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"RODILLAS PELADAS": EL CRUCE ENTRE MATTHEI Y JILES QUE EXPONE LA FRAGILIDAD REAL DE LA MAYORÍA DE KAST EN EL SENADO

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"RODILLAS PELADAS": EL CRUCE ENTRE MATTHEI Y JILES QUE EXPONE LA FRAGILIDAD REAL DE LA MAYORÍA DE KAST EN EL SENADO

Lo que comenzó como una advertencia técnica de Evelyn Matthei sobre el equilibrio de fuerzas en el Senado terminó, 24 horas después, convertido en un cruce directo con Pamela Jiles, que usó la ocasión para instalar una etiqueta —"la derechita cobarde, encabezada por Matthei, Núñez y Schalper"— con la que el Partido de la Gente busca capitalizar el descrédito que republicanos y libertarios ya venían instalando contra Chile Vamos desde el fracaso de la acusación constitucional contra Nicolás Grau. Este informe reconstruye el cruce completo, con las citas textuales de ambas partes y el contexto político que lo explica: la matemática cada vez más frágil de la mayoría oficialista en la Cámara Alta.

El origen: la advertencia de Matthei tras el rechazo a la AC contra Grau

Todo comenzó el martes 30 de junio, horas después de que el Senado rechazara los cuatro capítulos de la acusación constitucional contra el exministro de Hacienda Nicolás Grau. En entrevista con Radio Pauta, la excandidata presidencial de Chile Vamos y actual alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, no se refirió al resultado de la votación en sí —que favoreció al oficialismo— sino a un riesgo estructural que, a su juicio, ese mismo resultado dejó expuesto: la dependencia futura del gobierno respecto del Partido de la Gente (PDG).

"A mí me parece que es muy peligroso que este gobierno, estoy hablando del gobierno actual con los actuales ministros, que si se llega a perder la mayoría en el Senado, este gobierno dependa, o esté en realidad, de rodillas frente al Partido de la Gente (PDG)", declaró Matthei.

La advertencia no era retórica. Matthei fue explícita sobre el escenario numérico que la motivaba: tres senadores considerados afines al oficialismo —Miguel Ángel Calisto (independiente, comité Evópoli), Camila Flores (RN) y Alejandro Kusanovic (independiente)— enfrentan investigaciones del Ministerio Público por distintas causas de fraude al Fisco, tal como ha documentado este medio en informes anteriores. Si esas investigaciones derivan en desafueros, el oficialismo podría perder hasta tres votos en la Cámara Alta, quedando en una posición donde cada votación relevante —incluidas eventuales acusaciones constitucionales futuras— dependería de actores externos al bloque de gobierno, como el PDG.

Matthei fue más allá al describir la lógica que, a su juicio, debería seguir el Ejecutivo ante ese riesgo: "Y, por otro lado, eso significa que tú tienes que parar cualquier acusación constitucional en la Cámara de Diputados para que no llegue al Senado, y eso se logra poniéndose de rodillas frente al Partido de la Gente". Fue, en esencia, una crítica a la dependencia estratégica que el oficialismo podría verse obligado a desarrollar con una colectividad que, según ella misma describió, "quiere ser un partido bisagra que cobre donde pueda cobrar más".

"Un juego de ajedrez": la lectura de Matthei sobre las acusaciones constitucionales

Consultada sobre si los senadores de su propio sector compartían esta lectura estratégica, Matthei fue más allá y ubicó el fenómeno en una dinámica de larga data en la política chilena: "Yo creo que ellos están absolutamente conscientes de que esto al final es una dinámica muy compleja. Porque todo esto partió, recordemos, contra Yasna Provoste, pero al poquito tiempo después vino Harald Beyer", señaló, en referencia a los antecedentes de acusaciones constitucionales cruzadas entre sectores políticos que se remontan más de una década atrás.

Cerró su intervención con una definición que fue ampliamente replicada: "El que no entiende que esto es un juego de ajedrez, en que tú me eliminas una pieza, yo te elimino otra, y que hay una dinámica en esto, el que no entiende eso y cree que cada acusación constitucional corre por carril propio, efectivamente le falta carrete político".

Un medio digital tituló la intervención como "otra embestida de Matthei en contra de Kast", enmarcándola dentro de una serie de críticas previas de la exalcaldesa hacia la conducción política del actual gobierno, aunque el contenido literal de sus declaraciones se centró en el riesgo aritmético del Senado más que en un cuestionamiento directo a la gestión presidencial.

La respuesta de Jiles: "rodillas peladas" y la etiqueta de "derechita cobarde"

La respuesta llegó al día siguiente, miércoles 1 de julio, de parte de la diputada Pamela Jiles (Partido de la Gente). Lejos de defender el rol de su partido frente a la advertencia de Matthei, Jiles optó por un contraataque directo, cuestionando primero el rol público que ha asumido la exalcaldesa: "Me parece muy interesante el rol que está jugando Evelyn Matthei desde que dejó las recetas de cocina, la jardinería y volvió a la opinología política, al menos a la opinología".

De ahí, Jiles reformuló completamente el eje de la crítica, trasladando el cuestionamiento de dependencia que Matthei había dirigido hacia su propio partido, hacia Chile Vamos: "tanto la UDI como Renovación Nacional prefieren seguir de rodillas frente al Socialismo Democrático, como han estado durante más de 30 años, compartiendo el poder entre el Socialismo Democrático y ahora el Frente Amplio, que es prácticamente lo mismo".

