¿TRAICIÓN, VELETA O SIMPLEMENTE DESPECHO POLÍTICO? EL HISTORIAL COMPLETO QUE EXPLICA POR QUÉ DOS MINISTROS DE KAST LE REPLICARON A MATTHEI POR PRIMERA VEZ ESTA SEMANA
Desde que José Antonio Kast asumió la presidencia el 11 de marzo, Evelyn Matthei ha acumulado un historial de críticas a su gobierno que esta semana, por primera vez, obtuvo respuesta directa de dos ministros: Claudio Alvarado y Martín Arrau. El detonante fue su descalificación al diputado republicano Agustín Romero —"para nosotros ella no es una figura relevante"— por sus comentarios sobre la encerrona de San Bernardo, pero el historial reconstruido por El Mercurio muestra que ese episodio es solo el último de al menos seis ataques directos al gobierno desde el 18 de marzo. La pregunta que cualquier observador de Chile Vamos debe hacerse, a la luz de ese historial completo, no es si Matthei tiene razón en cada crítica puntual, sino qué la mueve a sostener un patrón tan sistemático contra el gobierno que su propio sector, en teoría, ayuda a sostener.
El silencio que se rompió con la llegada de Kast a La Moneda
El historial reconstruido por El Mercurio establece un punto de quiebre preciso. Tras obtener el quinto lugar, con 12,4%, en la primera vuelta presidencial del 16 de noviembre de 2025, Matthei adoptó un bajo perfil que se mantuvo hasta el 11 de marzo de 2026, cuando Kast asumió la presidencia. Desde entonces, la exalcaldesa y exministra UDI se ha posicionado de manera sostenida en el debate público, principalmente a través de las redes sociales —donde está especialmente activa— y de su rol como panelista en radio Pauta, espacio que ella misma describe como la plataforma que le da "la libertad de poder decir lo que quiera, porque yo no soy alcaldesa, no soy nada."
Es una frase que merece destacarse por lo que revela sobre su propia interpretación del rol que está jugando: Matthei se posiciona explícitamente como una voz sin responsabilidad institucional directa, liberada de las restricciones que regirían su discurso si todavía ocupara un cargo público, y dispuesta a usar esa libertad precisamente para criticar al gobierno de su propio sector.
El historial completo: seis episodios en poco más de tres meses
El reportaje reconstruye una secuencia de críticas que comenzó apenas una semana después de la instalación del nuevo gobierno. El 18 de marzo, a propósito del retiro de decretos de protección ambiental, Matthei publicó en X: "Chile necesita crecer y atraer grandes inversiones con agilidad, pero este progreso no puede ser a costa de nuestro patrimonio natural." Es la primera arremetida documentada, formulada apenas una semana después de que Kast asumiera el cargo.
El 24 de marzo, "descargó la artillería" —en palabras del propio reportaje— contra el alza de las bencinas: "Me duelen en el alma las medidas", cuestionó en la misma red social. Ese mismo mes, apoyó públicamente las críticas de la exministra Karla Rubilar por el despido de la directora del Servicio Nacional de la Mujer, Priscilla Carrasco, quien atravesaba un tratamiento de cáncer de mama. Rubilar había escrito: "Sacar a una directora de Sernameg con cáncer de mama en tratamiento, en el Ministerio de la Mujer y en plena alerta oncológica, no es coherente. Pido sinceramente recapacitar." Matthei comentó, sin matices: "Toda la razón, Karla."
El 24 de abril, tras la filtración de un documento que proponía supuestos "recortes" a programas sociales, Matthei criticó directamente al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz: "La Dipres propone como 'recomendación' descontinuar el programa de alimentación (...). Para muchos niños y niñas, esta es la única comida del día. Con eso no se juega." El 5 de mayo, en radio Pauta, cuestionó la principal iniciativa legislativa del gobierno, el proyecto de Reconstrucción: "Acá prometieron a todo Chile que tenían el mejor plan contra la delincuencia. No tenían nada, ni siquiera ministros" —la misma frase que esta cobertura ya documentó en extenso cuando el ministro Martín Arrau le respondió que se informara "de buena manera"— y agregó sobre el incentivo al empleo que contempla esa reforma: "Es extremadamente caro y no va a lograr absolutamente nada en materia de empleo (...). Es totalmente inútil."
El episodio más reciente, ocurrido el 24 de junio en Canal 13, es el que finalmente provocó la respuesta directa de dos ministros: su descalificación al diputado Agustín Romero, calificándolo de no ser "una figura relevante" en el contexto del entrevero por sus declaraciones sobre la encerrona de San Bernardo.
La respuesta inédita: Alvarado y Arrau rompen el silencio
Lo que distingue a este último episodio del resto del historial es que, por primera vez desde que comenzó esta sucesión de críticas, dos ministros del gabinete de Kast decidieron replicarle directamente. El biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, fue explícito sobre el cambio de estrategia comunicacional: "Hoy el rol de opinóloga de Matthei le permite decir lo que estime conveniente, yo me atengo a los propósitos del Gobierno, no a contestar ni a comentar declaraciones de la excandidata."
