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"ESTO ES LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, PERO CON DRONES": UCRANIA SUPERA EN DURACIÓN A LA GRAN GUERRA Y EL MUNDO NO TIENE PLAN PARA DETENERLA

"ESTO ES LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL, PERO CON DRONES": UCRANIA SUPERA EN DURACIÓN A LA GRAN GUERRA Y EL MUNDO NO TIENE PLAN PARA DETENERLA

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by Redacción VDI Global

Subtítulo: El jueves 11 de junio de 2026, la guerra de Rusia en Ucrania alcanzó los 1.569 días —más de cuatro años y tres meses— superando en extensión a la Primera Guerra Mundial. Los paralelos son tan evidentes que historiadores, analistas militares y el propio almirante de la OTAN los describen con la misma frase: "Esto es la Primera Guerra Mundial, pero con drones." La artillería dominante, las trincheras, la guerra de desgaste, 70 metros de avance al día. Y Putin que se niega a negociar.


En agosto de 1914, los soldados franceses que marchaban hacia la frontera con Alemania creían que estarían de vuelta en París para Navidad. No lo estuvieron. Cuatro años, tres meses y catorce días después, el Armisticio de 1918 puso fin a la Primera Guerra Mundial —el conflicto que iba a ser "la última de las últimas"— con nueve millones de soldados muertos, el mapa de Europa rehecho y la ilusión de que la escala del horror sería suficiente para que la humanidad no volviera a cometer el mismo error.

El jueves 11 de junio de 2026, la guerra de Rusia en Ucrania alcanzó los 1.569 días de duración. Superó a la Gran Guerra. Lo hizo con trincheras, con artillería dominante, con avances medidos en decenas de metros por día y con cerca de medio millón de muertos. Y lo hizo en un momento en que ni Vladimir Putin ni las potencias occidentales que apoyan a Ucrania tienen una hoja de ruta clara para terminarla.

"Esto es la Primera Guerra Mundial, pero con drones", dijo el historiador ucraniano Yaroslav Hrytsak. Es la frase más precisa disponible para describir lo que está ocurriendo en el este de Ucrania en este momento: un conflicto industrial de desgaste, donde los avances se miden en metros y las bajas en miles diarios, pero con la adición de una tecnología que la Primera Guerra no tuvo y que ha transformado el campo de batalla de maneras que nadie anticipó completamente.

LOS PARALELOS: POR QUÉ LA COMPARACIÓN ES MÁS QUE RETÓRICA

Frank Ledwidge, profesor de Estrategia y Derecho Militar en la Universidad de Portsmouth, documenta los paralelos con la precisión de quien ha estudiado ambos conflictos. Las similitudes son múltiples y van más allá de la estética de las trincheras.

El primero es táctico: la artillería como arma dominante. Durante la Primera Guerra Mundial, la artillería fue responsable de la mayoría de las bajas en el frente occidental. En Ucrania, durante el primer año de la guerra, la artillería fue responsable de la inmensa mayoría de las bajas de ambos lados. El patrón es idéntico: el arma que define el ritmo de la batalla es la que puede destruir posiciones enemigas desde la distancia, forzando a los defensores a refugiarse bajo tierra y haciendo que cada avance cueste un precio desproporcionado en vidas y municiones.

El segundo paralelo es los sistemas de trincheras extensos. Desde la guerra Irán-Irak entre 1980 y 1988 —que también fue documentada como un regreso a las trincheras de la Primera Guerra— ningún conflicto interestatal de gran envergadura había dependido tanto de fortificaciones de campaña: trincheras, obstáculos de hormigón, alambradas, búnkeres subterráneos. El frente ucraniano tiene cientos de kilómetros de estas estructuras en ambos lados. Las maniobras a gran escala dieron paso a un combate de desgaste que se mide en cientos de metros en lugar de decenas de kilómetros.

Pero Ledwidge señala que las similitudes más profundas no están en las trincheras ni en la artillería. Están en la lógica subyacente de la guerra misma. Al igual que la Primera Guerra Mundial, el conflicto en Ucrania se ha convertido en una "lucha de resistencia" donde lo que determina el resultado no es el genio táctico de ningún comandante sino la acumulación de cuatro factores: recursos humanos, capacidad industrial, resiliencia económica y voluntad política.

Rusia tiene más población. Ucrania tiene más apoyo externo. La pregunta de cuál de esas dos variables es decisiva a largo plazo es exactamente la misma que los aliados y los imperios centrales enfrentaron entre 1914 y 1918.

LA OFENSIVA RUSA SOBRE POKROVSK: MÁS LENTA QUE LA BATALLA DEL SOMME

El dato más revelador de todos viene de un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington: la ofensiva rusa sobre Pokrovsk —una ciudad del este de Ucrania que Rusia finalmente capturó— avanzó a un ritmo promedio de unos 70 metros al día.

Setenta metros. Por día.

Para dimensionarlo: la batalla del Somme, en julio de 1916, fue una de las batallas más sangrientas y menos eficientes de la Primera Guerra Mundial. Es el paradigma del sacrificio sin resultado proporcional. Y la ofensiva rusa sobre Pokrovsk fue más lenta que la batalla del Somme.

Eso no significa que Rusia esté perdiendo. Significa que el conflicto ha alcanzado un nivel de parálisis táctica donde incluso el agresor con superioridad numérica no puede generar avances significativos sin pagar un precio catastrófico. El almirante Pierre Vandier, comandante supremo aliado de Transformación en la OTAN, que visitó Ucrania recientemente, describió el campo de batalla ucraniano como "un escenario letal comparable al de la Primera Guerra Mundial" precisamente por la combinación de artillería y drones que hace que cualquier movimiento en campo abierto sea suicida.

