"NO ME HAGO CARGO": KAST LE CIERRA LA PUERTA A LAS LECCIONES DE MORAL DEL FRENTE AMPLIO Y EL PC, MIENTRAS BORIC Y JARA ATACAN DESDE URUGUAY
El Presidente José Antonio Kast respondió este jueves, desde el acto por el natalicio de O'Higgins en El Carmen, a la ofensiva sostenida que el Frente Amplio y sus aliados llevan días desplegando contra la reforma constitucional de seguridad. Esta columna respalda sin matices la firmeza presidencial: quienes hoy acusan a Kast de instaurar "un régimen autoritario" son, precisamente, los mismos sectores que gobernaron Chile durante el estallido social sin la autoridad moral para hacer ese reproche.
El origen de la arremetida: Boric habla de "una limitación inédita de libertades"
El detonante de esta ronda de críticas fue la intervención del expresidente Boric el martes pasado, en el marco de la presentación del libro de su exministro Mario Marcel, donde cuestionó que "un estado de sitio de 240 días con la atribución exclusiva del Presidente" implica "una limitación de libertades que no se había visto. Inédita". Esta columna considera que esa frase es, cuando menos, desmemoriada: viniendo de un expresidente cuyo propio gobierno reconoció públicamente, según esta columna ya documentó en su análisis crítico sobre el "mea culpa" de Boric, que "no fuimos creíbles" en materia de seguridad, mientras Chile ardía bajo la permisividad que el Frente Amplio y el Partido Comunista exhibieron frente a la violencia organizada del 18 de octubre de 2019, un episodio que esta misma columna reconstruyó con precisión en su cobertura sobre el informe parlamentario que omitió deliberadamente el rol de la propia izquierda en la legitimación de esa violencia.
La respuesta de Kast: "quién apoyaba a Carabineros en una situación crítica"
Esta columna reproduce, con la precisión que exige la declaración presidencial, la respuesta que Kast ofreció desde El Carmen: "la libertad en Chile ha sido restringida por el crimen organizado, por malas políticas públicas, por la falta de decisión de autoridades por largo tiempo, por el no respaldo a las instituciones que nos cuidan, por las ofensas públicas a instituciones que nos han resguardado siempre. Es bueno a veces recordar la historia y ver quién apoyaba a Carabineros cuando había una situación crítica, quién apoyaba a nuestras Fuerzas Armadas cuando había una situación crítica para el país". Esta columna considera que esta pregunta retórica es, en los hechos, una acusación certera: fue precisamente el Frente Amplio y el Partido Comunista quienes, durante años, relativizaron la violencia contra las policías, insistieron en derogar protecciones legales para los uniformados —según esta columna ya documentó extensamente en su cobertura sobre la Ley Nain-Retamal—, y transformaron el debate de seguridad en un terreno ideológicamente hostil hacia quienes arriesgan la vida protegiendo a la ciudadanía.
"No me hago cargo de comentarios de autoridades que no siempre estuvieron cuidando la seguridad"
Esta columna considera que la frase central de toda la intervención presidencial, y la que sustenta con mayor precisión el título de esta cobertura, fue la siguiente: "no me hago cargo de los comentarios que puedan hacer autoridades que no siempre estuvieron cuidando la seguridad de nuestros compatriotas. Lo que hemos señalado nosotros, y fue un debate durante la campaña, Chile eligió. Eligió una línea, eligió la seguridad, eligió el crecimiento, eligió el trabajo, eligió el progreso". Kast cerró reafirmando el contenido sustantivo de su agenda: "hemos planteado una línea muy clara: queremos recuperar la seguridad en Chile. Queremos combatir al crimen organizado. Queremos que los miembros del crimen organizado estén en la cárcel donde corresponde y bajo un régimen estricto carcelario". Esta columna considera que esta respuesta no es solo políticamente acertada, sino la única respuesta digna frente a una crítica que carece de sustento histórico propio.
Jara desde Uruguay: "nos quedamos cortos en los temores de un gobierno de ultraderecha"
Esta columna considera revelador que, mientras el propio Boric evitó en Montevideo cargar nuevamente contra la administración que lo sucedió —limitándose, en el lanzamiento de la revista Nueva Sociedad, a reivindicar posturas de izquierda—, fue la exministra del Trabajo y excarta presidencial Jeannette Jara quien profundizó la crítica desde esa misma gira internacional que esta columna ya documentó bajo el título "de viaje nuevamente el pensionado VIP". En conversación con Diaria Radio de Uruguay, Jara declaró: "yo creo que nos quedamos cortos en los temores que podían haber de un gobierno de ultraderecha", calificando la agenda de La Moneda como "bien radical, bastante ideologizada y muy similar a la de otros países". Trazó, además, un paralelo directo con Javier Milei: "bajarles los impuestos a los más ricos, levantar este discurso de que los migrantes son todos enemigos, que hay un adversario entre nosotros en vez de que seamos todos hermanos latinoamericanos".
