EMBAJADOR LOCUAZ: EL DIPLOMÁTICO CHINO QUE ACUSA A EE.UU. DE CREERSE "EL EMPERADOR DE AMÉRICA LATINA" EN UNA COLUMNA CARGADA DE OMISIONES
El embajador de China en Chile, Niu Qingbao, publicó una extensa columna en El Mercurio titulada "Algunos en Estados Unidos se creen el 'emperador' de América Latina", en la que acusa a Washington de "dar órdenes" a los países latinoamericanos para limitar su cooperación con Beijing, calificando la situación de "alarmante". El texto llega en medio de la tensión generada por la presión estadounidense sobre proveedores tecnológicos chinos en la región, incluido el caso del cable submarino China-Chile, cuya licencia fue revocada por la Subtel en febrero de este año.
Lo que dice la columna: una acusación directa a Washington
El diplomático chino fue categórico desde el titular: "no es la primera vez que Washington se erige como dueño de América, pero lo engañoso e hipócrita de sus comentarios resulta alarmante". Según Niu Qingbao, "China desarrolla sus relaciones con los países latinoamericanos sobre la base del respeto mutuo, la igualdad y el beneficio compartido", sin perseguir nunca "China first" ni recurrir "a la intimidación ni coerción".
El embajador plantea que "la mayor fuente de daño a la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de América Latina es precisamente el propio EE.UU.", y desarrolla su argumento en tres frentes: económico, de seguridad y de ciberseguridad. En lo comercial, acusa a Washington de imponer aranceles a Chile "bajo absurdos pretextos", pese al tratado de libre comercio bilateral vigente. En seguridad, sostiene que Estados Unidos "codicia territorios ajenos, derribó gobiernos" y promueve la militarización de la región, siendo "el mayor consumidor mundial de drogas". En ciberseguridad, apunta a la Sección 702 de la ley FISA estadounidense como prueba de vigilancia indiscriminada, calificando las acusaciones de espionaje contra China como "un típico cuento del ladrón que acusa a otro".
El caso del cable submarino China-Chile: el trasfondo directo de la columna
El embajador dedica un pasaje extenso a defender el proyecto del cable submarino China-Chile, calificando de "pura patraña" cualquier versión que sugiera que su aprobación fue apresurada. Según su relato, lo que la Subtel otorgó en febrero de este año —y luego revocó, según afirma, "bajo presión y coacción de EE.UU."— fue apenas una licencia de servicios intermedios de telecomunicaciones, "el primero de los 13 pasos" necesarios para construir un cable submarino en Chile.
El diplomático también acusa a Washington de haber utilizado "las visas como arma para sancionar autoridades chilenas y sus familiares", contrastando esto con la reciente instalación de nuevos cables submarinos de Google en la región, que según él no genera el mismo escrutinio sobre ciberseguridad.
Las "tres señales" que, según el embajador, envía Estados Unidos
Niu Qingbao cierra su columna con una síntesis de lo que, a su juicio, revela el comportamiento estadounidense hacia la región: que América Latina solo puede cooperar comercialmente con terceros "dentro de los límites que EE.UU. autoriza"; que en tecnologías de punta y minerales críticos "solo puede asociarse con EE.UU. o con empresas controladas por EE.UU."; y que los cables submarinos de la región "deben ser obligatoriamente de EE.UU., o por lo menos no eludir su control". El embajador concluye invocando la Doctrina Monroe y llamando a Washington a "dejar de interferir en el derecho soberano de los países a elegir sus socios".
Lectura editorial
Desde VDI Global creemos que la columna del embajador Niu Qingbao merece una lectura crítica en ambas direcciones. Es legítimo, y hasta razonable, que Chile y el resto de América Latina defiendan su derecho soberano a diversificar sus relaciones comerciales y tecnológicas sin depender exclusivamente de ningún actor global, sea Estados Unidos o China. En eso, el reclamo del diplomático tiene un fondo válido que merece ser escuchado con seriedad.
Pero el ejercicio retórico del embajador tiene un problema evidente: presenta a China como un socio puramente desinteresado, "sin recurrir jamás a la intimidación ni coerción", mientras omite por completo el propio historial de Beijing en materia de derechos humanos, expansionismo territorial en el Mar del Sur de China, control estatal absoluto sobre sus empresas tecnológicas —incluidas las de telecomunicaciones— y su historial de presión económica sobre países que han desafiado sus intereses políticos, desde Lituania hasta Australia. Un embajador que denuncia el "hegemonismo" ajeno mientras representa a un régimen sin elecciones libres, sin libertad de prensa y con campos de reeducación documentados en Xinjiang, incurre en el mismo doble estándar que critica.
Respecto al caso concreto del cable submarino, Chile tiene todo el derecho a evaluar con rigor técnico y de seguridad nacional cualquier infraestructura crítica de telecomunicaciones, venga de donde venga, sin que eso constituya per se un acto de sumisión a Washington. La transparencia en ese proceso, eso sí, es una exigencia legítima que debe hacerse tanto al Gobierno chileno como a cualquier actor extranjero involucrado.
Lo que corresponde exigir
- Que el Gobierno chileno transparente con claridad los criterios técnicos y de seguridad utilizados para evaluar proyectos de infraestructura crítica como cables submarinos, sin importar el país de origen de la empresa proponente.
- Que la política exterior chilena defienda activamente su derecho soberano a diversificar relaciones comerciales y tecnológicas, sin alinearse automáticamente ni con Washington ni con Beijing por presión externa.
- Que se exija reciprocidad real: si China pide respeto a la soberanía de decisión de Chile, debe también respetar el derecho chileno a fiscalizar sin presiones diplomáticas de ningún actor.
- Que el debate público sobre estas materias incorpore el historial completo de ambas potencias, evitando narrativas unilaterales que omiten información relevante para la ciudadanía.
Conclusión
La columna del embajador chino Niu Qingbao pone sobre la mesa un debate legítimo —el derecho de Chile y América Latina a no quedar atrapados entre dos potencias que compiten por influencia—, pero lo hace con una narrativa que idealiza a Beijing y omite convenientemente su propio historial de coerción internacional. La verdadera soberanía latinoamericana no se construye eligiendo un nuevo tutor a cambio del anterior, sino exigiendo transparencia, rigor técnico y reciprocidad real a cualquier potencia, sin excepciones. VDI Global seguirá esta historia de cerca.