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LA IZQUIERDA PATÉTICA: BACHELET SE HUNDE AL SÉPTIMO LUGAR EN LA ONU, Y EN VEZ DE ASUMIRLO, TODO EL SECTOR SALE A CULPAR A KAST DE SU PROPIO FRACASO

LA IZQUIERDA PATÉTICA: BACHELET SE HUNDE AL SÉPTIMO LUGAR EN LA ONU, Y EN VEZ DE ASUMIRLO, TODO EL SECTOR SALE A CULPAR A KAST DE SU PROPIO FRACASO

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by Redacción VDI Global

El séptimo lugar que nadie en la izquierda quiere asumir como propio

La candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU sufrió un nuevo y contundente revés: en la segunda votación preliminar (straw poll) del Consejo de Seguridad, la expresidenta habría caído al séptimo lugar de las preferencias. En esta ronda obtuvo apenas 2 votos de "aconsejo", frente a 6 de "desaconsejo" y 7 sin opinión —un deterioro evidente respecto de la ronda anterior, cuando quedó cuarta con 6 "aconsejo", 5 "desaconsejo" y 4 sin opinión—.

La reacción de los partidos de izquierda a este nuevo fracaso no fue la autocrítica. Fue, una vez más, buscar a quién culpar fuera de sus propias filas.

El coro parejo: todo es culpa de Kast

La timonel del PS, Paulina Vodanovic, calificó la decisión de Kast de retirar el patrocinio de Estado como "temas antojadizos" y sostuvo que "la falta de apoyo del Gobierno del Presidente Kast, evidentemente es el principal problema que enfrenta la candidatura desde un principio". El presidente del PPD, Raúl Soto, fue todavía más categórico: "los malos resultados que está teniendo la exPresidenta Michelle Bachelet en estas encuestas (...) tienen nombre y apellido, la responsabilidad si la exPresidenta Michelle Bachelet fracasa tiene nombre y apellido, es José Antonio Kast", llegando a calificar la decisión de "una vergüenza" y a acusar, sin aportar evidencia alguna, que el gobierno "han establecido una verdadera operación para desarticular desde adentro sus reales opciones".

La presidenta saliente del Frente Amplio, Constanza Martínez, sostuvo que Kast "se farreó la oportunidad" de ser "un Presidente de todos los chilenos y chilenas". Y el presidente del Partido Liberal, Juan Carlos Urzúa, fue el más duro de todos, calificando la decisión de Kast de "un gustito ideológico, falto de toda visión de Estado, carente de amor por Chile y de patriotismo", comparándola desfavorablemente con los casos de Piñera respaldando a José Miguel Insulza o de Boric respaldando a Andrés Allamand en organismos internacionales.

Ni una palabra sobre por qué la candidatura no logra despegar por sí sola

Lo que ninguno de estos dirigentes explica es, precisamente, lo más relevante: por qué una candidatura que cuenta con el respaldo activo de dos países sudamericanos —México y Brasil— y con una trayectoria internacional como la de Bachelet, ha sido incapaz de generar tracción propia entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad, independientemente del respaldo o no del gobierno chileno de turno. En el oficialismo, la respuesta a esta ofensiva ha sido justamente esa: desdramatizar las acusaciones, señalando que la candidatura "por sí sola no ha logrado repuntar", con o sin el patrocinio formal de Chile.

El propio excanciller Juan Gabriel Valdés, en declaraciones a radio Duna, apuntó a otra variable que la izquierda prefiere no explorar en profundidad: la influencia de Estados Unidos. "Nada más serio que el rumor de que hay veto americano", declaró Valdés, insinuando que la resistencia a la candidatura de Bachelet podría tener un origen geopolítico ajeno por completo a la decisión de Kast.

Lectura editorial

Esta columna encuentra en este episodio un ejemplo casi perfecto de lo que hemos venido documentando de forma sistemática: una izquierda chilena incapaz de asumir la responsabilidad de sus propios fracasos, que prefiere construir un relato de víctima antes que hacer un examen honesto de por qué una candidatura respaldada por dos gobiernos sudamericanos activos no logra ni siquiera acercarse a los primeros lugares de las preferencias del Consejo de Seguridad. Retirar un patrocinio de Estado a una candidatura que el gobierno anterior comprometió sin consulta transversal —como ya documentamos en nuestra cobertura del 24 de agosto sobre la gira de Bachelet a México— es una decisión legítima de política exterior soberana. Que Raúl Soto acuse, sin una sola prueba concreta, la existencia de "una verdadera operación para desarticular desde adentro" las opciones de Bachelet, es exactamente el tipo de discurso victimista y sin sustento que ha caracterizado a este sector cada vez que sus propias apuestas fracasan. Comparar, además, este episodio con los casos de Insulza o Allamand —designaciones consensuadas en contextos políticos completamente distintos— es una analogía forzada que ignora deliberadamente que la candidatura de Bachelet fue presentada unilateralmente por el gobierno saliente de Boric, sin el mismo grado de consenso transversal que sí existió en los otros dos casos.

Lo que corresponde exigir

  • Que los dirigentes de la izquierda que acusan una "operación para desarticular" la candidatura de Bachelet presenten evidencia concreta de esa afirmación, o se retracten de un cargo tan grave hecho sin sustento.
  • Que se explique con seriedad, más allá de la responsabilidad atribuida a Kast, por qué la candidatura no ha logrado generar apoyo propio entre los miembros del Consejo de Seguridad, incluyendo la hipótesis del "veto americano" que el propio excanciller Valdés puso sobre la mesa.
  • Que Bachelet, México y Brasil definan con transparencia y plazo cierto si la candidatura continúa o se retira, en lugar de prolongar la incertidumbre edición tras edición de votaciones informales.
  • Que la prensa aplique el mismo estándar de escrutinio a las acusaciones de la izquierda que el que aplicaría a cualquier acusación equivalente proveniente de la derecha.

Conclusión

Con dos rondas consecutivas de deterioro —de cuarto a séptimo lugar— la candidatura de Bachelet enfrenta una realidad que ningún comunicado de partido puede maquillar. Esta columna seguirá documentando tanto la evolución de esta postulación como el patrón, ya reiterado, de una izquierda chilena que prefiere señalar culpables externos antes que hacer una autocrítica genuina sobre sus propias apuestas fallidas.

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