NADIE LES COBRARÁ LA CUENTA Y SE LO ROBARON TODO: EL FRENTE AMPLIO SE REÚNE A DEBATIR SU FUTURO Y DECIDE BLINDAR A BORIC SIN UNA SOLA AUTOCRÍTICA FORMAL
El Frente Amplio celebra este fin de semana su primer Congreso Ideológico-Estratégico, tras tres meses de reuniones preparatorias en más de 180 unidades congresales en todo Chile y el extranjero. De las bases surgieron reproches espontáneos a la dirigencia que acompañó a Boric en el gobierno, particularmente por haberse distanciado de los movimientos sociales que los llevaron al poder. Pero la propia directiva del partido decidió, hace más de un mes, rechazar cualquier ejercicio formal de autocrítica sobre la gestión de gobierno, optando por "blindar" al expresidente. Mientras tanto, el exconstituyente Fernando Atria elogia públicamente la "flexibilidad" de Boric para "ajustarse" tras la derrota constitucional, y el partido ya mira hacia el futuro con dos cartas presidenciales: el propio Boric, que no descarta repostular, y el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic.
Un proceso participativo diseñado para no incomodar a quien debía ser incomodado
El Frente Amplio lleva desde el jueves 11 de junio procesando, una por una, las actas de más de 180 "unidades congresales" (UCON) realizadas en los últimos tres meses en Chile y en el extranjero, con grupos de entre 10 y 19 militantes cada una. El resultado de ese trabajo se presentará este sábado y domingo en la sede de la CUT, en lo que el partido define como su primer Congreso Ideológico-Estratégico.
Hay un dato revelador sobre cómo se diseñó este proceso que merece destacarse antes de entrar en el contenido del debate: de los 180 congresales electos para participar en esta asamblea, solo dos son nombres conocidos del establishment político: el exministro socialista Jorge Arrate y la exconstituyente Giovanna Roa. El resto son militantes de base, deliberadamente desconocidos, que no obedecen a ninguna facción interna del partido.
Hay dos lecturas posibles sobre esa decisión, y ambas son reveladoras. La versión oficial es que la dirigencia buscó una instancia "completamente igualitaria entre la militancia", evitando que exautoridades, parlamentarios y alcaldes coparan el protagonismo. La versión que circula extraoficialmente entre fuentes del propio partido es más cruda: que al instalar este mecanismo, la actual dirigencia "perdió completamente el control del Congreso", hasta el punto de que, según un dirigente citado en el reportaje, "la directiva y el comité central no tienen voz ni voto en las definiciones que adoptará el plenario. Ni siquiera pueden hablar."
Sea cual sea la intención original, el resultado práctico es el mismo: un partido que gobernó Chile durante cuatro años, con responsabilidad directa sobre crisis de la magnitud del CAE y los embargos masivos, del escándalo de los niños haitianos, y de un legado económico que el propio gobierno de Kast ha descrito en términos de comparación con países en vías de desarrollo, organiza un proceso de revisión interna donde quienes tomaron esas decisiones de gobierno no tienen ni voz ni voto para defenderlas o, más relevante todavía, para que se les exija que respondan por ellas.
El reproche que surgió "espontáneamente", según la propia dirigencia
Pese a que ninguna de las cuatro preguntas oficiales que guiaron las conversaciones de las UCON incluía un análisis directo de la administración Boric, el reportaje confirma que surgieron, de manera espontánea, cuestionamientos hacia la dirigencia que acompañó al expresidente durante su gobierno. El reproche principal: haberse alejado de los movimientos sociales —universitarios, feministas, medioambientalistas— que catapultaron al Frente Amplio al poder.
El encargado del Congreso, Javier Ahumada, lo reconoce con un lenguaje cuidadosamente moderado: "Hay visiones autocríticas que, por cierto, son súper necesarias, sobre el proceso constitucional y el repliegue que produjo la derrota en los movimientos sociales." Agrega que también hay quienes defienden "una política más de masas y de crecimiento electoral", pero que "hay muchos más acuerdos y consensos de lo que uno podría haber sospechado con anterioridad."
