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¿TIMORATO O CAUTO? "NO LE VAMOS A EXIGIR LA FIRMA": KAST DESCARTA PRESIONAR A MILEI POR EL DECRETO Y LANZA UN DARDO A QUIENES "QUERÍAN ENTREGAR SOBERANÍA"

¿TIMORATO O CAUTO? "NO LE VAMOS A EXIGIR LA FIRMA": KAST DESCARTA PRESIONAR A MILEI POR EL DECRETO Y LANZA UN DARDO A QUIENES "QUERÍAN ENTREGAR SOBERANÍA"

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by Redacción VDI Global

A bordo de la Fragata Prat, en plena gira por Magallanes, el presidente José Antonio Kast sorprendió al descartar que vaya a exigirle a Javier Milei la firma del decreto que deroga la calificación del Estrecho de Magallanes como "espacio compartido". Su argumento: la soberanía chilena "está clarísima" en los tratados internacionales, y no depende de la voluntad de ningún decreto administrativo argentino. El Mandatario aprovechó además la instancia para lanzar un dardo directo hacia quienes hoy exigen firmeza: "por mucho tiempo estuvieron callados, incluso algunos querían entregar soberanía".

"Argentina no tiene ni tendrá jamás soberanía ni control"

Kast fue categórico al fijar su posición: "llevamos cinco años con un decreto firmado por el presidente anterior de Argentina (Alberto Fernández)", señaló, reiterando que "el Estrecho de Magallanes es chileno y que Argentina no tiene ni tendrá jamás soberanía ni control como ya se ha señalado en dos tratados internacionales".

Respecto a la reunión bilateral de este jueves, el Presidente fue explícito sobre su estrategia: "no le vamos a exigir al presidente Milei la firma de ese decreto, porque los tratados internacionales establecen muy bien la soberanía de Chile sobre el Estrecho. Eso está clarísimo, no hay duda de quién tiene el control". Y agregó: "mañana tendremos una reunión con el presidente Milei, como hemos tenido otras, donde hablaremos de distintos temas, pero este está zanjado, más allá de la firma que ponga término a un decreto del señor (Alberto) Fernández".

El dardo a la oposición: "algunos querían entregar soberanía"

Kast no se limitó a fijar postura sobre Argentina. Aprovechó la instancia para comparar la relación actual de Chile con sus vecinos frente a la que existía durante el gobierno de Gabriel Boric: "hoy en día Chile tiene muy buena relación con los tres países vecinos. Bastante mejor que la que tuvimos durante el período anterior". Y fue más allá, respondiendo directamente a las críticas de la oposición que, como reportamos en informes anteriores, exigían una postura más dura frente a Argentina: "hoy muchos levantan la voz de quién es más patriota; los patriotas son quienes trabajan para mejorarle la vida a los chilenos, y eso es lo que estamos haciendo".

Su frase más punzante fue la que cierra la entrevista: "aquellos que hoy levantan la voz, por mucho tiempo estuvieron callados, incluso algunos querían entregar soberanía. Nosotros no, la soberanía la ejerce Chile".

Lectura editorial

Desde VDI Global consideramos que la postura de Kast obliga a responder, con matices, la pregunta que planteamos en el titular. No es timorata en el sentido de debilidad ideológica: su lectura jurídica es coherente y defendible. Si los tratados de 1881 y 1984 ya consagran de manera indiscutible la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes, condicionar la relación bilateral completa a la firma de un decreto administrativo argentino —por deseable que sea esa firma— sería, en los hechos, otorgarle a ese documento un peso jurídico que nunca debió tener. La soberanía de Chile no depende de que Argentina corrija su propio error interno; existe independientemente de esa corrección.

Pero tampoco es plenamente "cauta" en el sentido estratégico que exigía la presión parlamentaria transversal de estos días: si la firma del decreto no es una condición para avanzar en la relación bilateral, ¿qué garantía existe de que Argentina finalmente lo derogue, más allá de las declaraciones verbales ya obtenidas de Presti y Romay? La misma "paciencia" jurídica que Kast defiende hoy es, precisamente, la que ha permitido que este decreto siga vigente durante cinco años sin corrección formal. En ese sentido, la decisión de no exigir la firma podría leerse también como una forma de evitar el desgaste de un posible fracaso diplomático frente a Milei, disfrazado de solidez jurídica.

El dardo hacia "quienes querían entregar soberanía" es, sin duda, una referencia directa al gobierno de Boric y a sectores de la izquierda que, según hemos documentado extensamente en nuestras coberturas sobre la relación con Israel y otros temas de política exterior, mantuvieron una conducción de la política internacional chilena marcada por la ambigüedad ideológica. En ese sentido, compartimos la crítica de fondo de Kast: quienes hoy exigen firmeza frente a Argentina rara vez mostraron la misma firmeza cuando gobernaban.

Lo que corresponde exigir

  • Que, más allá de no exigir la firma como condición, el Gobierno mantenga la presión diplomática para que Argentina finalmente corrija el decreto, evitando que la ambigüedad documental siga generando episodios similares en el futuro.
  • Que se transparente el contenido completo de la reunión bilateral de este jueves, incluyendo si el tema fue abordado pese a no ser condición de la agenda.
  • Que el Gobierno explique con mayor detalle su estrategia de "paciencia jurídica" frente a la exigencia parlamentaria transversal de una firma inmediata.
  • Que se mantenga la presencia militar efectiva en Magallanes, independientemente del estado de la negociación diplomática con Argentina.

Conclusión

Kast optó por una estrategia que combina firmeza jurídica —"Argentina no tiene ni tendrá jamás soberanía"— con pragmatismo diplomático: no condicionar la relación bilateral a la firma de un decreto que, a su juicio, no tiene poder real para alterar la soberanía chilena. Es una apuesta que privilegia el fondo jurídico por sobre el gesto simbólico, aunque deja pendiente la pregunta de cuándo, si es que ocurre, Argentina finalmente formalizará la corrección que prometió hace cinco años. ¿Timorato o cauto? La respuesta definitiva solo la dará el tiempo, y lo que ocurra —o no— tras la reunión de este jueves en La Moneda.

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