EVO TIENE LOS DÍAS CONTADOS: EL PRESIDENTE RODRIGO PAZ LE DICE AL MUNDO QUE EL DELIRANTE DEL CHAPARE NO PODRÁ ESCAPARSE DE LA JUSTICIA — Y LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA PIERDE OTRA PIEZA
l presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, concedió el viernes 29 de mayo una entrevista al canal argentino A24 en la que pronunció el diagnóstico más duro y más preciso que ningún jefe de Estado latinoamericano ha hecho sobre Evo Morales desde que el expresidente se convirtió en prófugo con orden de detención por trata de personas.
"Está oculto en el Chapare, no duerme bien, tiene una serie de equipos de respaldo e información que lo mueven de un lado a otro, pero en cualquier momento ese equipo fallará y no podrá escaparse a la justicia." Y la frase que resume mejor que ninguna otra el estado en que se encuentra quien gobernó Bolivia durante 13 años: "Es un delirante del poder y le tiene miedo hasta su propia sombra. Cuando Evo camina ve sombra al lado y cree que es conspiración y es su propia sombra."
Desde Israel, donde VDI Global opera y analiza la geopolítica latinoamericana con la perspectiva que da la distancia, esta declaración del presidente Paz tiene una dimensión que trasciende la política boliviana interna. Es la última pieza de un tablero que en los últimos años ha visto caer sistemáticamente a las figuras más emblemáticas del progresismo latinoamericano coordinado — el Grupo de Puebla, el Foro de São Paulo — frente a la justicia, el electorado o ambos simultáneamente.
El retrato de un prófugo
Evo Morales tiene una orden de detención activa por un caso de trata de personas. No es una acusación política fabricada por sus adversarios. Es una investigación judicial con evidencia suficiente para que un tribunal boliviano emita la orden. Y el hombre que presidió Bolivia durante 13 años, que se presentó al mundo como el símbolo del indigenismo latinoamericano progresista y que el Foro de São Paulo celebró como uno de sus grandes logros electorales, hoy duerme mal en el Chapare, cambia de ubicación constantemente y le tiene miedo a su propia sombra.
El presidente Paz fue específico sobre la dinámica operacional de la fuga: "Tiene una serie de equipos de respaldo e información que lo mueven de un lado a otro." Eso no es un hombre que vive escondido en la selva. Es una organización logística que sostiene su clandestinidad. Una organización que, según Paz, se financia con recursos del narcotráfico que opera en la región del Chapare — la zona cocalera donde Morales construyó su base política y donde la producción de hoja de coca destinada al narcotráfico ha sido documentada sistemáticamente.
"Hay un gran margen de producción de hoja de coca que va al narcotráfico y de ahí salen recursos para estas movilizaciones", dijo Paz al referirse a los bloqueos y protestas que su gobierno enfrenta y que atribuye a la influencia de Morales. Es una acusación de gravedad extrema: el expresidente boliviano financiando la desestabilización del gobierno legítimo con dinero del narcotráfico.
El intento de golpe que fracasó
Paz fue más allá de describir la situación de Morales. Caracterizó las protestas y bloqueos como "un intento de golpe" contra su gobierno — que asumió en noviembre pasado. Un gobierno de seis meses que ya ha enfrentado movilizaciones que el presidente vincula directamente con el expresidente fugitivo y con el dinero del Chapare.
"Hay gente que tiene justas demandas, hay que ser muy claros, pero detrás de esas demandas ha entrado toda esta fuerza económica del Chapare y ha distorsionado todo este ciclo de demandas y eso es con intento de golpe. Evidentemente que han fracasado."
Esa distinción es importante y Paz la hace con honestidad política: hay demandas legítimas de la población boliviana que su gobierno reconoce como tales. Pero hay una capa de agitación financiada que instrumentaliza esas demandas para intentar desestabilizar un gobierno democráticamente elegido. La diferencia entre ambas capas es la que separa la política de la subversión. Y el dinero del narcotráfico del Chapare es, según Paz, el financiador de la segunda.