LOS DRONES: LA VARIABLE QUE CAMBIA TODO Y NO CAMBIA EL RESULTADO

La frase del historiador Hrytsak —"Primera Guerra Mundial pero con drones"— captura la paradoja fundamental del conflicto. Los drones son la novedad tecnológica que distingue esta guerra de todas las anteriores de escala comparable. Son armas baratas, producibles en masa, capaces de penetrar defensas sofisticadas, que han democratizado el poder ofensivo de una manera que ninguna tecnología previa logró.

Los drones ucranianos han llegado al interior de Rusia. Han golpeado refinerías a cientos de kilómetros de la frontera. Han destruido equipamiento militar de alto valor en territorio ruso. Cada columna de humo que se eleva sobre suelo ruso es, como dice The Economist, "un mensaje humillante para Putin."

Pero los drones no han cambiado la lógica fundamental del conflicto. No han producido la ruptura del frente que habría terminado la guerra. No han generado el colapso psicológico de ninguno de los dos ejércitos. Han añadido una dimensión nueva al teatro de operaciones —la guerra aérea no tripulada de largo alcance— sin resolver la pregunta de fondo: ¿cómo termina esto?

La artillería de la Primera Guerra tampoco pudo romper el equilibrio de las trincheras durante cuatro años. Los tanques, introducidos en la batalla del Somme en 1916, tardaron años en producir el cambio operacional que prometían. La tecnología cambia la forma de la guerra. No siempre cambia su duración ni su resultado.

LAS DIFERENCIAS: LO QUE NO TIENEN EN COMÚN

Los historiadores que cita el New York Times son cuidadosos en señalar los límites de la comparación. La escala global de la Primera Guerra —múltiples frentes en Europa, África, el Pacífico y el Medio Oriente, con docenas de países involucrados— hace que la comparación directa de bajas y potencia de fuego sea metodológicamente problemática.

Entre nueve y once millones de soldados murieron en la Primera Guerra Mundial. En Ucrania han muerto alrededor de medio millón hasta ahora —una cifra enorme en términos humanos, pero un orden de magnitud menor que la Gran Guerra.

Ucrania tampoco existía como país durante la Primera Guerra Mundial. Estaba dividida entre los imperios austrohúngaro y ruso. La guerra de 2022-2026 es en parte la expresión de una identidad nacional que se formó precisamente en el crisol de los conflictos del siglo XX.

Y el contexto nuclear es diferente. En 1914 no había armas nucleares. En 2026 Rusia las tiene y Putin las ha mencionado implícitamente como factor disuasorio. Esa dimensión —que no existía en la Gran Guerra— es lo que hace que el apoyo occidental a Ucrania tenga límites que no tenía el apoyo aliado de 1917-1918.

EL VERSALLES QUE VIENE: LO QUE THE ECONOMIST ANTICIPA

La parte más relevante del análisis de The Economist es su reflexión sobre cómo terminará este conflicto y bajo qué condiciones. La revista británica señala que cuando llegue el armisticio "su carácter será distinto al firmado en el Salón de los Espejos en 1919."

Rusia no será un país derrotado y quebrantado. No habrá reparaciones de guerra al estilo Versalles. No habrá entregas a tribunales internacionales —a pesar de las exigencias de los países bálticos y Polonia que temen el revanchismo ruso. La paz será "un asunto complejo e insatisfactorio, plagado de compromisos con los que ninguna de las partes querrá convivir."

Pero hay paralelismos con Versalles que The Economist sí anticipa: la paz que llegue formará parte de una nueva arquitectura de seguridad en Europa. En 1919 se creó la Sociedad de Naciones para prevenir guerras futuras. Esta vez, un nuevo orden europeo incluirá garantías de seguridad para Ucrania respaldadas por una "coalición de países dispuestos" en Europa, tácitamente preparada para luchar contra Rusia si fuera necesario.

La pregunta es si esa arquitectura será más durable que la Sociedad de Naciones, que colapsó con la llegada de Hitler en 1933. El precedente histórico no es alentador.

ZELENSKY PUEDE SONREÍR. PUTIN SE NIEGA A NEGOCIAR

En el cuadro actual, The Economist ofrece un retrato de los dos líderes que dice algo sobre el estado del conflicto. Zelensky, que hace meses era descrito como "demacrado y vacío", puede verse sonriendo ocasionalmente. La moral de las tropas ucranianas está en su punto más alto. Europa está a punto de desembolsar un préstamo de 90.000 millones de euros. Los drones ucranianos llegan al interior de Rusia.

Putin, por su parte, se niega rotundamente a negociar. Los desafíos de Zelensky para conversaciones de paz —respaldados el 7 de junio por los líderes de Gran Bretaña, Francia y Alemania— no produjeron ninguna respuesta. No hay señal de que Moscú considere que ha alcanzado su objetivo máximo ni de que esté dispuesto a aceptar condiciones que no incluyan conquistas territoriales permanentes en Ucrania.

Ese estancamiento diplomático —que espeja el estancamiento militar en el frente— es el paralelo más incómodo con la Primera Guerra Mundial. En 1917, después de tres años de guerra, tampoco había señales de que ninguno de los dos bandos estuviera dispuesto a ceder lo suficiente para que las negociaciones produjeran resultado. La guerra siguió hasta que la revolución rusa cambió el equilibrio de fuerzas en el este y la entrada de Estados Unidos cambió el equilibrio en el oeste.

¿Qué evento equivalente existe hoy que pueda cambiar el equilibrio de fuerzas en Ucrania de manera suficientemente dramática para que alguno de los dos bandos calcule que es mejor negociar que continuar? Esa pregunta no tiene respuesta clara. Y mientras no la tenga, el contador de días seguirá avanzando más allá de los 1.569.


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