ESPAÑA — SOCIALISTAS COMIENZAN A DESAPARECER: EL PP APLASTA AL PSOE EN ANDALUCÍA CON SU PEOR RESULTADO HISTÓRICO — Y EL PP PIDE QUE ALGUIEN LE HAGA A SÁNCHEZ "UN STARMER"
El domingo 17 de mayo, Andalucía votó. El PP de Juanma Moreno ganó con 53 escaños y 1.721.734 votos — 132.000 más que en 2022. El PSOE se hundió a su mínimo histórico en la región con 28 escaños, liderado por María Jesús Montero, la "número dos" de Sánchez y portavoz del gobierno nacional. El PP no logró la mayoría absoluta y dependerá de Vox. Pero el PP lo celebra como derrota del sanchismo. Y en su sede, la frase del día: "A Sánchez alguien debería hacerle un Starmer." El mapa de la izquierda occidental se sigue fragmentando.
Andalucía es la región más poblada de España. Tiene 8,5 millones de habitantes, una tradición histórica de voto socialista que duró décadas ininterrumpidas — el PSOE gobernó la Junta de Andalucía entre 1982 y 2018, treinta y seis años — y una importancia política simbólica que ninguna otra comunidad autónoma tiene en el sistema político español. Cuando Andalucía vota, el resultado no es solo un dato regional. Es una señal sobre el estado del país.
El domingo 17 de mayo, esa señal fue inequívoca. El Partido Popular de Juanma Moreno ganó las elecciones autonómicas por segunda vez consecutiva. El PSOE alcanzó su peor resultado histórico en la región. Y en la sede nacional del PP en Madrid, la frase que resume la noche fue: "Gana el PP, pierde el sanchismo."
Los números que definen la noche
El PP obtuvo 53 escaños con el 41,56% de los votos y 1.721.734 sufragios — 132.000 votos más que en 2022, cuando logró la mayoría absoluta con 58 escaños. Que el PP haya conseguido más votos en términos absolutos pero menos escaños que en 2022 es la aritmética de un sistema de representación proporcional donde la distribución de los votos restantes importa tanto como el total.
El PSOE se desplomó a 28 escaños — su mínimo histórico en Andalucía. Liderado por María Jesús Montero, la ministra de Hacienda del gobierno de Sánchez y su "número dos" en la estructura de poder socialista, el partido que gobernó Andalucía durante treinta y seis años consecutivos llega ahora a un nivel de representación que hace pocas semanas nadie habría considerado posible.
Vox subió un escaño respecto a 2022, pasando de 14 a 15 diputados. Adelante Andalucía obtuvo 8 escaños, superando a Por Andalucía de Antonio Maíllo — la candidatura integrada por IU y Sumar — que se quedó en 5. En la izquierda andaluza, el "sorpasso" de Adelante sobre Por Andalucía es en sí mismo un dato de fragmentación que agrava la debacle socialista.
El dato que el PP celebra más que su propia victoria
En la sede del PP en Génova, la celebración de la noche no fue solo por los 53 escaños de Moreno. Fue por lo que los resultados dicen sobre Pedro Sánchez y el sanchismo como proyecto político nacional.
Montero no es cualquier candidata socialista en Andalucía. Es la ministra de Hacienda del gobierno de Sánchez, la responsable de los presupuestos nacionales, la "número dos" del PSOE a nivel nacional y la figura que el sanchismo eligió para recuperar Andalucía con el peso de la maquinaria del gobierno central detrás. Su derrota no es la derrota de una candidata regional — es la derrota del proyecto político de Sánchez trasladado a un territorio donde el PSOE tenía historia, arraigo y recursos.
Desde Génova lo dijeron con la precisión de quien sabe que la frase va a circular: "Los partidos que decían levantar un muro para frenar el avance del centro derecha y la derecha, bajan. Por tanto, el mensaje del miedo queda amortizado porque quien da miedo de verdad es Pedro Sánchez."
Y la frase más llamativa de la noche, la que el PP dejó caer como bomba de profundidad hacia el líder socialista: "A Sánchez alguien debería hacerle un Starmer." La referencia al primer ministro británico — quien desplazó a la dirección anterior del Partido Laborista para reorientar el partido hacia el centro y ganar las elecciones — es una invitación al PSOE a hacer lo que no quiere hacer: cambiar de liderazgo antes de que el electorado lo haga irreversiblemente.
El problema del PP: la dependencia de Vox
La noche de Moreno tiene una sombra que en Génova no pudieron ignorar aunque intentaron minimizarla. El PP no logró la mayoría absoluta — necesitaba 55 escaños y consiguió 53. Eso significa que para que Moreno sea investido presidente de la Junta de Andalucía necesitará el apoyo o la abstención de Vox, que tiene 15 diputados.
No es la primera vez. En Extremadura, Aragón y Castilla y León, el PP ya gobierna con dependencia de Vox. En todos esos casos, la exigencia de Santiago Abascal ha sido la misma: incluir la "prioridad nacional" — la agenda ideológica de Vox en materia de identidad, inmigración y familia — como condición innegociable de los pactos autonómicos. El candidato de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, lo verbalizó la misma noche del domingo.