La desintegración del mito Evo y lo que significa para el progresismo latinoamericano
La figura de Evo Morales fue durante años una de las más potentes del imaginario de la izquierda latinoamericana. El líder indígena que llegó al poder desde los movimientos cocaleros, que nacionalizó el gas boliviano, que reescribió la Constitución, que gobernó 13 años y que presentó Bolivia como el modelo de lo que el socialismo del siglo XXI podía lograr en países con alta población indígena y recursos naturales estratégicos.
Hoy ese mito está en el Chapare, durmiendo mal, moviéndose constantemente para evitar ser capturado, financiado por el narcotráfico según su propio sucesor democrático y con una orden de detención por trata de personas. Ese es el final de un ciclo político que el Foro de São Paulo celebró durante años como su gran logro boliviano.
No es el primer final de ese ciclo. Lula ya tuvo su detención y su juicio — aunque logró reinventarse políticamente después. Correa tiene una condena por corrupción en Ecuador y vive exiliado en Europa. Kirchner tiene causas judiciales. Maduro gobierna una Venezuela en colapso que ha perdido un tercio de su población por emigración. Zapatero —el europeo del grupo— es ahora imputado en España por la Audiencia Nacional por tráfico de influencias con dinero venezolano.
El Foro de São Paulo construyó durante décadas una narrativa de que la izquierda latinoamericana era la portadora de la justicia social, la democracia participativa y el desarrollo soberano. Lo que los tribunales, la historia y la realidad económica de los países que gobernaron están documentando sistemáticamente es exactamente lo contrario.
La conexión boliviana con Chile
La situación de Bolivia tiene resonancia directa para Chile. El Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla que apoyan la candidatura de Bachelet a la ONU son los mismos que celebraron a Evo durante 13 años. Las organizaciones que en Chile respaldan al PC, al FA y al PS son las mismas que construyeron el mito del indigenismo boliviano como modelo.
Y hay un elemento más concreto: la frontera chileno-boliviana, los pasos irregulares que el comisionado presidencial de la macrozona norte identificó como "casi 100" en una entrevista publicada esta misma semana, y el narcotráfico que Paz vincula directamente con la financiación de la política de Morales en Bolivia, son parte del mismo ecosistema criminal que opera en la región y que tiene consecuencias directas sobre la seguridad interna de Chile.
El gobierno de Kast tiene ante sí una Bolivia que intenta hacer funcionar su democracia bajo la presión de un expresidente fugitivo financiado por el narcotráfico. Eso no es una crisis lejana. Es el vecino del norte que comparte miles de kilómetros de frontera y cuyas dinámicas de crimen organizado se filtran hacia el territorio chileno por esos 100 pasos irregulares que el gobierno acaba de reconocer que existen.
El presidente Paz y su determinación
Rodrigo Paz fue electo en noviembre pasado. Tiene seis meses de gobierno. Ha enfrentado protestas, bloqueos y lo que él mismo califica como un intento de golpe. Y sin embargo, cuando le piden que renuncie, su respuesta es la de quien tiene claro que el mandato democrático no se negocia: "Se van a tener que aguantar. Son cinco años de Constitución, que es lo que debo cumplir."
Eso es exactamente la actitud que la democracia latinoamericana necesita de sus líderes cuando la presión viene de quienes no aceptan los resultados electorales. No la vacilación. No la negociación con los que organizan el caos. La afirmación clara del mandato recibido en las urnas.
Desde Israel, donde VDI Global opera, el mensaje para América Latina es el mismo de siempre: los líderes que respetan el voto, construyen instituciones y aplican la ley terminarán sobreviviendo políticamente. Los que convierten el poder en instrumento personal y luego se niegan a aceptar su fin terminan como Evo Morales: durmiendo mal en el Chapare, moviéndose constantemente y viendo sombras que son las suyas propias.
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