LA GENERACIÓN JOVEN SUB 40 DEBE DIRIGIR LA UDI
La UDI se apresta a definir su nueva directiva con Jorge Alessandri (47) al mando de una lista de consenso, acompañado como secretario general por Pablo Longueira (67), histórico timonel del partido en los años 90. Pero antes de que esa fórmula se cierre, un grupo de dirigentes menores de 40 años —liderado por la diputada Constanza Hube— está presionando por algo más de fondo que un cupo en el organigrama: que la generación que hoy tiene entre 30 y 40 años, y que se siente plenamente identificada con el proyecto de gobierno de José Antonio Kast, tenga representación real en la conducción del partido que se dice su principal anclaje.
La molestia de fondo: Longueira y su distancia con el Ejecutivo
El malestar del sector "sub 40" —que además de Hube incluye al vicepresidente Eduardo Cretton (30), al diputado Ricardo Neumann (38) y al diputado Jaime Coloma (35)— no es un capricho de representación etaria. Es una preocupación política concreta: Longueira ha mostrado en los últimos meses una postura crítica hacia la gestión del gobierno de Kast, y la generación más joven del partido teme que, instalado como secretario general, esa distancia se traslade a las instancias de coordinación entre la UDI y La Moneda —justo en un momento en que el propio Ejecutivo ha exigido a los partidos de Chile Vamos mayor lealtad y menos fuego cruzado interno—.
Hube fue la primera en poner el tema sobre la mesa, organizando una reunión con exautoridades y dirigentes del partido para abordar la agenda laboral, un gesto que en la UDI se leyó como el inicio de un posicionamiento propio. Su nombre incluso llegó a circular como una eventual candidata alternativa a la presidencia del partido —una posibilidad que su entorno niega, insistiendo en que su objetivo real es asegurar representación generacional en la lista de consenso, no disputarle la testera a Alessandri—.
Lo que plantea esta generación: gobernar, no dividir
El diagnóstico que comparten los cuatro dirigentes más jóvenes tiene un eje común, y coincide con exactamente lo que este medio ha sostenido en más de una ocasión: la UDI necesita recuperar una identidad propia, diluida durante años de convivencia poco distintiva dentro de Chile Vamos, y transformarse en el ancla de una derecha que gobierna con un programa social amplio —seguridad, empleo, educación— en lugar de consumirse en la lógica estéril de "valientes y cobardes" que ha marcado buena parte del debate interno de la derecha este año.
Neumann fue explícito: la UDI debe volver a ser el ancla de una derecha que gobierna, dejando atrás divisiones sin sentido y enfocándose en sacar adelante el programa de Kast. Cretton, por su parte, rechazó de plano el marco de disputa generacional que algunos medios instalaron, pero fue igual de claro en su objetivo: que la UDI termine con la lógica de coalición difusa de Chile Vamos y se convierta derechamente en el partido ancla del gobierno. Coloma, más cauto, pidió que la lista final represente "a todos" dentro del partido, evitando que la renovación se lea como una guerra interna.
Es un diagnóstico que merece ser tomado en serio, no descartado como una simple maniobra de cuoteo. Un partido que aspira a ser el ancla de un gobierno no puede tener en su secretaría general a alguien cuya principal seña pública de los últimos meses ha sido la distancia crítica con ese mismo gobierno. No se trata de exigir lealtad ciega —la fiscalización interna sana es parte de cualquier coalición—, sino de que quien ocupe el cargo operativo más importante del partido, el que coordina directamente con La Moneda, comparta el compromiso de sacar adelante el programa antes que administrar sus reparos.
Lo que se juega en las próximas horas
En el sector de la UDI que ronda o supera los 50 años —donde se ubican el presidente Guillermo Ramírez, el actual secretario general Juan Antonio Coloma y el expresidente Javier Macaya— la irrupción de esta generación se mira con buenos ojos, al menos en el discurso. La negociación en curso apunta a que el grupo sub 40 obtenga, como mínimo, la prosecretaría general más una vicepresidencia, o alternativamente tres vicepresidencias dentro de la nueva directiva. Esta semana está prevista una reunión entre la bancada de diputados y el propio Longueira para "limar asperezas" antes de que la lista de consenso quede cerrada.
Si esa negociación no satisface a la generación de recambio, no se descarta que alguno de sus integrantes compita directamente contra Alessandri —aunque en la UDI reconocen que será difícil, dado el amplio consenso que ya reúne su candidatura—. Lo que está en juego no es solo quién ocupa qué cargo: es si la UDI decide, de una vez, que la generación que se siente parte activa del proyecto de gobierno de Kast tenga el peso que le corresponde en la conducción del partido, en lugar de quedar subordinada a un secretario general cuya principal carta de presentación reciente ha sido la distancia con el Ejecutivo al que la UDI dice sostener con lealtad.