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BACHELET A LA ONU CON EL RESPALDO DE PETRO, LULA Y SHEINBAUM: LA INTERNACIONAL PROGRESISTA LATINOAMERICANA INTENTA COLOCAR A SU CANDIDATA EN EL CARGO MÁS PODEROSO DEL MULTILATERALISMO — Y LO QUE ESO SIGNIFICA PARA ISRAEL

BACHELET A LA ONU CON EL RESPALDO DE PETRO, LULA Y SHEINBAUM: LA INTERNACIONAL PROGRESISTA LATINOAMERICANA INTENTA COLOCAR A SU CANDIDATA EN EL CARGO MÁS PODEROSO DEL MULTILATERALISMO — Y LO QUE ESO SIGNIFICA PARA ISRAEL

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by Redacción VDI Global

Gustavo Petro anunció este martes su voto para que Michelle Bachelet sea la próxima secretaria general de la ONU. Se suma a México de Sheinbaum y Brasil de Lula. La campaña diplomática está impulsada especialmente desde Ciudad de México y Brasilia. Bachelet fue Alta Comisionada de DDHH de la ONU entre 2018 y 2022 — el período en que ese organismo multiplicó sus resoluciones contra Israel. Si la candidatura prospera, el Consejo de Seguridad tendrá que aprobarla sin veto de ninguno de los cinco miembros permanentes. Lo que eso significa para el conflicto de Oriente Medio — y por qué el gobierno de Kast debería tener una posición clara.


La noticia se leyó en Chile como una cuestión de política latinoamericana. Petro apoya a Bachelet para la ONU. Sheinbaum la recibió en el Palacio Nacional. Brasil está en la campaña. Una expresidenta chilena podría llegar al cargo más importante del multilateralismo global.

Leída desde Israel — donde VDI Global opera — esa noticia tiene una dimensión completamente diferente. Y esa dimensión es la que ningún medio chileno analizó con la profundidad que merece.

Michelle Bachelet fue Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022. Durante ese período, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU — el organismo cuya agenda ella supervisaba en materia de derechos — produjo más resoluciones contra Israel que contra todos los demás países del mundo juntos. Eso no es una acusación política. Es un dato verificable en los registros del propio organismo.

Si Bachelet llega a ser secretaria general de la ONU — el cargo más poderoso del sistema multilateral — no estamos hablando de una expresidenta latinoamericana en un cargo ceremonial. Estamos hablando de la persona que encabeza el organismo que tiene el mayor impacto sobre la legitimidad internacional de las operaciones militares de Israel, sobre las resoluciones del Consejo de Seguridad y sobre el marco en que se procesa diplomáticamente el conflicto en Gaza, en Líbano y con Irán.


El historial como Alta Comisionada: lo que Bachelet dejó documentado

El período de Bachelet como Alta Comisionada de DDHH fue objeto de críticas serias desde sectores muy distintos del espectro político — no solo desde Israel. Su gestión se caracterizó por una aplicación selectiva de los estándares de derechos humanos que priorizó sistemáticamente las denuncias contra Israel por sobre las denuncias contra regímenes que violan derechos en formas mucho más masivas y sistemáticas.

En 2021, su oficina publicó un informe sobre el conflicto Israel-Gaza que el gobierno israelí rechazó categóricamente. La Alta Comisionada calificó las acciones de Israel como posibles "crímenes de guerra" mientras aplicaba un estándar notablemente más suave a las acciones de Hamas — la organización que había lanzado cohetes contra poblaciones civiles israelíes. Israel respondió retirando la acreditación a funcionarios de su oficina en Jerusalén.

Lo que ese episodio documentó no es que Bachelet sea enemiga de Israel — las simplificaciones no ayudan al análisis. Lo que documentó es que su visión del conflicto de Oriente Medio es la que prevalece en el aparato burocrático de los organismos de derechos humanos de la ONU: una visión que parte de la premisa del desequilibrio de poder entre Israel y los palestinos, que aplica el concepto de "proporcionalidad" de manera que favorece sistemáticamente a quien lanza el primer ataque, y que tiene dificultades para reconocer el derecho de autodefensa de Israel como equivalente al que reconoce para otros Estados.

Que esa sea la persona que la Internacional Progresista Latinoamericana — con Petro, Lula y Sheinbaum como arquitectos de la campaña — quiere colocar al frente de la Secretaría General de la ONU no es irrelevante. Es una señal política de primer orden sobre qué tipo de ONU quieren construir los líderes progresistas de la región.


La mecánica de la candidatura: por qué es más difícil de lo que parece

Para convertirse en secretaria general de la ONU, Bachelet necesita dos cosas. La primera: el respaldo de la mayoría del Consejo de Seguridad sin veto de ninguno de los cinco miembros permanentes — Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido. La segunda: ratificación por la Asamblea General.

El primer requisito es el que hace que la candidatura sea complicada de forma no trivial.

Estados Unidos de Trump no tiene el historial de afinidad con Bachelet que tenía la administración Biden. La relación entre el gobierno de Kast — aliado de Trump — y el multilateralismo progresista no es particularmente cálida. Y el momento en que se procesa la candidatura es exactamente el momento en que EEUU está en guerra con Irán, con el Consejo de Seguridad dividido sobre la legalidad de esa operación y con la ONU en posición crítica respecto de Israel.

