ESTRECHO DE MAGALLANES: ¿EL NUEVO ORMUZ LATINOAMERICANO? EL BUQUE MÁS GRANDE DEL MUNDO YA ELIGIÓ LA RUTA AUSTRAL, Y CHILE DEBE ESTAR A LA ALTURA
La combinación de dos crisis globales —la sequía que restringe el Canal de Panamá y el bloqueo del Estrecho de Ormuz en Medio Oriente— está devolviendo relevancia comercial y geoestratégica al Estrecho de Magallanes, cuya soberanía plena pertenece a Chile según el Tratado de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984. La prueba más concreta de este "renacer" ya ocurrió: en julio de 2025, el Boka Vanguard, el buque de carga más grande del mundo, cruzó el estrecho chileno porque su tamaño le impedía transitar por Panamá. El fenómeno coincide, además, con una reciente controversia diplomática causada por declaraciones del jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea argentina, que motivaron una protesta formal de Chile.
Un paso histórico que el mundo había olvidado
El Estrecho de Magallanes fue descubierto en 1520 por el navegante portugués que le da su nombre, y durante casi cuatro siglos fue la principal —y prácticamente única— ruta marítima natural entre el océano Atlántico y el Pacífico. Todo cambió en 1914, cuando la apertura del Canal de Panamá ofreció un ahorro sustancial en tiempo de navegación y relegó al antiguo paso austral a un rol secundario, casi anecdótico, durante más de cien años.
Hoy esa historia empieza a revertirse. Las condiciones de sequía que afectan al Canal de Panamá han obligado a su autoridad administradora a imponer restricciones sostenidas al tránsito y al calado permitido de los buques. "Es un lugar clave desde el punto de vista geopolítico", explica a DW Cristian Di Renzo, doctor en Historia de la Universidad Nacional de Mar del Plata e investigador del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (INHUS-CONICET). En la misma línea, la investigadora chilena Karen Manzano, de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, subraya que el Estrecho de Magallanes "es la única vía natural que se considera apta para cruzar entre los dos océanos" en todo el extremo sur del continente, y que, a diferencia de Panamá, "siempre ha estado" disponible como alternativa, mientras que la obra centroamericana "es una gran obra de ingeniería, pero siempre ha estado supeditado a las lluvias".
El Boka Vanguard: cuando la teoría se volvió hecho concreto
Mientras el debate sobre el "renacer" de Magallanes suena, para muchos, a proyección de futuro, existe un hecho ya consumado que lo confirma. En julio de 2025, el Boka Vanguard —el buque de carga más grande del mundo, con una cubierta de 275 metros de eslora y capacidad para transportar hasta 110 mil toneladas— cruzó el estrecho chileno en su ruta entre Gibraltar y California, Estados Unidos, transportando un dique sobre su cubierta.
No fue una elección de conveniencia comercial: fue una necesidad técnica. El tamaño de la nave simplemente le impedía pasar por las esclusas del Canal de Panamá. "Ahora con el problema de la sequía esas dificultades por el tamaño de los barcos en el Canal de Panamá aumentan", advierte Manzano. Es decir, mientras más se restrinja la operación en Centroamérica, más embarcaciones de gran tonelaje —como el Boka Vanguard— tendrán que optar, por elección o por pura obligación técnica, por la ruta que bordea el extremo austral de Chile.
Este patrón, además, no es inédito. "Este fenómeno ya lo habíamos visto entre 2023 y 2024, cuando se produjo la sequía. Hubo demoras para muchos barcos y se vio un aumento del tráfico marítimo por el estrecho de Magallanes en ese período", recuerda Manzano. La diferencia hoy es que ese aumento de tráfico coincide, en paralelo, con una crisis energética y de navegación en el otro extremo del planeta.
Las cifras: una brecha enorme, pero una tendencia que ya se mueve
Los números ilustran bien la magnitud de lo que está en juego. En 2025, un total de 2.394 naves mayores cruzó el Estrecho de Magallanes: 1.871 de ellas extranjeras y 523 chilenas. En contraste, el Canal de Panamá recibe cerca de 14.000 barcos al año, casi seis veces más tráfico que la ruta austral.
