¿SERÁ DIFERENTE ESTA VEZ? EL ANÁLISIS QUE ADVIERTE QUE ISRAEL ESTÁ REPITIENDO LA MISMA ESTRATEGIA DE LOS AÑOS 80 EN EL LÍBANO, PERO SIN EL ALIADO LOCAL QUE ENTONCES LA SOSTENÍA
Un análisis publicado este domingo en The Jerusalem Post examina la nueva zona de seguridad que Netanyahu presentó en un mapa el 27 de junio, advirtiendo que se parece mucho a la que Israel mantuvo en el sur del Líbano durante las décadas de 1980 y 1990, pero con una diferencia estructural decisiva: entonces existía el Ejército del Sur del Líbano, una fuerza aliada local que podía trabajar con la población civil y combatir a Hezbolá desde dentro. Hoy esa fuerza no existe, e Israel ha optado, en cambio, por evacuar a la población civil y arrasar aldeas para crear lo que el propio análisis describe como "una tierra de nadie" en la frontera, exactamente la misma doctrina que ya aplica en Gaza.
El mapa que Netanyahu mostró, y la pregunta que queda sin resolver
El sábado, Netanyahu compareció ante un gran mapa del Líbano que mostraba la nueva zona de seguridad que Israel se comprometió a mantener en el país, en el marco del acuerdo firmado días antes y que esta cobertura ya documentó extensamente. Según el análisis, todavía está por verse cuánto tiempo permanecerá Israel efectivamente en esa zona y qué ocurrirá dentro de ella. Hasta el momento, Israel ya obligó a la mayoría de los civiles a evacuar el área y arrasó algunas aldeas, una política que el propio análisis describe como tomada en préstamo directamente de la estrategia aplicada en Gaza, y que ha sido posible gracias a la aceptación de la comunidad internacional y al respaldo de Estados Unidos.
Lo que cambió desde los años 80: ya no hay un aliado local
El elemento central del análisis es la comparación entre esta nueva zona de seguridad y la que Israel mantuvo durante las décadas de 1980 y 1990. En aquel entonces, Israel contaba con el Ejército del Sur del Líbano, una fuerza aliada local capaz de trabajar directamente con la población civil y de colaborar en el combate contra Hezbolá y otras amenazas desde dentro del propio tejido social libanés. Los soldados israelíes de esa época, además, estaban acostumbrados a operar entre población árabe, dado que ya lo hacían en Gaza y Cisjordania.
Hoy, según el análisis, esa realidad cambió por completo: Israel prefiere que no haya civiles entre sus soldados ni cerca de ellos, una transformación doctrinal que se explica, en parte, por los cambios ocurridos desde la Segunda Intifada. El argumento de fondo que el análisis desarrolla es estructural: los ejércitos no están bien preparados para tratar con población civil, porque carecen de las potestades civiles necesarias —no pueden arrestar personas, esa es función policial— y exigirles ese rol genera, según el propio autor, "una receta para problemas a largo plazo."
La doctrina de las zonas de amortiguación: la respuesta al 7 de octubre
El análisis sitúa esta estrategia dentro de una doctrina más amplia que Israel ha adoptado tras el 7 de octubre: la creación de zonas de amortiguación en Líbano, Gaza y Siria, basada en la lógica de alejar al enemigo potencial reubicando a la población civil y arrasando edificaciones cercanas a la frontera, creando lo que el propio análisis describe como "una tierra de nadie" donde se despliegan las FDI.
El análisis introduce, sin embargo, una advertencia histórica de peso: cualquier estudioso de la historia militar sabe que los ejércitos tienden a prepararse para la guerra anterior, no para la siguiente. La comparación que ofrece es la de la Línea Maginot que Francia construyó tras la Primera Guerra Mundial, asumiendo erróneamente que el siguiente conflicto se libraría en trincheras, cuando en realidad el enemigo llegó con formaciones masivas de tanques. Trasladada al contexto actual, la advertencia es clara: las zonas de amortiguación pueden prevenir una repetición exacta del 7 de octubre, pero el enemigo ya está evolucionando hacia nuevas tecnologías —el análisis menciona específicamente el uso de drones de fibra óptica— frente a las cuales una línea defensiva estática podría no ofrecer la misma protección.
