TRES ALIADOS QUE FALLAN LA PRUEBA: LA RESPUESTA EJEMPLAR DE ISRAEL FRENTE A LAS SANCIONES DE REINO UNIDO, FRANCIA Y CANADÁ
Reino Unido, Francia y Canadá anunciaron este jueves un paquete de sanciones dirigidas contra los asentamientos israelíes en Cisjordania, en un comunicado conjunto que sus líderes presentaron como defensa de la solución de dos Estados. La respuesta del Estado de Israel fue inmediata, contundente y ejemplar: el canciller Gideon Sa'ar advirtió que "las medidas contra Israel no quedarán sin respuesta", y en cuestión de horas materializó esa advertencia con un paquete de contramedidas que incluyó el cierre del consulado británico en Jerusalén, la expulsión de representantes del Reino Unido del centro de coordinación cívico-militar que sostiene el alto el fuego en Gaza, el fin del entrenamiento británico a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, y la prohibición de ingreso a Israel para una lista específica de parlamentarios británicos.
El contexto que estos tres gobiernos decidieron ignorar
Es imposible evaluar esta decisión de Londres, París y Ottawa sin situarla en el momento exacto en que fue tomada: Israel sostiene, con enorme esfuerzo diplomático y militar, un frágil alto el fuego en Gaza que llevó meses de negociación construir; enfrenta simultáneamente amenazas activas desde Irán, cuyo régimen ha declarado abiertamente su objetivo de destruir al Estado judío; combate a Hezbolá en su frontera norte, donde apenas esta semana debió destruir una extensa red de túneles terroristas en la cresta de Ali al-Taher; y sostiene, además, un proceso electoral interno de máxima tensión política de cara a octubre. En ese preciso momento, tres países que se presentan históricamente como aliados de Israel eligieron precisamente esta semana para imponerle sanciones unilaterales, sin coordinación previa con Jerusalén y sin ofrecer ninguna alternativa constructiva al problema real de la región: el terrorismo sostenido por Irán y sus organizaciones proxy.
El comunicado conjunto de los tres gobiernos intentó establecer una distinción entre "Israel soberano" y los asentamientos en territorio disputado, una fórmula diplomática que busca aparentar equilibrio mientras en la práctica presiona unilateralmente a un solo lado del conflicto. Es revelador que ninguno de los tres países haya anunciado, en el mismo comunicado, sanciones equivalentes contra Hamás, contra la Autoridad Palestina por su política de pagos a familias de terroristas encarcelados, o contra Irán por su financiamiento sostenido de organizaciones terroristas en toda la región. La selectividad de la presión internacional hacia Israel, mientras se guarda silencio o se aplican estándares mucho más laxos hacia quienes efectivamente amenazan la paz regional, es un patrón que la propia diplomacia israelí lleva décadas denunciando, y que este episodio confirma una vez más.
La respuesta de Sa'ar, medida por medida
El canciller israelí no se limitó a una declaración de protesta simbólica. Cada una de las cinco medidas anunciadas tiene un propósito estratégico concreto y proporcional a la afrenta recibida. El cierre del consulado británico en Jerusalén envía un mensaje inequívoco sobre las consecuencias reales de la injerencia diplomática. La expulsión de representantes británicos del Centro de Coordinación Cívico-Militar de Kiryat Gat —instancia clave para la supervisión del alto el fuego en Gaza— es una medida más delicada, pero perfectamente justificada: si un país decide sancionar unilateralmente a Israel, no puede simultáneamente pretender mantener un rol privilegiado de coordinación dentro del propio esfuerzo humanitario y de seguridad que Israel sostiene en Gaza.
El fin del entrenamiento británico a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina tiene, además, una lógica de fondo que trasciende la coyuntura: ¿por qué Israel debería facilitar que un país que acaba de sancionarlo continúe formando y equipando a fuerzas de seguridad de una entidad palestina que, hasta el día de hoy, no ha condenado sin ambigüedades el terrorismo de Hamás ni ha cesado sus pagos a familias de terroristas encarcelados? Y la prohibición de ingreso a legisladores británicos específicos es una medida de reciprocidad exacta: quienes votan y promueven sanciones contra Israel no tienen ningún derecho automático a visitar el país que están sancionando.
