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EL TERREMOTO QUE ISRAEL SABE QUE VENDRÁ: UN ESTUDIO DEL INSS ADVIERTE SOBRE UNA AMENAZA "SEGURA" PERO SISTEMÁTICAMENTE IGNORADA EN LA PERCEPCIÓN PÚBLICA Y EN LA PLANIFICACIÓN ESTATAL

EL TERREMOTO QUE ISRAEL SABE QUE VENDRÁ: UN ESTUDIO DEL INSS ADVIERTE SOBRE UNA AMENAZA "SEGURA" PERO SISTEMÁTICAMENTE IGNORADA EN LA PERCEPCIÓN PÚBLICA Y EN LA PLANIFICACIÓN ESTATAL

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by Redacción VDI Global

Un nuevo estudio del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS) revela una paradoja preocupante y, a nuestro juicio, alarmante: solo el 14% de la población israelí considera que un desastre natural de gran magnitud es una de las tres principales amenazas para el país en los próximos cinco años, y apenas un 5% lo ubica como la amenaza más significativa. Entre los expertos consultados, las cifras son incluso más bajas: 10% y 3%, respectivamente. Sin embargo, cuando se pregunta qué ocurriría si ese escenario se materializara, el 64% del público estima que el daño sería severo o muy severo, y el 58% considera que el nivel de preparación del país es bajo o muy bajo. El escenario más relevante analizado por el estudio es el de un terremoto de gran magnitud, considerado el desastre natural más severo al que se enfrenta Israel por su ubicación sobre la falla de transformación del Mar Muerto.

El origen del estudio: un índice construido sobre encuestas rigurosas

El Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel presentó recientemente un índice de percepción de amenazas basado en encuestas de opinión pública realizadas en febrero y julio de 2026, complementadas con una encuesta a expertos realizada en febrero del mismo año. Las encuestas examinaron la percepción tanto del público general como de especialistas respecto a un amplio abanico de escenarios de amenaza que enfrenta el Estado de Israel: seguridad, diplomacia, sociedad, economía y medio ambiente.

De entre los grandes desastres naturales que Israel podría enfrentar, el análisis firmado por el geólogo Ariel Heimann —investigador senior del INSS, académico de la Universidad Hebrea, exinvestigador senior del Servicio Geológico de Israel y durante años miembro del comité gubernamental israelí para la defensa ante futuros terremotos— se concentra específicamente en el escenario de un gran terremoto, el desastre natural más severo relevante para el país.

Una amenaza que no depende de ningún enemigo, ni de ninguna decisión humana

Uno de los aportes conceptuales más relevantes del estudio es la distinción que traza entre un terremoto y el resto de las amenazas analizadas. Las amenazas diplomáticas, de seguridad, sociales y económicas dependen todas de una cadena de decisiones y eventos. Para que el escenario nuclear iraní se materialice, por ejemplo, Irán necesitaría adquirir capacidad nuclear militar, decidir utilizarla, contar con la capacidad de lanzar el arma contra Israel, y lograr penetrar los sistemas de defensa israelíes. Cada eslabón de esa cadena puede o no concretarse.

Un terremoto, en cambio, no depende de la intención de ningún enemigo, ni de disuasión, inteligencia o decisión humana alguna. Un gran terremoto ocurrirá tarde o temprano. Como reza el dicho que el propio estudio recoge: "un terremoto fuerte y destructivo en Israel no es cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo". Y aunque no existe capacidad alguna para prevenirlo, sí existe una capacidad considerable para reducir su daño.

Israel se ubica sobre la falla de transformación del Mar Muerto, donde ocurren sismos menores a diario, mientras que los de gran magnitud se producen en intervalos largos. Durante el último milenio se han registrado terremotos notables en los años 1068, 1202, 1546, 1759, 1837, 1927 y 1995, todos de magnitud superior a 6.2, y todos causantes de daños extensos y numerosas víctimas fatales.

La brecha entre probabilidad percibida y horizonte temporal

El estudio incluye una advertencia metodológica importante: la encuesta preguntó sobre amenazas en un horizonte de cinco años, pero no existe actualmente ninguna forma científica de determinar si un terremoto destructivo ocurrirá específicamente dentro de ese plazo. Por lo tanto, que solo el 25% del público evalúe como alta o muy alta la probabilidad de que ocurra un desastre natural de gran escala en los próximos cinco años no indica necesariamente una falta de comprensión del riesgo, sino que revela hasta qué punto un horizonte temporal corto condiciona la percepción de las amenazas.

