EFECTO ORMUZ EN CHILE: PIB CAYÓ 0,5% EN EL PRIMER TRIMESTRE Y LOS BANCOS ADVIERTEN QUE LO PEOR AÚN NO HA LLEGADO
La economía chilena entró al segundo trimestre de 2026 con una señal de alarma que no puede ignorarse. El PIB del primer trimestre se contrajo 0,5% respecto al mismo período del año anterior y registró una caída de 0,3% en términos desestacionalizados frente al trimestre previo. Es el peor inicio de año desde 2009, en plena crisis financiera mundial. Y la dimensión más inquietante de ese dato no es la cifra en sí misma. Es lo que señalan quienes la analizaron: esa contracción ocurrió mayoritariamente en un período previo a la escalada del conflicto en Medio Oriente y la crisis en el Estrecho de Ormuz. El shock aún no estaba completamente traspasado a la economía cuando esas cifras se midieron.
Los grandes bancos de inversión que operan en Chile lo dijeron sin rodeos: JPMorgan, Santander y BTG Pactual revisaron sus proyecciones y advirtieron que alcanzar una expansión superior al 2% este año se vuelve cada vez más difícil. El debate entre economistas ya no es si el shock llegó, sino si lo peor ya fue absorbido o si los efectos más relevantes recién comienzan a manifestarse. La mayoría apunta a lo segundo.
Desde Israel, donde VDI Global opera y donde la guerra que está destruyendo los pronósticos económicos de Chile no es una abstracción noticiosa sino el paisaje cotidiano, esta confluencia de datos tiene una lectura que ningún otro medio hispanohablante puede ofrecer con nuestra perspectiva: la economía chilena está enfrentando las consecuencias de un conflicto que desde aquí vemos en tiempo real, y cuya duración e intensidad determinará si Chile puede crecer o si terminará el año en recesión técnica.
Los tres bancos y sus proyecciones: 1,6%, 1,7% y una advertencia común
JPMorgan fue el más duro. En un reporte firmado por el economista Diego W. Pereira, el banco recortó su proyección de crecimiento del PIB para 2026 a 1,6% anual y estimó que el primer trimestre mostró una contracción de 1,1% en términos trimestrales anualizados, revirtiendo la expansión de 2,1% del período previo bajo esa misma métrica. Su proyección sobre inflación es igualmente preocupante: el IPC se acercaría a 4,9% hacia junio, descartando cualquier desinflación por la vía de los combustibles en la segunda mitad del año. En política monetaria, anticipó que el Banco Central podría subir la tasa en 25 puntos base en el cuarto trimestre, alcanzando 5,5% hacia el tercer trimestre de 2027.
BTG Pactual estimó el crecimiento en 1,7% para 2026 pero advirtió que la cifra "sigue siendo una referencia, pero ahora parece más exigente." Su señal más preocupante apunta a la construcción: tres trimestres consecutivos de caídas, con la inversión como el componente más débil del trimestre. Y planteó una tensión que el Banco Central deberá resolver: una economía más débil reduce la presión inflacionaria, pero si el consumo sigue firme, la inflación podría tardar más en bajar.
Santander fue más cauteloso en el tono pero igualmente grave en el diagnóstico. Reconoció que "las cifras apuntan a una economía más débil de lo anticipado" y que el período medido por las Cuentas Nacionales "corresponde mayormente a un período previo al conflicto en Medio Oriente y a la escalada de precios internacionales." Anticipó que el aumento de la inflación "podría afectar la dinámica del consumo privado mediante una erosión de los salarios reales." En el lado positivo, identificó como factor de soporte la incorporación de nuevas iniciativas al catastro de proyectos de inversión.
El común denominador de los tres bancos: las proyecciones de crecimiento entre 1,6% y 1,7% podrían deteriorarse aún más si la crisis en Ormuz persiste.
El mecanismo de transmisión: cómo Ormuz destruye el PIB chileno
Para entender por qué el bloqueo del Estrecho de Ormuz — a 15.000 kilómetros de Santiago — tiene consecuencias económicas tan directas sobre Chile, hay que entender el mecanismo con precisión.
El Estrecho de Ormuz concentra el tránsito de aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Cuando ese tránsito se interrumpe o encarece — y la nueva "Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico" que Irán acaba de crear pretende cobrar peajes en esa ruta — el precio del barril sube. El WTI ya superó los $100 por barril y la tendencia de fondo sigue siendo alcista mientras el conflicto no se resuelva.
