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"¿ERES ACTRIZ? ENTONCES ACTÚA": LO QUE REVELAN LAS DECLARACIONES DE MARA SEDINI SOBRE EL SABOTAJE QUE LA SACÓ DE LA MONEDA

"¿ERES ACTRIZ? ENTONCES ACTÚA": LO QUE REVELAN LAS DECLARACIONES DE MARA SEDINI SOBRE EL SABOTAJE QUE LA SACÓ DE LA MONEDA

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by Redacción VDI Global

A dos meses y dos días de dejar el Ministerio Secretaría General de Gobierno, Mara Sedini rompió el silencio esta semana en una extensa entrevista con el programa Sin Filtros —el mismo espacio donde era panelista antes de asumir como vocera—, y entregó un relato que va mucho más allá de una autocrítica personal: describió un gobierno sin diseño comunicacional claro, presiones de "una de las tres personas más poderosas" de la administración para imponerle un estilo ajeno al suyo, y un sabotaje activo desde dentro de su propio sector político para forzar su salida del cargo. Esta columna cruzó la totalidad de sus declaraciones con las reacciones posteriores del oficialismo, la oposición y fuentes de prensa que reconstruyeron los episodios que Sedini prefirió no nombrar directamente, para intentar precisar quiénes son, dentro y fuera del gobierno, los responsables de un episodio que expone tensiones de poder mucho más profundas que la simple salida de una vocera.

Quién es Mara Sedini y el camino que la llevó a la vocería

Sedini, actriz y periodista sin militancia política, llegó a la vocería de Gobierno tras un recorrido que ella misma describió como una progresión natural: primero fue vocera de campaña de José Antonio Kast, luego vocera de la Oficina del Presidente Electo (OPE) tras el triunfo en el balotaje de diciembre de 2025, y finalmente fue elegida por el propio Kast como ministra vocera al asumir la presidencia el 11 de marzo de 2026. "Calzábamos en el estilo, la forma y cómo queríamos comunicar", explicó sobre esa etapa previa, en la que —según su relato— su desempeño fue valorado tanto por el equipo de campaña como por el propio Presidente.

Su paso por el gabinete, sin embargo, duró apenas 69 días: fue removida el 19 de mayo de 2026, en el marco del primer cambio de gabinete de la administración Kast —el más veloz desde el retorno a la democracia en 1990—, junto a la entonces ministra de Seguridad Pública, Trinidad Steinert. Tras su salida, Sedini viajó fuera de Chile junto a su familia, retomó actividades sociales y descartó categóricamente la posibilidad de volver a algún cargo de gobierno, pese a que el propio Kast le había dejado esa puerta abierta al pedirle la renuncia.

La entrevista: una vuelta "a casa" con audiencia expectante

La entrevista, grabada el lunes a la 13:00 horas y transmitida el martes 21 de julio a las 19:00 horas, solo era conocida de antemano por la producción y el conductor del programa, Fernando Solabarrieta, tomando por sorpresa tanto al resto de los panelistas del propio espacio como a la totalidad del oficialismo. Fuentes de La Moneda reconocieron públicamente que se mantendrían "atentas" a lo que Sedini pudiera decir, conscientes de que se trataba de una de las figuras más mediáticas de los primeros meses de gestión, y con la inquietud latente de que la exministra no había quedado conforme con las circunstancias de su salida.

La propia Sedini explicó el motivo de su silencio prolongado y el momento elegido para romperlo: "mientras fui ministra pasaron muchas cosas, se instalaron muchas mentiras, se descontextualizaron muchas cosas que me afectaron fuertemente y por el estilo del cargo no tuve la posibilidad de defenderlas. Hoy creo que estoy preparada para venir y contar mi verdad".

El episodio central: "este es el gobierno de los fomes"

El momento de mayor impacto de toda la entrevista fue el relato de una conversación con quien Sedini describió, sin nombrar directamente, como "una de las tres personas más poderosas dentro del Gobierno". Según su testimonio: "estábamos teniendo una conversación donde yo estaba hablando muy apasionada sobre un tema y me dice: 'eso es lo que no te puede pasar, eso no puede ser'. '¿Cómo?', le digo yo. Y me dice: 'este es el gobierno de los fomes, nos vestimos fome, hablamos fome, respondemos fome'". Sedini relató que respondió con una pregunta que ella misma calificó como reveladora: "entonces, ¿por qué me llamaron? ¿Qué estoy haciendo yo aquí?". La respuesta que recibió, según su relato, fue lapidaria: "¿Eres actriz? Entonces actúa". "En ese momento yo me di cuenta que teníamos un problema grave", cerró la exministra.