En el resumen comparativo de julio, que incluyó 16 escenarios distintos, el desastre natural quedó en el puesto 13 en términos de probabilidad percibida. En otras palabras: una amenaza que con certeza se materializará en el largo plazo, y para la cual es necesario prepararse, queda relegada al fondo de la lista de prioridades simplemente porque no existe certeza de que ocurra en los próximos años.

La comparación con otras amenazas ilustra bien esta distorsión: el 43% del público evalúa como alta o muy alta la probabilidad de que Irán adquiera armas nucleares en los próximos cinco años, y el 61% hace la misma evaluación respecto a un ataque masivo con misiles. Esto no constituye una determinación profesional de que estos escenarios sean efectivamente más probables que un terremoto; es una medida de percepción. Pero esa brecha revela que el público otorga mayor peso a las amenazas del ámbito político-militar habitual, que son objeto de discusión pública diaria, que a un terremoto cuyo momento exacto sigue siendo incierto.

Cuando se pregunta por el daño, la brecha se vuelve aún más notoria

El panorama cambia radicalmente cuando la pregunta deja de ser sobre probabilidad y pasa a ser sobre el daño esperado. El 64% del público estima que el daño causado por un desastre natural, en caso de ocurrir, sería severo o muy severo, ubicando este escenario en el sexto lugar de los 16 analizados. Entre los expertos, la brecha es todavía más marcada: 73% evalúa que el daño sería severo o muy severo, pero solo el 10% ubica un desastre natural entre las tres principales amenazas. Es decir, incluso quienes evalúan las consecuencias del evento como extremadamente severas no necesariamente lo perciben como una amenaza prioritaria.

El daño esperado, además, se percibe como transversal: el 61% del público anticipa una alteración severa en el funcionamiento de las autoridades estatales, el 67% en la seguridad personal, el 68% en la seguridad económica y el nivel de vida, y el 63% en la resiliencia mental y social. No se trata, por tanto, de una amenaza localizada, sino de un escenario capaz de dañar simultáneamente la mayoría de los componentes de la resiliencia nacional.

Las cifras del escenario de referencia nacional: la magnitud real del riesgo

La evaluación pública sobre la severidad del daño potencial no es infundada. El escenario nacional de referencia proyecta más de 7.000 víctimas fatales, aproximadamente 8.600 heridos graves, alrededor de 37.000 heridos leves, cerca de 29.000 edificios destruidos o severamente dañados, y aproximadamente 290.000 edificios con daños leves a moderados. En las horas inmediatamente posteriores a un gran terremoto, cerca de medio millón de personas podrían quedar desplazadas, mientras que aproximadamente 170.000 podrían permanecer sin vivienda a largo plazo.

Si se considera la reconstrucción de edificios e infraestructura, la vivienda alternativa temporal, la atención de heridos, la remoción de escombros, la interrupción de la actividad económica y la pérdida de PIB a lo largo de los años de recuperación, el costo total para la economía se estima en más de un billón de shekels, pudiendo alcanzar 1,5 billones. En un escenario extremo, el costo económico podría incluso superar esa cifra.

Una preparación estatal deficiente, confirmada por el propio Contralor del Estado

Aquí llega la cifra que, según el propio estudio, debería resultar particularmente perturbadora: solo el 8% del público cree que la preparación estatal frente a un desastre natural es alta, el 30% evalúa que existe algún grado de preparación, y el 58% considera que la preparación es baja o muy baja. Se trata de una de las tasas más altas de percepción de falta de preparación entre todos los escenarios analizados por el estudio. Esta combinación —probabilidad percibida relativamente baja, daño evaluado como alto, y preparación evaluada como baja— es, desde una perspectiva de gestión de riesgos, exactamente el tipo de escenario que no puede dejarse sin abordar hasta que su probabilidad inmediata parezca alta.

