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¿ES DECENTE LA "DERECHITA COBARDE"? CINCO EPISODIOS QUE EXPONEN LA AMBIGÜEDAD DE CHILE VAMOS CUANDO MÁS SE NECESITABA FIRMEZA

¿ES DECENTE LA "DERECHITA COBARDE"? CINCO EPISODIOS QUE EXPONEN LA AMBIGÜEDAD DE CHILE VAMOS CUANDO MÁS SE NECESITABA FIRMEZA

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by Redacción VDI Global

Tres meses después de asumir el gobierno de José Antonio Kast, el patrón se repite una y otra vez: Chile Vamos vota en contra de una acusación constitucional cuyo fondo sus propios dirigentes reconocen como grave, exige respeto y disculpas cada vez que se le señala esa ambigüedad, y reacciona con indignación moral ante cualquier crítica mientras evita pronunciarse con la misma firmeza sobre el fondo de los problemas que esa crítica señala. La pregunta que este informe plantea no es si está bien o mal llamar "cobarde" a ese comportamiento. Es si el comportamiento mismo —la moderación que se activa selectivamente, la indignación que aparece más rápido que la convicción, el reclamo de respeto que sustituye al argumento— es, en sí mismo, decente para una coalición que gobierna.

El origen: votar en contra reconociendo que el fondo es grave

El caso que mejor ilustra el problema de fondo es la acusación constitucional contra el exministro de Hacienda Nicolás Grau. El propio ministro Jorge Quiroz entregó un Informe de Finanzas Públicas que detectó inconsistencias en la trayectoria de la deuda pública de una gravedad tal que, en sus palabras, podría suponer "responsabilidades personales". Republicanos y el Partido Nacional Libertario presentaron el libelo sobre esa base.

Lo que corresponde examinar no es que republicanos hayan actuado sin avisar a sus socios —eso es, en el peor caso, una falla de coordinación política. Lo que corresponde examinar es la respuesta de fondo de Chile Vamos: parte de esa coalición terminó votando en contra de una acusación constitucional sustentada en un informe técnico de su propio ministro de Hacienda, mientras sus propios dirigentes —como ya documentó esta cobertura con el caso de Diego Schalper— reconocían sin matices que "la gestión financiera del gobierno anterior fue desastrosa." Votar en contra de las consecuencias institucionales de algo que se admite como un desastre de gestión es, exactamente, el tipo de ambigüedad que la etiqueta "derechita cobarde" describe sin necesidad de inventar nada.


La indignación que llega más rápido que la convicción

El segundo episodio confirma el mismo patrón desde otro ángulo. Cuando el diputado republicano Agustín Romero cuestionó a Evelyn Matthei calificándola de "no relevante", la bancada completa de la UDI respondió con una declaración formal exigiendo disculpas públicas, advirtiendo contra "hacer política en base a prejuicios y en una supuesta superioridad moral." Es una respuesta rápida, articulada y unánime.

Compárese esa velocidad de reacción con la lentitud y la división que la misma UDI y el resto de Chile Vamos mostraron frente a la pregunta de fondo sobre la AC contra Grau, donde sí hubo cohesión casi total a favor del libelo dentro de la propia UDI, pero donde Renovación Nacional y Evópoli, como ya documentó esta cobertura con nombre y apellido —Ossandón, Pardo, Schalper, Guzmán—, fragmentaron su voto pese a que el fondo del asunto era, según sus propios dirigentes, indiscutible. La capacidad de cerrar filas existe. Lo que falta es que se active con la misma rapidez cuando el tema es la rendición de cuentas del gobierno anterior, y no la propia susceptibilidad herida.


El Ministerio de la Mujer: cuando la pelea de fondo se disfraza de pelea de forma

El tercer episodio —la disputa entre la ministra Judith Marín y la entonces subsecretaria de RN, Daniela Castro, que terminó con la salida de esta última del cargo— se documentó públicamente como un conflicto de "autonomía de gestión" y "vocerías." Pero lo que ese lenguaje técnico oculta es que, según las propias fuentes de la cartera, el término "derechita cobarde" también circuló desde dentro del gabinete hacia la subsecretaria de RN. Es decir: el patrón de cuestionar la firmeza de Chile Vamos no es una acusación externa de republicanos hacia Chile Vamos. Es algo que el propio gobierno, desde un ministerio, percibe y nombra hacia el interior de su propia coalición.

Que Renovación Nacional terminara perdiendo esa disputa interna —con la salida de su subsecretaria resuelta directamente por el Presidente— sin que el partido lograra sostener una posición de fuerza equivalente a la que sí mostró cuando se trató de defender el honor de Matthei, vuelve a confirmar la misma asimetría: reacción rápida y unida frente al insulto personal, capacidad de resistencia mucho menor frente a la disputa real de poder y de gestión.


Núñez y las chinchillas: la prudencia que se invoca, pero no se ejerce

El quinto episodio, aparentemente menor, es el que more expone con mayor claridad la contradicción de fondo. Cuando Kast ironizó sobre una colonia de chinchillas que retrasaba una línea de transmisión, la presidenta del Senado, Paulina Núñez, de RN, pidió "más prudencia, más equilibrio, más templanza." Es un llamado válido en abstracto. Pero la misma prudencia que Núñez exige al Presidente no fue la que su propio sector ejerció, semanas antes, al fragmentar su voto en la AC contra Grau pese a reconocer la gravedad del fondo, ni la que ejerció al necesitar que el propio Presidente interviniera personalmente para resolver la disputa del Ministerio de la Mujer.

La respuesta republicana al llamado de Núñez fue, en ese sentido, más coherente con los hechos que el propio reclamo de la senadora: "Es hora que algunos dejen el 'oficialismo a la carta' y se sumen al trabajo", fustigó el diputado Luis Sánchez. "Oficialismo a la carta" es, en esencia, la misma descripción que "derechita cobarde": apoyo selectivo, condicionado, que se activa según conveniencia política antes que según convicción de fondo.


La pregunta que este informe deja planteada

Lo que estos cinco episodios muestran, leídos en conjunto, es un patrón de conducta que no necesita el calificativo de "cobarde" para resultar problemático en sus propios términos: una coalición que reacciona con firmeza y cohesión casi inmediata frente a cualquier afrenta personal a sus figuras, pero que fragmenta su voto, demora sus posiciones o necesita la intervención directa del Presidente cuando el problema exige sostener una posición de fondo frente al legado del gobierno anterior o frente a disputas internas de poder.

La pregunta de si esa conducta es decente no depende de si el término que la describe resulta o no ofensivo. Depende de si una coalición que gobierna puede permitirse, en un momento en que necesita sostener mayorías legislativas estrechas para aprobar su propia agenda, seguir mostrando ese mismo patrón: indignación rápida frente al insulto, ambigüedad lenta frente a la responsabilidad.

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