Este episodio, según su propia autocrítica, marcó un punto de inflexión en su desempeño: "me amarraron de manos en un cargo que yo estoy segura que era para mí, pero, siendo yo, me vi tremendamente limitada a un estilo que no era el mío". La primera autocrítica que planteó fue explícita: "yo no fui absolutamente auténtica en el cargo, y me dejé amarrar y presionar por personas dentro del Gobierno".

¿Quién dio la orden de "actuar"? Las pistas hacia el Segundo Piso

Cuando el conductor Fernando Solabarrieta le preguntó directamente si la persona en cuestión formaba parte del Segundo Piso de La Moneda —el círculo de asesores presidenciales de mayor cercanía con Kast—, Sedini evitó una confirmación explícita, aunque dejó la puerta abierta a la interpretación: "cada uno puede sacar sus propias conclusiones, pero es una persona muy importante". Solabarrieta fue todavía más directo y le preguntó si se trataba de Alejandro Irarrázaval, jefe de asesores presidenciales y militante del Partido Republicano. La respuesta de la exministra fue deliberadamente ambigua: "no quiero decir nombres, lo que me interesa es que la gente entienda la realidad que me tocó vivir".

Pese a esa falta de confirmación explícita de la propia Sedini, distintos medios reconstruyeron el episodio a partir de fuentes cercanas a ella, que aseguran que el episodio del "gobierno de los fomes" se refería efectivamente a Irarrázaval. Es importante, con el mismo rigor que esta columna aplica a cualquier atribución de responsabilidad, dejar establecido que esta identificación no proviene de una confirmación directa de Sedini, sino de fuentes de prensa que reconstruyeron el episodio, por lo que corresponde presentarla como una atribución verosímil pero no confirmada por la propia protagonista.

A este nombre se suma un segundo, mencionado por distintos medios a partir de fuentes propias: Cristián Valenzuela, director estratégico de comunicación y contenidos de la Presidencia, a quien Sedini también habría apuntado, aunque sin nombrarlo explícitamente durante la entrevista, como parte del entramado que limitó su margen de acción como vocera.

El organigrama que la exhibió antes incluso de asumir

Uno de los episodios más reveladores del relato de Sedini no tiene que ver con una conversación, sino con un documento: un organigrama publicado tras el triunfo de Kast y la instalación de la Oficina del Presidente Electo, en el que ella aparecía posicionada por debajo de Cristián Valenzuela en la estructura de poder, y a la misma altura del director de la Secom —un área que, formalmente, dependía de su propio ministerio, pero que en los hechos, según su testimonio, siempre estuvo bajo el mando del asesor presidencial—. Para Sedini, la filtración de ese organigrama, ocurrida incluso antes de que el gobierno asumiera funciones, "te demuestra que acá había intenciones, incluso antes de que asumiéramos, de quitarme el piso". La frase que resume su lectura del episodio es elocuente: "este es el cargo que yo quiero", refiriéndose a lo que interpretó como la ambición de terceros por controlar el espacio comunicacional que a ella, en teoría, le correspondía por diseño institucional.

El sabotaje desde el propio sector: dos episodios, el mismo partido

Más allá de las tensiones con el Segundo Piso de La Moneda, Sedini fue explícita en acusar sabotaje proveniente de su propio sector político, pese a no tener militancia partidaria. "Sí, hubo sabotaje para que yo saliera del cargo", afirmó categóricamente. El primer episodio que relató involucra a una persona que le habría recomendado un currículum para un cargo específico; tras evaluarlo junto al propio Presidente, ella optó por otra persona para esa posición. "Cinco días de gobierno y quien me había pasado el currículum ya estaba destruyéndome en los medios. Oficialista, de nuestro sector", relató.

El segundo episodio, según su testimonio, involucra a "otra persona muy importante de un partido, con cargo", que le exigió telefónicamente en reiteradas ocasiones un puesto específico en una región determinada. Ante su negativa, la amenaza fue directa: "te pedí esto y, como no me lo vas a cumplir, por lo que veo, a partir de hoy salgo a destruirte en los medios". Sedini precisó que se trataba de la misma colectividad política que en el primer episodio, sin identificarla explícitamente durante la entrevista, aunque explicó su silencio con un argumento de lealtad presidencial: "por lealtad al Presidente. Porque si yo decía lo que había realmente detrás de esas críticas, hacía público un problema entre un partido oficialista y el Presidente".