La preocupación pública respecto a la falta de preparación no carece de fundamento. Un informe del Contralor del Estado de enero de 2024, citado por el estudio, encontró que solo el 3,5% de los edificios que necesitaban refuerzo estructural efectivamente lo habían recibido; que aproximadamente el 60% de los hospitales no son resistentes a terremotos o se desconoce su nivel de resistencia sísmica; y que solo alrededor del 5% de los cerca de 1.600 establecimientos educacionales que requerían refuerzo habían sido reforzados o se encontraban en proceso de serlo.

Así, pese a contar con "inteligencia" geológica y con la certeza de que un fuerte terremoto ocurrirá tarde o temprano, el Estado israelí está haciendo muy poco en materia de preparación. Aunque se han dado pasos positivos, incluyendo el establecimiento del sistema "Tru'a" (Alarma) para alertas de corto aviso y trabajo gubernamental sobre un plan de rehabilitación a largo plazo, lo realizado hasta ahora resulta ampliamente insuficiente para cerrar la brecha entre el nivel actual y el nivel requerido de preparación. Los datos de la encuesta agregan una capa adicional al problema: no es solo que al gobierno le cueste traducir el conocimiento en acción; en la conciencia pública, la amenaza también permanece relegada al margen.

Por qué la amenaza queda relegada: tres explicaciones del propio estudio

El análisis de Heimann no puede probar causalidad de manera directa, pero propone tres explicaciones principales para este fenómeno.

La primera es la brecha entre el horizonte temporal de la amenaza y el horizonte temporal de los seres humanos y los gobiernos, junto con el incentivo político que ello genera. Un terremoto podría ocurrir mañana en la mañana o dentro de varias décadas. El costo del refuerzo estructural y la preparación es inmediato, mientras que el beneficio solo se manifestará en un futuro incierto, quizás mucho después de que el gobierno que hizo la inversión ya no esté en el poder. Además, el éxito de la prevención es prácticamente invisible: un puente reforzado que no colapsó, una escuela reforzada donde los estudiantes no resultaron heridos, o un hospital que continuó funcionando, no generan una "imagen de victoria" política. En contraste, la búsqueda, el rescate y la asistencia posteriores a un desastre son acciones tangibles, fotogénicas e inmediatas. El estudio cita investigación académica de Healy y Malhotra (2009), que encontró en el contexto estadounidense que los votantes premian a los políticos por el gasto en ayuda posterior a un desastre, pero no los premian en la misma medida por la inversión en preparación previa al desastre. Se genera así un incentivo estructural para subinvertir en prevención y preparación.

La segunda explicación es la competencia por la atención. La guerra, los misiles, el terrorismo e Irán son amenazas presentes: cuentan con un adversario identificable, titulares, inteligencia, presupuestos, discusiones permanentes y sirenas. Un terremoto no emite ningún ultimátum ni genera advertencia estratégica con meses de anticipación. Mientras el suelo permanezca en calma, es fácil postergarlo de la agenda. En el sistema israelí, saturado de amenazas de seguridad inmediatas, la competencia por la atención es particularmente intensa.

La tercera explicación es institucional. La responsabilidad de la preparación ante terremotos está fragmentada entre distintos ministerios de gobierno, autoridades locales, el Comité Directivo Interministerial, la Autoridad Nacional de Gestión de Emergencias (NEMA/RACHEL), el Comando del Frente Interno y otros organismos adicionales. Cuando no existe un solo organismo con responsabilidad, autoridad y presupuesto integral, resulta fácil que cada entidad cumpla solo parcialmente su rol, asumiendo que la responsabilidad general recae en otro lugar. Esta fragmentación también dificulta establecer un plan multianual vinculante y evaluar en el tiempo si efectivamente se está progresando.

Un ciclo que se autoperpetúa

Estas explicaciones, y otras posibles, son capaces de generar un ciclo que se autoperpetúa: el público no ubica la amenaza en un lugar prioritario, por lo que la presión política para abordarla permanece débil; el gobierno no la coloca en un lugar alto de su lista de prioridades, por lo que permanece fuera de la atención pública; y en ausencia de acción sostenida, el público también recibe el mensaje implícito de que la amenaza probablemente no es urgente. Solo después de un gran terremoto ocurrido en otro lugar del mundo se abre una breve ventana de atención, que corre el riesgo de cerrarse antes de que pueda construirse una política multianual.