Para Feijóo, que en campaña repitió el mensaje "o nueva mayoría del PP o lío" queriendo decir que no quería depender de Vox, el resultado es el peor escenario posible: ganó, pero no puede gobernar sin el partido que quería evitar. Esa dependencia tiene consecuencias nacionales. Cada pacto con Vox en una comunidad autónoma le da a Sánchez el argumento de que el PP está normalizando a la extrema derecha, y ese argumento le sirve en el debate nacional aunque en Andalucía lo haya perdido con estrépito.
La dimensión europea: el mapa de la izquierda occidental
El resultado andaluz no ocurre en el vacío. Ocurre en el contexto de un reordenamiento del mapa político occidental que lleva años desarrollándose y que cada elección confirma con mayor claridad.
En el Reino Unido, el Partido Laborista de Keir Starmer ganó las elecciones generales en 2024 — pero lo hizo desplazando la dirección anterior asociada a la izquierda radical de Jeremy Corbyn y reposicionando al partido hacia el centro. Eso es lo que el PP le está pidiendo al PSOE cuando dice "háganle un Starmer a Sánchez."
En Francia, la izquierda se fragmentó hasta el punto en que Emmanuel Macron — un centrista — gobernó durante años precisamente porque la izquierda no podía consolidar una alternativa. En Italia, la centroderecha de Giorgia Meloni gobierna con una solidez que ningún analista de 2020 habría predicho. En Alemania, el SPD fue desplazado por la CDU-CSU en las elecciones federales de 2025.
En España, el sanchismo intentó construir una mayoría de izquierda amplia combinando al PSOE con Sumar, con los partidos independentistas catalán y vasco, y con un discurso que privilegió la identidad cultural y los derechos sobre los temas económicos. Ese experimento tuvo su momento de éxito — Sánchez logró mantenerse en el poder con esa coalición — pero los resultados en las comunidades autónomas muestran que el electorado moderado que históricamente votaba PSOE se está alejando hacia el centro o hacia la abstención.
Andalucía es la demostración más dramática de ese proceso. El PSOE que gobernó 36 años consecutivos ahora tiene 28 escaños — su mínimo histórico. Eso no es un ciclo normal de alternancia política. Es una transformación estructural del electorado.
Lo que el resultado dice para América Latina
Desde la perspectiva de VDI Global — con operaciones en Israel y corresponsalía en Chile — el resultado andaluz tiene una dimensión que trasciende a España.
La izquierda latinoamericana siempre miró al PSOE español como un modelo y como una fuente de legitimación internacional. Sánchez fue el primer presidente europeo en reconocer oficialmente al "Estado palestino" en mayo de 2024. Sánchez tiene vínculos documentados con el progresismo latinoamericano — su relación con el gobierno de Boric fue una de las más cálidas que España tuvo con Chile en décadas. El Grupo de Puebla — la red de líderes progresistas que incluye a Correa, Zapatero y que esta semana documentamos como plataforma de coordinación para Jara y Jadue en São Paulo — tiene en el sanchismo uno de sus referentes europeos.
Un PSOE debilitado es también un sanchismo debilitado. Y un sanchismo debilitado reduce la proyección internacional del progresismo hispanoatlántico que usa a España como plataforma de legitimidad en los foros internacionales.
La referencia del PP a "hacerle un Starmer a Sánchez" también tiene ecos latinoamericanos. En Chile, la izquierda post-Boric enfrenta exactamente el mismo dilema que el PSOE español: o se reorienta hacia el centro — lo que implica abandonar el relato de Jara, del FA y del PC — o sigue perdiendo electorado moderado hacia quien le ofrezca gestión, crecimiento y orden.
El resultado andaluz es una señal de que ese dilema no tiene respuesta fácil. El PSOE eligió ir hacia la izquierda con Sánchez. El resultado es su mínimo histórico en Andalucía. La pregunta que la izquierda chilena debería estar haciéndose — y que evidentemente no se está haciendo, a juzgar por el viaje de Jara a São Paulo y Colombia — es si quiere esperar a su propia versión del "mínimo histórico" antes de replantear su estrategia.
Moreno y el "modelo andaluz" que Feijóo quiere para España
Hay un elemento del resultado que merece análisis más allá de los partidos que ganaron y perdieron: la figura de Juanma Moreno como modelo político.
Feijóo lleva meses hablando del "modelo andaluz" como lo que quiere para España: un PP que abandera el centro político, que rehuye de los extremos, que no se presenta como partido de derecha dura sino como partido de gestión razonable. Moreno ganó en 2018 desplazando a un PSOE desgastado. Ganó en 2022 con mayoría absoluta consolidando esa imagen centrista. Y ganó en 2026 con más votos en términos absolutos aunque sin mayoría.
La contradicción que ese "modelo" tiene es exactamente la que se materializa en el resultado del domingo: el PP centrista de Moreno necesita a Vox para gobernar. Y necesitar a Vox para gobernar mientras se presenta como alternativa al "extremismo" es una tensión que el PP no ha resuelto en ninguna de las regiones donde gobierna.
Eso es exactamente el problema que la derecha española comparte con la derecha chilena en una versión diferente: el partido grande del centro-derecha necesita a los actores más ideológicos de su flanco para tener mayoría, pero al mismo tiempo no puede abrazar esa ideología sin perder el electorado moderado que lo hace competitivo.
En Chile, ese problema se llama RN y la red Matthei. En España, se llama Vox. Los nombres cambian. La estructura del dilema es la misma.
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