Fue en ese punto donde acuñó la frase que definió el cruce: "Yo diría que, siguiendo la figura de Evelyn Matthei, ese sector, la derechita cobarde, encabezada por Matthei, (Paulina) Núñez y (Diego) Schalper, ya tiene las rodillas peladas frente al Socialismo Democrático y parece que las va a seguir teniendo peladas. Ahí han estado de rodillas y siguen de rodillas".

Una etiqueta que no es nueva, pero que Jiles resignifica

El término "derechita cobarde" no es una acuñación de Jiles: como ha documentado este medio, la expresión fue instalada semanas atrás por sectores republicanos y libertarios —entre ellos la diputada Stephanie Jéldrez y el diputado Cristián Araya— para criticar a los senadores de RN y la UDI que terminaron votando en contra o absteniéndose en la acusación constitucional contra Grau, pese a pertenecer a la misma coalición de gobierno que había impulsado el libelo desde la Cámara de Diputados. En aquel contexto, la etiqueta buscaba señalar una supuesta falta de compromiso de Chile Vamos con la agenda fiscalizadora del oficialismo.

Jiles toma esa misma etiqueta —que hasta ahora había circulado como una crítica interna entre socios de la misma coalición de gobierno— y la resignifica, aplicándola no a la votación específica de la AC contra Grau, sino a una crítica estructural de más largo aliento: la que ella describe como una dependencia histórica de Chile Vamos hacia el bloque de centroizquierda ("Socialismo Democrático" y Frente Amplio) a lo largo de "más de 30 años" de alternancia en el poder desde el retorno a la democracia. Es una operación retórica que le permite, en el mismo movimiento, usar contra sus críticos una etiqueta que originalmente no fue creada por su sector, y presentar al PDG como la única fuerza libre de esa dinámica de "rodillas": "Nosotros en el PDG sólo nos arrodillamos frente a nuestro pueblo, nuestra gente. Es a la única que escuchamos", declaró Jiles en una entrevista posterior en T13, donde también fue consultada directamente sobre los dichos de Matthei.

El trasfondo numérico: por qué el PDG se volvió decisivo

El cruce entre ambas figuras no puede entenderse sin el contexto aritmético que lo origina. El Partido de la Gente, fundado por Franco Parisi, ha ido consolidando un rol de bisagra en el actual Congreso que va más allá de su tamaño relativo. Según describió la propia Matthei, el PDG "en el proceso de Reconstrucción ha estado con el gobierno", respaldando la tramitación de la megarreforma del presidente Kast, pero simultáneamente "hizo alianza con la izquierda para el tema de la elección de la mesa en la Cámara de Diputados" —un episodio que evidenció que el partido no responde de forma automática a ningún bloque, sino que negocia su apoyo caso por caso.

Este comportamiento, que Matthei describió como el de "un partido bisagra que cobre donde pueda cobrar más", es precisamente lo que la lleva a advertir sobre el riesgo de que el gobierno termine dependiendo de esa lógica transaccional si pierde su margen actual en el Senado. La consideración de Matthei fue, en ese sentido, menos una crítica ideológica al PDG y más un diagnóstico de vulnerabilidad estratégica del propio oficialismo: si los tres senadores investigados por fraude al Fisco terminan siendo desaforados, cada votación relevante —no solo las acusaciones constitucionales— podría depender de la disposición del PDG a negociar su apoyo.

Jiles y su historial de cruces políticos

La respuesta de Jiles se inscribe, además, en un patrón ya conocido de su estilo político: la diputada ha protagonizado sucesivos enfrentamientos verbales con figuras de distintos sectores a lo largo de su carrera parlamentaria, desde cruces con la entonces diputada oficialista Karol Cariola por los sucesivos retiros de fondos previsionales de las AFP, hasta emplazamientos directos al propio Mario Marcel durante su gestión en Hacienda ("me dan ganas de hacer un exorcismo", llegó a decir sobre el quinto retiro). Es, en ese sentido, un estilo de confrontación directa que Jiles ha cultivado consistentemente, y que en este episodio dirige contra Matthei apenas un día después de que esta hiciera declaraciones que, en rigor, no mencionaban al PDG en términos peyorativos sino como un actor racional que "cobra donde puede cobrar más".

Lo que el cruce deja planteado

Más allá del entrevero verbal, el episodio confirma un dato político de fondo que ya había quedado expuesto en la votación de la AC contra Grau y en la posterior autocrítica de sectores republicanos: la mayoría del oficialismo en el Senado es, en efecto, más frágil de lo que su número formal sugiere, y tanto Chile Vamos como el propio PDG son conscientes de que esa fragilidad les otorga poder de negociación en el corto plazo. Matthei advirtió sobre el riesgo desde una perspectiva de gobernabilidad; Jiles respondió no abordando ese riesgo, sino desplazando el eje de la conversación hacia una crítica histórica a la relación entre Chile Vamos y la centroizquierda, sin pronunciarse directamente sobre si su partido efectivamente actuará como "bisagra que cobra" en el escenario que Matthei describió.

Ninguna de las dos partes ha vuelto a pronunciarse públicamente desde el cruce del miércoles. El test real de la advertencia de Matthei —y de la promesa implícita de neutralidad de Jiles— llegará si, como anticipan varios senadores del propio oficialismo, alguno de los tres casos de desafuero en curso termina alterando la aritmética actual del Senado.

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