Lectura editorial

Desde VDI Global valoramos profundamente la publicación de este tipo de análisis técnico y riguroso por parte de instituciones como el INSS, que aportan una mirada de gestión de riesgos indispensable para cualquier país, más allá de la coyuntura de seguridad inmediata que domina habitualmente el debate público en Israel. El diagnóstico de Ariel Heimann tiene, además, una relevancia que trasciende las fronteras israelíes: la tendencia de los gobiernos a subinvertir sistemáticamente en prevención frente a amenazas de baja probabilidad percibida pero de altísimo impacto real es un problema de gestión pública universal, aplicable con matices a cualquier país expuesto a riesgo sísmico, incluido Chile, uno de los territorios más sísmicamente activos del planeta.

Nos parece particularmente inquietante el hallazgo de que la falta de preparación estructural en Israel —confirmada, no por activistas ni por especulación, sino por el propio Contralor del Estado israelí, con apenas un 3,5% de los edificios necesarios efectivamente reforzados— convive con una percepción pública que subestima sistemáticamente la probabilidad del riesgo, incluso cuando reconoce plenamente la severidad de sus eventuales consecuencias. Es exactamente el tipo de brecha entre conocimiento y acción que cualquier Estado responsable debería cerrar antes de que la próxima gran advertencia llegue en la forma de una tragedia real y no de un estudio académico.

La recomendación central de Heimann —centralizar responsabilidad, autoridad y presupuesto en un solo organismo nacional, con un plan multianual de refuerzo estructural, metas medibles y reportes anuales ante el gobierno y la Knéset— es, a nuestro juicio, la única forma seria de romper el ciclo autoperpetuante que el propio estudio describe. Un presupuesto anual del orden de mil millones de shekels, equivalente a apenas una décima parte del uno por ciento del presupuesto estatal israelí, es una inversión modesta frente a un costo potencial que el propio estudio estima en hasta 1,5 billones de shekels en caso de materializarse el escenario de referencia.

Este tipo de análisis, además, debería servir de espejo para el propio Chile. La combinación de sismicidad elevada, infraestructura crítica con distintos niveles de refuerzo y una atención pública y política que también tiende a priorizar amenazas de seguridad inmediata por sobre la preparación sísmica de largo plazo, es un patrón que amerita revisión permanente por parte de nuestras propias autoridades, más allá de la coyuntura de este análisis específico sobre Israel.

Lo que corresponde exigir

  • Que el gobierno de Israel avance con celeridad en la creación de un organismo único con responsabilidad, autoridad y presupuesto centralizado para la preparación ante terremotos, tal como recomienda el estudio del INSS.
  • Que se transparente públicamente el estado actual del refuerzo estructural de hospitales y establecimientos educacionales, dado que las cifras del Contralor del Estado datan de 2024 y podrían haberse actualizado.
  • Que se establezca un plan multianual con metas medibles y reportes anuales ante la Knéset, evitando que la preparación sísmica dependa de la voluntad política de gobiernos individuales.
  • Que instituciones equivalentes en Chile —dado el alto riesgo sísmico del país— revisen periódicamente si existe una brecha similar entre percepción pública, daño potencial y preparación estatal real.
  • Que se destine un presupuesto dedicado y sostenido en el tiempo para el refuerzo estructural de infraestructura crítica, sin que la ausencia de una fecha cierta para el próximo terremoto sirva de excusa para postergar la inversión.

Conclusión

El estudio del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel confirma una paradoja que trasciende fronteras: la certeza científica de que un terremoto de gran magnitud ocurrirá tarde o temprano en Israel no se traduce en una prioridad política real ni en una preparación estatal adecuada, pese a que tanto la ciudadanía como los propios expertos reconocen la severidad del daño potencial que ese escenario conllevaría. La recomendación central del estudio —centralizar responsabilidad, presupuesto y planificación multianual— es un llamado urgente a la acción antes de que la ventana de atención se abra únicamente después de la tragedia, como advierte el propio Ariel Heimann. La pregunta que plantea el estudio no es si ocurrirá un terremoto destructivo en los próximos cinco años —eso no podemos saberlo—, sino si, en ese mismo plazo, se hará lo que es necesario hacer antes de que ocurra. VDI Global seguirá con atención este tipo de análisis de seguridad nacional israelí, y la reflexión que de ellos se desprende para la propia gestión de riesgos en Chile.

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