La exsubsecretaria Valeska Naranjo confirma la existencia de esa demanda de fondo: "Hay una reflexión compartida de que es necesario hacer un proceso más profundo para analizar la experiencia de haber sido gobierno y, a partir de ello, corregir aquello que no se hizo bien." Es una declaración que admite, en los hechos, que ese proceso profundo de análisis todavía no se ha hecho.
Atria y la defensa de lo indefendible: "estuvo a la altura"
Frente a esas voces autocríticas que emergieron desde las bases, el reportaje documenta una defensa explícita y pública de la gestión de Boric que llegó, significativamente, desde uno de los intelectuales más influyentes del progresismo chileno. El exconstituyente frenteamplista Fernando Atria, en el podcast Mirada Infinita, valoró la "flexibilidad" que tuvo el expresidente y su capacidad para "ajustarse" al escenario político tras el rechazo de la propuesta de nueva Constitución en septiembre de 2022.
La frase de Atria merece ser leída con todo el detalle de su construcción retórica: "La expectativa transformadora con la cual Boric llegó al poder en buena parte se frustró, pero no por la incompetencia del gobierno, sino que por el cambio en las condiciones en las cuales debió gobernar. A pesar de eso, terminó de una manera satisfactoria y estuvo a la altura."
Es exactamente el tipo de construcción argumental que blinda a una administración de cualquier responsabilidad directa: el fracaso de las expectativas transformadoras no se atribuye a decisiones de gobierno, sino a "el cambio en las condiciones." El CAE no se menciona. El escándalo de los niños haitianos —que para el momento de esta declaración ya era de conocimiento público— no se menciona. El deterioro de los indicadores de seguridad que el propio gobierno de Kast ha documentado con cifras del Índice de Paz Global no se menciona. Lo único que queda es la conclusión: "estuvo a la altura."
El bloqueo formal a la autocrítica: lo que la dirigencia decidió hace un mes
El reportaje confirma un antecedente concreto que ilustra, con un hecho específico, la decisión política de la dirigencia frenteamplista de no abrir ningún espacio formal de autocrítica: hace poco más de un mes, la directiva del Frente Amplio rechazó la posibilidad —planteada por el Socialismo Democrático— de incluir un ejercicio de autocrítica en el documento de respuesta a la megarreforma del gobierno de Kast, elaborado por los centros de estudio de oposición.
Es decir: cuando se presentó la oportunidad institucional concreta de incorporar una reflexión crítica sobre la propia gestión de gobierno, en un documento que la oposición preparaba conjuntamente, el Frente Amplio dijo que no. La inquietud que esto genera dentro del propio partido, según fuentes citadas en el reportaje, "radica básicamente en la decisión de la dirigencia de 'blindar' al exmandatario y no abrir ningún tipo de espacio para autocríticas." Y esa decisión se toma, además, "en momentos en que la oposición necesita unidad para ser un contrapeso efectivo al gobierno del Presidente José Antonio Kast" —es decir, la urgencia táctica de hacer oposición se invoca como justificación para evitar la rendición de cuentas interna.
El exsenador Juan Ignacio Latorre ofrece la explicación oficial de esa decisión, que es, en sustancia, una lista de logros sin ningún reconocimiento equivalente de fracasos: "Hay conciencia de la necesidad de defender lo que logramos avanzar durante el gobierno (reforma de pensiones, royalty minero, salario mínimo, Ley de 40 horas) y también de los pendientes que no pudimos concretar por la correlación de fuerzas en el Parlamento (CAE, reforma tributaria, sala cuna universal, reforma a la salud...)."
