INFORME ESPECIAL | BOLIVIA AL LÍMITE: EEUU DENUNCIA "UN GOLPE DE ESTADO EN MARCHA" — EL EVISMO, EL CRIMEN ORGANIZADO Y LA INTERNACIONAL PROGRESISTA INTENTAN DERROCAR A RODRIGO PAZ A SEIS MESES DE SU ELECCIÓN
El vicesecretario de Estado americano Christopher Landau lo dijo sin eufemismos en la Conferencia de las Américas en Washington: "Se trata de un golpe de Estado que está en marcha. Es un golpe financiado por esa alianza perversa entre la política y el crimen organizado en toda la región." Rodrigo Paz ganó las elecciones bolivianas hace menos de un año de manera abrumadora. Hoy enfrenta 60 puntos de bloqueo activos, pérdidas de entre USD 50 y 60 millones diarios, inflación del 20,4%, reservas en USD 1.800 millones — desde USD 15.000 millones en 2014 — y un vicepresidente que se declaró opositor al Ejecutivo. El Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla ya emitieron comunicados denunciando "lawfare" contra Morales. El guión es conocido. El objetivo es claro. Y el tiempo se está agotando.
Bolivia está en el momento más crítico de su transición democrática desde el fin de los veinte años de hegemonía del MAS. El presidente Rodrigo Paz asumió el 8 de noviembre de 2025 con un mandato claro otorgado por las urnas — una victoria que analistas describen como "abrumadora" — para sacar al país de la crisis económica más grave de su historia reciente y de la sombra del evismo que lo dominó desde 2006.
Seis meses después, Bolivia está ardiendo. Y lo que está ocurriendo no es solo una crisis económica que genera protestas sociales legítimas. Es una operación política organizada, con actores identificados, con financiamiento documentado y con un objetivo que el propio gobierno de Trump nombró con la precisión que los gobiernos latinoamericanos raramente se atreven a usar: derrocar por las calles a un presidente elegido democráticamente porque no le conviene a la red del crimen organizado y la política que gobernó Bolivia durante dos décadas.
Los números del desastre que Paz heredó — y que el evismo agrava
Para entender la crisis boliviana hay que empezar por los datos económicos que Rodrigo Paz encontró cuando asumió. No son abstracciones — son el resultado directo de dos décadas de gobierno del MAS bajo Evo Morales y de Luis Arce.
Las reservas internacionales de Bolivia cayeron de USD 15.000 millones en 2014 a USD 1.800 millones en 2024 — una caída del 88% en diez años. El 85% de la economía boliviana es informal. La inflación llegó al 20,4% en 2025. Los organismos multilaterales proyectan un decrecimiento del 3,3% para 2026, después de la contracción del 1,58% de 2025.
Eso es lo que dejó el MAS: un país que durante los años del boom de las materias primas acumuló reservas y gastó como si el ciclo fuera permanente — exactamente lo mismo que VDI Global documentó sobre el gobierno de Boric en Chile — y que cuando el ciclo terminó se encontró sin reservas, sin ahorros, con una deuda insostenible y una economía informal que no tiene capacidad de absorber el ajuste que la situación exige.
Paz llegó con un programa de estabilización que incluyó medidas impopulares — empezando por el retiro de las subvenciones a los combustibles en diciembre, que generó las primeras protestas. Logró contenerlas con acuerdos. Pero la base del problema económico no se resuelve en seis meses. Y el evismo lo sabe y lo usa.
Los actores del golpe: quiénes son y cómo operan
El vicesecretario Landau usó una categoría que en el análisis político convencional se considera extrema pero que describe con precisión lo que está ocurriendo: "un golpe financiado por esa alianza perversa entre la política y el crimen organizado."
Los actores del frente político son identificables. El "evismo" — la corriente afín al expresidente Evo Morales, quien tiene orden de captura por trata agravada de personas y se niega a acatarla — organiza los bloqueos en el Trópico de Cochabamba, su bastión histórico. Los cocaleros del Trópico amenazan con sumarse a las movilizaciones. La Central Obrera Boliviana — la COB — que comenzó exigiendo un aumento del 20% en salarios y escaló directamente a pedir la renuncia del presidente cuando la demanda salarial no fue satisfecha.
El dato más revelador sobre la naturaleza de la crisis: el vicepresidente Edmand Lara se declaró opositor al Ejecutivo. El número dos del gobierno que Paz encabeza ya no está con el gobierno. Eso no es un problema de gestión económica. Eso es una conspiración desde adentro del propio Ejecutivo — el tipo de traición interna que en Bolivia tiene historia larga y dolorosa.
