PENOSA E INDIGNA: BACHELET VIAJA A MÉXICO A "ANALIZAR" SU CANDIDATURA MIENTRAS CHILE PAGA LA CUENTA DE UN PAPELÓN QUE ELLA MISMA SE NIEGA A RECONOCER
El golpe que no esperaban, la gira que no se explica sola
La expresidenta Michelle Bachelet viaja este martes a México para participar de una actividad de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en uno de los dos únicos países que aún patrocinan su candidatura a la Secretaría General de las Naciones Unidas. Su propio entorno no descarta ni confirma si se reunirá con la presidenta Claudia Sheinbaum para analizar el remezón que sufrió su postulación tras la segunda medición informal —el llamado straw poll— del Consejo de Seguridad de la ONU, el organismo de 15 países, cinco de ellos con poder de veto, donde Bachelet quedó penúltima entre ocho competidores, con el respaldo de apenas dos países.
Esta columna ya venía documentando, desde el 21 de agosto, el deterioro sostenido de esta candidatura. Lo que hoy se confirma con el viaje a México es algo más incómodo de admitir para el círculo de Bachelet: la gira no es un ejercicio de campaña con vocación de triunfo, es un operativo de contención de daños que no se atreve a llamarse por su nombre.
Tanto con Sheinbaum como con el brasileño Lula da Silva, Bachelet debe resolver la pregunta que su propio entorno ya no puede seguir esquivando: ¿seguir o no seguir en la carrera por el cargo más alto de la ONU? Según reportes del círculo de la exmandataria, con Lula el diálogo es fluido —ambos son cercanos— y hasta antes del viernes pasado el líder brasileño transmitía la voluntad de sostener la postulación de Bachelet hasta el final. Que esa voluntad se mencione en pasado, "hasta antes del viernes", ya dice todo lo que hay que saber sobre el estado real de ese respaldo.
El resultado del viernes fue descrito, dentro del propio círculo de la expresidenta, como "mucho peor de lo que esperaban". Bachelet recibió seis votos en contra y otros siete países que directamente se abstuvieron de opinar. Este lunes su equipo se reunirá en sus oficinas con las misiones diplomáticas de Brasil y México, además de las dos caras visibles de esta campaña en Chile: el excanciller Heraldo Muñoz y la exsubsecretaria de Relaciones Exteriores Gloria de la Fuente, quien hoy además preside la fundación de Bachelet, Horizonte Ciudadano. El ánimo con el que se llega a esa cita, según se ha filtrado, es bajo. Que haga falta una reunión de contención para procesar un resultado de una votación informal —no vinculante, apenas un termómetro entre países— retrata con precisión la magnitud del papelón: no se trata de una derrota electoral real, sino de la evidencia acumulada de que ni siquiera sus propios patrocinadores logran generarle una base de apoyo sólida entre pares.
Van Klaveren y la pregunta que nadie quería hacer en voz alta
El fin de semana volvió a repetirse, dentro del círculo de excancilleres que respalda a Bachelet, el eco de una idea que el propio Alberto van Klaveren —excanciller del gobierno de Boric— había transparentado antes: que una mala votación en el Consejo de Seguridad instala, de forma casi automática, la idea de bajar la candidatura de la expresidenta. Esta columna ya había cubierto esas declaraciones el 21 de agosto, bajo el titular "Esto es realismo", precisamente porque Van Klaveren —una figura del propio sector de Bachelet, no un crítico externo— fue el primero en admitir públicamente lo que el resto de su entorno se resistía a decir en voz alta.
Que hoy, tras un segundo resultado todavía peor que el primero, ese mismo diagnóstico vuelva a instalarse dentro del círculo de la exmandataria no es una sorpresa: es la confirmación de que ni siquiera sus aliados más cercanos logran sostener, con la cara seria, el relato de que esta candidatura sigue teniendo un camino viable. Y sin embargo, la decisión formal de bajarla no se toma. Se posterga. Se agenda una reunión. Se organiza un viaje a México. Se espera "unas semanas más" hasta el próximo straw poll. Cada día que pasa sin una definición es, para esta columna, un día más en que la marca país de Chile queda asociada a una candidatura que su propio entorno ya no sabe cómo defender con convicción.
El affaire Grossi: hasta el tercer lugar se tambalea, y eso no salva a Bachelet
Dentro del círculo de Bachelet circulan lecturas que buscan matizar el golpe. La más citada: que la última medición informal reveló que no existe todavía un candidato favorito claro entre los ocho competidores, y que aún queda terreno por disputar. Como evidencia de esa tesis, se menciona que la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett —proyectadas como las opciones predilectas del Consejo de Seguridad— bajaron su nivel de apoyo en la votación del viernes. Y que el argentino Rafael Grossi, tercero en respaldos, sufrió un golpe directo de una de las potencias con poder de veto: la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, cuestionó en duros términos declaraciones previas de Grossi sobre que la ONU "ha perdido su relevancia y está muriendo lentamente", ironizando con que quizás el director del OIEA se refería "a sí mismo, a su secretariado y a su entorno".
Esta columna no comparte la lectura optimista que el entorno de Bachelet intenta extraer de este episodio. Que el tercer lugar tropiece no mejora en nada la posición de quien está en el penúltimo puesto. Y hay una diferencia cualitativa que el círculo de la expresidenta prefiere no mencionar: los dardos contra Grossi vinieron de una potencia con poder de veto cuestionando una declaración pública suya sobre la propia ONU —un golpe de sustancia, sobre su idoneidad para el cargo—. Los dardos contra Bachelet, en cambio, ya venían de antes: el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Michael Waltz, había adherido semanas atrás a críticas de un parlamentario del Capitolio contra la candidata chilena. No es lo mismo un tropiezo puntual de un candidato con inercia propia, que el patrón sostenido de cuestionamientos que acompaña a Bachelet desde el inicio de esta carrera —un patrón que esta misma columna documentó en detalle el 21, el 22 y el 23 de agosto, incluyendo el catastro completo de por qué su candidatura "no es confiable en el mundo".