El riesgo de la complacencia, y lo que sí mejora con la distancia
El análisis es honesto sobre los límites reales de esta estrategia. Desplazar la frontera en el Líbano unos kilómetros hacia el norte puede ayudar a proteger a las comunidades israelíes de ataques de infiltración terrestre, como el que caracterizó al 7 de octubre. Pero respecto de otras amenazas, la zona de amortiguación "solo pospone el problema": los cohetes y los drones tienen alcance suficiente para llegar a las comunidades fronterizas israelíes incluso con la nueva zona de seguridad en pie. Donde sí hay una mejora real, según el análisis, es en armas de menor alcance, como los misiles antitanque, que ahora no llegan a la frontera, o al menos resultan considerablemente más difíciles de emplear para el enemigo.
El propio análisis advierte además sobre un riesgo adicional, de naturaleza más psicológica que tecnológica: los ejércitos enviados a defender líneas defensivas estáticas tienden a relajarse y caer en la rutina con el tiempo, exactamente lo que ocurrió en la frontera de Gaza antes del 7 de octubre. Es una advertencia que cualquier conducción militar israelí debería tomar con la máxima seriedad, precisamente porque la complacencia fronteriza ya tuvo, en el pasado reciente, consecuencias devastadoras.
El trauma de Kiryat Shmona y la lección que todavía no está clara
Uno de los pasajes más reveladores del análisis es el que recuerda el costo humano y político que tuvo, para Israel, la evacuación masiva de comunidades fronterizas tras el 7 de octubre. La ciudad entera de Kiryat Shmona fue evacuada y se convirtió en una ciudad fantasma durante un año completo, en lo que el análisis describe como "un desastre nacional sin precedentes" para Israel, dado que ningún primer ministro anterior había evacuado jamás a ciudadanos israelíes de la frontera de esa manera.
El análisis señala, además, una asimetría que no logra explicar del todo: esa política de evacuación nunca se extendió a las comunidades de Cisjordania, que permanecieron en su lugar incluso bajo amenaza directa, con la única excepción de las comunidades históricas construidas antes de 1967. No queda claro, según el propio autor, si Israel aprendió la lección de no volver a evacuar a su población civil, o si una nueva amenaza podría generar evacuaciones equivalentes en el futuro. La expectativa declarada es que la creación de estas zonas de amortiguación ponga fin, de manera definitiva, a esa tendencia.
La promesa de los funcionarios, y la incertidumbre que el tiempo todavía debe resolver
El análisis cierra con la pregunta que le da título: si esta nueva zona de seguridad se mantendrá en el tiempo. Funcionarios israelíes, incluido el ministro de Defensa Israel Katz —cuyas declaraciones esta cobertura ya documentó en detalle, incluyendo su promesa de una "estadía prolongada" en la zona—, afirman que sí. Pero el propio análisis introduce una nota de cautela política: "los tiempos cambian y los gobiernos cambian." El acuerdo marco firmado con Líbano y Estados Unidos contempla, precisamente, un proceso mediante el cual Líbano intente expulsar a Hezbolá, lo que eventualmente permitiría a las FDI redesplegarse fuera de algunas zonas, exactamente la misma condicionalidad de "confiar, pero verificar" que esta cobertura ya analizó en detalle en informes anteriores.
Hasta el momento, según confirma el propio análisis, solo se han determinado dos zonas piloto en el Líbano, donde las FDI y las Fuerzas Armadas Libanesas intentarán coordinarse en ese proceso gradual de verificación. El propio autor cierra con la frase que resume la incertidumbre de fondo de todo el proceso: "El tiempo dirá si esto sucede."