Es una diferencia enorme, y sería un error presentarla como si Magallanes estuviera a punto de reemplazar a Panamá. Pero la ruta chilena tiene una ventaja estructural que ningún canal artificial puede igualar fácilmente: no depende de esclusas ni de niveles de agua dulce. "La gran ventaja es que, salvo muy pocos días en que la lluvia y el viento hacen imposible el paso, el resto del año el estrecho funciona normalmente", destaca Manzano. La ruta implica, eso sí, un costo real: aproximadamente diez días adicionales de navegación y unos 15 mil kilómetros más de recorrido, dependiendo del puerto de origen y destino, de los cuales 570 kilómetros corresponden a la extensión propia del estrecho.
Una oportunidad económica real para Chile
Para Manzano, el fenómeno tiene una lectura económica clara: "Para Chile, este nuevo renacer del estrecho de Magallanes por cuestiones climáticas puede traer muchos beneficios a nivel comercial y más recaudación aduanera. Claramente esto coloca a Chile en una posición privilegiada, al tener la soberanía del estrecho".
Di Renzo va más allá y plantea un escenario donde el factor no sería solo climático, sino también de seguridad global: "Ya sea por razones meteorológicas o por una cuestión bélica, que no podemos descartar, una presencia militar en la zona del Canal que impida el paso de barcos, como hemos visto en el estrecho de Ormuz, puede llegar a adquirir una mayor relevancia el estrecho de Magallanes y es clave para la navegabilidad". A esto se suma un factor adicional: la proyección hacia la Antártida, que convierte a la región de Magallanes en una plataforma estratégica que trasciende lo puramente comercial.
Existe también la posibilidad, mencionada por los propios investigadores, de un corredor bioceánico terrestre que conectara ambos océanos por tierra. Pero, según Di Renzo, esa alternativa "demandaría muchos años, porque se necesita, además de la extensión territorial de infraestructura, la combinación de las voluntades y las decisiones estratégicas de varios estados del cono sur". Frente a ese horizonte lejano, concluye, "el estrecho de Magallanes es el lugar idóneo para el tráfico entre el Atlántico y el Pacífico" en el corto y mediano plazo.
De masificarse su uso, proyecta Di Renzo, el estrecho "podría convertirse en uno de los tres o cuatro puntos globales de tránsito de mercancía", lo que posicionaría a Chile "en un lugar privilegiado, con un beneficio económico y político en el tablero mundial". Manzano coincide en el potencial, pero advierte también sobre el desafío que representa: "Es un gran reto logístico implementar una serie de obras que van a ser necesarias si es que aumenta el tráfico comercial".
La soberanía chilena, blindada por dos tratados históricos
Cualquier análisis sobre el futuro comercial de Magallanes debe partir de una base que no admite ambigüedades: la cartografía oficial, tanto de Chile como de Argentina, es clara. El Estrecho de Magallanes, en toda su extensión, pertenece a Chile. Así lo estableció el Tratado de Límites de 1881 entre ambos países, y así lo ratificó el Tratado de Paz y Amistad de 1984, firmado tras la mediación del Papa Juan Pablo II, que fijó los límites en la disputada zona del Canal Beagle y evitó una guerra en el extremo sur del continente americano.
Sin embargo, la zona sigue siendo terreno fértil para roces esporádicos, y la última polémica no tardó en aparecer. El jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea argentina, Gustavo Javier Valverde, afirmó en una entrevista de podcast: "Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía. Hay que mantener ahí, hay que hacer presencia porque eso es una llave bioceánica Atlántico-Pacífico". Sus palabras motivaron el anuncio de un reclamo formal del Estado chileno por la vía diplomática.
La polémica, no obstante, se desinfló con rapidez. La Cancillería argentina emitió un comunicado reafirmando la plena vigencia de los acuerdos bilaterales que reconocen la soberanía chilena sobre los territorios del estrecho. Para Di Renzo, las declaraciones de Valverde no deben interpretarse como una pretensión territorial, sino como un llamado a reforzar la operatividad local: "No creo que haya sido una expresión con malicia", señala, y agrega que "los pactos de integración y cooperación dentro de las Fuerzas Armadas son algo que se viene haciendo y estrechando de manera ininterrumpida entre ambos países".
Aun así, la propia Manzano reconoce que el trasfondo no es enteramente casual: "Ciertos sectores de Argentina siguen teniendo concepciones e intereses geopolíticos sobre una zona que siempre ha sido relevante". El tema, coinciden ambos académicos, se ha manejado siempre a nivel diplomático y no ha escalado más allá de eso. "Aquí no hay controversia, no hay reclamo argentino", resume Di Renzo.
