públicas de sus sucesores como señal de respeto a la institucionalidad democrática. Boric lo sabe. Su equipo lo sabe. Pero prefirieron la entrevista en Londres, el público que pagó entrada, la foto internacional.

Lo que esto revela es algo que VDI Global ha documentado desde el inicio de la era post-Boric: el Frente Amplio no acepta haber perdido el poder. No lo procesa como una derrota legítima en una democracia funcional, sino como una usurpación que deben resistir y eventualmente revertir. Por eso Veloso declaró sin pudor que tienen "el deber de obstaculizar." Por eso Winter llamó "megachanta" a la Megarreforma de Kast. Por eso Marcel y Grau elaboraron en secreto minutas de 28 páginas para bloquear legislación del gobierno electo. Y por eso Boric, en lugar de asumir una actitud constructiva de oposición leal, se dedica a hacer giras europeas mientras critica los recortes presupuestarios de su sucesor desde la biblioteca nacional británica.

Las críticas de Boric: desubicadas y desinformadas

En la entrevista, el expresidente aprovechó para lanzar dardos contra la administración Kast. Señaló que "la derecha ha dado un retroceso en materia de derechos humanos" —acusación gravísima que no sustentó con ningún hecho concreto— y criticó específicamente el recorte del 10% al presupuesto del Ministerio de Cultura, defendiendo los llamados "puntos de cultura" que su gobierno implementó.

Aquí corresponde ser precisos. Los "puntos de cultura" fueron uno de los múltiples programas de gasto discrecional que caracterizaron a la administración Boric y que, en varios casos, derivaron en irregularidades documentadas. El mismo Caso Convenios que tiene imputado al propio Giorgio Jackson —exministro del Interior y figura central del Frente Amplio— involucra precisamente el tipo de transferencias directas a organizaciones afines que Boric ahora defiende como "cohesión social." Mientras Boric habla de "cultura en el territorio," Jackson enfrenta cargos por 90 mil millones de pesos canalizados irregularmente hacia organizaciones vinculadas al oficialismo de entonces. La coherencia no es el fuerte del frenteamplismo.

En cuanto a los recortes: el gobierno de Kast heredó un Estado sobredimensionado, con un gasto público inflado durante cuatro años de administración progresista que no produjo los resultados prometidos en seguridad, crecimiento ni bienestar. Ordenar las cuentas fiscales no es un "retroceso en derechos humanos." Es lo que hace un gobierno responsable con la plata de los chilenos. Pero eso Boric no puede decirlo, porque implicaría reconocer que él mismo dejó el desorden que ahora hay que limpiar.

Negacionismo: el arma retórica de siempre

La acusación de "negacionismo" en materia de derechos humanos es el recurso más viejo del progresismo chileno para descalificar a la derecha sin argumentos. Se usa sistemáticamente para equiparar cualquier crítica al relato oficial del pasado reciente con complicidad con la dictadura. Es deshonesto, pero es efectivo en ciertos nichos. Y Boric lo sabe.

Lo que Boric no dice —lo que nunca dirá ante un auditorio londinense que pagó para escucharlo— es que su propio gobierno tuvo una relación ambigua con quienes sí ejercen violencia política hoy. Él mismo estuvo, según consta en una foto verificada de 2016 publicada en su Twitter, en "el territorio liberado de Temucuicui" junto al diputado Giorgio Winter y dirigentes mapuche como Jaime Huenchullán —hermano de Jorge Huenchullán, detenido en mayo de 2026 con helicóptero del Ejército, prófugo desde 2021, con 1.277 plantas de marihuana, un revólver y antecedentes relacionados con la muerte de un subcomisario. Fiscalía solicita 18 años de presidio. Ese es el "territorio liberado" que Boric visitaba cuando era diputado.

Hablar de "negacionismo" desde Londres mientras se tienen esas fotos en el expediente requiere de una dosis extraordinaria de descaro.

Trump, Milei y la geopolítica del resentido

Como no podía ser de otra manera, Boric aprovechó la plataforma londinense para reiterar sus ataques contra Donald Trump —de quien dijo tener "una muy mala opinión"— y contra Javier Milei, cuya gestión calificó de "brutal." Ambas declaraciones son consistentes con la línea del Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, al que el Frente Amplio está ideológicamente vinculado aunque nunca lo reconozca formalmente.

Lo que resulta llamativo es que Boric nunca menciona a Nicolás Maduro, a Daniel Ortega, a Miguel Díaz-Canel. Nunca una palabra sobre la represión en Venezuela, los presos políticos en Nicaragua, la dictadura cubana. Pero le parece "brutal" que Milei ordene el gasto público argentino y reduce a la mitad una inflación que llegó al 200% anual. La selectividad moral de Boric no es ingenuidad: es ideología.

¿Qué significa el regreso de Boric a la arena?

La declaración de que su nombre "estará en discusión" en futuras elecciones no es inocente. Es un globo de ensayo, una señal al interior del Frente Amplio y del progresismo más amplio de que él no se retira, que sigue siendo un actor relevante y que espera mantener su capital político para una próxima campaña presidencial.

Pero hay un problema estructural en ese cálculo: Boric terminó su mandato con más desaprobación que aprobación, según reconoció él mismo. El Frente Amplio perdió la elección presidencial de 2025 ante Kast —quien ganó con una diferencia contundente— y la izquierda en general mostró incapacidad para procesar su derrota de manera constructiva. Lejos de revisar sus postulados y dialogar con la ciudadanía que los rechazó, optaron por la obstrucción, el descrédito del gobierno electo y ahora el posicionamiento anticipado de sus figuras más visibles.

Desde Israel, donde VDI Global opera, esto resulta muy familiar. Las izquierdas que han perdido el poder en democracias de todo el mundo —desde el laborismo británico hasta la socialdemocracia alemana— han tenido que elegir entre renovarse o fosilizarse en el resentimiento. En Chile, el Frente Amplio está eligiendo lo segundo. Y Boric, cobrando entrada en Londres para hablar de sí mismo el mismo día que su sucesor rinde Cuenta Pública, es el símbolo perfecto de esa elección.

La posición de VDI Global

Que Gabriel Boric evalúe su futuro político es su derecho. Que lo haga en Londres, evadiendo la Cuenta Pública de Kast, atacando al gobierno desde el exterior con acusaciones de "negacionismo" sin fundamento y defendiendo programas cuya gestión derivó en escándalos de corrupción, no es democracia constructiva: es la continuación de la campaña por otros medios.

Chile decidió en las urnas. El Presidente Kast lleva 83 días en el cargo y enfrenta una oposición que declaró públicamente su voluntad de obstaculizar sin pudor. El regreso anticipado de Boric al tablero —aunque sea desde la British Library— es parte de esa estrategia de largo aliento. Los chilenos deben saber lo que tienen enfrente: no un expresidente reflexivo que asume sus errores, sino un político de 40 años que perdió el poder, salió a recorrer Europa y ya piensa en cómo volver a tomarlo.

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