PENOSA REALIDAD: MÁS DE LA MITAD DE LOS ISRAELÍES TEME REVELAR SU IDENTIDAD EN EL EXTRANJERO, Y LA PROPIA DIPLOMACIA DE ISRAEL SE RECONOCE INEFICAZ
Nota editorial: el titular refleja la posición editorial de VDI Global sobre la gravedad de los hallazgos de esta encuesta. Los datos citados corresponden a una encuesta del Center for Jewish Impact, realizada este mes entre la población israelí.
El dato que debería alarmar a cualquier democracia occidental
Una encuesta del Center for Jewish Impact reveló que el 52% de los israelíes siente algún nivel de preocupación al momento de revelar su nacionalidad mientras viajan al extranjero desde el 7 de octubre. El 41% reconoció haber cambiado activamente su comportamiento en el exterior desde entonces —modificando destinos de viaje, cancelando viajes completos o evitando actividades específicas por temor a represalias vinculadas a su identidad israelí—.
Esta columna, coherente con la línea editorial que ha sostenido en toda su cobertura de Medio Oriente, considera que este dato no es una anécdota sociológica menor: es la evidencia concreta de que el antisemitismo global y la hostilidad anti-Israel han alcanzado un punto en el que ciudadanos de un país democrático deben esconder su identidad nacional para viajar con seguridad. Que esto ocurra en pleno siglo XXI, y que además se documente con una encuesta metodológicamente seria, retrata con crudeza el fracaso colectivo de buena parte de Occidente en contener el odio hacia Israel y hacia los judíos en general.
La propia diplomacia israelí se reconoce ineficaz
El hallazgo más incómodo de la encuesta, sin embargo, no apunta hacia afuera sino hacia adentro. Mientras el 64% de los israelíes califica como sólida la relación estratégica entre Israel y Estados Unidos, apenas el 23% cree que Israel comunica de forma efectiva sus políticas y posiciones a audiencias internacionales. Un contundente 70% evalúa como ineficaz la diplomacia pública israelí.
Esta autocrítica, viniendo de la propia sociedad israelí y no de sus adversarios, merece ser tomada en serio. Esta columna ha insistido, en coberturas anteriores sobre el desempeño diplomático de Israel frente a Turquía, Catar e Irán, en que la firmeza militar y de seguridad no es suficiente si no va acompañada de una estrategia comunicacional a la altura del desafío. El propio presidente del Center for Jewish Impact, Robert Singer, fue categórico: "el hecho de que la mayoría esté insatisfecha con cómo Israel se presenta en el escenario global, y que más de la mitad tema identificarse como israelí en el extranjero, debe servir como una señal de alarma mayor".
Un dato de esperanza: la sociedad israelí no se resigna
No todo en la encuesta es sombrío. El 73% de los israelíes cree que su país puede ser una sociedad cohesionada, la cifra más alta registrada desde que comenzó este sondeo (frente a 67% en febrero de 2026). Y solo el 14% considera que la posición internacional de Israel no puede mejorar significativamente: un 33% identifica la formulación de una estrategia nacional de largo plazo en diplomacia pública como el paso más urgente, mientras un 25% apunta a cambios en la política y los procesos de decisión del propio gobierno.
La encuesta también documentó un respaldo amplio (70%) a que el Estado de Israel invierta recursos en las comunidades de la Diáspora, con foco en fomentar la aliá (26%), proteger y dar seguridad a comunidades judías (23%) y asistencia a través de organizaciones de la sociedad civil (17%).
Puertas adentro, el panorama es más desafiante: solo el 64% cree posible la coexistencia entre seculares y haredim, y apenas el 42% cree en la coexistencia judeo-árabe dentro de Israel —cifras que, leídas junto al 73% que sí cree en la cohesión social como objetivo posible, muestran una sociedad que aspira a la unidad pero que reconoce con honestidad cuánto camino le queda por recorrer.
Lectura editorial
Esta columna sostiene, desde su respaldo consistente al derecho de Israel a existir y a defenderse, que esta encuesta debe leerse como una advertencia y no como una anécdota pasajera. Que más de la mitad de los israelíes tema revelar su identidad en el extranjero no es un problema de percepción: es la consecuencia directa de una campaña sostenida de deslegitimación internacional contra Israel, que en muchos casos —como esta misma columna ha documentado respecto de la acusación infundada de "apartheid"— se construye sobre relatos que no resisten el menor escrutinio fáctico. Al mismo tiempo, la autocrítica que la propia sociedad israelí hace de su diplomacia pública es un ejercicio de madurez democrática que merece reconocerse: no es fácil para ningún país admitir, con el 70% de su población, que está perdiendo la batalla comunicacional.
Lo que corresponde exigir
- Que el gobierno de Israel desarrolle, como reclama un tercio de su propia población, una estrategia de largo plazo en diplomacia pública y comunicación internacional, en lugar de reaccionar caso a caso ante cada nueva ola de hostilidad.
- Que los gobiernos occidentales, incluido Chile, condenen con la misma firmeza cualquier hecho que empuje a ciudadanos israelíes a esconder su identidad por temor, tal como condenarían cualquier otra forma de discriminación por nacionalidad o religión.
- Que la comunidad internacional distinga con claridad entre la crítica legítima a políticas puntuales del gobierno israelí y el antisemitismo que hoy empuja a más de la mitad de los israelíes a sentir miedo fuera de su país.
Conclusión
Los números de esta encuesta no dejan espacio para la ambigüedad: existe un problema real y medible de seguridad percibida para los ciudadanos israelíes en el mundo, y existe, al mismo tiempo, un reconocimiento honesto de que la propia diplomacia de Israel no ha estado a la altura de ese desafío. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez, y ambas exigen una respuesta seria, no solo de Jerusalén, sino de cualquier país que se precie de defender la convivencia democrática.