Fuentes consultadas por la prensa dentro de Renovación Nacional —partido que, según estas mismas fuentes, sería el aludido en ambos episodios— sugieren que Sedini podría haberse referido al jefe de bancada de diputados de esa colectividad, Diego Schalper, y a la jefa de comité de los senadores del mismo partido, María José Gatica. Es indispensable, nuevamente, precisar el nivel de certeza de esta información: se trata de una atribución hecha por fuentes partidarias no identificadas, no de una acusación directa y nominal de la propia Sedini, quien en ningún momento de la entrevista mencionó estos nombres. Esta columna presenta esta información con la debida cautela que exige no atribuir responsabilidad específica sin evidencia explícita y confirmada por la propia protagonista de los hechos.

El caso Apablaza: un error que no era suyo

Uno de los episodios que más dañó la imagen pública de Sedini durante su gestión fue la polémica generada cuando, en una vocería, se refirió al exfrentista Galvarino Apablaza como "condenado" por el asesinato del senador Jaime Guzmán. Según relató en la entrevista, esa afirmación no fue un error propio, sino el resultado de una instrucción directa de Presidencia: "yo estaba saliendo a dar una vocería y me dicen a último minuto que va a entrar el tema de Apablaza. Yo, a diferencia de otros voceros, revisaba los temas (...) le pregunté por el tema y cómo íbamos a salir a responder. Y Presidencia me trae un papel con la respuesta, donde salía que Apablaza estaba condenado".

Conviene precisar, con el rigor que exige un episodio de esta naturaleza, que la afirmación contenida en ese documento era efectivamente incorrecta desde el punto de vista judicial: Galvarino Apablaza, fundador del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, es un imputado acusado por el homicidio de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards, pero nunca ha sido condenado mediante sentencia firme en Chile, en gran medida porque Argentina le otorgó estatus de refugiado político y rechazó su extradición pese a que la propia Corte Suprema argentina autorizó en su momento el trámite. Es decir, el error de fondo —calificar a Apablaza como "condenado" en lugar de "imputado" o "acusado"— no fue una improvisación de la propia vocera, sino un dato erróneo entregado por escrito desde la propia Presidencia, según el relato de Sedini. La exministra fue enfática en señalar que, cuando posteriormente pidió explicaciones sobre el contenido de ese documento, nunca obtuvo respuesta alguna, un silencio que, de confirmarse, constituye en sí mismo una falla de coordinación comunicacional grave dentro del propio gobierno.

El "Bencinazo": la advertencia que nadie escuchó

Sedini también abordó la crisis comunicacional generada por el alza del precio de los combustibles durante las primeras semanas de gobierno, un episodio conocido públicamente como el "Bencinazo". Según su relato, advirtió internamente que esa decisión de política económica afectaría directamente la discusión de la megarreforma de reconstrucción impulsada por el propio Ejecutivo, al permitir que la oposición instalara con facilidad la idea de que el gobierno encarecía el costo de la vida de las familias mientras promovía, simultáneamente, rebajas tributarias para las grandes empresas.

El actual ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, respondió públicamente a esta acusación negando de manera categórica haber recibido esa advertencia: "no recuerdo ninguna, en lo absoluto". Se trata de una versión directamente contradictoria con la de Sedini, que esta columna no puede resolver con la evidencia disponible: o bien la advertencia efectivamente no llegó al ministro con la claridad que ella describe, o bien existió una falla de comunicación interna entre la vocería y el equipo económico que ninguna de las dos partes está dispuesta a asumir como propia.

Las reacciones: entre la defensa tibia y el reproche directo

La respuesta del propio gobierno a las declaraciones de Sedini fue notoriamente cauta. El biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, evitó pronunciarse señalando que no había visto la entrevista, y respondió con una frase que, involuntariamente, terminó siendo un eco del propio episodio relatado por Sedini: "si mi respuesta es fome, lo lamento". El ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, fue algo más directo al calificar la decisión de Sedini de dar la entrevista como "no fue una buena idea", recordando que quienes asumen carteras ministeriales saben que permanecen en el cargo mientras cuenten con la confianza del Presidente.

Desde el Partido Republicano, su presidente, Arturo Squella, sostuvo desconocer las dificultades que Sedini enfrentó durante su paso por La Moneda, aunque reconoció que hubo "una especie de ensañamiento" en su contra —precisando, eso sí, que se refería a la presión pública mediática recibida, y no a los conflictos internos relatados por la propia exministra—.

