#INTERNACIONAL — NI EL PROPIO LÍBANO LO QUIERE: FUNCIONARIOS LIBANESES CUESTIONAN EN PRIVADO POR QUÉ ESTADOS UNIDOS REINTRODUCE LA INFLUENCIA IRANÍ QUE ELLOS MISMOS HABÍAN LOGRADO REDUCIR
Israel y Líbano inician este martes en Washington una nueva ronda de conversaciones sobre el desarme de Hezbolá y la normalización de relaciones, en dos pistas paralelas: una política, encabezada por el embajador israelí Yechiel Leiter, y otra militar, a cargo del general de brigada Amichai Levin. El punto de mayor friction es geográfico: Líbano quiere que el ejército libanés se despliegue primero en zonas que hoy controla Israel, mientras que Israel exige ver primero resultados concretos de desarme en una zona donde no tiene tropas, antes de retirarse de ningún territorio. Pero el dato más revelador de esta ronda no proviene de Israel: según dos diplomáticos occidentales consultados por The Jerusalem Post, altos funcionarios libaneses cuestionan en privado por qué Estados Unidos está facilitando una renovada influencia iraní en su propio país, después de meses de haber logrado reducirla con éxito.
Dos delegaciones, dos pistas, un mismo desacuerdo de fondo
Las conversaciones que comienzan este martes en Washington se extenderán durante tres días, organizadas en dos fases paralelas que reflejan la doble naturaleza del conflicto pendiente entre Israel y Líbano. El embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter, encabeza la delegación y se concentrará en los aspectos políticos y diplomáticos de la negociación. En paralelo, el general de brigada Amichai Levin, jefe de la División Estratégica de la Dirección de Planificación de las Fuerzas de Defensa de Israel, dirigirá las conversaciones específicamente militares.
Del lado libanés, la delegación está encabezada por la embajadora del Líbano en Washington, Nada Hamadeh Maawad, junto al ex embajador libanés Simon Karam.
El contenido central de las conversaciones, según dos fuentes familiarizadas con las negociaciones citadas por el reportaje, es un programa piloto que permitiría a las Fuerzas Armadas Libanesas comenzar a desplegarse en zonas seleccionadas del sur del Líbano para desmantelar la infraestructura militar de Hezbolá en esas áreas específicas.
El desacuerdo geográfico que resume la desconfianza mutua
La controversia central que ambas delegaciones deberán resolver en Washington es, en esencia, una pregunta sobre la secuencia: ¿quién se mueve primero? Líbano quiere que el programa piloto comience en zonas que actualmente están bajo control militar israelí, de manera que Israel se retire progresivamente de cada área a medida que el ejército libanés avance y demuestre capacidad de control.
Israel, por su parte, sostiene una posición exactamente inversa: insiste en que la primera fase debe desarrollarse en una zona del sur del Líbano donde Israel actualmente no tiene tropas desplegadas, precisamente para poder evaluar, sin comprometer su propia posición territorial, si el ejército libanés es efectivamente capaz de desarmar a Hezbolá y desmantelar su infraestructura en un área definida, antes de comprometerse a una retirada completa de cualquier territorio que hoy controla.
Es una disputa que revela, en su estructura misma, la falta de confianza que persiste entre ambas partes después de meses de incumplimiento del acuerdo de noviembre de 2024, que obligaba al ejército libanés a desarmar a Hezbolá y que, hasta la fecha, no se ha cumplido.
La célula de desescalada que reabre la pregunta sobre la influencia iraní
El contexto inmediato de estas conversaciones es la "célula de desescalada" para el Líbano que Irán y Estados Unidos acordaron establecer al cierre de la última ronda de conversaciones en Suiza, ya documentada por esta cobertura. Según la declaración conjunta de esa ronda, "las partes acordaron la creación de una célula de desescalada, integrada por las partes, la República Libanesa y facilitada por los mediadores, para garantizar el cumplimiento del cese de las operaciones militares en el Líbano".