Chile importa el 100% del petróleo que consume. Cada dólar adicional en el precio del barril se traslada directamente a los precios de los combustibles, que a su vez impactan el costo del transporte de carga, la logística de distribución de alimentos y los costos energéticos industriales.
El director del Magíster en Desarrollo Económico de la Universidad Autónoma, Pablo Müller-Ferrés, sostiene que "los impactos de segunda ronda suelen manifestarse con rezago." El encarecimiento logístico, la presión sobre alimentos y los mayores costos empresariales "podrían intensificarse durante los próximos meses si la crisis persiste."
Carlos Smith, docente investigador del CIES-UDD, es más específico: los efectos de segunda ronda — "transporte de carga, logística, alimentos procesados y tarifas de servicios" — "operan con un rezago de dos a cuatro meses y todavía están en curso."
Alejandro Micco, académico de la FEN Universidad de Chile y exsubsecretario de Hacienda, apuntó a la mayor persistencia del shock externo: "El aumento de la incertidumbre ha llevado a asumir que vamos a estar más tiempo con este escenario. Esto tiene un impacto en el precio del petróleo que va a ser un poco más permanente."
Es decir: lo que Chile pagó en el primer trimestre fue el shock de primera vuelta. Los meses de mayo, junio y julio recibirán el shock de segunda vuelta. Y si la crisis en Ormuz persiste — como parece probable dado que las negociaciones entre EEUU e Irán siguen trabadas en torno al uranio enriquecido — podría venir un shock de tercera vuelta antes de que el año termine.
La única nota de cautela: si hay acuerdo, el petróleo cae a $85
No todos comparten el diagnóstico de mayor rezago. La economista Cecilia Cifuentes planteó que el shock inicial ya quedó incorporado y que "no queda un gran impacto de precios en la economía, a no ser que la crisis se agrave." Y Juan Ortiz, economista sénior del OCEC-UDP, señaló que si las negociaciones entre EEUU e Irán derivan en un acuerdo, el petróleo podría caer hacia $85 por barril — un escenario positivo para Chile.
Pero ambos coinciden en que ese escenario es altamente incierto. Y desde VDI Global, con la perspectiva que da operar en Israel, evaluamos ese escenario con más información de contexto que cualquier banco chileno: las negociaciones están trabadas en el punto más difícil — el uranio enriquecido iraní — con Khamenei prohibiendo su salida del país y Trump prometiendo que lo va a obtener de todas formas. La nueva "Autoridad del Estrecho" iraní no es una señal de concesión. Es la construcción de instrumentos de presión de largo plazo. El escenario de resolución rápida no es el escenario base.
La conexión que nadie más hace: Ormuz y la Megarreforma
Aquí está el análisis que VDI Global puede hacer y que ningún medio chileno hace con esta claridad. El debate sobre la Megarreforma en el Senado no es un ejercicio académico de política tributaria. Es una decisión económica de urgencia real en el contexto más adverso en años.
La rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% y la invariabilidad tributaria por 25 años para grandes inversiones son exactamente las señales que la economía chilena necesita enviar al mercado cuando el contexto externo es hostil. Un país que en el peor escenario exterior en años dice "las reglas no van a cambiar, la carga tributaria baja, inviertan aquí" tiene una posibilidad de compensar parte del efecto Ormuz con inversión doméstica y extranjera que de otra manera no llegaría.
La "derechita cobarde" que amenaza con vaciar la Megarreforma en el Senado — con Kusanovic chantajeando, con la Red Matthei operando para desnaturalizar artículos clave en comisión — no está haciendo política tributaria. Está contribuyendo activamente al deterioro económico de Chile en el peor momento posible.
La construcción lleva tres trimestres consecutivos cayendo. El PIB contrajo 0,5%. Los efectos de segunda ronda de Ormuz están en curso. Y el Senado debate si aprueba o vacía la única reforma económica que puede enviar una señal positiva al mercado.
El gobierno Kast tiene urgencia doble: aprobar la Megarreforma antes de que los efectos de segunda ronda terminen de erosionar lo que queda de soporte económico, y preparar una política fiscal y monetaria que anticipe un segundo semestre más difícil de lo que las proyecciones actuales sugieren.
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