Los Ponchos Rojos — la guardia indígena de Morales, vinculada históricamente a la violencia política del MAS — están activos en las movilizaciones del área andina. Las organizaciones que el Grupo de Puebla ampara con sus comunicados de "lawfare" son las mismas que están en las calles de La Paz bloqueando el abastecimiento de alimentos y combustibles.
Y el factor del crimen organizado que Landau nombró no es accidental. Bolivia es un nodo central del narcotráfico en la región — la ruta que conecta la producción de cocaína en Perú y Colombia con los mercados de Brasil y Argentina. El MAS durante veinte años tuvo una relación documentada con esa economía ilegal que le proveyó recursos, lealtades y poder de movilización que va mucho más allá de los simpatizantes ideológicos del proceso de cambio.
El Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla: cobertura internacional para el golpe
La dimensión internacional de lo que está ocurriendo en Bolivia es lo que lo convierte en algo más que una crisis política doméstica. Es el mismo patrón que VDI Global ha documentado durante toda esta sesión — el mismo circuito que opera en Chile con la Comunidad Palestina, en España con Zapatero y el dinero venezolano, en São Paulo con Jara y el Grupo de Puebla.
El Foro de São Paulo — la red de partidos de izquierda latinoamericanos fundada por Lula y Fidel Castro en 1990 — y el Grupo de Puebla ya emitieron comunicados denunciando "lawfare" contra Evo Morales. Esos comunicados sirven para dos cosas simultáneamente. Primero: legitimar la narrativa de que Morales es una "víctima de la persecución judicial" en lugar de un prófugo con orden de captura por un delito grave. Segundo: crear presión diplomática sobre el gobierno de Paz desde los foros internacionales donde esa red tiene presencia.
El Grupo de Puebla reúne a Correa, a Zapatero — imputado esta semana por la Audiencia Nacional española por tráfico de influencias con dinero venezolano — y a los expresidentes que son la International Progresista Latinoamericana en su versión más organizada. Cuando ese grupo emite comunicados sobre Bolivia, no está haciendo política exterior. Está ejecutando una operación de cobertura diplomática para lo que Landau llamó un golpe de Estado.
El silencio de Brasil y Colombia — los dos países que el vicesecretario Landau señaló específicamente como ausentes del respaldo a Paz — no es casualidad. Lula tiene vínculos históricos con el MAS y con el Foro de São Paulo. Petro, que este mismo martes anunció su apoyo a Bachelet para la ONU, forma parte de la misma red. Landau lo dijo con el sarcasmo diplomático que permite su cargo: "No me agrada ver que haya países que se jactan de sus valores democráticos, pero que, en cuanto surge un Gobierno que tal vez no se alinea con sus preferencias políticas, guardan un silencio repentino al respecto."
Los errores del gobierno de Paz — la honestidad que el análisis exige
El análisis honesto que VDI Global se comprometió a hacer desde el primer informe sobre Bolivia no puede omitir lo que los propios analistas bolivianos señalaron.
El analista Huáscar Pacheco identificó dos problemas reales del gobierno de Paz que son independientes de la operación del evismo. El primero: "un exceso de promesas no cumplidas", porque en la crisis económica actual el Estado no tiene recursos para cumplirlas. El segundo: mostrarse "muy cercano" a sectores empresariales "que no representan a las grandes mayorías" — una distancia de la "Bolivia profunda" que en términos políticos significa que el gobierno no tiene la inteligencia callejera para anticipar los movimientos del evismo y neutralizarlos antes de que escalen.
El analista Vladimir Peña agregó que el gobierno "aún no tiene un rumbo claro de hacia dónde dirigirse" con las reformas estructurales. Que "se está acabando la tolerancia que ha tenido la gente al presidente."
Esas críticas son válidas y merecen nombrarse. Paz cometió errores reales de gestión política que el evismo aprovechó. No construyó la coalición parlamentaria que necesitaba desde el inicio — incluir a otros líderes con fuerzas parlamentarias, mantener al vicepresidente integrado en el proyecto y generar una narrativa de gobierno que conectara con los sectores populares que el MAS históricamente movilizó.
Pero los errores de gestión política de un gobierno no justifican su derrocamiento por las calles. Ese es el punto que distingue la crítica legítima — que Paz necesita escuchar y corregir — de la operación de desestabilización que el evismo está ejecutando.
La estrategia del evismo: el manual que se repite
El manual que Morales y el evismo están aplicando en Bolivia en 2026 tiene precedentes directos en la región que VDI Global ha documentado. Es el mismo manual que intentó aplicarse en Ecuador contra Noboa, que se aplicó en Brasil contra Bolsonaro y que la izquierda aplica sistemáticamente contra cualquier gobierno que gana elecciones en un país que el Foro de São Paulo considera "su" territorio.
