SI LA IZQUIERDA SE ATREVE ES POR ESTA DESPECHADA Y TRAIDORA: LA OFENSIVA IMPARABLE DE MATTHEI CONTRA KAST Y EL EQUIPO QUE LA ASESORA
Sacó el 12,5% en primera vuelta y quedó quinta. 170 días después debutó como panelista en Radio Pauta para llamar "requetecontra mala", "inútil" y "caro e inútil" a la Megarreforma del gobierno que ella no pudo ganar. Desde entonces, al menos seis intervenciones públicas atacando al Ejecutivo — siempre con el manual de la izquierda, siempre en el peor momento político posible, siempre respaldada por sus operadores en el Congreso. El patrón no es opinión. Es estrategia. Y tiene consecuencias que Chile está pagando.
Evelyn Matthei obtuvo el 12,5% de los votos en la primera vuelta presidencial de noviembre de 2025. Quedó quinta. Detrás de Kast, de Jara, de candidatos que representaban proyectos políticos con masa electoral real. Su campaña — que el propio mundo de Chile Vamos reconoció como desastrosa en sus últimas semanas — terminó con la derrota más humillante de un candidato de centroderecha en décadas.
En democracia, eso debería significar algo. Debería significar reflexión, autocrítica, un período de silencio constructivo, y eventualmente el regreso a la actividad pública con propuestas que demuestren que se aprendió algo de la derrota. Ese es el camino que toman los dirigentes políticos que ponen el proyecto por encima del ego.
Matthei eligió otro camino. Y ese camino está destruyendo la cohesión del único gobierno de derecha que Chile ha tenido en mucho tiempo — desde adentro, con los argumentos de la izquierda, en los momentos de mayor vulnerabilidad política del Ejecutivo.
El debut en Radio Pauta: 170 días de silencio y una hora de daño
El 5 de mayo de 2026, 170 días después de quedar quinta en la primera vuelta, Evelyn Matthei debutó como panelista en Radio Pauta. Dedicó la mayor parte de sus 55 minutos al aire a destruir la Megarreforma — la reforma más importante del gobierno de Kast, la que define su proyecto económico, la que la oposición está intentando bloquear con 1.300 indicaciones y sesiones hasta las 5 de la mañana.
Sus palabras son verificables porque están grabadas y fueron reproducidas por múltiples medios. El incentivo al empleo de la Megarreforma es "extremadamente caro y no va a lograr absolutamente nada en materia de empleo." El crédito tributario por trabajadores cuesta 1.400 millones de dólares al año — "es una brutalidad." Y la frase que recorrió todos los titulares: "Es una propuesta muy requetecontra mala."
La eliminación de contribuciones a la primera vivienda para mayores de 65 años le pareció "un contrasentido absoluto." La compensación prometida a las municipalidades es "una estrategia más vieja que el hilo negro." Y remató con una frase que cualquier diputada del Frente Amplio habría firmado con entusiasmo: "Los alcaldes tienen que hacer la pega para que eso no se apruebe."
Una excandidata presidencial del sector que eligió a Kast le pidió a los alcaldes que trabajen activamente para bloquear la reforma estrella del gobierno. Eso no es ejercer el derecho a opinar. Es sabotaje político con micrófono.
La secuencia que demuestra el patrón
Lo que ocurrió en Radio Pauta no fue un episodio aislado. Fue la intervención más visible de una secuencia documentada de al menos seis ataques al gobierno de Kast que Matthei ejecutó desde que asumió el Ejecutivo — cada uno en el momento políticamente más dañino posible.
Cuando la Dipres filtró los oficios que sugerían evaluar y "descontinuar" programas, Matthei publicó en X: "Ministro Quiroz, instruya a su equipo porque nos pone a todos nerviosos. Para muchos niños y niñas, esta es la única comida del día. Con eso no se juega." El gobierno había negado categóricamente que recortaría la alimentación escolar. Matthei instaló el relato de todas formas — el mismo relato del plato de lentejas que la izquierda amplificó durante días.
Cuando Kaiser la cuestionó sobre su resistencia a la Megarreforma, respondió con argumentos que la izquierda chilena podría haber escrito palabra por palabra: "solo estamos dándole un alivio a los que más tienen, en desmedro de los que menos tienen." Redistribución de ingresos como argumento contra una rebaja tributaria — ese es el manual del Partido Socialista, no de quien se presentó a presidenta por Chile Vamos.
Y sobre la franquicia Sence dijo que votaría en contra. No que le preocupaba, no que la redactaría diferente, no que la mejoraría. Que votaría en contra. Días después, diputados de la red Matthei votaron exactamente eso en la Comisión de Hacienda — bloqueando un artículo que el gobierno incluía en su propia reforma.
El timing que no es casualidad
Para entender que esto es estrategia y no opinión, basta analizar cuándo ocurre cada intervención. El debut en Radio Pauta fue exactamente cuando la Megarreforma entraba a la fase más crítica de su tramitación en Comisión de Hacienda. El ataque sobre Junaeb fue cuando la oposición montaba el show del sándwich y necesitaba legitimación desde el centro político. El cuestionamiento sobre el Fondo Común Municipal fue cuando la DC negociaba sus votos condicionando su apoyo. La declaración sobre el Sence fue días antes de la votación donde los diputados de la red Matthei aplicaron exactamente lo que ella había anunciado.
No hay una sola intervención de Matthei que haya ocurrido en un momento de estabilidad política del gobierno. Todas ocurrieron en los valles — cuando Kast más necesitaba cohesión del sector que lo eligió. Eso no es coincidencia de agenda. Es operación política coordinada.
