POR QUÉ VDI GLOBAL NO PUEDE COINCIDIR CON EL GOBIERNO DE CHILE EN LLAMAR "AVANCE PARA LA PAZ" A UN ACUERDO QUE DEJA A IRAN ARMADO, FINANCIANDO A HEZBOLLAH Y CON EL NUCLEAR PENDIENTE
El gobierno de José Antonio Kast, a través de su Cancillería, calificó el acuerdo entre Estados Unidos e Irán como "un avance significativo en favor de la paz, la estabilidad y la seguridad." VDI Global comparte en términos generales la política exterior del gobierno de Kast, y valoramos que Chile haya retomado una postura equilibrada en Medio Oriente después de cuatro años de un gobierno que rompió relaciones con Israel y tomó partido explícito por una de las partes.
Pero en este caso específico, y con el respeto que nos merece el gobierno que apoyamos, no podemos suscribir esa calificación sin decir con claridad por qué nos parece insuficiente. Porque la paz no se mide por la ausencia de disparos en las próximas semanas. Se mide por si las condiciones que produjeron el conflicto fueron resueltas o simplemente postergadas. Y lo que sabemos del memorando firmado en la madrugada del 15 de junio sugiere con fuerza que fueron postergadas.
Lo que el acuerdo contiene y lo que deliberadamente no contiene
Lo que se conoce del memorando incluye: cese al fuego en Líbano, apertura del Estrecho de Hormuz, liberación de activos iraníes congelados, reducción de presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico, y un marco para negociar el programa nuclear en una segunda fase de conversaciones cuya fecha, formato y condiciones no han sido definidas.
Lo que no contiene el acuerdo es igualmente —y quizás más— relevante: los misiles balísticos de Irán quedan completamente fuera del memorando. Las redes de organizaciones armadas que Irán financia, entrena y dirige en toda la región —Hezbolá en Líbano, Hamas en Gaza, los Houthis en Yemen— no son parte del acuerdo. Y el programa nuclear, que era el objetivo declarado de la campaña militar conjunta de EEUU e Israel, no fue desmantelado. Fue postergado a una segunda fase de negociaciones que no existe aún en ningún formato concreto.
En términos prácticos: Irán entrega una promesa sobre el futuro de su programa nuclear —verificable solo en el tiempo y solo si existe voluntad política de ambas partes para la segunda fase. A cambio, recibe beneficios concretos, inmediatos e irreversibles: dinero liberado, rutas comerciales abiertas, presión militar reducida. Y conserva intactos los tres instrumentos que usó durante décadas para proyectar poder e inestabilidad en la región: sus misiles, sus proxies y su conocimiento nuclear acumulado.
Eso no es un avance significativo para la paz. Es un reordenamiento de las condiciones del conflicto que favorece a quien tenía más que ganar con el acuerdo y perjudica a quien tenía más que perder.
El problema de los proxies: la amenaza que el acuerdo no tocó
La amenaza existencial que Israel ha enfrentado durante décadas no proviene directamente del ejército iraní. Proviene de la red de organizaciones armadas que Teherán financia, arma y dirige: Hezbolá en Líbano, Hamas en Gaza, los Houthis en Yemen, la Yihad Islámica Palestina y otras organizaciones menores distribuidas en Siria e Irak.
Esa red es el instrumento más efectivo de la política exterior iraní: permite a Teherán proyectar poder, desestabilizar a sus adversarios y mantener múltiples frentes abiertos sin comprometer directamente a sus fuerzas regulares. Es, en términos estratégicos, la principal ventaja competitiva de Irán en la región.
El acuerdo firmado esta madrugada no toca esa red. Hezbolá seguirá siendo financiado desde Teherán. Hamas seguirá recibiendo apoyo iraní. Los Houthis seguirán controlando el Estrecho de Bab el-Mandeb cuando les convenga. Ninguna de esas organizaciones forma parte del memorando. Ninguna fue mencionada como condición para los beneficios que Irán recibe hoy.
Para Israel, eso significa que el panorama de amenazas en su frontera norte —Líbano— y en sus flancos —Gaza, Yemen— no ha cambiado estructuralmente. Ha cambiado la temperatura del conflicto, no su arquitectura. Y la arquitectura es lo que determina si en dos años, en cinco, en diez, el ciclo de violencia se repite.
El problema nuclear: una promesa sin mecanismo
El programa nuclear iraní fue, desde el inicio de la crisis, el argumento central que justificó la campaña militar de EEUU e Israel. La destrucción de las instalaciones de enriquecimiento de Natanz y Fordow fue presentada como un logro estratégico que retrasaba en años la capacidad de Irán para producir un arma nuclear.