¿Un nuevo punto de tensión global, como Ormuz?
El paralelo con el Estrecho de Ormuz —escenario de bloqueos y tensión militar sostenida en el marco del conflicto entre Estados Unidos e Irán— no es casual ni gratuito. Ambos son pasos marítimos estratégicos de alto valor geopolítico. Pero tanto Di Renzo como Manzano coinciden en que las diferencias son sustanciales. "Las diferencias son sustanciales, por las naciones que están involucradas, que tienen una herencia cultural compartida y un antecedente de solución de controversias mediante mecanismos pacíficos", subraya Di Renzo, quien no ve probable que Magallanes se convierta en una zona en disputa como ocurre en Medio Oriente.
Esa es, precisamente, la gran diferencia entre ambos estrechos: mientras Ormuz es rehén de una rivalidad regional armada, Magallanes cuenta con un marco jurídico sólido, tratados vigentes y una relación bilateral chileno-argentina que, pese a roces esporádicos, se sostiene sobre décadas de cooperación militar y diplomática ininterrumpida.
Lectura editorial
El caso del Boka Vanguard transforma esta historia de proyección geopolítica en un hecho tangible y presente: el mundo ya está usando el Estrecho de Magallanes cuando Panamá no da abasto, y eso representa una oportunidad económica real para Chile, en términos de recaudación aduanera, posicionamiento logístico internacional y proyección hacia la Antártica.
Desde VDI Global insistimos en algo que hemos sostenido en coberturas anteriores sobre esta misma zona: la soberanía no se defiende únicamente con tratados firmados hace décadas, por sólidos que sean. Se defiende con presencia efectiva, capacidad de fiscalización real y una inversión en infraestructura portuaria que permita a Chile capitalizar este renacer en lugar de limitarse a observarlo pasar frente a sus costas. La propia Manzano lo advierte con claridad: "Es un gran reto logístico implementar una serie de obras que van a ser necesarias si es que aumenta el tráfico comercial". Ese es exactamente el desafío que el Estado chileno debe asumir ahora, mientras el interés mundial —y los buques más grandes del planeta— ya empiezan a mirar hacia el sur.
Respecto a la controversia con el oficial argentino Valverde, valoramos que el Gobierno chileno haya reaccionado con una protesta diplomática formal e inmediata. Ese es exactamente el estándar que debe mantenerse ante cualquier ambigüedad futura sobre soberanía en la zona, venga de Argentina o de cualquier otro actor con intereses en esta renovada "llave bioceánica" austral. La firmeza diplomática y la inversión en presencia efectiva no son excluyentes: son las dos caras de una misma política de Estado que Chile no puede permitirse descuidar en un momento en que el estrecho vuelve a estar, literalmente, en la ruta de los buques más grandes del mundo.
Lo que corresponde exigir
- Que el Gobierno transparente qué planes concretos de inversión portuaria existen para la región de Magallanes ante el eventual aumento sostenido de tráfico marítimo.
- Que se evalúe públicamente el potencial de recaudación aduanera adicional derivado de este "renacer" comercial, y cómo esos recursos se reinvertirían en el desarrollo de la región austral.
- Que se mantenga una postura diplomática firme y consistente frente a cualquier ambigüedad futura sobre soberanía en la zona, sin necesidad de esperar a que las controversias escalen.
- Que se fortalezca la presencia naval, científica y de fiscalización chilena en el estrecho, acorde a su creciente relevancia estratégica y comercial.
- Que se evalúe la coordinación con la región de Magallanes y sus autoridades locales para enfrentar de manera planificada —y no reactiva— los desafíos logísticos que ya identifican los propios investigadores consultados.
Conclusión
El Estrecho de Magallanes vuelve a estar en el radar del mundo, más de un siglo después de que el Canal de Panamá lo relegara al olvido. El paso del Boka Vanguard en 2025 no es una simple anécdota naviera: es la primera señal concreta y verificable de que la ruta austral, de soberanía plena chilena, está dejando de ser una posibilidad teórica para convertirse en una alternativa real y en uso activo. La combinación de sequía en Panamá, tensión en Ormuz y creciente interés estratégico global convierte a esta llave bioceánica en un activo que Chile debe saber administrar, proteger y proyectar con decisión, antes de que otros actores —climáticos, comerciales o geopolíticos— definan el ritmo por él. VDI Global seguirá esta historia de cerca.