El ministro de Seguridad Pública, Martín Arrau —cuya gestión esta cobertura ya documentó extensamente, incluyendo el debate sobre el despliegue de las Fuerzas Armadas tras la muerte del niño de 12 años en San Bernardo— fue todavía más directo: "La invito (a Matthei) a informarse de buena manera." Es la misma respuesta que esta cobertura ya registró en un informe anterior, ahora contextualizada dentro de un patrón mucho más amplio que confirma que no fue una reacción puntual a una sola declaración desafortunada, sino la culminación de meses de tensión acumulada.
El historial que provocó la molestia más directa: Romero contra Matthei
El detonante inmediato de esta escalada fue, según reconstruye el reportaje, una intervención previa del diputado republicano Agustín Romero, quien días antes había entrado a la arena en el programa Infinita: "Para nosotros (ella) no es una figura relevante. (...) Los desafíos que tiene Chile (...) superan por mucho a Evelyn Matthei (...). (Chile) lo está gobernando otro Presidente", sentenció.
La UDI respondió en su momento con una declaración pública que esta cobertura ya documentó, criticando las "indolentes e impropias declaraciones" del legislador republicano. Con la tensión ya en alza, el comité político ampliado del lunes en La Moneda reflejó la molestia de la propia coalición desde dos ángulos distintos: por un lado, en la respuesta de Alvarado y Arrau hacia Matthei; por otro, en el reproche que tanto el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, como la senadora de RN, Andrea Balladares, plantearon directamente a su par del Partido Republicano, Arturo Squella, por el entrevero generado con Romero.
Pese a que en público el "choque" entre republicanos y la UDI se daba por superado, el propio oficialismo admite, bajo reserva, que las declaraciones de Romero constituyen una respuesta a las constantes críticas de Matthei hacia el gobierno de Kast —es decir, que la escalada con Romero no fue un episodio aislado, sino la reacción acumulada de un sector republicano cada vez más irritado por el patrón sostenido de cuestionamientos de la excandidata.
¿Carta blanca de la UDI?
El reportaje plantea una pregunta institucional que merece destacarse con la misma fuerza que el propio título le otorga: pese a que la UDI se ha autodefinido como la colectividad "más leal" al gobierno de Kast, esa misma fuerza política no le ha "enmendado la plana" a Matthei en ningún momento de este historial de seis meses de críticas sostenidas.
La explicación que el propio reportaje recoge desde fuentes del partido es reveladora: existiría una "regla no escrita" dentro de la UDI, según la cual quienes fueron candidatos presidenciales tienen "libertad de acción" para expresarse sin las restricciones disciplinarias que regirían a otros militantes. Además, según esas mismas fuentes, Matthei sería considerada una "institución en sí misma" dentro del partido, lo que explicaría la renuencia de la directiva a corregirla públicamente. El propio gobierno de Kast, agregan esas fuentes, "entiende" que las declaraciones de Matthei "no representan al partido" como colectividad, una distinción que permite a la UDI sostener simultáneamente su lealtad institucional declarada al Ejecutivo y su tolerancia activa hacia la voz más crítica que existe dentro de sus propias filas.
La pregunta que el título de este informe plantea sin resolver
El historial completo que este reportaje reconstruye —desde el patrimonio natural hasta las bencinas, desde el despido de una funcionaria con cáncer hasta el plan de seguridad del gobierno, desde el proyecto de Reconstrucción hasta la descalificación personal de un diputado de la coalición— configura un patrón demasiado extenso y demasiado consistente como para explicarse únicamente por desacuerdos puntuales de política pública. Es exactamente la pregunta que titula este informe: ¿es esto la conducta de alguien que, desde fuera del poder formal, ejerce una fiscalización honesta y consistente sobre un gobierno de su propio sector que considera desviado de sus principios? ¿Es la veleta de quien ajusta su discurso según la conveniencia política del momento, sin atarse a ninguna lealtad estable? ¿O es, como sugiere la frase "no soy alcaldesa, no soy nada" con que ella misma define su libertad actual, el despecho de quien, tras un quinto lugar humillante en una elección presidencial, encontró en la crítica sistemática al gobierno que la derrotó en las urnas una nueva forma de mantenerse relevante en el debate público nacional.
Ninguna de esas tres explicaciones excluye necesariamente a las otras dos. Y el propio historial reconstruido por El Mercurio no ofrece, en sus hechos, una respuesta definitiva: solo confirma, con una precisión cronológica que ningún análisis anterior había logrado reunir en un solo documento, que el patrón existe, que se ha sostenido durante más de tres meses sin pausa, y que recién esta semana, por primera vez, generó una respuesta institucional directa desde el propio gabinete que Matthei dice no representar a nadie más que a sí misma.