Incluso dentro de Chile Vamos hay quienes lo dijeron sin eufemismos. El senador gremialista Sergio Gahona declaró a La Tercera: "Estamos en un momento crucial del debate de la reforma, y este tipo de calificativos no ayudan al buen clima dentro de la coalición." El vicepresidente de la UDI Eduardo Cretton fue más directo todavía: "La pregunta es si la crítica tiene un ánimo constructivo. Porque al menos la UDI está colaborando con este gobierno y hace las críticas que tiene en privado." El diputado de RN Francisco Orrego remató: "Cuando los chilenos eligieron a Kast, lo hicieron por un programa de gobierno claro."
El propio Claudio Alvarado — hoy ministro del Interior del gobierno de Kast — ya había diagnosticado el problema durante la campaña con una precisión que aplica perfectamente al momento actual: "Deslegitimar a Kast con argumentos que provienen directamente del manual de la izquierda solo fractura a nuestro sector." Eso lo dijo en una columna en 2025. El patrón no cambió. Escaló.
La red de operadores: quiénes ejecutan el trabajo sucio
Matthei no opera sola. La ofensiva sistemática contra el gobierno tiene una red de ejecutores con posiciones de poder institucional dentro del propio oficialismo — lo que hace el daño más difícil de contener porque no viene desde la oposición sino desde adentro de la coalición.
Paulina Núñez, presidenta del Senado y operadora central de la red, presionó públicamente para revertir los despidos de Poduje en el Ministerio de Educación. Desde su posición institucional como presidenta de la Cámara Alta tiene capacidad real de dilatar o bloquear la Megarreforma cuando llegue al Senado — y ha dado señales de que lo usará. Su esposo Cristián Monckeberg opera en paralelo como articulador político de la misma agenda.
Luciano Cruz-Coke de Evópoli ha sido el más activo en el hostigamiento a Poduje desde que el gobierno lo designó subsecretario de Educación — exactamente la figura que Matthei necesitaba sacar del gobierno para debilitar la agenda educativa de Kast. Pepa Hoffmann de UDI atacó a Poduje con "la insolencia del porte de un buque" — una frase que ninguna parlamentaria del sector habría usado contra un funcionario del propio gobierno si no existiera una cobertura política detrás. Andrea Balladares, presidenta de RN, emerge con críticas al gobierno en los momentos políticamente más sensibles. Ximena Ossandón — el "sueldo reguleque" que cobra su dieta y le hace el trabajo sucio a Matthei — atacó al Segundo Piso, cuestionó a Poduje y rechazó medidas del gobierno con una consistencia que no puede ser producto de la opinión individual.
Lo que esa red hace tiene un nombre preciso: quinta columna. Opera dentro del oficialismo con la apariencia de independencia crítica pero con la función objetiva de debilitar al gobierno desde adentro. Le da a la oposición la legitimación que necesita — "incluso dentro del propio sector critican la reforma" — y le quita al gobierno la cohesión que necesita para aprobar su agenda.
Por qué la izquierda puede atreverse
La pregunta que VDI Global hace desde el principio de este informe tiene ahora su respuesta completa. ¿Por qué Veloso del Frente Amplio puede declarar en un podcast que su misión es "obstaculizar sin complejos ni pudor"? ¿Por qué el PC puede amenazar con "consecuencias" si el gobierno no los incluye? ¿Por qué la oposición puede presentar 1.300 indicaciones y bloquearse en sesiones hasta las 5 de la mañana con relativa impunidad mediática?
Porque antes de que ellos lo hicieran, Matthei les prestó los argumentos. Porque cuando la izquierda dice que la Megarreforma es "mala para los trabajadores", puede apoyarse en que la excandidata presidencial de centroderecha dijo que era "requetecontra mala." Porque cuando la oposición instala el relato de los niños sin almuerzo, puede hacerlo con la cobertura de que Matthei ya lo instaló primero. Porque cuando Cruz-Coke hostiga a Poduje desde dentro del oficialismo, le hace más fácil a la izquierda atacar desde fuera.
La izquierda no crea esos argumentos en el vacío. Los recoge del sector que debería estar defendiendo al gobierno y los amplifica hacia el gran público. Matthei es, en ese proceso, el primer eslabón — y el más dañino precisamente porque viene de donde nadie lo esperaría.
El despecho como motor político
Hay una dimensión humana en todo esto que la política chilena raramente nombra con claridad porque nombrarla parece reducir un fenómeno político a psicología personal. Pero la psicología importa cuando explica decisiones que de otra manera serían incomprensibles.
Matthei quería ser presidente. Lo intentó en 2021 sin llegar a segunda vuelta. Lo intentó en 2025 y quedó quinta. En el camino, su relación con el Partido Republicano y con el proyecto de Kast fue deteriorándose hasta la ruptura. Hay en la ofensiva que hoy ejecuta contra el gobierno un elemento de cuenta pendiente — la sensación de quien considera que el éxito del otro es en alguna medida responsable de su fracaso.
Ese despecho no justifica lo que hace. Pero lo explica. Y explicarlo es importante porque permite anticipar que la ofensiva no va a ceder con buenos modales ni con invitaciones a la unidad. Va a continuar mientras Matthei vea en el debilitamiento del gobierno de Kast una oportunidad para su propio reposicionamiento político de cara a la próxima elección.
El problema es que ese cálculo personal tiene un costo colectivo. Cada vez que Matthei debilita la Megarreforma con sus declaraciones, debilita la posibilidad de que Chile crezca más rápido. Cada vez que su red bloquea medidas del gobierno desde adentro del oficialismo, hace más difícil que los chilenos que votaron por el cambio vean que ese cambio está ocurriendo. Cada vez que la izquierda usa sus argumentos para obstaculizar, prolonga el ciclo de deterioro económico e institucional que afecta a todos.
La despechada y traidora no está haciendo daño solo al gobierno de Kast. Está haciendo daño a Chile.
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