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¿Quién es en verdad Gabriel Boric? El balance que nadie hace en voz alta

¿Quién es en verdad Gabriel Boric? El balance que nadie hace en voz alta

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by Redacción VDI Global

Hay una pregunta incómoda que casi nadie se atreve a formular en Chile con la frialdad que merece: ¿qué le aportó Gabriel Boric al país, más allá del cargo que ocupó? No la pregunta retórica de campaña, sino la pregunta seca de currículum. Y cuando se despoja el nombre de la épica generacional y de los titulares de revistas extranjeras, lo que queda es una hoja de vida extrañamente vacía para alguien que gobernó Chile durante cuatro años.

Un título que nunca llegó

Boric egresó de Derecho en la Universidad de Chile en 2012. Egresar no es titularse. Para ser abogado en Chile se exige rendir un examen de grado y presentar una memoria de licenciatura. Él no hizo ninguna de las dos cosas. Durante años sostuvo que se trataba de una decisión personal: que no quería "dedicarse a ser abogado nunca". Pero en 2021 El Mercurio reveló que sí se había presentado al examen oral de grado y que lo reprobó, tropezando justamente en una pregunta de derecho civil sobre matrimonio. La historia del desinterés voluntario, entonces, convive con una versión menos cómoda: la del examen que no se pudo pasar.

Tampoco escribió jamás su memoria de título. No hay, en los registros de la Facultad de Derecho, ningún trabajo de investigación firmado por él.

El vacío de obra propia

Más allá del derecho, el silencio se repite. No existe un libro de su autoría. No existe un paper, un ensayo académico, una investigación, un poemario, ni siquiera una columna de fondo que sobreviva como pieza intelectual de referencia. Lo que sí existe es una larga lista pública de libros que ha leído y recomendado —de Camus a Mistral, de Murakami a Zambra—, y al menos una promesa, hecha en 2018, de tomarse un tiempo para escribir una novela. La novela nunca apareció. Lo que abunda sobre su nombre son libros escritos por otros para analizarlo a él, no libros escritos por él.

Una vida laboral que jamás existió fuera de la política

Aquí está, quizás, el dato más revelador de todos: Boric nunca tuvo un empleo asalariado. No trabajó en un estudio jurídico, no hizo procuración, no pasó por una oficina, una empresa, un puesto técnico o un cargo de gestión fuera del aparato político. Entró a la política universitaria como dirigente estudiantil en 2011, fue diputado a partir de 2014, y a los 35 años llegó a La Moneda. Entre la sala de clases y el Palacio de Gobierno no hubo nada. Ningún tramo de vida laboral común, ninguna experiencia de jefatura, de emprendimiento, de oficio, de la que millones de chilenos —incluidos muchos que votaron por él— sí tienen que atravesar para sobrevivir.

El contraste con otros líderes sin título

Se podría argumentar que no hace falta un título universitario para gobernar, y la historia reciente ofrece varios nombres que lo confirman. Pero vale la pena mirar de cerca qué hicieron esos líderes con los años que no pasaron en la universidad, porque ahí está la diferencia real.

Evo Morales nunca tuvo título universitario, pero antes de llegar a la presidencia de Bolivia pasó casi tres décadas como cultivador de coca y dirigente sindical campesino, construyendo desde abajo una base de poder real en el Chapare. Lula da Silva tampoco tuvo diploma —él mismo lo convirtió en orgullo público al decir que su primer título fue el de presidente—, pero antes de eso trabajó como lustrabotas desde los doce años, luego como obrero metalúrgico, y se forjó como líder sindical en las huelgas más duras de la dictadura militar brasileña. Nayib Bukele tampoco terminó la carrera de Derecho, porque a los dieciocho años dejó la universidad para trabajar en las empresas publicitarias de su familia, donde llegó a ser director presidente antes de convertirse en alcalde y luego presidente.

En los tres casos hay algo en común que separa su historia de la de Boric: ausencia de título, sí, pero no ausencia de trabajo. Todos pasaron años produciendo algo, generando ingresos por su cuenta, asumiendo responsabilidades fuera del aparato político antes de llegar al poder. La falta de diploma se compensó con una hoja de servicios laboral extensa y verificable.

Boric es, en ese sentido, un caso distinto incluso dentro de ese grupo: no solo no tiene título, sino que tampoco tiene ese historial de trabajo que los otros sí acumularon. Entre la sala de clases universitaria y La Moneda no hay, en su caso, ningún tramo laboral propio que mostrar. Tampoco hay registro público de que haya pasado por el servicio militar, ni de forma obligatoria ni voluntaria, lo que habría sido relevante para un genuino servicio público al país.

La pregunta que queda pendiente

¿Qué construyó entonces? Fue una figura visible del movimiento estudiantil de 2011, eso es innegable y forma parte de la historia reciente del país. Llegó a la presidencia tras una elección democrática, con un resultado contundente en segunda vuelta. Eso también es un hecho, no una opinión: hubo votos, hubo un proceso legítimo, y reducirlo todo a un "accidente" inexplicable le hace poco favor a la seriedad del argumento, aunque se entienda la frustración detrás de esa frase.

Pero la pregunta de fondo persiste, y es legítima: ¿cuál es el legado palpable, medible, de cuatro años de gobierno, más allá del simbolismo de la juventud y de portadas internacionales? Hoy, recién terminado su mandato, vive de una asignación vitalicia que el Estado chileno otorga por ley a todos sus expresidentes —no es un privilegio inventado para él, pero sí es un privilegio que recibe a los 40 años, una edad en la que la enorme mayoría de los chilenos sigue trabajando para vivir, no jubilada con cargo al fisco.

No se trata de negarle lo que tuvo: carisma, capacidad de movilización, un lugar en la historia política chilena. Se trata de preguntar, con la misma frialdad con que se evalúa cualquier hoja de vida, qué hay detrás del relato. Y lo que hay, hasta ahora, es menos una obra que un cargo. Menos una trayectoria que una oportunidad. La diferencia entre ambas cosas es, exactamente, lo que Chile todavía tiene pendiente de discutir sobre su expresidente más joven.


Artículo de opinión.

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