Notar la construcción semántica: los logros se presentan como mérito propio. Los fracasos —empezando, significativamente, por el CAE, que es precisamente el área donde esta cobertura ha documentado con mayor detalle la responsabilidad directa del gobierno de Boric en el aumento de la morosidad y en la gestión fallida de los embargos— se atribuyen a "la correlación de fuerzas en el Parlamento", es decir, a la oposición, nunca a errores propios de diseño o de comunicación de la política pública.
"Nadie les cobrará la cuenta": la dinámica que explica el título de este informe
El conjunto de hechos que este reportaje documenta confirma, con una precisión que pocas veces ofrece la cobertura política habitual, la dinámica que da título a este informe. El Frente Amplio gobernó Chile durante cuatro años. Bajo su administración se gestó el aumento de la morosidad del CAE de 28% a 53%, según datos ya documentados en análisis anteriores. Bajo su administración se dictó el memorándum 1886 que flexibilizó, con efecto retroactivo, los controles documentales que permitieron el ingreso irregular de cientos de niños haitianos. Bajo su administración, según la propia Carolina Tohá, existió sospecha de un funcionario consular colaborando con una red de tráfico de menores. Bajo su administración, el país cayó del puesto 37 al puesto 62 en el Índice de Paz Global.
Y el ejercicio interno de revisión de ese legado, diseñado por el propio partido para definir su rumbo futuro, no contempla en sus preguntas oficiales ningún análisis directo de esa administración. Cuando la demanda de autocrítica surge de todos modos, espontáneamente, desde las bases, la dirigencia la contiene: rechaza incluirla en documentos formales de oposición, blinda al expresidente, y deja que intelectuales orgánicos como Atria construyan la narrativa de que todo lo que salió mal fue producto de "las condiciones" y no de decisiones de gobierno.
Es exactamente el mecanismo por el cual una colectividad política puede gobernar, acumular un historial de fracasos documentados con nombres, fechas y cifras oficiales, y salir del ejercicio de revisión interna sin que absolutamente nadie dentro de su propia estructura le haya cobrado la cuenta. Mientras tanto, ya mira hacia adelante: hacia la posibilidad de que Boric vuelva a postular a la presidencia, o hacia la carta del alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, a quien el propio dirigente histórico del socialismo José Antonio Viera-Gallo describió esta semana como "la persona más indicada" para representar al progresismo.
Lo que sí queda en evidencia: la fractura entre autoflagelantes y autocomplacientes
El reportaje describe con precisión un fenómeno que cualquier observador de la historia reciente de las coaliciones de gobierno chilenas reconocerá: la división entre sectores "autoflagelantes" —que exigen una revisión crítica profunda— y "autocomplacientes" —que defienden la gestión sin matices—, comparándola explícitamente con la dinámica que vivió la Concertación durante sus años de mayor éxito electoral.
Lo que distingue al caso del Frente Amplio, sin embargo, es la velocidad: la Concertación tuvo veinte años de gobierno continuo antes de que esas tensiones internas se agudizaran de manera decisiva. El Frente Amplio llega a este mismo punto de fractura interna después de un solo gobierno de cuatro años, que terminó con una derrota presidencial doble —primero la del diputado Gonzalo Winter en las primarias frente a Jeannette Jara del PC, y luego la propia derrota de Jara en segunda vuelta frente a Kast— y con un legado de gestión que, en materias tan sensibles como la protección de menores migrantes, todavía está siendo investigado por la Fiscalía.
La presidenta del partido, Constanza Martínez, prefiere proyectar la conversación hacia adelante: "Más que discutir si somos más o menos moderados que antes, [...] nuestro desafío es cómo construimos un nuevo proyecto para Chile y para los próximos 50 años." Es una aspiración legítima para cualquier organización política. Pero un proyecto para los próximos 50 años que se construye sin haber respondido, con la misma rigurosidad que se le exige a cualquier otro actor político, por lo que ocurrió en los últimos cuatro, es un proyecto que comienza eludiendo precisamente la pregunta que la ciudadanía más necesita ver respondida.
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