El lunes, el presidente libanés Joseph Aoun discutió este nuevo mecanismo directamente con el asesor de Trump, Jared Kushner, el vicepresidente JD Vance, y el primer ministro catarí, el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani. Públicamente, Aoun acogió la iniciativa con satisfacción.
Pero, según revela el reportaje de The Jerusalem Post, esa satisfacción pública no refleja la posición real de buena parte del aparato diplomático libanés. Dos diplomáticos occidentales declararon que altos funcionarios libaneses han cuestionado en privado por qué Estados Unidos está facilitando precisamente una renovada influencia iraní en el Líbano, después de meses en que el propio gobierno libanés había logrado reducir con éxito la presencia de Teherán en su territorio.
Es una contradicción de fondo que merece destacarse: el mismo proceso de paz que Washington presenta como un logro diplomático —incorporar a Irán a un mecanismo formal de supervisión sobre el Líbano— es visto, desde dentro del propio aparato diplomático libanés, como un retroceso respecto del trabajo que ese país había realizado para disminuir la injerencia iraní dentro de sus propias fronteras. No es solo Israel, ni la oposición israelí, quien cuestiona la arquitectura de este proceso de paz. Es el propio Líbano, el país que en teoría debería beneficiarse de la estabilización, quien observa con recelo que Estados Unidos reintroduzca como actor relevante al mismo régimen cuyo poder de influencia el gobierno libanés había trabajado para reducir.
El riesgo que más preocupa: que Hezbolá use esto como excusa para no desarmarse
La segunda preocupación que los funcionarios libaneses plantearon en privado, según el mismo reportaje, es de una naturaleza distinta pero igualmente seria: que el renovado protagonismo de Irán en este proceso pueda alentar a Hezbolá a negarse a cooperar con cualquier iniciativa de desarme. El reportaje señala que ya existen indicios de esa resistencia en declaraciones recientes de altos cargos de Hezbolá, que ahora insisten en que Israel debe completar su retirada total del territorio libanés antes de que la organización dé cualquier paso hacia el desarme.
Esa posición de Hezbolá conecta directamente con la declaración del canciller iraní Abbas Araghchi que esta cobertura ya documentó: que el fin de la guerra en el Líbano es "parte inseparable" del fin total de la guerra en la región, y que ese fin total incluye "la retirada de todas las fuerzas de los territorios ocupados". Si Hezbolá adopta esa misma condición como posición de negociación, el resultado práctico es que la organización armada que el acuerdo de 2024 obligaba a desarmar tendría ahora, a través del propio proceso diplomático que administra Washington, un argumento adicional para posponer indefinidamente cualquier desarme efectivo, condicionándolo a una retirada israelí total que Israel, como ya documentó esta cobertura a través de las declaraciones del ministro Amichai Chikli, no está dispuesto a realizar sin garantías previas.
Lo que esto confirma sobre la arquitectura completa del proceso de paz
Esta ronda de conversaciones en Washington, sumada al Comité de Alto Nivel creado en Bürgenstock entre Estados Unidos, Irán, Catar y Pakistán, completa un cuadro que merece ser observado en su totalidad. Existe ahora una arquitectura de múltiples niveles para administrar la paz en la región: un comité de alto nivel Washington-Teherán-Doha-Islamabad para supervisar el acuerdo nuclear y comercial general; una célula de desescalada específica para el Líbano que incorpora formalmente a Irán como garante; y, en paralelo, una negociación bilateral directa entre Israel y Líbano sobre el desarme de Hezbolá que avanza con desconfianza mutua sobre la secuencia territorial.
Lo que ningún nivel de esa arquitectura resuelve, según confirma el propio escepticismo privado de los funcionarios libaneses, es la pregunta de fondo: si reintroducir a Irán como actor formal en la supervisión del Líbano fortalece o debilita las posibilidades reales de que Hezbolá efectivamente se desarme. El gobierno que más directamente debería beneficiarse de ese desarme —el libanés— es, según este reportaje, el primero en plantear esa duda en privado, incluso mientras su presidente celebra el mecanismo en público.