KAST A 100 DÍAS: EL PRESIDENTE QUE APRENDIÓ A GOBERNAR Y LOS DESAFÍOS QUE AÚN NO RESUELVE
Hay una imagen que describe bien al presidente José Antonio Kast en estos primeros cien días de gobierno: un hombre que recorre con entusiasmo los pasillos de su departamento en La Moneda e invita a sus visitas a conocerlo, que prefiere que su círculo íntimo lo llame por su nombre y no por el cargo, que usa WhatsApp para comunicarse con sus ministros y que ha tenido que ajustar su estilo de trabajo a las exigencias de una institución que no se adapta a las personas, sino que obliga a las personas a adaptarse a ella.
Es una imagen humanizadora. Y es, al mismo tiempo, la que mejor refleja la tensión central de estos primeros cien días: la de un presidente que llegó con convicciones claras, con un mandato electoral poderoso —más del 58% en segunda vuelta— y con la promesa de un "gobierno de emergencia" que actuaría con rapidez, y que ha descubierto que gobernar Chile en 2026 es considerablemente más complejo que ganar una elección en diciembre de 2025.
VDI Global cubre este balance desde su línea editorial: exigente pero leal al gobierno de Kast. Reconocemos lo que funciona. Señalamos lo que debe corregirse. No hacemos propaganda ni oposición encubierta.
El hombre detrás del cargo: lo que revelan los detalles
Los detalles que La Tercera publicó hoy sobre la vida cotidiana de Kast en La Moneda no son anecdóticos. Son revelaadores de un estilo de liderazgo que tiene virtudes reales y que también tiene límites que el propio presidente ha tenido que reconocer.
Kast vive en La Moneda de lunes a viernes, a diferencia de su antecesor Gabriel Boric, quien mantuvo su residencia fuera del palacio. La decisión ha resultado funcional: sus jornadas comienzan antes de las siete de la mañana y terminan avanzada la noche. Eliminar el traslado desde Paine le permite maximizar el tiempo disponible para la gestión. Es una decisión práctica y sensata que refleja la mentalidad de eficiencia que Kast traía del mundo privado y de su experiencia parlamentaria.
La instrucción que dio para la decoración del espacio residencial es igualmente reveladora: funcional, sobrio, sin mayores lujos. Fotografías familiares, objetos personales, un frigobar con snacks. Nada que contraste con la austeridad que prometió en campaña. En ese aspecto, el presidente es coherente con su discurso.
Lo que más llama la atención del perfil es una confesión que sus cercanos han transmitido: lo que más ha lamentado en estos primeros cien días fue realizar un almuerzo con sus excompañeros de universidad. No una decisión de política pública. No un nombramiento cuestionado. Un almuerzo. Eso dice algo sobre un presidente que tiene agudamente desarrollada la conciencia de los costos reputacionales de cada movimiento, y que quizás en algunos momentos ha permitido que esa conciencia limite su capacidad de actuar con decisión en los frentes que realmente importan.
El ajuste obligado: de outsider a presidente
El elemento más significativo del perfil de La Tercera es la descripción de cómo Kast tuvo que ajustar su estilo de trabajo. El presidente llegó a La Moneda con una forma de operar característica de quien ha sido toda su vida un hombre de convicciones personales y trabajo autónomo: prefería las comunicaciones directas, los círculos pequeños, la toma de decisiones ágil. La estructura presidencial lo obligó a incorporar las bilaterales con ministros —reuniones formales uno a uno que no formaban parte de su modo natural de operar.
Ese ajuste es positivo en sí mismo. Un presidente que aprende de la institución y modifica sus métodos cuando la realidad lo exige es más valioso que uno que insiste en sus hábitos frente a la evidencia de que no funcionan. Pero el ajuste también tardó algunas semanas en producirse, y esas semanas tuvieron costos.
El más visible fue el cambio de gabinete a 69 días de asumir —el más rápido desde el retorno a la democracia en 1990. La salida de Trinidad Steinert del Ministerio de Seguridad y de su par Sedini fue, según el propio Kast, algo que "no esperaba ni era lo que tenía pensado para esta etapa del gobierno." Esa frase es honesta y merece reconocerse como tal. Pero también describe un error de selección inicial en el área más sensible del gobierno: la seguridad pública, que fue el eje central del mandato electoral de Kast.
Que la ministra de Seguridad durara menos de setenta días es un dato que la narrativa del "gobierno de emergencia" no puede ignorar. No porque sea un fracaso definitivo —los cambios de gabinete son herramientas normales de gobierno— sino porque ocurrió en el área donde el presidente tenía mayor capital político y mayor expectativa ciudadana. La señal que envió no fue la de un gobierno que actúa con urgencia, sino la de uno que necesitó tiempo para encontrar su pie en su prioridad número uno.