Russia tiene sus propias razones para apoyar o bloquear candidatos según sus cálculos geopolíticos de ese momento. China tiene intereses en el multilateralismo que pueden alinearse con una candidatura latinoamericana de izquierda — o no, dependiendo de cómo evalúe la correlación de fuerzas específica.

La competencia también es relevante. Rebeca Grynspan de Costa Rica — actual secretaria general de la UNCTAD — tiene un perfil más técnico y menos polarizante. Rafael Grossi de Argentina, director del OIEA, es un nombre que varios países occidentales observan con interés. María Fernanda Espinosa de Ecuador fue presidenta de la Asamblea General y tiene sus propios apoyos.


La Red Progresista y la campaña de Bachelet: el Grupo de Puebla en acción

Lo que este martes vimos con el anuncio de Petro no es solo la acción de un gobierno colombiano que apoya a una expresidenta chilena. Es la activación de la red que VDI Global ha documentado durante toda esta sesión como la Internacional Progresista Latinoamericana.

Petro — cuyo partido Pacto Histórico recibió la visita de Jeannette Jara esta semana, precisamente cuando Jara está en Colombia apoyando su campaña electoral. Sheinbaum — cuyo gobierno está en la misma red ideológica que Lula, que AMLO en su momento y que el progresismo regional. Lula — que opera como el ancla más pesada de esa red desde Brasilia.

Ese es exactamente el circuito del Grupo de Puebla aplicado a la política exterior multilateral. La misma red que coordina en São Paulo para "enfrentar a las ultraderechas" ahora coordina para colocar a su candidata en el cargo más alto del sistema internacional.

No es conspiración. Es política exterior. Pero es política exterior con una dirección clara y con consecuencias concretas para países que tienen intereses específicos en el multilateralismo — incluyendo Chile bajo Kast e Israel bajo Netanyahu.


Lo que el gobierno de Kast debería tener claro

Chile tiene un interés doble y aparentemente contradictorio en esta candidatura. Por un lado, Bachelet es una expresidenta chilena — y que una expresidenta de Chile llegue a ser secretaria general de la ONU sería un logro diplomático para el país de dimensiones históricas. Por el otro, el gobierno de Kast tiene compromisos políticos e ideológicos que son difícilmente compatibles con el respaldo a una candidatura que la Internacional Progresista Latinoamericana está construyendo.

La posición que Kast tendría que navegar no es simple. No puede oponerse públicamente a Bachelet sin generar un costo político interno enorme — independientemente de la línea editorial, oponerse a que una compatriota llegue al cargo más alto de la ONU sería leído como bajeza política por una parte significativa del electorado chileno. Pero apoyar activamente la candidatura sería inconsistente con su alianza con Trump, con su respaldo a Israel y con su posición frente al multilateralismo progresista que Bachelet representa.

La salida diplomática disponible es la que los gobiernos usan cuando no quieren tomar partido en candidaturas multilaterales: mantener una posición de "observación activa", no pronunciarse hasta que el proceso esté más avanzado y reservarse el voto para el momento en que la correlación de fuerzas esté más clara.

Lo que Kast no puede hacer — y que su posición de aliado de Trump e Israel exigiría que no hiciera — es convertirse en un promotor activo de una candidatura que EEUU puede eventualmente vetar por razones geopolíticas y cuya gestión como Alta Comisionada fue objeto de críticas directas del gobierno israelí que Chile bajo Kast considera aliado estratégico.


La perspectiva desde Israel

Desde Israel, la candidatura de Bachelet a la ONU no genera el mismo entusiasmo que en Santiago o en Ciudad de México. La memoria de la gestión como Alta Comisionada está fresca. Los informes sobre Gaza de su período están en los archivos del Foreign Ministry israelí. Y el contexto en que la candidatura avanza — con la ONU adoptando posiciones sobre la flotilla, sobre Gaza, sobre el conflicto con Irán — no contribuye a que Tel Aviv la vea como un candidato neutral.

Lo que Israel va a observar con atención es la posición de EEUU. Si Trump decide vetar a Bachelet en el Consejo de Seguridad — algo que tiene razones geopolíticas para hacer — la candidatura no prospera. Si Trump decide abstenerse o apoyarla como parte de un cálculo diplomático más amplio — algo menos probable pero no imposible — el cuadro cambia completamente.

Por ahora, la candidatura tiene el respaldo de los gobiernos de izquierda de la región. Lo que no tiene todavía — y lo que determinará si prospera — es la posición de Washington.

Esa posición, en el contexto del conflicto con Irán y de la relación de Trump con Netanyahu, va a depender de factores que todavía no están resueltos. Lo que sí está claro es que si Bachelet llega a ser secretaria general de la ONU, el organismo que ya tiene el mayor sesgo anti-israelí de cualquier foro multilateral del mundo va a tener al frente a alguien cuya gestión previa en DDHH fue consistente con ese sesgo.

Desde Israel, seguimos de cerca.


🌍 Si este informe te aportó perspectiva que no encontrarás en los medios convencionales, hay mucho más esperándote en VDI Global. Analizamos Chile y el mundo todos los días.

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