El silencio calculado de Washington
Uno de los elementos más reveladores de este episodio es la posición adoptada por Estados Unidos. A través del secretario de Estado Marco Rubio, la administración estadounidense decidió no sumarse a las sanciones europeas, limitándose a declarar que Washington comparte "el objetivo de estabilidad" y no desea ver una mayor desestabilización en Cisjordania. Esa formulación cuidadosamente ambigua, que evita tanto el respaldo explícito a las sanciones como su condena directa, confirma que el principal aliado estratégico de Israel entiende, con mayor claridad que sus contrapartes europeas, la complejidad real de la situación de seguridad que enfrenta el Estado judío. La distancia de Washington respecto de esta iniciativa europea es, en los hechos, un respaldo tácito a la posición israelí de que las sanciones unilaterales no son la herramienta correcta para promover ningún proceso de paz genuino.
Peace Now y la narrativa que busca legitimar la presión
Resulta llamativo que la organización israelí Peace Now haya salido a valorar positivamente la distinción que las sanciones europeas trazan entre Israel y los asentamientos. Esa reacción confirma que, incluso dentro del propio debate político israelí, existen sectores dispuestos a interpretar benévolamente cualquier presión externa contra las políticas de seguridad de su propio gobierno, sin detenerse a considerar el precedente peligroso que sienta permitir que potencias extranjeras condicionen, mediante sanciones, decisiones que corresponden exclusivamente a la soberanía democrática de Israel y a las negociaciones bilaterales que eventualmente deban darse entre israelíes y palestinos, sin imposiciones externas de terceros países que no arriesgan absolutamente nada en el resultado final de ese proceso.
El patrón histórico de presión selectiva
Este episodio no puede leerse de manera aislada. Se inscribe en un patrón de larga data donde organismos internacionales, gobiernos europeos y sectores de la opinión pública global aplican a Israel un estándar de escrutinio y exigencia que rara vez se replica hacia otros actores de la región, incluidos regímenes con historiales de derechos humanos infinitamente más graves, o hacia las propias organizaciones terroristas que atacan sistemáticamente a civiles israelíes. La rapidez con que tres gobiernos occidentales coordinaron sanciones contra los asentamientos, comparada con la lentitud y las reservas que suelen mostrar frente a condenar explícitamente el terrorismo de Hamás o el financiamiento iraní de Hezbolá, ilustra con claridad esa asimetría persistente.
Lo que esta crisis revela sobre el futuro de la relación con Europa
La decisión de Reino Unido, Francia y Canadá también debe leerse en clave electoral y de política doméstica europea. Los tres gobiernos enfrentan, en distinta medida, presiones internas de sectores progresistas y de comunidades con posiciones críticas hacia Israel, y las sanciones a los asentamientos ofrecen un gesto de bajo costo diplomático real —dado que ninguno de estos tres países depende de Israel para su seguridad nacional inmediata— pero de alto rendimiento político doméstico. Esa lógica, sin embargo, no exime a estos gobiernos de la responsabilidad de sostener políticas exteriores coherentes con los principios que dicen defender: si la preocupación genuina es la paz y la estabilidad regional, el camino no pasa por sancionar unilateralmente al único Estado democrático de la región que enfrenta, simultáneamente, amenazas existenciales en múltiples frentes.
Conclusión
La crisis diplomática desatada por las sanciones de Reino Unido, Francia y Canadá confirma que Israel no está dispuesto a tolerar pasivamente la injerencia externa en sus decisiones soberanas de seguridad, especialmente cuando esa presión llega en el peor momento posible, en medio de una guerra multifrente contra el terrorismo que Israel no eligió librar. La respuesta firme, proporcional y estratégicamente calculada de Gideon Sa'ar confirma que la diplomacia israelí sigue defendiendo, sin concesiones, el derecho del Estado judío a decidir su propia política de seguridad nacional. VDI Global seguirá de cerca el desarrollo de esta crisis diplomática y su eventual impacto en la relación de Israel con sus socios occidentales.