Lo que el CEP dice y lo que el gobierno debe escuchar
El balance de los cien días no puede hacerse sin referencia a los datos. Y los datos más relevantes provienen de la última encuesta del CEP, que entrega una señal que el gobierno de Kast debe procesar con seriedad y sin autocomplacencia.
El gobierno parece haber agotado tempranamente el beneficio de la duda que normalmente acompaña a las nuevas administraciones. El 52% de desaprobación a menos de cien días no es un número catastrófico en términos históricos — varios presidentes chilenos han atravesado por valles similares en sus primeros meses. Lo significativo es la velocidad con que llegó. La evaluación ciudadana ya no parece estar centrada en las expectativas que acompañaron la llegada al poder, sino en los resultados obtenidos hasta ahora.
Eso es especialmente relevante para una administración que se presentó como un "gobierno de emergencia". Las emergencias se resuelven con urgencia visible y resultados concretos. Los chilenos que votaron por Kast en diciembre lo hicieron porque querían sentir, desde los primeros días, que algo había cambiado en seguridad, en orden fronterizo, en la economía. La percepción de que ese cambio no ha llegado con la velocidad prometida es lo que explica la erosión temprana de la confianza.
Los segundos cien días serán, como señaló el análisis editorial de La Tercera publicado esta semana, más importantes que los primeros. La etapa de instalación concluyó. Comienza la etapa en que la ciudadanía demandará menos anuncios y más evidencia de resultados.
La agenda pendiente: lo que VDI espera del gobierno
Desde nuestra línea editorial, identificamos tres frentes en los que el gobierno de Kast debe mostrar avances concretos en los próximos cien días para sostener su credibilidad.
El primero es la seguridad. El cambio de la ministra Steinert fue necesario, pero las expectativas del mandato electoral no se resuelven con un cambio de personas. Se resuelven con resultados medibles: tasas de victimización, tiempos de respuesta policial, eficacia en el control fronterizo. El nuevo ministro de Seguridad tiene ante sí la tarea más exigente del gabinete. Y tiene menos tiempo que su predecesora para mostrar resultados, porque el reloj ya lleva más de dos meses corriendo.
El segundo es la agenda anticorrupción. Esta semana hemos cubierto el caso IDEMIA, el GORE La Araucanía y el patrón del escándalo gestionado en Chile. El gobierno de Kast llegó con un discurso anticorrupción que resonó en la ciudadanía. Ese discurso debe traducirse en acciones institucionales concretas: reforma de los mecanismos de licitación pública, inhabilidades efectivas, procesos disciplinarios con plazos obligatorios. No anuncios. Proyectos de ley con urgencia.
El tercero es la relación con la coalición. El gobierno de Kast tiene una composición política heterogénea que incluye a Republicanos, a partidos de la centroderecha tradicional y a independientes. La tensión con sectores de Renovación Nacional —la "derechita cobarde" que en campaña bloqueó parte de la agenda— no ha desaparecido con el cambio de mando. Administrar esa tensión con firmeza, sin ceder en los principios pero con la flexibilidad táctica que la gobernabilidad exige, será determinante para la capacidad legislativa del gobierno en el segundo semestre.
El presidente que emerge
A cien días, el presidente que emerge del relato de sus cercanos es alguien que ha aprendido más rápido de lo que sus críticos esperaban y más lento de lo que sus seguidores necesitaban. Un hombre de convicciones genuinas que está descubriendo que el poder ejecutivo no es un parlamento unipersonal ni una campaña permanente, sino una institución con su propia lógica, su propio tempo y sus propias exigencias.
Lo que muestra el perfil de La Tercera es un presidente que se ha humanizado en el ejercicio del poder —que lamenta el almuerzo equivocado, que muestra fotografías de sus nietos, que ajusta sus métodos cuando la realidad lo exige. Eso es alentador. Un presidente que aprende es más valioso que uno que no puede cambiar.
Lo que no puede permitir que ocurra es que esa humanización se convierta en suavizamiento de la agenda. Los chilenos que votaron por Kast no eligieron a un presidente simpático. Eligieron a uno que prometía resolver emergencias. Las emergencias siguen ahí. La agenda sigue pendiente. Y los segundos cien días son la primera prueba real de si este gobierno tiene lo que se necesita para honrar ese mandato.
VDI Global seguirá cubriendo al gobierno de Kast con el mismo estándar con que cubrió al de Boric: exigente, documentado, sin propaganda. Porque Chile no necesita medios que aplaudan al gobierno de turno. Necesita medios que exijan resultados.