Como si esto fuera poco, el terreno sigue moviéndose: antes de cada medición informal se ha inscrito un nuevo candidato. Primero fue el ugandés Olara Otunnu. Para este último straw poll, se sumó la ecuatoriana Ivonne Baki, patrocinada por Tonga. Cada nueva incorporación diluye aún más cualquier posibilidad de que Bachelet remonte, porque no compite contra un campo fijo: compite contra un campo que sigue creciendo mientras su propio respaldo sigue reduciéndose.
Quién es responsable: la cuenta que le quieren pasar a Kast
Aquí llega la parte que esta columna considera más reveladora del episodio, y la que justifica plenamente el calificativo de indigna. Mientras Bachelet y su entorno definen los próximos pasos de la candidatura, entre el mundo de excancilleres que la respalda comenzó a circular la pregunta de cuánto responsabilizar al presidente José Antonio Kast en caso de que la nominación termine cayéndose.
La historia, contada con honestidad, es la siguiente: el expresidente Gabriel Boric presentó a Bachelet como candidata en Nueva York hace casi un año. Meses después, con el cambio de gobierno, Kast le retiró el patrocinio oficial de Chile a la expresidenta, quien quedó respaldada únicamente por Brasil y México. Los defensores de Bachelet ya han empezado a instalar la idea de que esa decisión de La Moneda ha sido "un peso" para toda la campaña, y discuten internamente cuánto cuestionar al Jefe de Estado si finalmente deciden bajar la postulación.
Esta columna rechaza de plano ese intento de traspaso de responsabilidad. El gobierno de Kast no inventó los seis votos en contra ni las siete abstenciones del viernes pasado. No inventó el penúltimo lugar entre ocho candidatos. No inventó los cuestionamientos del embajador estadounidense Waltz ni la fragilidad estructural de una postulación que, según reconoció el propio Van Klaveren —repito, una figura del entorno de Bachelet, no un opositor de Kast—, ya ameritaba evaluarse tras el primer mal resultado. Retirar un patrocinio de Estado a una candidatura que el propio gobierno anterior comprometió, sin la debida consulta transversal, es una decisión legítima de política exterior soberana, no un sabotaje. Que hoy se busque construir, puertas adentro, una narrativa según la cual el fracaso de Bachelet es culpa de Kast y no de la propia debilidad de su candidatura ante el resto del mundo, es exactamente el tipo de relato conveniente que esta columna existe para desarmar.
Lectura editorial
Desde una posición que no oculta su cercanía con el gobierno de Kast en materia de política exterior, esta columna sostiene que la gestión de esta candidatura ha sido, desde el inicio, un ejercicio de vanidad política travestido de proyecto de Estado. Bachelet no compite por la Secretaría General de la ONU con el respaldo transversal de Chile —ese respaldo se lo quitó, con toda razón, el actual gobierno—, sino con el aval parcial de una red de exautoridades del gobierno de Boric que hoy insisten en sostener una postulación que el resto del mundo, votación tras votación, se encarga de rechazar con cifras cada vez más elocuentes.
Lo penoso no es que Bachelet pierda una elección informal, no vinculante, ante candidatos con trayectorias también legítimas. Lo indigno es la falta de autocrítica: en vez de leer el mensaje que seis votos en contra y un penúltimo lugar envían con total claridad, su entorno prefiere buscar excusas —el tropiezo de Grossi, la falta de un favorito claro, la responsabilidad de Kast— antes que admitir lo evidente, que esta candidatura no tiene el sustento internacional necesario para prosperar. Cada semana adicional que Bachelet sostenga esta postulación sin un respaldo real es una semana más en la que el nombre de Chile queda vinculado, en los pasillos de Nueva York, a una candidatura fallida que insiste en no reconocerse como tal.
Lo que corresponde exigir
- Que el círculo de Bachelet defina públicamente, con plazo cierto, si continuará o no la candidatura, en vez de postergar la decisión de "straw poll" en "straw poll" mientras el desgaste sigue acumulándose.
- Que se abandone, de una vez, el intento de responsabilizar al gobierno de Kast por el resultado de una votación que Chile ya no patrocina oficialmente desde hace meses.
- Que Bachelet y su equipo transparenten con quiénes se reunirá exactamente en México, y si el viaje tiene algún objetivo concreto más allá de la actividad de CEPAL, dado el escrutinio público que amerita cualquier gasto o gestión asociada a esta candidatura.
- Que la prensa chilena, en particular la que ha cubierto esta historia con cierta condescendencia hacia la expresidenta, aplique el mismo estándar de exigencia que aplicaría a cualquier otra figura política en una posición de fracaso similar.
Conclusión
Bachelet viaja a México este martes con una candidatura que, en los hechos, ya fue derrotada dos veces por el propio Consejo de Seguridad de la ONU. Su entorno lo sabe, aunque prefiera llamarlo "análisis" en vez de "balance de un fracaso". El país que alguna vez la eligió dos veces presidenta merece, como mínimo, que esta historia se cierre con la misma honestidad con la que sus propios asesores —empezando por Van Klaveren— ya la están describiendo puertas adentro: fue mucho peor de lo que esperaban, y seguir fingiendo lo contrario es, en sí mismo, la parte más penosa de todo este episodio.