El manual tiene pasos definidos. Primero: usar la crisis económica — real o amplificada — como combustible para las movilizaciones. Segundo: escalar las demandas de sectoriales a demandas de renuncia, haciendo imposible cualquier negociación parcial. Tercero: bloquear los suministros básicos — alimentos y combustibles en este caso — para generar caos y desabastecimiento que acumule presión sobre el gobierno. Cuarto: denunciar internacionalmente el "lawfare" contra los líderes de la operación — en este caso Morales con su orden de captura por trata de personas. Quinto: esperar a que el gobierno desgastado cometa un error que justifique la escalada final.
Los 60 puntos de bloqueo activos en Bolivia, las pérdidas de USD 50 a 60 millones diarios y el abastecimiento de La Paz comprometido son exactamente los pasos dos y tres del manual. El gobierno de Paz está en el momento en que tiene que decidir si aplica fuerza — con el riesgo de muertos que eso implica y de las denuncias de "represión" que seguirían — o cede, con el riesgo de que la concesión sea leída como debilidad y acelere la escalada.
La posición de EEUU: la señal más importante del cuadro
Lo más significativo de toda la crisis boliviana de esta semana no son los bloqueos ni las pérdidas económicas. Es la declaración de Christopher Landau en la Conferencia de las Américas.
Que el número dos del Departamento de Estado de la administración Trump llame a esto "un golpe de Estado en marcha" financiado por "la alianza perversa entre la política y el crimen organizado" y que pida explícitamente a Brasil y Colombia que respalden a Paz es una señal de primer orden. Significa que Washington está mirando Bolivia con la misma lente con que miró Venezuela, Nicaragua y Cuba — como un país donde la democracia está bajo ataque de las mismas redes que han destruido la institucionalidad en otros países de la región.
Y significa que la administración Trump está dispuesta a usar su influencia diplomática para intentar estabilizar la situación — lo que incluye la presión sobre Lula y Petro que Landau ejerció públicamente. Argentina, según el vicesecretario, ya está apoyando a Paz. Los otros actores regionales tienen que decidir si se suman o si continúan en el silencio que Landau calificó de incompatible con los "valores democráticos" que esos países dicen profesar.
Los tres escenarios posibles
Escenario 1 — Gobierno aguanta y negocia (probabilidad: 35%): Paz construye la coalición parlamentaria que Peña describió como necesaria, cede en demandas sectoriales específicas sin ceder en la continuidad del gobierno, y el apoyo americano más el rechazo regional a un golpe abierto estabilizan la situación. Los bloqueos se levantan gradualmente. El evismo pierde el momento político.
Escenario 2 — Crisis prolongada sin resolución (probabilidad: 45%): El gobierno sobrevive pero en un estado de parálisis permanente — cediendo en demandas sectoriales una por una, perdiendo autoridad acumulativamente, con el vicepresidente en oposición y sin capacidad de implementar las reformas que la economía necesita. Bolivia entra en un período de ingobernabilidad de facto sin crisis aguda pero sin salida visible.
Escenario 3 — Caída del gobierno (probabilidad: 20%): La escalada supera la capacidad de contención del gobierno, la fuerza pública se fractura o se niega a actuar, y Paz renuncia o es depuesto. Ese escenario activaría la respuesta americana con todas sus consecuencias — posibles sanciones, intervención diplomática masiva — pero para ese punto el daño institucional ya sería muy difícil de revertir.
La dimensión latinoamericana: el espejo de Chile
Bolivia no es un caso aislado en el mapa político latinoamericano de 2026. Es el frente más caliente de una batalla regional que VDI Global ha documentado durante toda esta sesión.
La misma red que opera en Bolivia opera en Chile — con la Comunidad Palestina y el PC como sus actores, con la coordinación del Grupo de Puebla como su cobertura, con las redes sociales como su amplificador. La diferencia es que en Chile el blanco del evismo boliviano es Kast — y el instrumento no son los bloqueos de calles sino las 1.603 indicaciones en la Megarreforma, las minutas anónimas de Marcel y Grau y la operación de la flotilla.
El vicesecretario Landau lo dijo con la claridad que los análisis académicos raramente permiten: la división en América Latina no es entre izquierda y derecha. Es entre países con instituciones capaces de enfrentar al crimen organizado y países que son cómplices de él. Bolivia hoy está exactamente en esa frontera.
Y el Grupo de Puebla — con Zapatero imputado en España, con Correa en el exilio desde Ecuador, con la red del chavismo venezolano expuesta por la Audiencia Nacional — está eligiendo el lado incorrecto de esa frontera una vez más.
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