Desde la oposición, el diputado del Frente Amplio Jorge Bassa ofreció la lectura más dura del episodio, calificándolo como evidencia de "una lucha fratricida en las derechas" que, a su juicio, "no garantizan gobernabilidad". Bassa apuntó directamente al propio Presidente Kast por la conformación de su gabinete: "yo creo que el Presidente Kast es responsable de haber traído de esta forma la acción política a La Moneda". El parlamentario también cuestionó que Sedini responsabilizara a terceros por su desempeño: "no me extraña que una exministra, en vez de asumir sus culpas y sus responsabilidades, culpe a la ministra anterior. Lo hemos visto durante todos estos meses de gobierno: todo parece ser culpa del gobierno anterior".

Un momento adicional de tensión ocurrió dentro del propio programa: el abogado y panelista Cristopher Valdivia cuestionó la entrevista, sugiriendo que el espacio podría transformarse en "un lavado de imagen" para la exvocera, lo que generó una defensa inmediata y enérgica del conductor Fernando Solabarrieta, quien calificó esa acusación como "extremadamente grave" y defendió la independencia editorial del espacio.

Análisis: ¿quién sabotea a quién, y qué revela esto sobre la gobernabilidad de Kast?

Cruzando la totalidad de estos antecedentes, la lectura que se impone no es la de una vocera incompetente derribada por sus propios errores, sino la de un gobierno que, en sus primeros 69 días, no logró resolver con claridad quién controlaba efectivamente la comunicación oficial: si la vocería, formalmente a cargo de Sedini, o el Segundo Piso presidencial, representado según las reconstrucciones de prensa por Alejandro Irarrázaval y Cristián Valenzuela. El propio organigrama filtrado antes de la instalación del gobierno sugiere que esta disputa de poder no fue un desarrollo posterior, sino una tensión estructural presente desde el diseño mismo del Ejecutivo.

A esa disputa institucional se suma un segundo frente, de naturaleza distinta pero igualmente corrosivo: el sabotaje que la propia Sedini atribuye a figuras de su propio sector político —presumiblemente de Renovación Nacional, según fuentes partidarias no confirmadas por la protagonista—, motivado, según su relato, por la negativa a repartir cargos específicos según demandas de cuoteo partidario. Si este relato es efectivamente preciso, confirma un patrón que esta línea editorial ya ha documentado en coberturas anteriores sobre la fractura de la coalición de derecha: la disputa "derechita cobarde/merluciana" entre Chile Vamos y el bloque Republicano-Libertario no se limita al plano discursivo o parlamentario, sino que se extiende hasta la propia gestión comunicacional del gobierno, con dirigentes partidarios dispuestos a sabotear mediáticamente a una ministra de su propia coalición por no acceder a exigencias de reparto de cargos.

La combinación de ambos frentes —una disputa de poder no resuelta dentro del propio círculo presidencial, y un sabotaje partidario por cuoteo político— configura un diagnóstico más preocupante que el de una simple vocera "sin competencias para el cargo", como plantean algunos analistas consultados por la prensa. Se trata, más bien, de una falla de diseño institucional del gobierno de Kast en su etapa de instalación, que dejó a una figura de alto perfil público expuesta simultáneamente a la presión del Segundo Piso y al fuego amigo de su propia coalición, sin que existiera un mecanismo claro de resolución de conflictos internos antes de que estos escalaran a la esfera pública.

Conclusión: una vocera derribada por dos frentes, no por uno

Las declaraciones de Mara Sedini, más allá de su valor como ajuste de cuentas personal, exponen una falla real de gobernabilidad en los primeros meses de la administración Kast: la ausencia de un diseño claro sobre quién controla la comunicación oficial del gobierno, y la persistencia de lógicas de cuoteo partidario capaces de sabotear a un ministro en ejercicio cuando este se niega a ceder ante exigencias de nombramientos. Ninguno de los nombres específicos que circulan en la prensa —Irarrázaval, Valenzuela, Schalper, Gatica— fue confirmado explícitamente por la propia Sedini durante la entrevista, y esta columna mantiene la cautela correspondiente frente a esa falta de confirmación directa. Lo que sí queda establecido, con la solidez de declaraciones públicas y reacciones oficiales que no desmintieron los hechos centrales del relato, es que el gobierno de Kast enfrentó, en sus primeros dos meses, una crisis de coordinación interna que trasciende largamente el desempeño individual de una vocera, y que debería ser motivo de revisión seria por parte de La Moneda antes de que patrones similares afecten a otras carteras del gabinete.

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