Pero el conocimiento no se destruye con bombas. Los ingenieros nucleares iraníes que desarrollaron ese programa siguen existiendo. La experiencia acumulada durante décadas de investigación sigue siendo parte del capital técnico del régimen. Y el memorando firmado esta madrugada no establece —al menos en lo que es públicamente conocido— un mecanismo de verificación robusto, con inspecciones irrestrictas y consecuencias automáticas ante incumplimientos, que garantice que Irán no reconstituirá ese programa en el mediano plazo.
Lo que existe es un compromiso de negociar esos mecanismos en una segunda fase. Es decir, la parte más difícil de la negociación —la que determina si el acuerdo tiene dientes reales— quedó para después. Para cuando los beneficios ya fueron entregados y la presión que existía para negociar habrá disminuido sustancialmente.
El senador estadounidense Warner lo dijo con precisión quirúrgica horas antes de la firma: "La idea de que Hormuz se abra mágicamente y que el problema nuclear esté resuelto no es realista." Irán tiene miles de misiles y drones. El conocimiento nuclear no desapareció con los bombardeos. Y un acuerdo que no aborda esas realidades de manera verificable y vinculante no es una solución. Es una pausa.
La ironía Trump-Obama que nadie quiere nombrar
Hay una dimensión de esta noche que la narrativa oficial de Washington prefiere ignorar pero que VDI Global no puede omitir: la ironía estructural entre el acuerdo que Trump firmó esta madrugada y el acuerdo nuclear de Obama de 2015 que Trump criticó durante años con una vehemencia sin precedentes.
Trump llamó al JCPOA "el peor acuerdo de la historia." Sus argumentos centrales eran tres: liberaba activos iraníes sin garantías suficientes, no abordaba los misiles balísticos de Irán, y no incluía a los proxies iraníes como condición del acuerdo.
El memorando firmado esta madrugada tiene exactamente esa estructura. Libera activos iraníes. No aborda los misiles balísticos. No incluye a los proxies. Y postrega la parte nuclear a una segunda fase, exactamente como el JCPOA postergaba ciertos elementos a negociaciones futuras.
La diferencia es que el JCPOA de Obama tenía mecanismos de verificación más detallados —con inspecciones del OIEA— que este memorando, cuyos mecanismos de verificación no son públicos aún.
No decimos esto para defender el legado de Obama ni para atacar a Trump. Lo decimos porque la coherencia intelectual es parte de nuestro compromiso editorial. Y la coherencia exige señalar que el presidente que más duramente criticó ese tipo de acuerdos acaba de firmar uno.
Lo que le decimos al gobierno de Kast
VDI Global apoya la política exterior del gobierno de Kast. Apoyamos el restablecimiento de relaciones normales con Israel. Apoyamos una postura equilibrada que no tome partido por una de las partes del conflicto como hizo el gobierno de Boric.
Pero apoyar al gobierno no significa suscribir cada declaración de la Cancillería sin análisis crítico. Y en este caso, la calificación de "avance significativo en favor de la paz" merece ser matizada con los hechos.
La paz en Medio Oriente —una paz real, duradera y verificable— requería que este acuerdo abordara los misiles iraníes, desmantelara el financiamiento a los proxies y estableciera mecanismos robustos e irrestrictos de verificación nuclear. No lo hizo.
Lo que se firmó esta madrugada es un cese al fuego con beneficios económicos para Irán y promesas nucleares para el futuro. Eso puede ser lo mejor que era posible negociar en este momento. Puede ser un primer paso hacia algo más sustancial. Puede ser el inicio de un proceso que eventualmente produzca la paz que la región necesita.
Pero llamarlo hoy "un avance significativo en favor de la paz" sin señalar lo que falta es un optimismo que los hechos no sostienen completamente. Y VDI Global no puede suscribirlo sin decir con claridad por qué.
Israel: el actor que pagó el precio sin estar en la mesa
Hay una última dimensión que no puede omitirse en este análisis. Israel fue el país que combatió en Líbano. Israel puso las bajas, la destrucción y el esfuerzo militar que creó las condiciones para que este acuerdo fuera posible. Israel fue el país que vivió esta noche con el GPS bloqueado, con sirenas de alarma activas, con la amenaza de misiles iraníes sobre sus ciudades.
Y sin embargo, Israel no estuvo en la mesa donde se negoció su propio futuro. El acuerdo que define la situación en su frontera norte fue negociado entre Washington y Teherán. Netanyahu fue informado del resultado, no consultado sobre el proceso.
Que el gobierno chileno califique eso de "avance significativo en favor de la paz y la seguridad" sin mencionar a Israel —el actor que más pagó y menos decidió en esta crisis— es una omisión que VDI Global no puede dejar pasar en silencio.
La paz que Chile celebra esta madrugada tiene un costo que otros pagaron. Y ese costo merece ser nombrado.