Esta columna considera profundamente irónico que sea precisamente una militante del Partido Comunista —el mismo partido que, según esta columna ya documentó en su cobertura sobre el "Comunistour", reivindica a Cuba como "sistema democrático" y sostiene vínculos de larga data con el régimen venezolano— quien hoy hable de "ideologización" y "radicalización" para describir a un gobierno que, hasta ahora, se ha limitado a proponer cárceles efectivas para el crimen organizado y mayor protección legal para las policías. Esta columna considera que esa acusación, formulada además desde el confort de una gira internacional financiada con la dieta vitalicia que Jara y sus excolegas de gabinete siguen percibiendo, resulta particularmente difícil de tomar en serio.
El antecedente que esta columna ya documentó: Vallejo y "el persecutor discrecional"
Esta columna recuerda que, el día anterior, en entrevista con Descabelladas, Camila Vallejo —ya identificada por esta columna como "la telonera de Boric" en su cobertura anterior sobre esta misma gira— había elevado el tono al calificar la reforma constitucional de "introducir una especie de régimen autoritario", agregando: "me parece sospechoso que quieran hacer esta reforma constitucional para que el Presidente no tenga ningún tipo de contrapeso y termine siendo el persecutor de manera discrecional de ciudadanos comunes". Vallejo insistió, además, en la misma pregunta retórica que esta columna ya reprodujo: "¿tú estarías dispuesta a que el Presidente o un subordinado intercepte tu teléfono, que puedan detener a tu hijo o al hijo del vecino bajo ninguna justificación?".
Esta columna considera que esa acusación, viniendo de una figura política que integró un gobierno cuyo propio expresidente ya reconoció fallas graves en materia de seguridad, y que perteneció durante años a la dirección de un partido —el Partido Comunista— sistemáticamente reacio a fortalecer las herramientas legales de las policías chilenas, resulta, cuando menos, desprovista de la autoridad moral que pretende arrogarse.
Lectura editorial: el Frente Amplio y el Partido Comunista no tienen autoridad moral para esta lección
Esta columna sostiene, sin matices ni falso equilibrio, que el Frente Amplio y el Partido Comunista carecen hoy de la legitimidad histórica necesaria para exigirle a este gobierno lecciones de institucionalidad democrática. Son estos mismos sectores los que, durante el estallido social, relativizaron sistemáticamente la violencia organizada, según esta columna ya reconstruyó con evidencia documental en su cobertura sobre las omisiones del informe parlamentario del 18-O —incluyendo el ingreso encapuchado de la entonces diputada Pamela Jiles al hemiciclo, y la glorificación de la "primera línea" como "héroes" dentro del propio Salón de Honor del Congreso—. Son estos mismos sectores los que insistieron, una y otra vez, en derogar protecciones legales básicas para Carabineros, incluso en pleno luto por la muerte de uniformados en cumplimiento de su deber, según esta columna ya documentó en su cobertura sobre la insistencia comunista frente a la Ley Nain-Retamal.
Que hoy, desde el confort de una gira internacional pagada con la dieta vitalicia de todos los chilenos, acusen a un gobierno elegido democráticamente y con amplio respaldo popular de "autoritarismo" por exigir cárceles efectivas para el crimen organizado y proteger a quienes arriesgan su vida por la seguridad de todos, es una inversión de roles que esta columna no está dispuesta a validar. La reforma de seguridad de Kast podrá tener, en efecto, aspectos técnicos perfectibles —esta columna ya documentó con seriedad las objeciones específicas del senador Cristián Vial sobre el mando militar-policial, y las consideramos legítimas y dignas de corrección legislativa—. Pero esas objeciones técnicas nada tienen que ver con los sermones morales que hoy formula una izquierda que perdió, hace mucho tiempo, cualquier credibilidad para hablar de institucionalidad y libertades.
Conclusión: una respuesta merecida, sin concesiones
Esta columna concluye que la respuesta de Kast no solo es políticamente acertada, sino moralmente merecida. El Frente Amplio y el Partido Comunista no tienen, hoy, la autoridad histórica para dar lecciones de institucionalidad a un gobierno que está intentando, precisamente, reconstruir lo que esos mismos sectores contribuyeron a destruir. VDI Global seguirá exigiendo el máximo rigor técnico en la discusión legislativa de esta reforma, sin ceder un milímetro frente a los reproches infundados de quienes hoy pretenden erigirse en jueces morales de la seguridad pública chilena.